viernes, 10 de mayo de 2019

Afán de protagonismo (El Aullido)

   [Texto del blog LOS DE ABAJO A LA IZQUIERDA, año 2007, en el que un excompañero nos cuenta algo sobre la historia de este medio de difusión ácrata pucelano, que tuvo sus días de vida activa en la década de los 90 del siglo pasado. Y también empezó su viraje en Internet por este otro lugar amigo.]
 
EN LA LÍNEA DEL FRENTE, órgano de expresión
de las JJLL-Valladolid (entre los años 1992 a 1994),
precedente de EL AULLIDO (y también de AMOR Y RABIA).

Corría el año 1994. En Valladolid, un joven tenía dos pasiones: una era el rock duro, lo cual no tiene ningún interés en esta historia; la otra pasión era todo lo referente a las revoluciones sociales, pasadas, ¿presentes y futuras? Nuestro protagonista, al que nos referiremos con el sobrenombre Krates, había pasado sucesivamente por las filas de los movimientos antimilitarista y libertario de la ciudad. El caso es que dejó ambas organizaciones, por discrepancias internas y cuestiones personales.

Sin embargo, Krates no se dio por vencido y decidió seguir aportando su grano de arena en la difusión de las ideas anarquistas. Creó un boletín, El Aullido, en el cual se trataban temas sociales, históricos, ecologistas, etc., siempre desde un punto de vista libertario. Desde los juicios por Insumisión hasta la okupación de la Quinta Ana Mari (espacio liberado durante un solo día, lo que tardó la policía en desalojarla, actualmente es una comisaría de la policía municipal, ironías del destino); desde la oposición a los sangrientos espectáculos taurinos hasta la crítica a la religión; desde la repulsa a la homofobia o al fascismo, hasta el elogio a los sans-culottes de la Revolución Francesa. Y todo ello acompañado por textos de autores como Bakunin, Kropotkin, Tolstoi, Thoreau, etc.

El boletín fue todo un éxito, y por él pasaron muchos colaboradores, la mayoría de los cuales hoy forman parte de este vuestro blog... pero, aún así era Krates el que llevaba casi todo el peso del boletín y, como todo en esta vida, llegó un momento en el que las circunstancias cambiaron, el tiempo libre era cada vez más escaso y ésto a la vez que se iban agotando las ganas. El Aullido llegó a su fin, justo cuando estaba en sus mejores momentos. Pero...

Pasó lo que todo colectivo antiautoritario y contestatario debe evitar. O más bien, lo que todo colectivo de personas iguales entre sí debe evitar.

Si bien Krates redactaba el boletín, lo maquetaba, lo fotocopiaba y lo distribuía por Valladolid, aceptó la colaboración de otra persona (a la que denominaremos «E») en lo referente a la distribución fuera de la ciudad, aprovechando que «E» poseía un apartado de correos. Resultó que «E» era una máquina a la hora de enviar boletines, así que en poco tiempo El Aullido se había hecho famoso: había cruzado unos cuantos charcos, recuerdo haber visto cartas enviadas desde Argentina, Irlanda o Australia solicitando el envío de El Aullido. Impresionante, ¿verdad? «E» se había hartado de enviar boletines a todos los fanzines que conocía y éstos a su vez habían publicitado la revista. Toda la correspondencia pasaba por las manos de «E»... y ahí empezaron los problemas... El primer problema fue cuando entrevistaron a El Aullido en un fanzine y «E» contestó las preguntas sin contar con nadie más. Por otro lado, a base de recibir y mandar cartas se hizo con una lista de direcciones de aquellos que habían solicitado nuestra publicación, lista que nunca compartió con el resto del grupo. De este modo se hizo con el control de toda la distribución y de toda la correspondencia que llegaba a nombre del boletín.

Llegó el momento del parón. Krates dejó de escribir textos, pero a «E» no le importó. Ya no solo hablaba en nombre de todos, sino que ahora ya se atribuía todo el mérito para sí mismo. Él era el autor único de los boletines. A todo el mundo iba diciendo que él hacía eso... era obvio que esos textos no eran suyos pues no sólo el chaval no había escrito un texto en su vida, sino que además no tenía ni la más remota idea de quienes eran los autores que aparecían en el boletín. Es más, como pude comprobar, él ni siquiera leía lo que acababa de hacer suyo. Como dicen en mi pueblo, antes se coge a un mentiroso que a un cojo, así que no era necesario desmentirlo.

Craso error, la gente cree lo que quiere creer y se tragaron la fantasmada más absurda... y la «noticia» corrió como la pólvora... ya no era solo «E», ahora era «E el de El Aullido». Sin embargo, no se puede vivir de las rentas de otros eternamente. Así que aburrió al pobre Krates para que siguiera escribiendo textos y, como éste no le hizo caso, empezó a decirnos al resto que Krates pasaba del tema y que le había autorizado a utilizar el nombre «El Aullido» para lo que creyese conveniente. Esto último resultó ser falso, pero nos lo creímos. De vez en cuando dejaba caer «deberíamos sacar algún número» y le contestábamos «pues a ver cuando te pones a ello». Nótese la mala leche del comentario... Si quieres presumir al menos sé tú el que se lo curre.

Así que «E» incapaz de escribir una sola letra que delatase que no había hecho una redacción desde los tiempos del colegio, seguía buscando quien escribiese por y para él. Solía decir «tenemos que sacar un Aullido, he pensado unos temas» y acto seguido desplegaba una hoja doblada de libreta en la que aparecían una serie de frases hechas del tipo «El que okupa preocupa», «Mucha policía poca diversión», «Televisión Manipulación», etc., siempre las mismas frases hechas. La respuesta solía ser la de siempre... «Pues nada, cuando tengas escrito algo me lo pasas y ya lo leo». Y así fue pasando el tiempo.

El caso es que de repente, y por fortuna para él, la situación cambió. De repente algunos teníamos interés en sacar nuevos textos. El Aullido volvía a salir después de más de dos años de parón. Así que sacamos otros tres números, en los que despellejábamos a la policía y al Partido Popular. Pero...

Pero como dice la ley de Murphy, ׂ«si algo tiene la posibilidad de salir mal, saldrá mal». Habíamos metido la pata hasta el fondo. Nos encontramos con que «E» se convertía ya no en autor sino en amo y señor de El Aullido. Ya no es que fantasmease, que también, sino que ahora además vetaba temas que él no escribía (vuelvo a recordar que él controlaba la distribución), hacía y deshacía a su antojo, etc. El colmo fue cuando un día, comentando nuestras simpatías hacia determinada organización libertaria, llamó por teléfono para solicitar la afiliación de todo el grupo sin preguntar a nadie más. Me imagino que quien le cogiese el teléfono quedaría estupefacto durante una buena temporada.

Hasta aquí habíamos llegado. Decidimos dejarlo. Pero no sin antes avisar a Krates de lo que estaba pasando, pues él era el único que podía cortarlo. Con las aguas volviendo al cauce, sacamos un nuevo número, el último hasta la fecha: era una crítica al nacionalismo de izquierdas, y hay que reconocer que Krates lo bordó. Este artículo lo tenéis en este blog, en este enlace.

Lo último que supimos de «E» es que ahora firmaba como «ElAullido» en un foro de Internet relacionado con un festival de música. Como esa sección del foro ya no está en línea, os pongo un copiar y pegar de las obras completas de «E»:

"fue una puta mierda de concierto para empezar a las 12 de la mañana i acabar a las 5 de la mañana fue una puta mierda I LUEGO LA PUTA ORGANIZACION i toda la secreta ke abia dentro i los amigos de la seguridad si eso es un concierto valla puta mierda de concierto .VALLA MIERDA DE CONCIERTO

VALLA MIERDA DE KONZIERTO.el uniko ke lo salvo yosu distorsion i los del puente romano.un saludo i salud i anarkia

ola eso pa cuando los roñas es un grupo de puta madre a ver si pa otro año les meteis i los carretera agropecuaria eso si ke es un grupazo i no los exploited. esos carretera un saludo desde valladolid

POS ESO VALLA MIERDA DE CONCIERTO.MUCHA SEGURIDAD PA KE FUERA UNA PUTA MIERDA .BUENO UNA COSA TUBO BUENA EL YOSU DISTORSION I LOS DEL PUENTE ROMANO FUERON LOS MEJORES MEJOR KE EXPLOITED .UN SALUDO SALUD I ANARKIA

ola tronco yo estoi kontingo parecia un campo de concentracion tanto segurata incluso alguno parecia ke se las gozaba tokando.y a ultima ora esos ke iban vestidos de seguridad te echaban a patadas.valla educacion ke tenian luego dicen de los punks.luego esta lo de las agreditaciones de prensa ke decian ke se las darian a todos los o las revistas alternativas pos otra cosa ke es mentira nosotros tuvimos ke pagar la entrada.y luego lo de la acampada ubo una peña ke venia de portugal ke no pudo poner la tienda joder ke bien estaba organizado bueno en definitiba una puta mierda de organizacion
a el dibujo de la rata del tinto es una copia"


Qué peligro tiene la gente con demasiado afán de protagonismo. Por cierto, si os fijáis en el último párrafo, el hombre tuvo la cara suficiente de pedir acreditación de prensa para entrar sin pagar. Por ahora tenemos otro parón como El Aullido, pero tenemos ideas y funcionamos en nuestro blog colectivo y experimental (en estos momentos El Aullido somos Krates y yo: Radowitzky. Con la colaboración de Curio Dentato, Prometeo, Leo y otros).

Hasta otra. Salud y libertad.

RADOWITZKY
(28 febrero 2007)

miércoles, 3 de abril de 2019

AMOR Y RABIA se despide de Internet


Tras 6 años de actuar en el espacio digital, el grupo Amor y Rabia desaparecerá de internet y centrará sus actividades en torno al papel.

Motivos para esta decisión hay muchos, pero sin duda la gota que ha colmado el vaso es la directiva de Copyright de la UE, que pone punto final a internet como la hemos conocido hasta ahora. Aunque sus efectos tardarán en notarse, el objetivo es claro: crear un instrumento que permita acabar con la disidencia informativa, camuflando la censura con la defensa de la propiedad.

Se aproximan tiempos difíciles, las nubes ya se asoman en el horizonte. Tras una década viviendo en el Mundo Feliz avanzamos hacia un 1984 supertecnológico en un contexto que cada vez se parece más al de la década de los 20 y 30, cuando la otrora potencia hegemónica —el Imperio Británico— se derrumbaba, dando lugar a un carrera armamentística paralela al establecimiento de bloques económicos autárticos.

El mundo virtual creado por la digitalización está devorando el mundo real y sustituyéndolo por un Pueblo de Potemkin, y convierte Fahrenheit 451 en un juego de niños, como demostró el Estado alemán en 2017, al eliminar con tan sólo apretar un botón una filial alemana de Indymedia. Existir en este decorado, en el que la información es un bien con fecha de caducidad inmediata y de valor ínfimo, es una carrera diaria eterna a ninguna parte, que consume un tiempo inmenso a cambio de (casi) nada.

Tras el final de nuestra presencia digital, nuestras cuentas se mantendrán inactivas y centraremos nuestros esfuerzos en levantar una infraestructura que nos permita volver al mundo real, de papel. Quien tenga interés en apoyarnos puede ponerse en contacto con nosotros a través de nuestra dirección de correo electrónico: colectivo.editorial.ayr@gmail.com. Al resto, agradecer vuestro interés durante estos años. Salud.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Marussia Bakunin: historia de la emancipación de una mujer con apellido embarazoso


Nº 367 / febrero 2019

Una intensa existencia la de María, llamada cariñosamente Marussia, tercera hija de Mijaíl Bakunin, reconocida por sus contemporáneos por sus altas cualidades científicas y morales. Tras su muerte, acaecida en 1960, su nombre permanecerá en la sombra y será olvidado, sobre todo a causa de la fuerte presencia de figuras masculinas —colegas e intelectuales—, comprendido su amadísimo sobrino Renato Caccioppoli, gran genio de las matemáticas.

Nacida en Siberia en 1873, tras la muerte de su padre en Berna se traslada a Nápoles con la familia, acogida por el abogado socialista Carlo Gambuzzi, amigo íntimo de Bakunin que proveerá todas las necesidades de la familia, casándose a continuación con la viuda de Bakunin. El mismo Malatesta le había definido como uno de los primeros socialistas italianos.

Y es en la Nápoles hambrienta y en constante ebullición de los años precedentes a la Primera Guerra Mundial donde crecen «los tres niños Bakunin»: Carlo, Sofía y Marussia.

La casa de Gambuzzi era un cenáculo cultural y político.

Entre los ideales de libertad, de estímulos individuales, la generosidad y el afecto del abogado, Marussia y sus hermanos pudieron ir a las mejores escuelas de la ciudad.

María se licencia jovencísima en Química pura con un trabajo sobre la isometría geométrica, concepto incomprensible para muchos de nosotros, pero que para ella era como el pan cotidiano.

Implicada constantemente en el laboratorio de química entre teoría y experimentación de campo, obtendrá la cátedra de Química orgánica y el título de profesora emérita.

Se casará con su profesor, Agostino Oglialoro, director del Instituto; no tendrán hijos.


Una foto emblemática de 1896 la inmortaliza con una amplia falda larga, mantilla y sombrero en medio de un numeroso grupo de licenciados; es la única mujer.

Ciertamente Marussia llevaba un apellido embarazoso y si bien parece que nunca se definió anarquista, indiscutiblemente tenía un carácter fuerte y generoso y un gran sentido de la justicia, cualidades humanas y coraje a raudales que manifestó siempre coherentemente. Algunas anécdotas de su vida abonan tales presupuestos.

Paseando en calesa por Vía Toledo de Nápoles tuvo que domar al caballo embravecido. En otra ocasión salvó a la hermana caída en un pozo descolgándose con una cuerda y agarrándola por el pelo.

Durante el fascismo se negó a tener un hijo, presentándose a los exámenes de química vestida de militar, a pesar del decreto de las autoridades que ordenaba tener hijos a todos los militares. Definió el episodio como una bufonada, una patética puesta en escena, y se salvó sólo gracias a la providencial intervención de su marido.

Se cuenta que cuando los alemanes quemaron las bibliotecas universitarias, María se sentó cerca de las llamas con los brazos cruzados. El comandante alemán, sorprendido por el gesto, dio la orden de retirarse y los daños fueron limitados. Por este gesto, Benedetto Croce quiso en 1944 que presidiera la Academia Pontiana, una asociación cultural de antigua creación que había sido suprimida por el gobierno fascista.

En mayo de 1938, su sobrino Renato, con ocasión de la visita a Nápoles de Hitler, contrató a una orquestina para que tocara La Marsellesa. Gracias a su intervención, Marussia convenció a las enfurecidas autoridades, que lo querían encarcelar, sobre la incapacidad del sobrino de entender y querer, y le mandaron a un manicomio una temporada.

Efectivamente, María es recordada sobre todo como la tía de Renato Caccioppoli, hijo de su hermana Sofía, cuya actividad antifascista se manifestó incluso con actos sarcásticos con los que tomaba el pelo al régimen. Durante el fascismo, después de la prohibición a los hombres de pasear perros de talla pequeña (para salvaguardar su virilidad), Caccioppoli acostumbraba pasear, por las calles de Nápoles, como forma de contestación, con un gallo con collar y correa.

En 1914 el ministro Nitti la encargó ir a estudiar las escuelas profesionales de Bélgica y Suiza, consideradas en la época como la vanguardia en métodos de enseñanza. Marussia constató con amargura la existencia de enseñanza distinta para los varones y las mujeres. Para resolver el problema de la escolarización italiana afirmó con determinación que tocaba a los ricos, mediante tasas, el honor de pagar la educación de los pobres.


«Ni votos ni mil plegarias» es una famosa afirmación suya.

No hay que recordar más que su casa de Vía Mezzocannone, con sus innumerables gatos que, durante muchísimos años, hasta el final, fue lugar de encuentro y acogida de los exponentes del mundo cultural, de los perseguidos y de los refugiados.

En Nápoles, de su memoria queda una placa en la puerta de la Facultad de Química y un paseo en la periferia.

Saltamontes

viernes, 8 de marzo de 2019

Feminismo y Humanismo


Por FEDERICA MONTSENY

Cierto amable y anónimo amigo me remite un ejemplar de un periódico, diciéndome: «Por si te interesa».

El periódico en cuestión es El Pueblo, de Valencia, y señalado por el mismo remitente veo un artículo que se titula «El tercer sexo» y firma Antonio Dubois.

El escrito —¡cómo no!— habla del feminismo y de las mujeres. Hay en él opiniones muy apreciables y bastante acertadas, y he pensado que merecía el comentario de una mujer, que, como tal, preocúpase preferentemente de los problemas de su sexo y a la que, como muy bien supuso el que tuvo la atención de remitirme el ejemplar del diario valenciano, interesan esas cuestiones del feminismo, aunque sólo sea para combatirlas y situarlas en el punto donde han de partir todas las inquietudes humanas: la transformación de una sociedad injusta y el abandono de una moral y unas preocupaciones que sólo han servido para esclavizar a la mujer y desviar a la especie toda.

Le dedicaré, por tanto, otro artículo al tema del feminismo, que quizá no hará más que repetir lo dicho en anteriores sobre el mismo asunto trazados, ya que dada su permamente actualidad y su lamentable y errónea tendencia, opino que el feminismo merece continuas críticas, y la emancipación de la mujer, máximo problema de los tiempos presentes, el esfuerzo modesto de los que en ella y en su influencia bienhechora, tenemos puesta nuestra esperanza.

Antonio Dubois, en su artículo, divide en dos al feminismo: Uno es el que, según él, «conserva todos los encantos poéticos de la mujer» y otro —el del «Tercer sexo», movimiento formidable que tiene su cuna y su fuerza en Inglaterra— el rudo, acre, despótico, imperativo, con la falta de feminidad que caracteriza a las mujeres solteronas, que odian a los hombres porque no han podido casarse.

El «Tercer sexo», partido numerosísimo —lo que indica el gran contingente de mujeres que la guerra sentenció, con su monstruosa 'devoración de hombres', a la soledad forzosa— tan numeroso que lanza la cifra de un millón 700.000 adherentes, es el que quiere derribar del Poder al hombre y, desde él, imponer su dictadura a la humanidad. Sin embargo, Antonio Dubois, humorísticamente opina que unos cientos de miles de matrimonios aplacarían las iras reivindicadoras de ese millón y medio de mujeres energúmenas.

Este ha sido, el del llamado «Tercer sexo», el movimiento feminista más importante en Inglaterra. El otro, el que «conserva todos los encantos poéticos de la mujer», es lo que se ha bautizado con el nombre de socialismo cristiano, de importación de los países latinos, donde logró adquirir, particularmente en Francia, ciertos ribetes reformistas por haberlo adoptado las mujeres intelectuales y doctas, de tímida tendencia izquierdista. Más aclarado aún: es el propio feminismo anglo-sajón, perfumado y suavizado por la galantería y la espiritualidad humanista y ligera de las razas meridionales.

En España no existe el feminismo del «Tercer sexo». No existe tampoco el socialismo cristiano. En realidad, no existe feminismo de ninguna clase y si alguno hubiese, habríamos de llamarlo fascista, pues sería tan reaccionario e intolerante, que su arribo al Poder significaría una gran desgracia para los españoles. Afortunadamente, no sucederá tal cosa.

En cuanto a los feminismos europeos, o las dos clases en que divide el feminismo Antonio Dubois, estimo, como siempre, que ambos adolecen del mismo defecto capital, suavizado en uno, áspero y estridente en otro: la falta de humanismo, de este amor a la humanidad que forma el más preciado y generoso fundamento de todos los ideales.

Es más aún: examinando fríamente el feminismo, sus puntos, sus programas máximos y mínimos, sus figuras y sus actuaciones, se llega a sacar la conclusión de que él, su fuerza retrógrada y coercitiva, suave o áspera —lo mismo da, pues quizá es más reaccionario el latino, con sus ribetes de socialismo o mejor, 'sillonismo', que el anglo-sajón, con sus pintorescas ansias revolucionarias de despechadas— representa un factor muy importante y muy grave, puesto al servicio de la reacción y con posibilidades de entorpecer el camino de las ideas modernas. Es decir, el feminismo, partido de Estado, de privilegio, de mando, de intolerancia religiosa y moral, de asperezas de sexo, de brutalidad dominadora o de falsa suavización de costumbres, puede convertirse, en el proceso evolucionista de los tiempos modernos, en el revulsivo que coarte la libertad del hombre, y de las mujeres, minoría por desgracia, que han logrado despojarse del lastre de los siglos transcurridos en el obscurantismo y el embrutecimiento intelectual.

Yo creo que la cuestión de los sexos está clara, meridianamente clara: Igualdad absoluta en todos los aspectos para los dos; independencia para los dos; capacitación para los dos; camino libre, amplio y universal para la especie toda. Lo demás es reformismo, relativista, condicional y traidor en unos; reaccionario, cerril, intransigente y dañino en otros.


¿Feminismo? ¡Jamás! ¡Humanismo siempre! Propagar un feminismo es fomentar un masculinismo, es crear una lucha inmoral y absurda entre los dos sexos, que ninguna ley natural toleraría.

Antonio Dubois, comprendiendo por una parte el problema, por otra desbarra. Desbarra como desbarran cuantos, sin tener ideas verdaderamente avanzadas, quieren dar explicación y solución a fenómenos y cuestiones modernas.

Y dice, defendiendo el feminismo que él estima útil y verdadero «el insinuante y tierno que acabará por esclavizarnos»: «El día que la mujer legisle y administre, las grandes instituciones básicas de la sociedad en crisis: familia, educación, natalidad, justicia, asistencia social e higiene, hoy vacilantes en los brazos del hombre, se sostendrán con más solidez en las manos de ellas.»

El día que la mujer legisle y administre, continuarán las injusticias, los privilegios, las desigualdades, las miserias y las luchas, porque las bases de la actual sociedad, que Antonio Dubois cree podrá apuntalar el feminismo que conserva todos los encantos poéticos de la mujer que los tenga, no hay fuerza humana que las apuntale, ya que ellas, por podridas e injustas, están condenadas a morir.

He aquí el error fundamental del reformismo, que, como todos los partidos políticos, y hasta como nosotros mismos, ven en la mujer, como madre, educadora y compañera del hombre, un auxiliar precioso y un elemento decisivo para las ideas que se disputan la hegemonía del pensamiento; El reformismo, sea femenino o masculino, cree poder apuntalar a la actual sociedad con concesiones y paliativos. De ahí el origen del socialismo cristiano de Inglaterra y del feminismo meridional, impulsado y favorecido por los partidos políticos de izquierda, feminismo más peligroso que el otro y que en un porvenir no muy lejano verémosle representando el freno tradicionalista en los grandes acontecimientos sociales que se avecinan.

Por esto yo repetiré siempre que el feminismo, sea el que fuere, suave o áspero, reformista o ultramontano, no puede ser jamás un factor evolutivo ni un valor de renovación social. A lo sumo, con sus reformismos, una pequeña conquista arrancada a las preocupaciones y al ancestralismo.

Socialmente, acepta y exige privilegios que si son injustos disfrutándolos los hombres, también lo serán si los disfrutan las mujeres. Humanamente, tolera todas las coacciones de la moral y de la religión, es ordenado y metódico y cuando se vuelve revolucionario es por despecho y no por justicia, y, en ciertos aspectos, da la razón a cuantos hombres no consideran digna de ser igual en libertad y en derechos a la mujer. Es casi una desviación del sexo y en algunos momentos una regresión, representando un peligro para las mismas mujeres que no estén conformes con sus normas e intolerancia. No es capaz de ser demoledor, generoso, abnegado, valiente y altivo ante la sociedad y ante la vida. Carece de comprensividad, de ansias de justicia y de dignificación. Está fosilizado por los prejuicios y la moral reinantes y jamás comprenderá, sea suave o áspero, meridional o anglo-sajón, reformista o reaccionario, satisfecho o despechado, lo que es un ideal de armonía absoluta, de paz completa, de universalismo amplísimo, de evolución infinita y de libertad y perspectivas sin límites.

1 octubre 1924

viernes, 1 de marzo de 2019

Las intervenciones militares por la democracia y la libertad que solo han sembrado muerte y miseria


Por ALBERTO RODRÍGUEZ GARCÍA

Después de millones de muertos, generaciones perdidas, guerras interminables y destruir pueblos enteros, Estados Unidos se quiere retirar de Oriente Medio como si no hubiese sucedido nada.

Esta es la fórmula que mejor resume la política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio y gran parte del mundo. Cualquier país que intente desarrollarse de forma independiente fuera de la órbita gringa está condenado a ser demonizado, a sufrir sanciones, a la desestabilización y, en los peores casos, su destrucción. Todo en nombre de la democracia.

Las guerras en nombre de la democracia y la libertad

La democracia y la libertad; esos dos términos tan utilizados y cuyo significado ya apenas importan. Palabras tan potentes que inspiraron movimientos revolucionarios, hoy están vacías de contenido. En nombre de la democracia y la libertad se han cometido algunos de los crímenes más crueles de la historia moderna.

En nombre de la democracia, Estados Unidos y Reino Unido financiaron el golpe de estado de 1953 contra el primer y último líder elegido de forma democrática con el voto libre de los iraníes, Mohammad Mosaddegh. Su figura fue condenada al olvido por haberse atrevido a cometer el peor de los crímenes: oponerse a convertir Irán en un satélite estadounidense durante la guerra fría.

El golpe contra Mosaddegh marcó el principio de una ola de intervenciones en Oriente Medio que todavía hoy siguen desangrando la región y dejando un rastro de muerte allá por donde pisan las botas de los marines.

En 1958, en nombre de la libertad, 14.000 marines desembarcaron en Líbano para proteger al maronita Camille Chamoun de una rebelión de musulmanes y cristianos que querían acabar con las políticas libanesas hostiles hacia el proyecto de Gamal Abdul Nasser. Poco importaba a EEUU la voluntad del pueblo en este momento, así como poco importaba a EEUU que Camille Chamoun estuviese intentando alargar su presidencia de forma anticonstitucional.

Gamal Abdul Nasser fue demonizado, tuvo que enfrentar la insurgencia de los Hermanos Musulmanes y estuvo a punto de ser asesinado en varias ocasiones. Al parecer era demasiado peligroso que quisiera unir a los árabes fuera de la lógica de la Guerra Fría.

Desde entonces, prácticamente todos los escenarios de Oriente Medio han vivido en primera persona la injerencia norteamericana. Una injerencia agresiva y depredadora. Una injerencia que en prácticamente ningún caso ha sido exitosa.

El derrocamiento de Sadam Husein en 2003 bajo la excusa de las armas de destrucción masiva —que nunca existieron—, aunque en un principio pareció ser la gran victoria de EEUU en la región, hoy se ha convertido en el máximo exponente del fracaso de sus intervenciones junto con la de Libia y ahora también Siria.

El Irak post-Sadam Husein se ha convertido en un cementerio a gran escala. La invasión norteamericana y su falta de planificación a largo plazo provocó indirectamente la creación del Estado Islámico. Y ahora, tras dos décadas de violencia y más de medio millón de muertos, el gobierno que supuestamente tendría que ser un títere estadounidense, no oculta sus simpatías por Irán.

Libia, que con Muhammad Gadafi era uno de los países más ricos, prósperos y estables de África, ahora es un estado fallido dominado por 'señores de la guerra' en el que Al Qaeda en el Magreb Islámico y el Estado Islámico se han asentado sin ningún problema.

¿De qué sirvieron estas guerras?

¿En qué mejoraron las vidas de las personas que las sufrieron? ¿Es eso la democracia? ¿Cuál es el precio de la libertad? ¿Qué libertad?

«No quiero vivir con miedo», es lo único que me dice una amiga de Damasco mientras escribo este texto. La gente solo quiere vivir en paz. ¿De qué sirve perder la juventud? Las guerras por «democracia y libertad» lo único que han provocado es miseria y dolor; generaciones enteras sin poder tener un proyecto de futuro.

¿Qué autoridad moral tienen para decidir que en determinado lugar del mundo hace falta llevar la democracia, los mismos que callan cuando Israel viola sistemáticamente los Derechos Humanos en Gaza? Desde la Casa Blanca no dudan en jalear intervenciones en países que le resultan incómodos, pero guarda silencio cuando las Fuerzas de Defensa de Israel utilizan fósforo blanco o balas de mariposa. Guardan silencio. Guardan silencio como si guardasen luto en el funeral de su decencia.

El petróleo no es suyo. El gas no es suyo. Los minerales no son suyos. La tierra no es suya. Y sin embargo, desde el otro lado del mundo en Washington, a casi 6.000 kilómetros de Oriente Medio, se permiten decidir qué es lo que los pueblos quieren y cuál debe ser su futuro.

Los oficiales norteamericanos no es que se crean con la potestad de decidir el futuro de los árabes; es que actúan como si la tuviesen. Actúan como si fuesen los caballeros de un canto de trovadores que van, como en los relatos medievales, recorriendo el mundo cazando monstruos. Pero la única verdad que existe es que ellos son los monstruos.

Estados Unidos, en lugar de preocuparse por destruir el mundo, debería preocuparse por respetar el Derecho Internacional y por cuidar a su propia población. Porque un país que permite que 45.000 de sus ciudadanos mueran anualmente por falta de acceso al sistema sanitario, no tiene autoridad moral alguna para juzgar a terceros.

Cuanto peor mejor. Así funciona la política exterior norteamericana.

Irán lleva 40 años de demonización constante. Irán lleva 40 años sufriendo sanciones que tienen como objetivo agravar la crisis, hundir la economía y generar descontento provocando la miseria de la población. Irán lleva 40 años enfrentando la insurgencia de grupos armados que reciben financiación y armamento desde EEUU y cuya colaboración no oculta la CIA. Y sin embargo, desde Washington nos dicen que la amenaza para la estabilidad mundial son los iraníes. Y desde los voceros de la Casa Blanca nos insisten en que la situación de Irán es provocada al 100% por los Ayatolás, y que hay que liberar al pueblo del yugo al que está sometido. Pero seamos honestos, ¿quién puede creer a estas alturas que la libertad importa lo más mínimo?

Es vergonzoso escuchar al presidente estadounidense del momento decir que Irán necesita democracia. Es vergonzoso porque fueron los estadounidenses quienes derrocaron al gobierno democrático de Mosaddegh para colocar de nuevo al gobierno títere del Shá.

Estados Unidos ya es un imperio decadente. Donald Trump comprende que medio siglo de intervenciones en Oriente Medio no han servido para absolutamente nada. Que invertir en seguir desestabilizando Oriente Medio como hasta ahora es como tirar dinero a un pozo sin fondo. Trump se ha dado cuenta que ni siquiera los que fueran sus títeres le tienen respeto. Por eso se retira. Pero se retira como si no hubiese sucedido nada.

Desde la primera intervención en 1953 ha habido mucha historia. Una historia de violencia, que ha provocado la muerte de millones.

Hay generaciones perdidas, generaciones que solo conocen la guerra. El integrismo islámico ha hecho a algunas regiones volver a la Edad Media. En algunas regiones el tráfico de personas está a la orden del día. En ningún país han mejorado las condiciones de vida gracias a las intervenciones estadounidenses. No hay ni más democracia, ni más libertad. Pero Donald Trump se retira, como si no hubiese sucedido nada.

14 febrero 2019

miércoles, 20 de febrero de 2019

¿Sabes por qué trabajas 8 horas? Los 44 días que cambiaron la historia de España


CENTENARIO

Entre febrero y marzo de 1919 una huelga paralizó Barcelona y provocó la instauración estatal de las ocho horas de jornada laboral, medida pionera en todo el orbe terráqueo

Por JORDI COROMINAS I JULIÁN

No desprecien la importancia del callejero. Nadie recordará la anécdota, pero en la primavera de 2012 Barcelona se levantó con la noticia de un cambio sutil. El alcalde Trías lo había perpetrado con premeditación, nocturnidad y alevosía, saltándose la ley con demasiada alegría. De la noche a la mañana, el conocido 'pasaje de la Canadiense' homenajeaba a Frederick Stark Pearson, fundador el 12 de septiembre de 1911 del holding Barcelona Traction, Light and Power. Starrk Pearson se dedicaba a la producción y distribución de electricidad y a la explotación de tranvías y ferrocarriles eléctricos. Formaban parte del grupo las empresas Riegos y Fuerzas del Ebro, Barcelonesa de Electricidad, Energía Eléctrica de Cataluña, Tranvías de Barcelona y Ferrocarriles de Cataluña. Llegó a controlar el 90% de la distribución comercial de electricidad en el Principado.

La alteración nominal resucitó un lejano recuerdo. Entre febrero y marzo de 1919 la empresa fue la gran protagonista de una huelga de cuarenta y cuatro jornadas que paralizó Barcelona y demostró la inmensa capacidad obrera, que mediante la acción de la CNT logró una gran victoria, hasta el punto de provocar la instauración estatal de las ocho horas de jornada laboral, medida pionera en todo el orbe terráqueo

Al cabo de pocos días el pasaje recuperó su antigua denominación. Quizá el alcalde de CiU tenía miedo, recordemos que el Procés aún no había dado su pistoletazo de salida, de ver cumplida la frase de Mark Twain. La historia no se repite, pero rima.

La rosa de Fuego

En su ensayo Que sean fuego las estrellas (Crítica), Paco Ignacio Taibo II justifica su enfoque a partir de la especificidad barcelonesa. El escritor asturiano casi pide disculpas por su osadía, pero lo cierto es que atina en su diagnóstico. La capital catalana ha sido siempre un cuerpo propio, independiente a las dinámicas del país. La Primera Guerra Mundial había agitado el paisaje urbano hasta unas coordenadas previsibles en las que el empresariado aprovechó la neutralidad española para lucrarse mientras el proletariado apenas tocaba con la punta de los dedos todas esas disparatadas ganancias económicas.


La máquina industrial sirvió textiles, química, armamento y materias primas a las potencias enfrentadas. Mientras tanto la calle parecía distraerse con el cambio de rumbo de la ciudad, enfrascada en debates periodísticos sobre los bandos en contienda y noches bien regadas por la legal cocaína, el sorprendente jazz y una animación sin precedentes en todos los barrios, sobre todo en el Distrito V, que al cabo de poco tiempo recibiría su sobrenombre de Barrio Chino por el canallismo imperante entre drogas, homosexualidad, timbas de juego, sexo fácil y locales que nunca cerraban.

Sirva el párrafo anterior para contextualizar el instante en esa ciudad de setecientas mil almas. La gallina de los huevos de oro dejó de ponerlos con la entrada bélica de Estados Unidos y la situación social fue agriándose, produciéndose las primeras refriegas y atentados entre trabajadores y patrones. La marea subió a lo largo del olvidado verano de 1917, cuando el Parque de la Ciudadela fue protagonista de la asamblea de parlamentarios, protesta de sus señorías ante el cierre de las Cortes y su manifiesta inactividad.

En agosto llegó el turno de la clase obrera con una huelga general que paralizó la actividad durante casi una semana. Si tuvo tanto impacto fue por la extraña unión, rara era la vez en que conseguían ponerse de acuerdo, entre la UGT y la CNT, los dos sindicatos mayoritarios. Esta última había revolucionado por completo el modus operandi anarquista. Su nacimiento en 1910 supuso abandonar la acción directa y abogar por una vía organizada. El camino estuvo sembrado de minas en forma de múltiples ilegalizaciones, etapas en la clandestinidad y una inmensa dificultad para coordinar todo el caudal asociativo del mundo laboral.

La revolución inspira

1918 se abrió con una espectacular movilización femenina como consecuencia de la inflación en productos básicos como el carbón. Las mujeres marcaron una senda a seguir que sus compañeros masculinos apreciaron por su valentía, pero la clave llegó a finales de junio, con el Congreso de Sants de la Confederació Regional del Treball a Catalunya. Por aquel entonces el impacto en el imaginario de la Revolución Rusa ya era considerable. Acudieron ciento sesenta y cuatro delegados que representaban a más de setenta y tres mil asociados de ciento cincuenta y tres sociedades obreras y sindicatos esparcidos a lo largo y ancho de la geografía catalana.


Salvador Seguí, mucho más que un pintor de brocha gorda, comprendió que esa dispersión dificultaba moverse con eficacia. Propuso la supresión de las federaciones basadas en oficios y la creación de Sindicatos Únicos de industria para agrupar a todos los trabajadores de un único ramo productivo. La medida suscitó un entusiasmo contagioso y, en apenas cuatro meses, durante la celebración en Barcelona de una asamblea regional, pudieron apreciarse sus frutos. El número de adscritos se había incrementado hasta las trescientas cuarenta y cinco mil personas. Por primera vez el anarcosindicalismo se sabía dotado de un arma imparable para la consecución de sus objetivos.

Casi al mismo tiempo, porque cuando hablamos de Barcelona siempre debemos recordar sus dos caras, la Lliga Regionalista aprovechó la coyuntura internacional, o la tergiversación del punto wilsoniano sobre la autodeterminación de los pueblos, para lanzar la campaña para el Estatuto de Autonomía en un fuego breve pero intenso que llegó hasta Madrid, donde se instauró una comisión parlamentaria para abordar el asunto. La propuesta, que guarda ciertas similitudes con los mecanismos que nos han llevado a la situación actual, era una plataforma perfecta para disimular la conflictividad laboral y la crisis que se cernía en el horizonte. Febrero de 1919 supuso un antes y un después. Algunos, con mala sangre, dicen que Cambó prefirió la cartera a la bandera. Es posible. El clima se había enrarecido. Las trifulcas entre catalanistas y miembros de la Unión Monárquica Nacional coparon los titulares de todos los periódicos y no pasaba un día sin incidentes remarcables. Eran fuegos de artificio. Los protagonistas estaban agazapados, a la espera de la mecha que provocara el incendio.

Una ciudad a oscuras

Todo barcelonés reconoce las tres chimeneas del Paralelo. De pequeños las confundimos con las de San Adrià del Besós. Ambas fueron el skyline de los desfavorecidos desde distintas latitudes. Las de la avenida que llegó a considerarse el Montmartre del sur simbolizaban el potencial de la Canadiense, que daba empleo a más de mil doscientos obreros.

En enero de 1919 la situación en la Ciudad Condal estaba algo más que agitada. Se rumoreaba la presencia de Lenin e incluso una agencia de noticias norteamericana aseguraba su presencia. Todo era un bulo producto del pavor a un estallido pese a la represión padecida por la CNT durante todo el invierno. La fábrica de electricidad desencadenó la tormenta. En enero varios oficinistas fueron pasados de eventuales a fijos, reduciéndose su salario mientras en las tertulias de los bares se comentaba que Fraser Lawton, el gerente de la empresa, ganaba treinta mil pesetas oro al mes.

Los oficinistas se levantaron bajo el lema «a trabajo igual salario igual». El 2 de febrero los ocho trabajadores que encabezaban la protesta, miembros del Sindicato Único, fueron despedidos. Cinco de ellos pertenecían a la sección de facturación. Sus compañeros se declararon en huelga solidaria tres días después. Salieron a calle, hablaron con el gobernador, quien les prometió interceder, y al volver a su puesto se encontraron la policía impidiéndoles acceder a las instalaciones. Estaban despedidos, sin explicaciones.

La CNT movió ficha con varias jugadas magistrales para escalonar la huelga. Su comité se sabía perseguido y hasta llegó a reunirse en un camión de mudanzas del Sindicato de Transportes que recorría la ciudad para recoger a los delegados. El 21 de febrero la huelga fue secundada por todas las empresas del grupo y saltó la alarma. El 27 se unieron los trabajadores de la Sociedad General de Aguas, del Gas Lebon, única empresa extranjera del ramo sita en plaza Universidad, y los de la Catalana de Gas y Electricidad. La ciudad quedó parcialmente a oscuras durante más de una semana, con toda la producción en el dique seco y una progresiva escasez de agua.


En Madrid el conde de Romanones, primer ministro del gobierno central, ya había anunciado su dimisión una vez se resolviera el desaguisado. La solución pasaba por militarizar las fábricas para restablecer el suministro. Cuando se dio la orden ni uno de los obreros y empleados militarizados dio el paso para cumplirla. Entre ochocientos y cinco mil fueron detenidos, ingresando en el castillo de Montjuic, de lúgubre fama tras los fusilamientos en 1893 del tipógrafo Paulí Pallàs y los acusados por la bomba del Corpus en 1896.

La situación era desesperada y las manecillas del reloj jugaban a favor de los intereses de la CNT que, en otra descarga de alto voltaje, instauró la censura roja para impedir la publicación en la prensa diaria toda noticia relacionada con el asunto de la Canadiense, finalmente desbloqueado gracias a la visión política de Romanones, quien al ver la cerrazón de los mandamases empresariales mandó a Barcelona a José Morote, subsecretario de Presidencia, para mediar. Llegó acompañado de Carlos Montañés y Gerardo Doval, quienes ocuparon respectivamente el cargo de gobernador civil el primero y jefe de policía el segundo. Era una última carta en una mesa ardiendo, con el estado de guerra declarado y un panorama abocado a un bucle de caos.

Este nuevo planteamiento confirió esperanzas entre los trabajadores, quienes no cejaron en su empeño de ir a por lo máximo posible, proponiendo como inamovibles los siete puntos que siguen a continuación: Readmisión de los despedidos, aumento de sueldos, garantías para evitar represalias, jornada de ocho horas, abono de jornal íntegro en caso de accidente, cincuenta mil pesetas por indemnización y salarios caídos durante la huelga. Lawton los aceptó el 17 de marzo de 1919 tras la exigencia de Romanones, quien presionó a Montañés para que resolviera el conflicto en veinticuatro horas, pues planeaba la amenaza de Largo Caballero, entonces dirigente de la UGT, de convocar una huelga general en todo el país sino se solucionaba el conflicto de Barcelona.

Victoria y tragedia

El comité de huelga aceptó levantarla una vez liberaran a todos los trabajadores encarcelados. El 19 de marzo se convocó un mitin con más de veinte mil personas en la plaza de toro de las Arenas de Barcelona para reafirmar el acuerdo. Salvador Seguí logró vencer la reticencia de muchos de los presentes con una grandísima arenga donde desgranó la situación. Lo conseguido era increíble. La revolución completa podía esperar. Se habían plantado los cimientos.

El triunfo fue tan grande que desencadenó la reacción de la patronal. Durante los siguiente cuatro años Barcelona fue la ciudad que se mataba por las calles, un episodio histórico siempre mal explicado y manipulado hasta la extenuación incluso por Eduardo Mendoza, quien tejió una gran novela con La verdad sobre el caso Savolta, pero sólo, que ya es bastante, recogió la atmósfera, no así la verdad de tan trágicos hechos. Lo mismo puede decirse de La sombra de la ley, última producción dirigida por Dani de la Torre. Quizá el único capaz de reproducir la intensidad de aquellos años fue Antonio Soler en Apóstoles y Asesinos (Galaxia Gutenberg), cuyo único defecto es haber sido tan preciso que tiene más magma de ensayo que de novela.

Desde 1890, con la instauración de la jornada del Primero de Mayo, la clase trabajadora había reclamado los tres ochos. Ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio, ocho horas de sueño. El 3 de abril de 1919 el conde de Romanones firmaba el decreto que promulgaba a partir de octubre del mismo año la jornada de ocho horas para todos los trabajadores españoles. Dimitió tras estampar su rúbrica.

19/01/2019