jueves, 20 de febrero de 2014

La batalla por la Europa Oriental

 

Ucrania, la resurrección de Rusia… 2013 pasará a la historia mundial como el año de la resurrección de Rusia como gran potencia, un cuarto de siglo después de la implosión de la URSS

MARIANO LÓPEZ

Tras reconstruir el control del estado ruso sobre el país y recuperar en Siria el estatus de potencia global para Rusia, ha logrado impedir el intento de la UE de hacerse con el control de la economía ucraniana, rompiendo el cerco de Occidente y debilitando enormemente la posición de la UE en Europa Oriental. En la batalla por Ucrania ha quedado de manifiesto la desesperación de la UE ante la próxima aparición en el este de Europa de la Unión Euro-Asiática (UEA), una federación de estados encabezada por Moscú.

Bruselas esperaba firmar un acuerdo de libre comercio con Ucrania, que habría tenido como consecuencia para Ucrania perder el mercado ruso así como su principal fuente de ingresos, el dinero que Rusia pagaba por el transito del gas ruso hacia Europa, así como la destrucción de su industria y enormes pérdidas para el sector agrícola, debido a las minúsculas cuotas acordadas para los productos ucranianos en la UE. Según las agencias de rating occidentales, la firma del acuerdo con la UE habría provocado la quiebra inmediata de Ucrania. ¿Qué ofrecía Bruselas a Ucrania a cambio de hacerse con un mercado de 46 millones de habitantes? 600 millones a lo largo de 7 años, es decir, menos de 100 millones anuales. De hecho, la UE ni siquiera ha apoyado al gobierno ucraniano en sus negociaciones para lograr un préstamo del FMI por 11.000 millones de euros (que imponía aumentos de los precios del gas, privatizaciones masivas, el fin de las ayudas estatales a productos de primera necesidad, etc.). Ni entrada en la UE, ni la abolición del visado para viajar a la UE.

Convencida de la imposibilidad de acercamiento entre Ucrania y Moscú, la UE pretendía imponer el suicidio político al gobierno ucraniano, cuya victoria electoral en 2010 Bruselas tuvo que aceptar a regañadientes. Pero el gobierno ucraniano decidió paralizar la firma del acuerdo e inició un acercamiento a Rusia. La reacción de la UE fue de histeria absoluta, apoyando el intento de la oposición de dar un golpe de Estado calificado por la prensa occidental de «revolución». Dicha oposición está compuesta de tres partidos que ni aliándose disponen de la mayoría en el parlamento: Sbovoda («libertad»), abiertamente nazi; Batkivschyna («patria»), de corte neoliberal, cuyo líder es Yulia Timoshenko, icono de la «Revolución Naranja» de 2004, hoy encarcelada, un personaje sin escrúpulos que logró pasar de ser una mera secretaria a ser la persona más rica del país mediante el robo masivo de gas ruso y el asesinato de sus oponentes; y Udar («puñetazo») del boxeador Vitali Klitschko, creado por la fundación alemana KAS (Konrad Adenauer Stiftung) del partido CDU/CSU al que pertenece la canciller alemana Angela Merkel.


La prensa occidental presentó las protestas de la oposición como un movimiento masivo, Periodistas Sin Fronteras denuncia ataques contra las oficinas de prensa de la oposición que nunca tuvieron lugar, y Amnistía Internacional denunciaba el encarcelamiento de «pacíficos manifestantes», pese a que pudieron verse imágenes en las que dichos manifestantes (que lucían símbolos nazis) atacaban con bulldozers, cadenas, gas e incluso a martillazo limpio a los policías que defendían el parlamento y los edificios del Gobierno, impidiendo el golpe de Estado de la oposición. A partir de ese momento las protestas decayeron rápidamente, pasando de 100.000 asistentes a menos de 5.000, entre otras cosas debido a las agresiones nazis a izquierdistas y sindicalistas. Pero ni la falta de manifestantes ni las claras intenciones golpistas de la oposición han impedido que los responsables de asuntos exteriores de EEUU, Alemania y la UE hayan expresado su apoyo a la «revolución» ucraniana.

Frente al brutal ajuste económico que la UE pretendía aplicar a Ucrania sin ofrecer nada a cambio, Rusia ha dado un crédito por el mismo importe al que se negociaba con el FMI, pero sin condiciones, como Putin se ha encargado de subrayar. Además, Moscú ha firmado contratos por decenas de miles de millones que harán revivir la industria ucraniana, y ha comunicado que se eliminarán las restricciones en la frontera a las mercancías ucranianas. En total, Rusia va a dar a Ucrania más de 20.000 millones, así como una rebaja del precio del gas que implica un ahorro de unos 7.000 millones anuales, y un aumento en los pagos por derechos de tránsito. Tras la firma de los acuerdos con Moscú, las agencias de rating internacionales han hecho saber que el riesgo de quiebra del gobierno ha desaparecido por completo, y el Gobierno ha comunicado su intención de aumentar el presupuesto de ayudas sociales y subir los sueldos de los funcionarios, calificado de «grave error» por el FMI.

La derrota del golpe occidental en Ucrania va a tener graves consecuencias, y no solo para Ucrania. En Siria, Rusia ha demostrado que es posible sobrevivir a un ataque de la OTAN, y en Ucrania un golpe de la UE ha fracasado por completo, demostrando que la capacidad de Occidente de imponer su voluntad se ha reducido enormemente, mientras el poder de Rusia no para de aumentar.

Este nuevo triunfo de Putin es una verdadera catástrofe para la lobotomizada izquierda actual, que sigue apoyando el imperialismo occidental, dejando un vacío que está siendo aprovechado por grupos nacionalistas y derechistas. El control de la sexualidad, mecanismo de control social de primer orden, ha sido el primer paso de Putin, que ha ilegalizado de facto la homosexualidad. Tras el rescate económico de Ucrania, Putin proclamó que Rusia busca convertirse en la campeona de «los valores tradicionales» frente a la hipocresía occidental. La rápida imitación de las leyes rusas por Lituania y Moldavia, países marcadamente antirrusos, demuestran que Rusia ha encontrado el arma ideal para romper el cerco que la OTAN y la UE han impuesto en torno a Rusia. En Ucrania el Gobierno denunció que para lograr el fin del visado, la UE impone la legalización del matrimonio homosexual, una mentira para desprestigiar a la oposición.

En el seno de la UE, Rusia ya ha encontrado un aliado en el gobierno antisemita y racista de Hungría: cuando Bruselas intentó imponer su voluntad al gobierno húngaro, Rusia le apoyó a cambio de una alianza en el sector energético. Desde entonces, Hungría denuncia a Bruselas como «el nuevo Moscú» y mantiene estrechos lazos con Rusia. Si el modelo ruso sigue avanzando nos estaremos dirigiendo hacia un futuro en el que las libertades alcanzadas tras el fin de la guerra fría serán abolidas, y la democracia liberal será sustituida por regímenes autoritarios, con el trasfondo de una crisis económica permanente: una mala copia de lo ocurrido tras el fin de la Primera Guerra Mundial: los «locos años 20» y sus libertades fueron aplastados por regímenes de corte autoritario, tras el inicio de la Gran Depresión.

(Febrero 2014)

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