sábado, 4 de abril de 2020

Virus, clase y nación


29/03/2020

Escribía Albert Camus que lo terrible de la peste no es sólo que arrebata la vida de los seres humanos, sino que desnuda su alma. La pandemia ha puesto al desnudo el semblante de un mundo y unas sociedades cuyos rasgos han sido cincelados por décadas de globalización neoliberal. Es cierto que el virus no conoce fronteras, ni distingue entre gente común o celebridades. Aunque tal vez ni siquiera sea él quien, a decir verdad, haya llamado a nuestra puerta. Los científicos acabarán por dilucidarlo. Es posible que esta epidemia, como otras anteriores, tenga su origen en la alteración de determinados ecosistemas; de tal modo que hayamos entrado en contacto con un organismo que, normalmente, hubiese permanecido alejado de nosotros. En cualquier caso, al igual que bajo una tormenta de verano el agua se precipita a raudales por cauces secos y arroyos, el contagio fluye impetuosamente por los hondos surcos de las desigualdades sociales. No debería ser una sorpresa. Desde hace tiempo la experiencia empírica de sindicatos y movimientos sociales coincidía con los estudios de los expertos: las situaciones de paro, los bajos ingresos, el difícil acceso a la vivienda… en una palabra: todos los rasgos asociados a la precariedad y la pobreza constituyen determinantes de primer orden por cuanto se refiere a la salud de las personas. Hoy sabemos que el coronavirus está afectando con especial intensidad a los barrios obreros. Así lo denunciaba un reciente comunicado de la Federación de Asociaciones Vecinales de Barcelona. Así, por ejemplo, en Roquetes, en el noreste de la ciudad, se alcanzaba la tasa de positivos más alta —533 por cada 100.000 habitantes— frente a los 77 casos registrados en el acomodado barrio de Sant Gervasi-Galvany. Las zonas donde vive la población con rentas más bajas reúnen a su vez los mayores factores de riesgo: condiciones de vida difícilmente compatibles con las medidas de higiene y distancia social que recomiendan las autoridades sanitarias, pocos perfiles profesionales susceptibles de recurrir al teletrabajo, gente con mayor exposición al contagio empleada en supermercados, servicios de limpieza, fábricas…

La epidemia adquiere así un sesgo de clase. Aquí y en todas partes. Y no sólo porque llueva sobre mojado, sino por la gestión que pretenden hacer de su impacto algunos gobiernos, ya sea por soberbia, inconsciencia o cinismo. Hemos podido comprobarlo estos días con la actitud insolidaria de Holanda y Alemania ante la demanda, por parte de los países del Sur, de un esfuerzo mancomunado de Europa para hacer frente a la devastación que dejará tras de sí la pandemia. ¿Acabará imponiéndose la razón ante la evidencia de que el hundimiento de las economías de España o Italia afectaría gravemente a los hacendosos Estados del Norte? Eso esperan los optimistas. Pero nada es menos seguro. Los mismos que piensan, como el antiguo ministro de finanzas holandés Jeroen Dijsselbloem, que a orillas del Mediterráneo «nos lo gastamos todo en licor y mujeres», no tienen ningún escrúpulo en facilitar la elusión de impuestos por parte de grandes empresas extranjeras —entre las que se cuentan conocidas firmas españolas—, haciendo de los Países Bajos una suerte de paraíso fiscal dentro de la UE. Según algunas estimaciones, en torno a un 30% de su recaudación anual provendría de esos tributos detraídos a las correspondientes haciendas nacionales, eso sí, de modo legal, a través de empresas instrumentales, utilización de marcas y otros artificios. Sin olvidar que los bancos alemanes fueron en su día partícipes y grandes beneficiarios de la fiesta del ladrillo en España. Es inútil especular sobre lo que ocurrirá en los próximos meses. La crisis que se avecina será de tal magnitud que podría dar al traste con la UE. Cabe esperar, sin embargo, que las élites de los Estados que han sacado mayor provecho de las asimetrías del euro intenten mantener, o incluso reforzar, su preeminencia tras el shock. El Covid-19 merma las defensas naturales de los más débiles, pero no disminuye el apetito de los poderosos.

Ni tampoco inspira una mejor disposición a quienes estaban previamente aquejados de fiebre nacionalista. Poco tardó Trump en hablar del «virus chino» que se cernía sobre América. Pero, imperiales o provincianos, todos los nacional-populismos reaccionan de modo similar. El discurso del President Torra y su entorno ha adquirido estas semanas tintes inquietantes. Todas las medidas del Estado de Alarma son leídas como agravios nacionales y los esfuerzos por soliviantar a la opinión pública de Cataluña contra el gobierno español devienen constantes. Es ya frecuente que, sin el menor comedimiento, los voceros del «procés» se hagan eco de los hashtag de Vox para increpar a Pedro Sánchez. El conocido jurista Hèctor López Bofill, próximo a Puigdemont, acaba de publicar este twitt: «Con 1.070 muertos sobre la mesa, supongo que aquellos que alegaban que los catalanes nunca llevaríamos la secesión hasta sus últimas consecuencias porque teníamos mucho que perder se han quedado sin argumentos. Cataluña será independiente y lo será pronto». No se trata del delirio de un individuo, sino de un sentir sistemáticamente promovido desde la derecha nacionalista, mientras una pusilánime ERC agacha la cabeza. Ayer, «España nos robaba»; hoy, «nos está matando». Más aún: quienes no abracen la causa independentista tendrán las manos irremisiblemente manchadas de sangre catalana. Es igualmente imposible predecir hasta qué punto semejante mensaje calará en la sociedad. La prueba a que se ve sometida hace brotar raudales de solidaridad en su seno y un aprecio inmenso por aquellas conquistas sociales que, como la sanidad pública, fueron tan duramente golpeadas por esos mismos «patriotas» en la crisis anterior. Con una redoblada vehemencia para ocultar sus responsabilidades, tratan ahora de expandir el virus del odio, la amenaza más letal para la convivencia. La peste vuelve a desnudar nuestras almas.

domingo, 22 de marzo de 2020

CGT reitera su exigencia al Gobierno para que cierre todos los centros de trabajo no esenciales durante la crisis del Covid-19

 

   La organización sindicalista considera que las medidas de confinamiento obligatorio para la población no tienen sentido si se permite a miles de personas desplazarse para realizar actividades prescindibles. CGT insiste en que las medidas de seguridad para las personas trabajadoras, de obligado cumplimiento, no pueden quedarse a las puertas de los centros de trabajo

La Confederación General del Trabajo (CGT) ha vuelto a dirigirse al Gobierno del Estado español, a través de una nueva carta a la ministra de Trabajo, para insistir en la urgente necesidad de cerrar inmediatamente todos los centros de trabajo y unidades productivas que no sean fundamentales para la salud y la vida de las personas durante los días que dure el estado de alarma originado por el riesgo de contagio por «coronavirus».

La CGT cree firmemente que se está exponiendo a un riesgo innecesario a muchas personas trabajadoras y a sus familias, obligándolas a desplazarse hasta sus lugares de trabajo en transportes públicos en los que no se consigue cumplir con las recomendaciones sanitarias de las autoridades. También, en este sentido, este sindicato ha señalado que en esta primera semana de estado de alerta, se han dado casos de empresas que han incumplido la ley respecto a los derechos laborales de sus plantillas. Existen, señalan desde CGT, muchos centros de trabajo donde las personas están realizando sus labores sin protección o sin mantener las distancias mínimas de seguridad entre el personal, como ha ocurrido en algunas empresas de telemarketing, del sector ferroviario o aeroportuario y el servicio de correos y mensajería o distribución de productos, entre otros. Y en este sentido, CGT también critica la actitud mantenida en muchas ocasiones por las autoridades laborales, donde en la mayoría de los casos han ignorado las numerosas denuncias realizadas en los últimos días.

Desde CGT recuerdan que el RD 8/2020 de 17 de marzo obliga a las empresas, siempre que sea razonable y posible, a implantar el trabajo a distancia. Sin embargo, muchas empresas han optado por hacer caso omiso, obligando a sus plantillas a jugarse la salud en los días más duros en cuanto al contagio del Covid-19 entre la población.

CGT también ha querido reclamar equipos de protección individual para aquellas personas que tengan que atender durante esta crisis las líneas de atención telefónica de emergencias y una mayor atención al personal sanitario de la sanidad pública, el verdadero escudo que en estos momentos tiene nuestras sociedad ante el avance de la pandemia, cuyo pico todavía está lejos de alcanzarse y que ya ha ocasionado la muerte a más de 1.300 personas en nuestro país.


sábado, 21 de marzo de 2020

STOP Coronavirus, STOP Desigualdades Sociales


   Las organizaciones y colectivos Confederación Intersindical, COBAS, CGT, Ecologistas en Acción y Coordinación Baladre ante la grave situación que estamos atravesando y las consecuencias que ello puede tener para la clase trabajadora y para la ciudadanía en general, queremos trasladar una serie de medidas que entendemos deben ser puestas en marcha por el Gobierno de forma urgente e ineludible para mitigar el sufrimiento de las personas:

Paralización inmediata de todos los trabajos que no sean imprescindibles para la salud y la vida de las personas, garantizando el 100 % del salario.

- Prohibición del despido de las personas trabajadoras con motivo del Coronavirus.

- En caso de producirse suspensiones temporales de empleo, debe garantizarse que las personas perciben sus retribuciones integras, y que no se contabilice este tiempo a los efectos del cómputo de la prestación por desempleo y que además no sea requisito para su percepción un mínimo de tiempo cotizado a la Seguridad Social.

- En los casos en los que se haya acordado el teletrabajo entre las empresas y sus plantillas, debe respetarse la normativa de salud laboral y en ningún caso se exigirán ratios de productividad que impidan la conciliación de la vida laboral y familiar.

- Debe establecerse una moratoria para el pago de las hipotecas y alquileres que no se puedan pagar, paralizándose cualquier desahucio que estuviera acordado, así como el mantenimiento de los servicios de electricidad, gas, agua, calefacción y telecomunicaciones, para las familias trabajadoras que lo necesiten.

- Se garantizará que las personas sin hogar, las refugiadas y migrantes tengan cubiertas sus necesidades básicas vitales. Cierre de los CIES y liberación de todas las personas retenidas.

- Dada la situación de colapso en el que se encuentran teléfonos de emergencia como el 016 (Violencia machista contra las mujeres), al estar las mujeres confinadas con sus maltratadores, o el 112 para emergencias sanitarias, instamos al gobierno que adopte las medidas necesarias para que se priorice la atención a estas líneas en detrimento de la atención a otras líneas comerciales.

- Debe establecerse un subsidio por un importe equivalente a una pensión no contributiva para las personas dadas de alta en el Régimen Especial de la Seguridad Social de las Empleadas de Hogar que como consecuencia de esta situación pierdan el empleo.

- Mismas condiciones en relación al desempleo para las personas contratadas por ETT a las que se suspenda su contrato que a las que, con carácter general, se aplican a la personas afectadas por un ERTE.

- Se protegerá especialmente al personal de los centros de servicios sociales, residencias de personas mayores y discapacitadas.

- Renta Básica urgente para quien se quede sin ingresos, como primer paso para su implantación total.

- Deben respetarse los derechos humanos y garantizarse la salud de las personas privadas de libertad en centros penitenciarios y centros de menores no acompañados.

- Los medios sanitarios privados, especialmente que se establecieron con medios públicos, deben pasar a la titularidad de las distintas administraciones de forma permanente.

- Se garantizarán los medios y plantillas necesarias, asegurándose la protección para que el personal sanitario, de limpieza y mantenimiento hospitalario, que está trabajando de modo encomiable para la solución del problema pueda trabajar con eficacia y seguridad.

- También deben dotarse de elementos de protección adecuados a aquellas personas que deban realizar trabajos esenciales para la comunidad y que permitan asegurar su salud.

- Mientras dure esta situación de emergencia se eximirá a los trabajadores y trabajadoras autónomos de pagar la cuota de la Seguridad Social.

- El Gobierno debe velar por el control del precio de las cosas, especialmente de los productos básicos.

Entendemos que este es un momento grave y excepcional y como tal hay que darle soluciones también excepcionales ya que otra cosa sería permitir el empobrecimiento de la clase trabajadora, la misma a la que hasta ahora se le han pedido y se le están pidiendo todos los sacrificios.

No más agresiones a la Clase Trabajadora

sábado, 22 de febrero de 2020

Presentación mexicana de la revista AMOR Y RABIA


    
Recientemente entre los compañeros ácratas de México —debido al interés mostrado por su parte— la revista  AMOR Y RABIA (con raíces vallisoletanas) ha sido dado a conocer por aquellas tierras mesoamericanas. Un compañero dio una charla de presentación y con ello este fanzine que se os muestra por aquí.

    También en él se incluye los orígenes de EL AULLIDO, ya que ambos salimos de las desaparecidas Juventudes Libertarias de Valladolid, y mantuvimos unas vidas paralelas. hasta volver a converger, ¡el mundo es como una red!

lunes, 2 de diciembre de 2019

¿Qué pasa en Cataluña? ¡Anarcopuristas Go Home…!



Acabo de leer en la revista Catalunya de la CGT del mes de noviembre dos artículos que encajan bastante bien con la tónica que mantiene ese periódico desde que el 'Govern' decidió convocar en octubre del 2017 el referéndum sobre la independencia.

Esos artículos celebran la espectacular y contundente respuesta que se ha dado en la calle a la sentencia condenatoria de una parte del 'Govern', de la Presidenta del Parlamento, y de los dos máximos dirigentes de las dos grandes organizaciones nacionalistas catalanas.

En ambos se saluda el coraje, la contundencia, la determinación de esa respuesta popular frente al Estado español y a las fuerzas represivas que de él y de la Generalitat dependen. No solo se justifica la presencia anarquista en esas movilizaciones sino que se celebra esa participación, se llama a intensificarla y se descalifica la presunta inhibición de los y las anarquistas que se encierran en «su torre de marfil», que no asumen las contradicciones propias de todas las luchas, y que se refugian en «la pureza anarquista»: Anarcopuristas Go Home concluye uno de los dos textos con cierto regusto a aquel Yankee Go Home de tiempos pretéritos.

Resulta, sin embargo, que aludir a la defensa de «la pureza anarquista» para dar cuenta del motivo que incitaría a no involucrarse en la actual movilización revela que nada (o bien poco) se ha entendido del talante que anima al anarquismo. Nadie que se pretenda anarquista y sea mínimamente coherente basaría su negativa a implicarse en las actuales movilizaciones en la preocupación por preservar la pureza del anarquismo, por la sencilla razón de que el anarquismo es radicalmente antitético con cualquier pretensión de pureza.

La pretensión de preservar la pureza del anarquismo resulta totalmente absurda para cualquier anarquista porque el anarquismo es constitutivamente impuro. Es mestizo, es diverso, es polifacético, es cambiante y es inevitablemente abierto. La idea de pureza es propia de los planteamientos los más reaccionarios en todos los ámbitos, desde la religión, a las supuestas razas, a las ideologías, a las culturas, etc. etc. Así que, pensar que si se critica una determinada movilización es en nombre de «la pureza anarquista» indica, lo repito, que no se acaba de entender el anarquismo.

Imputar la crítica contra las actuales movilizaciones a «la pureza anarquista» o al encierro en «la torre de marfil» es una manera cómoda y fácil de eludir el debate político acerca de esas movilizaciones.

¿Acaso se puede discrepar políticamente de la implicación anarquista en las actuales movilizaciones sin que sea por la absurda preocupación de preservar una inexistente pureza anarquista, o porque se prefiera contemplar las cosas desde una supuesta torre de marfil? Por supuesto que sí y está claro que no faltan argumentos para contraponerlos a quienes defienden, celebran y alientan esa implicación.

Escribía en un texto reciente: «Por bellas que sean las llamas de las barricadas y por indignantes que sean los disparos de la policía no deberíamos dejar que esas llamas nos impidan ver los caminos engañosos que alumbran, ni dejar que esos disparos nos impidan oír las enseñanzas proporcionadas por la larga historia de nuestras luchas emancipadoras». No cabe duda de que quemar contenedores, arrojar objetos o cócteles a la policía, bloquear autopistas y estaciones de ferrocarril, son formas de lucha que nos entusiasman cuando consiguen romper la pasividad y la sumisión reinantes y despiertan solidaridades.

Pero ¿acaso no conviene interrogarnos acerca de quiénes son los que diseñan las estrategias y articulan los medios para que esas movilizaciones sean posibles?, ¿preguntarnos cómo y porqué lo hacen?, ¿para conseguir qué fines? ¿No deberíamos interrogarnos, por ejemplo, acerca de la supuesta horizontalidad de las decisiones que articulan las movilizaciones del Tsunami Democràtic?

¿Acaso basta con que una movilización se produzca y adopte formas de enfrentamiento contundentes para que debamos sumarnos a ella? ¿Acaso nuestro lugar estaba en la plaza Maiden, por muy masiva y popular que fuese aquella revuelta y por muy represoras que fuesen las autoridades ucranianas? ¿Acaso el anarquismo no dispone de herramientas para decidir de forma genuinamente autónoma cómo, cuando y para alcanzar qué fines debemos involucrarnos en las luchas?

Frente al mantra de que lo importante es luchar y ya veremos después hacia dónde nos lleva, y qué efectos produce, quizás valdría la pena reconocer la importancia de pensar esas cuestiones y de debatirlas sin recurrir a descalificaciones que obstaculicen el análisis, la reflexión, la discusión, y la plena legitimidad de tomar eventualmente una postura fuertemente crítica ante la implicación anarquista en la movilización actual.

27 noviembre 2019

lunes, 25 de noviembre de 2019

La Voz del Pueblo

   [Aunque algunos pretendan convencernos de que los viejos planteamientos antiautoritarios e internacionalistas de los ácratas del siglo XIX están ya caducos y obsoletos (y que algunos 'libertarios' de hoy día parecen haber olvidado o tergiversado), en realidad están muy al día. Los que defienden el apoyo y participación popular en el juego del poder político —o se dejan manipular involuntariamente— como algo digno de ser tenido en cuenta, que sepan que no es nuevo; siempre ha habido sectores sociales emergentes que se han valido de las clases populares más desfavorecidas en su provecho (sea en nombre de la patria, del pueblo, de un derecho a la autodeterminación o de una determinada clase social oprimida y, hasta incluso, nuestro planeta). Como bien nos cuenta una historiadora medievalista francesa sobre el Valladolid de la primera mitad del siglo XIV. En muchas cosas no pasa el tiempo.]

Cortes de Valladolid de 1295.

  Las crisis de finales del siglo XIII y de las primeras décadas del XIV no parecen pues haber afectado profundamente a Valladolid que, no sólo consiguió mantenerse sino que aprovechó las dificultades de la Corona para obtener mayor independencia.

La vida política urbana se vio sin embargo afectada por la lucha que entabló un sector de la población, enriquecido durante la segunda mitad del siglo XIII, para acceder al gobierno municipal, reservado, desde el privilegio de Alfonso X, a las diez casas oligárquicas de los linajes de Tovar y de Reoyo. Aprovechando sin duda la crisis general y cierto descontento popular, los mercaderes, plateros, peleteros y demás representantes de los oficios de mayores ingresos en la villa consiguieron de la reina María de Molina, durante la minoría de Fernando IV, que se anulasen los privilegios concedidos a los caballeros en el Fuero Real y se constituyeron en un verdadero partido popular, 'la Voz del Pueblo'.

En marzo de 1320, dos meses después que los linajes de Tovar y de Reoyo y 'la Voz del Pueblo' nombraran representantes para llegar a un acuerdo, la reina María de Molina, que necesitaba desesperadamente el apoyo de la ciudad, devolvió a los caballeros sus privilegios, que incluían el monopolio de los cargos municipales.

Un año después, en marzo de 1321, poco antes de su muerte, la reina confirmó el compromiso establecido, que reservaba a los representantes de 'la Voz del Pueblo' la mitad de los oficios concejiles, mientras los linajes se repartían la otra mitad.

Ignoramos las circunstancias de este acuerdo y en particular si hubo, como en numerosas ciudades europeas en la misma época, violencias y disturbios; en cambio, la élite de los no-privilegiados había conseguido, mediante el apoyo popular, el acceso al gobierno municipal.

Entre 1321 y 1332 sin embargo, los mercaderes y artesanos enriquecidos que habían accedido al poder municipal no debieron de cumplir las expectativas suscitadas cuando encabezaban 'la Voz del Pueblo'. Privadas del beneficio de su «revolución», las capas populares reaccionaron al cabo de unos años e intentaron llevarla a cabo reuniéndose a campana tañida, distribuyéndose cargos y rentas municipales, e irrumpiendo en las sesiones del concejo. A petición del concejo —oficial—, el rey tuvo que intervenir: en marzo de 1332, las reuniones populares de los «menestrales y otras gentes menudas» fueron prohibidas y se devolvió el monopolio del ejercicio del poder en Valladolid a los linajes de Tovar y de Reoyo. La presencia en el concejo, posteriormente al privilegio real, de los mercaderes que habían conseguido desempeñar oficios públicos a raíz de la «revolución» de 1320-1321, sólo se explica por su integración en alguno de los dos linajes; entre 1321 y 1332, los linajes vallisoletanos perdieron pues su carácter de «familias de sangre» para convertirse en «familias espirituales», en bandos.

A partir de 1332, los linajes se repartieron por mitad los oficios municipales: regidurías a partir de mediados del siglo XIV, alcaldías, escribanías de la villa y luego «del número», procuradurías en Cortes, fielatos, aposentadurías, guías, tasadurías, montanerías, andadurías, pregonerías, así como los dos cargos de «conservadores» de la universidad.

La «revolución» de 1320-1332 y 'la Voz del Pueblo' vallisoletana no fueron acontecimientos aislados: en Italia y en Flandes, por esas mismas fechas, los «burgueses» enriquecidos consiguieron también forzar el acceso a los gobiernos urbanos, con el apoyo de las masas populares. Sin embargo, al contrario de lo que ocurrió en otras ciudades europeas, en Valladolid la apertura de la oligarquía a nuevos miembros no fue un hecho efímero, sino que se erigió en sistema; no hubo así, como en Florencia por ejemplo, nuevos disturbios a finales del siglo XIV.

ADELINE RUCQUOI
Valladolid en el Mundo. La Historia de Valladolid
(1993)

jueves, 31 de octubre de 2019

La caída del gobierno Kerenski, la victoria del partido bolchevique


Por VOLIN

A partir del 17 de octubre (30 de octubre, según el calendario actual), el desenlace se aproxima. Las masas están prestas para una nueva revolución, como lo prueban los levantamientos espontáneos desde julio, el ya citado de Petrogrado y los de Kaluga y Kazán y otros del pueblo y de tropas, en diversos puntos.

El partido bolchevique se ve, entonces, ante la posibilidad de apoyarse sobre dos fuerzas efectivas: la confianza de gran parte del pueblo y una fuerte mayoría del ejército. Así pasa a la acción y prepara febrilmente su batalla decisiva. Su agitación produce efervescencia. Ultima los detalles de la formación de cuadros obreros y militares. Organiza también, definitivamente, sus propios equipos, y redacta la lista eventual del nuevo gobierno bolchevique, con Lenin a la cabeza, quien vigila los acontecimientos de cerca y transmite sus últimas instrucciones. Trotski, el activo brazo derecho de Lenin, llegado hacía varios meses de Norteamérica, donde residió desde su evasión de Siberia, participará en puesto destacado.

Los socialistas revolucionarios de izquierda actúan de acuerdo con los bolcheviques. Los anarcosindicalistas y los anarquistas, poco numerosos y mal organizados, pero muy activos también, haciendo todo lo que pueden para sostener y alentar la lucha contra Kerenski, no por la conquista del poder, sino por la organización y la colaboración libres.

Conocidas la extrema debilidad del Gobierno Kerenski y la simpatía de una aplastante mayoría popular, con el apoyo activo de la flota de Kronstadt, siempre a la vanguardia de la revolución, y de gran parte de las tropas de Petrogrado, el Comité Central del partido bolchevique fijó la insurrección para el día 25 de octubre (7 de noviembre). El Congreso Panruso de los Soviets fue convocado para la misma fecha.

Los miembros del Comité Central estaban convencidos de que este congreso de mayoría bolchevique y obediente a las directivas del partido debía proclamar y apoyar la revolución y reunir todas las fuerzas para hacer frente a la resistencia de Kerenski. La insurrección se produjo el día señalado por la tarde. Y, simultáneamente, el congreso de soviets se reunió en Petrogrado. No hubo combates en las calles ni se levantaron barricadas.

Abandonado por todo el mundo, el gobierno Kerenski, asido a verdaderas quimeras, permanecía en el Palacio de Invierno, defendido por un batallón seleccionado, otro compuesto de mujeres y algunos jóvenes oficiales aspirantes.

Tropas bolcheviques, de acuerdo con un plan establecido en el Congreso de soviets y el Comité Central del partido, cercaron el palacio y atacaron sus defensas. La acción fue sostenida por naves de guerra de la flota del Báltico, de Kronstadt, alineadas sobre el río Neva, con el crucero Aurora. Después de una breve escaramuza y algunos disparos de cañón desde el crucero, las tropas bolcheviques se apoderaron del palacio. Kerenski había huido. Los demás miembros de su gobierno fueron arrestados.

Así, en Petrogrado la insurrección se limitó a una pequeña operación militar, conducida por el partido bolchevique. Habiendo quedado vacante el gobierno, el Comité Central del partido se instaló como vencedor en aquella revolución de palacio.

Kerenski intentó marchar sobre Petrogrado con algunas tropas sacadas del frente de guerra, cosacos y la división caucasiana, pero fracasó por la vigorosa intervención armada de los obreros de la capital y, sobre todo y una vez más, por los marinos de Kronstadt, llegados precipitadamente a prestar ayuda. En una batalla cerca de Gatchina, en los alrededores de Petrogrado, una parte de las tropas de Kerenski fue derrotada y la otra se pasó al campo revolucionario. Kerenski pudo salvarse en el extranjero.

En Moscú y otras partes la toma del poder por el partido bolchevique se efectuó con menos facilidad. Moscú vivió días de combates encarnizados entre las fuerzas revolucionarias y las de la reacción, que dejaron muchas víctimas. Numerosos barrios de la ciudad resultaron muy dañados por el fuego de la artillería. Finalmente, la revolución la ocupó. En otras ciudades, igualmente la victoria costó violentas luchas.

El campo, en general, permaneció casi indiferente. Los campesinos estaban muy absorbidos por sus preocupaciones locales: desde hacía mucho tiempo se preocupaban en resolver por sí mismos el problema agrario; no temían el poder de los bolcheviques. Puesto que tenían la tierra y no temían el retorno de los señores, estaban bastante satisfechos y eran indiferentes ante los defensores del trono. No esperaban nada malo de los bolcheviques, ya que se decía que éstos querían terminar la guerra, lo cual les parecía justo. No tenían, pues, ningún motivo para desconfiar de la nueva revolución.

La manera cómo ésta se cumplió ilustra sobre la inutilidad de una lucha por el poder político. Si éste es sostenido por una gran mayoría y, sobre todo, por el ejército, no es posible abatirlo. Y si es abandonado por la mayoría y por el ejército, que es lo que se produce en el momento de una verdadera revolución, entonces tampoco vale la pena dedicarse a él especialmente. Ante el pueblo armado se derrumba solo. Hay que abandonar el poder político para ocuparse del poder real de la revolución, de sus inagotables fuerzas potenciales, de su irresistible impulso, de los inmensos horizontes que abre, de todas las enormes posibilidades que contiene en su seno.

En muchas regiones, la victoria de los bolcheviques no fue completa, particularmente en el Este y en el Mediodía. Movimientos contrarrevolucionarios se perfilaron muy pronto y se extendieron hasta una verdadera guerra civil que duró hasta fines del año 1921.

Uno de esos movimientos, dirigido por el general Denikin, en 1919, fue sumamente peligroso para el poder bolchevique. Partiendo de los confines de Rusia meridional, región del Don, Kuban, Ucrania, Crimea, Cáucaso, el ejército de Denikin arribó, en el verano de 1919, casi hasta las puertas de Moscú. Explicaremos más adelante los elementos que le otorgaron tanta fuerza a ese movimiento, así como el modo como este peligro inminente pudo ser evitado, una vez más al margen del poder político bolchevique.

Muy peligroso fue asimismo el levantamiento desencadenado más tarde por el general Wrangel en los mismos parajes, después de haber sido ahogado el dirigido militarmente por el almirante Kolchak en el Este. Las otras rebeliones contrarrevolucionarias fueron de menor importancia.

La mayor parte de estos intentos fueron, en parte, sostenidos y alimentados por intervenciones extranjeras. Algunos han sido patrocinados y hasta políticamente dirigidos por los socialistas revolucionarios moderados y los mencheviques.

El poder bolchevique debió sostener una lucha larga y difícil: primero, contra sus ex colaboradores, los socialistas revolucionarios de izquierda, y segundo, contra las tendencias y el movimiento anarquistas. Ambos combatieron a los bolcheviques, en nombre de la «verdadera revolución social», traicionada, a su entender, por el partido bolchevique en el poder.

El nacimiento y, sobre todo, la amplitud y el vigor de los ataques contrarrevolucionarios fueron el resultado fatal de la deficiencia del poder bolchevique, de su impotencia para organizar la nueva vida económica y social. Ya veremos cuál ha sido la evolución real de la revolución de octubre, y cómo el nuevo poder supo, finalmente, mantenerse, imponerse, dominar la tempestad y resolver, a su manera, los problemas de la revolución.

El año 1922, el bolcheviquismo en el poder pudo sentirse definitivamente dueño de la situación y comenzar su momento histórico. La explosión produjo las ruinas del zarismo y del sistema feudal-burgués. Era necesario comenzar a edificar la nueva sociedad.

(Libro I, Tercera Parte, Capítulo V.)