jueves, 19 de octubre de 2017

Sobre el escenario social ante el proceso de independencia en Cataluña


«El nacionalismo de los de arriba sirve a los de arriba.
El nacionalismo de los de abajo sirve también a los de arriba.
El nacionalismo, cuando los pobres lo llevan dentro,
no mejora: es un absurdo total.»
BERTOLT BRECHT

Este escrito tiene la intención de aportar elementos para un debate sobre este tema señalando posiciones éticas, principios políticos del movimiento libertario, historia lejana y hechos recientes que nos ayuden a abordar una situación en que, sincera y humildemente, pensamos que los árboles no nos dejan ver el bosque.

Empezar por las ideas parece lógico. El internacionalismo rubricado en nuestros principios se ha caracterizado siempre por negar las limitaciones físicas que los discursos nacionales (con Estado o sin él) ponían a la geografía. Declaraciones de Reclús, de Anselmo Lorenzo y otros lo señalan (1). De hecho, en los antecedentes de nuestra organización encontramos a la Alianza Internacional de la Democracia Socialista de Bakunin fundada en 1868 con estas bases de doctrina política:
  • La supresión de los Estados nacionales y la formación en su lugar de federaciones constituidas por libres asociaciones agrícolas e industriales.
  • La abolición de las clases sociales y de la herencia.
  • La igualdad de sexos.
  • La organización de los obreros al margen de los partidos políticos.
En general es contradictorio hacer convivir expresiones como estas con la formulación política del «derecho de autodeterminación de los pueblos», y se hace confundiendo al pueblo trabajador con el conjunto de personas a las que se atribuye identidad cultural (sean trabajadores o explotadores), y «autodeterminación» como una suerte de «autogestión política» sin explicar su significado real y sobre quién y de qué forma se ha pretendido históricamente aplicar ese derecho.

No está de más que se fijen los significados de las palabras que se están utilizando.

Pueblo:
Del lat. popŭlus.
3. m. Conjunto de personas de un lugar, región o país.

– Patria:
1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.

– Nación:
Del lat. natio, -ōnis, 'lugar de nacimiento', 'pueblo, tribu'.
1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno.
3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

– Autodeterminación: De auto- y determinación:
1. f. Decisión de los ciudadanos de un territorio determinado sobre su futuro estatuto político.

El anarcosindicalismo, como aplicación práctica que toma los principios del anarquismo, no se sostiene sobre la tradición ni sobre la reivindicación cultural común como medio de agrupar a los seres humanos. A diferencia de otras ideas políticas, está fundamentado en los derechos universales de la persona, la libertad absoluta individual, y solo en segundo orden y como proyección de la misma, los derechos colectivos.

Por ello reivindica el internacionalismo como superación de los Estados-Nación, como defensa del cosmopolitismo formulado ya en la Grecia clásica y no como la caricatura que han querido hacer de ello redefiniéndolo absurdamente como «colaboración entre naciones».

La utilización del «pueblo» en el contexto de la crisis desatada por la convocatoria del referéndum de Cataluña hace referencia inequívocamente a todas las personas que viven en Cataluña a las que se les supone una vinculación a la cultura autóctona convenida, y por tanto no diferencia entre clases sociales ni entre gobernantes y gobernados.

En el caso de la «autodeterminación» hay que entender que incluso no siendo una formulación política del anarquismo o del anarcosindicalismo hay contextos donde se ha utilizado el término por la condición de práctica esclavitud y por tanto lesión de derechos fundamentales de los habitantes de un lugar concreto a diferencia de la consideración de que han gozado en las metrópolis (desde Eliseo Reclús se condena el colonialismo).

Los habitantes de Guinea Ecuatorial no tenían los mismos derechos que los españoles, ni los indios que los británicos, por lo que lesionado un derecho individual como es la igualdad se ha podido llegar a hablar de autodeterminación como medio de superar la injusticia y la explotación del grupo. Otra cosa distinta es, sin ningún tipo de vergüenza, simular en una región una falta de derechos comparándose con los ejemplos anteriores (2).

Toda la retórica nacional ha estado constantemente calificando de agravio, derecho o libertad, según convenga, aquellos comportamientos que ellos mismos ejecutan o defienden en su propio territorio respecto a regiones interiores. Los defensores de la autodeterminación, en este caso los independentistas catalanes, jamás concederán ese derecho al Valle de Arán (aunque le den un estatuto particular como el Estado español concede a Cataluña) ni reconocerán el centralismo de Barcelona, así como los castellanos incluyen León en sus planes independentistas, y estos a su vez al Bierzo, a pesar de que los bercianos mayoritariamente no se consideran leoneses. A nadie se le escapa que detrás de la pantalla de la reivindicación de derechos y libertades modernas habitan visiones históricas procedentes del feudalismo que de vez en cuando se ponen encima de la mesa.

Analicemos ahora algunas afirmaciones que se están haciendo continuamente desde el discurso independentista, empezando por la «imposición del Estado español».

¿Tienen menos o distintos derechos, gravosos comparativamente, los ciudadanos de Cataluña a los restantes? ¿Se ha impuesto la Constitución y el resto de la legislación española a Cataluña, incluido el Jefe del Estado?

No se puede contestar afirmativamente a ninguna de las dos preguntas. A la primera, porque es evidente que toda la legislación que el aparato estatal aplica a sus ciudadanos no hace distinciones en ninguna parte del territorio. Si acaso existen concesiones, en materia fiscal por ejemplo, como sabemos. Y desde luego, en lo que nos afecta como trabajadores (es conveniente no perder la perspectiva), no se puede afirmar que los trabajadores catalanes sufran ningún agravio con respecto a otros. Lo que sí hemos visto estos días es una manifestación gigantesca en Linares por el azote que el desempleo ejerce en ese lugar como en ninguno del país.

Con la segunda pregunta más gente dudaría porque los discursos falsos que el independentismo repite insaciablemente han sembrado la duda, no vaya a ser que nos cuelguen el sanbenito de «españolistas» en la eterna dicotomía falaz.

Para ser honestos no podemos olvidar que en la propia redacción de la Constitución Española ratificada en 1978 participa un miembro de CiU, Miquel Roca, nieto de un dirigente carlista, galardonado entre otras cosas con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y que ha llegado a defender a la Infanta de Borbón en los juzgados, una vez que la justicia española la hizo sentarse en el banquillo. Fue secretario general adjunto de CDC de 1974 a 1979, partido al que ha pertenecido hasta 2016, en que defendió al candidato de Unió, partido que fundó su padre.

Y, ¿cuál fue la reacción de los catalanes a la votación de la Constitución aquel 6 de diciembre? Pues con una participación entre el 67% y el 74% (según la provincia) más del 90% de los catalanes votaron a favor del texto. Se pueden decir muchas cosas, pero desde luego son tan responsables o más de que se estén aplicando hoy en día sus artículos que los ciudadanos de Valladolid, que lo aprobaron con un 83% de síes (3). Y hay que recordar que es el texto donde se da legitimidad al Borbón como Jefe del Estado habiendo jurado hacía poco los Principios del Movimiento franquista. Es también tragicómico ver las críticas que hacen hoy al «régimen del 78» los miembros del PC que votaron a favor de todo aquél montaje desde las Cortes o desde la mesa de los Pactos de la Moncloa, donde también participó CiU.

Desde esto (si se quiere tomar como un principio) hasta hace cuatro días, quienes tienen las riendas del «procés» han sido el sostén de los sucesivos gobiernos felipistas y aznaristas aportando sus votos generosamente en el Congreso de los Diputados para aplicarnos a todos los súbditos de este Reino las sucesivas reformas laborales, los sucesivos recortes de libertades, los sucesivos programas de ajuste presupuestario en materia social. (4)

¿El independentismo históricamente es de izquierdas? ¿La independencia de Cataluña es un movimiento de izquierdas? ¿Lo son sus dirigentes y por ello tiene sentido esperar que un nuevo escenario independiente sea distinto, mejor?

Cualquiera que haya buceado mínimamente en la historia del último siglo sabe que no. Por no hablar de la patronal catalana más derechista, a la que no gusta hacer referencia porque no dudaba en acudir a las fuerzas policiales centralistas cuando las huelgas se le iban de las manos, vamos a hablar de una fuerza como ERC.

ERC, partido que hoy sube en las encuestas como la espuma, ha sido históricamente una amalgama de sectores que no podían estar más enfrentados. Pero incluso Jacinto Toryho, director del Solidaridad Obrera de 1936 a 1938, afirmaba que la Lliga Regionalista y ERC «en lo social no eran fracciones diferentes, sino dos expresiones reaccionarias a las que solamente separaba un matiz partidista electorero».

El cemento nacionalista obra milagros como mantener en el mismo partido a gente como Companys y a la de otro partido más pequeño llamado Estat Catalá. Uno de sus dirigentes y fundador de ERC, Josep Dencás, visitó personalmente a Mussolini en Italia y fue el responsable de la creación de milicias paramilitares que no dudó en utilizar contra la CNT. Influido por las ideas racistas de Pere Martir Rossell i Villar, se autodefinía como «nacionalsocialista». Como consejero de Gobernación mantuvo a su lado a los hermanos Badia. Miquel Badia, como Jefe Superior de la Comisaría General de Orden Público, movilizó a policías y paramilitares («Escamots») contra la huelga de transportes de Barcelona en 1933 convocada por la CNT. Acabaron muertos por disparos de militantes de la FAI. En 1937 las fuerzas de ERC se sumaron a las del PSUC para atacar a los libertarios en Barcelona en los hechos trágicos de mayo. Hay suficiente documentación publicada para quién desee profundizar.

Esto podría ser cosa del pasado si no hubiésemos visto cómo se celebra anualmente un homenaje a los hermanos Badia (5), y como hace unos años contaron en el acto con la presencia del señor Oriol Junqueras, hoy en día Vicepresidente de la Generalitat y Presidente de ERC.

Pero no es la única sorpresa del presidente de un partido que se denomina «Esquerra». Hace muy poco tiempo apareció en la portada del ABC (6) junto a otro grupo de serviles (¡ojo!, Bertín Osborne, Cospedal, Borja Prado…) defendiendo ni más ni menos que la retransmisión de la misa católica dominical. No en TV3, no, en Televisión Española. Todo ello debido a las críticas que sobre ello habían realizado diputados de Podemos.

Y por si su conservadurismo no había quedado claro, la página «InfoVaticana» se hace eco de declaraciones en diversos actos públicos de este personaje donde hace «llamamientos a que haya vocaciones» (7). Es importante señalar que en intención de voto hoy en día la antigua CiU, hoy PDeCAT, está en caída libre, pero es ERC quién recoge los votos perdidos por aquella formación, subiendo en las encuestas espectacularmente.

No podemos olvidar tampoco que Oriol Junqueras tiene un antecesor digno de mención: Heribert Barrera, el que fuera Secretario General de ERC (1976-1987), presidente del mismo (1991-1995), presidente del Parlamento catalán (1980-1984) y diputado del Parlamento Europeo (1991-1994). A pesar de sus opiniones sobre la inferioridad mental de los negros o el peligro que corría la cultura catalana con la invasión de los inmigrantes, fue homenajeado sin pudor, no solo por Josep Anglada, dirigente de Plataforma per Catalunya (8), sino que recibió la Medalla de Oro de la Generalitat (9), además de haber sido miembro del Consejo Consultivo de Omnium Cultural. Hoy esta entidad es una de las que encabeza el impulso nacionalista en Cataluña estando presidida por el empresario Jordi Cuixart.

Resulta también cuando menos curioso que uno de los tópicos utilizados por el independentismo sea acusar de franquistas a todos al sur del Ebro, mientras uno de sus alcaldes a quien hemos visto ser aplaudido hace poco en su visita al juzgado para prestar declaración por el referéndum, Ferrán Bel, defendió la continuidad en 2010 del monumento franquista en su localidad, Tortosa, junto a varios de sus concejales. Su retirada se había llevado al Pleno del Ayuntamiento avalada por 2000 firmas de los vecinos que fueron aplastadas por sus votos (CiU) y los del PP. (10)

De igual modo, parece que pasa inadvertido a la memoria que los monjes de la abadía de Montserrat defendieron a sus homólogos del Valle de los Caídos (benedictinos todos) ante el intento de acabar con ese parque temático del franquismo en aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Esos mismos monjes que lo mismo reciben en 1940 a Himmler buscando el Grial (11) que organizan actos por la independencia desde 2014 (12). Todo muy identitario.

Y aunque cuando se atacan las políticas del Gobierno catalán los independentistas suelen escurrir el bulto señalando a CiU como responsable, es conveniente recordar que solo se han cambiado la careta, prácticamente todos siguen ahí bajo la nueva marca PDeCAt con Artur Mas como presidente del partido. Como todos sabemos al frente de la Generalitat también se sitúa un convergente, Carles Puigdemont, y hemos tenido que ver respaldos sorprendentes a esta derecha catalana como el que brindó el dirigente de las CUP David Fernández abrazándose el 9-N a Artur Mas, las declaraciones de este y otros miembros de CUP ante la imputación del convergente diciendo que era «uno de los suyos», o a un «anarco»-independentista supuesto argumentando que a Pujol se le criminaliza por ser catalán porque solo ha recibido una herencia de su padre (13). No son casos aislados o extremos de una situación social. Son ejemplos del abandono generalizado de la lucha de clases y de la conciencia de la misma, que se aparta inevitablemente para dar paso a la cuestión nacional como ya advirtieron muchos antes que nosotros.

¿Qué hay del «derecho a decidir»?

Esta formulación novedosa ha sido uno de los escudos con los que se ha llegado al punto en el que estamos. Hay que reconocer a sus creadores que son fantásticos lanzando un eslogan con el que obligadamente hay que estar de acuerdo si no eres poco menos que un esclavista, claro. Habría que situarlo a la altura de los que decidieron llamar al movimiento antiabortista «provida», ¿quién va a ser promuerte? Nadie, quizá Millán Astray y sus locos legionarios.

Quienes enarbolan este «derecho» en el Parque de la Ciudadela como quienes se reúnen al lado de la Plaza de Neptuno nos lo recuerdan siempre que tienen oportunidad a los partidarios de la democracia directa. Por ello cuando esta gente nos aborda defendiendo el «derecho a decidir» lo primero que habría que haber preguntado es cuáles son los límites de la decisión, quién tiene ese derecho y si se dan las condiciones de libertad, seguridad e imparcialidad que cualquier consulta requiere para ser considerada como tal. Evidentemente la convocatoria y los hechos represivos que la han rodeado quedan lejos de reflejar la voluntad real de la mayoría de personas a quienes estaba dirigida.

Nadie diría que la votación del «Anschluss» fue la aplicación del «derecho a decidir» por más que se mostrase con la careta de un referéndum. Pues de igual forma, y con un resultado popular excelente por lo que hemos visto, han utilizado esa fórmula para decidir la separación de una estructura del Estado español e intentar generar a través de ella un Estado nuevo. Solo que esta vez en lugar de ejercer el miedo y la fuerza directamente sobre los votantes para forzar la decisión, se aprovecha la fuerza y la violencia del contrario en una suerte de aikido político. Tal es así que con poco más de un 40% de participación y un 38% de síes (sobre el censo) se pretende dar por bueno el resultado (14). Si es un derecho no puede ser extinguido por mucho que terceros me impidan ejercerlo, y es kafkiano que encima lo haga la parte que lo ha puesto encima de la mesa y no sea recriminada por ello. Esto evidencia la adhesión que se ha logrado a las élites catalanas que siempre han querido decir «derecho a la independencia», algo mucho más difícil de colocar en el mercado propagandístico.

¿Y qué hay de la represión?

Efectivamente ese es el otro escudo indestructible tras el que se parapeta el discurso independentista actual, incluso diría que también en el pasado, y lo que todo el mundo reconoce que ha generado más adeptos a la causa nacional. Lo hemos visto multiplicado exponencialmente este 1 de octubre. Cuando hacemos crítica del Estado como elemento subyugador no lo hacemos porque sí. Esta es la reacción normal de quien en esencia es violencia. Lo curioso es que esa coerción se está ejerciendo ahora mismo con las reglas que los mismos dirigentes catalanes han aprobado para «participar» y «cambiar las cosas desde dentro». Es indudable que una carga policial es la imagen más icónica de la violencia estatal. Sin embargo dependiendo del contexto no reaccionamos de la misma forma. No nos vamos a inmutar cuando los aficionados del Legia, o los Ultra Sur reciben los empujones y los gomazos de la Policía Nacional, sabiendo perfectamente por qué se utiliza la «herramienta». Condenaremos sin dudarlo un instante las agresiones que Guardia Civil y Policía Nacional perpetraron el día de la consulta (las grabaciones, como siempre, son espeluznantes), las entradas en domicilios y sedes políticas sin orden judicial que se han llevado a cabo, reconociendo al mismo tiempo que no podemos empatizar con muchos de esos miembros de partidos catalanes citados a declarar a los que se aplaude, cuando «antesdeayer» han estado llamando a gritos y justificando posteriormente la represión a movimientos populares. La sobreactuación ha sido amplia, pero por poner un ejemplo podríamos referirnos a la «indignación» del señor Junqueras diciendo que «dónde se ha visto que la policía cargue contra gente desarmada con los brazos levantados». Pues allí mismo, no hace tanto, muy cerca del asiento que su culo ocupa en el Parlament. Desde las declaraciones de Carod Rovira (ERC) contra el 15-M (15), hasta las cargas de los Mossos en Plaza Catalunya el 27-M, o las reacciones a la protesta ante el Parlamento catalán, que hizo salir entre otros al consejero de Interior, el psicópata Felip Puig, en helicóptero, y la posterior represión judicial a los manifestantes ilustran el carácter de esta gente que ahora muestra su mueca de víctima (cuando por cierto a ellos no los han tocado, los golpes se los han llevado los de siempre). En aquél momento la calificación de «violentos» fue repetida hasta la saciedad en todos los medios, e incluso en una declaración de todos los parlamentarios, contrastando con su integridad absoluta (bueno, resultó dañada una chaqueta pintada con spray y les tiraron una piel de plátano). Y mientras oíamos los discursos se pudieron ver multitud de imágenes donde la gente era golpeada, pisoteada, pateada y detenida. Todo en el mismo día en que se rechazaban las enmiendas a la totalidad que presentaban otros partidos a los presupuestos antisociales del gobierno catalán con los votos de PP y CiU. (16)

La gestión del terrorismo, como el discurso nacionalista obran milagros como el que hemos visto últimamente con los Mossos. Tan pronto era la policía europea con más acusaciones por tortura y malos tratos como los héroes de las Ramblas o del referéndum. Tan pronto había una mujer que perdía un ojo en una manifestación o un mantero se caía por el balcón de su casa cuando entraban en ella; o un hombre se moría de repente de madrugada mientras le daban una paliza; o veíamos imágenes de las torturas en la comisaría de Les Corts, que aparecía el señor Trapero (el mismo que salía a justificar todo lo anterior) y todo el mundo confiaba de repente en su carácter democrático y su defensa de las libertades. Hasta les hemos visto «llorar por la violencia».

Lo que está claro es que el discurso identitario se esconde detrás de la pantalla de «la represión inherente a España”» olvidando que esa represión nos une a los que la sufrimos, ya sea el 1-O en Barcelona o el 22-M en Madrid (hay videos en youtube sin demasiadas diferencias), se ha ejercido en todas partes (en esto hay que reconocerles lo democráticos que son), y su aplicación se debe precisamente al cuestionamiento de la autoridad, sea la del actual Estado español con la Policía Nacional, la del Parlamento catalán con los mossos o la del buscado Estado catalán con los mismos agentes.

¿Hay posibilidades al menos de utilizar la coyuntura para beneficio de la clase trabajadora?

No vemos de qué manera. Máxime cuando sabemos que la desorganización de los trabajadores es la norma (17), que los sindicatos convocantes son minoría si no contamos con CCOO y UGT y su larga tradición traidora, y que incluso la ANC y Omnium Cultural con un empresario «moderno» a la cabeza convoca movilizaciones (18).

Y esto atendiendo únicamente a los trabajadores catalanes, porque la dinámica de las cosas (algo por lo que siempre se han criticado desde nuestras posiciones los planteamientos nacionalistas) hace que se establezca una división entre trabajadores de un lado y del otro de la nueva frontera que se está dibujando. La aparición de banderas españolas en muchas ciudades (cuando no de pajarracos o esvásticas) y de emisiones del himno a través de las ventanas, es el efecto colateral que seguro que muchos hemos apreciado últimamente en ciudades y pueblos fuera de Cataluña, algo que no se veía habitualmente.

Podríamos hacer futuribles sobre la república catalana con el beato Oriol Junqueras de presidente o la nueva mayoría absoluta de Rajoy para el resto, pero incluso desistiendo de hacer apuestas el panorama no parece halagüeño en ningún caso.

Lo que creemos que es de absoluta necesidad es repensar el papel que se está jugando en todo este asunto, la incoherencia que mantenemos aturdidos por la corriente mayoritaria o los discursos de los medios de masas para consumo de la «izquierda», y centrar de manera firme nuestros esfuerzos en el desarrollo y avance de la conciencia de la clase trabajadora, que nunca ha tenido patria.




NOTAS:
 (1) Recomendamos el trabajo titulado «Que ardan todas las patrias».
 (2) Responsable de la ANC en Madrid: «Cataluña es la última colonia española».
 (3) Resultados de la ratificación de la Constitución Española de 1978.
 (4) Por poner un solo ejemplo podríamos hablar de la Reforma Laboral de 2012 aprobada con los votos de PP, CiU, UPN y Foro, y la oposición de todo el resto de parlamentarios.
 (5) En el acto de este año asiste el secretario de Organización de las juventudes, Joán Solá.
 (6) «Yo sí voy a misa», decía la portada.
 (7) Incluso afirma haber tenido conversaciones con Ratzinger en el Vaticano.
 (8) Algo lógico por otra parte, visto lo visto. Ojo a los resultados electorales, que no hay partido con un discurso nazi explícito en el resto de España que los obtenga.
 (9) En este artículo se recoge una foto curiosa del homenaje y sus «frases célebres».
 (10) El «Monumento a la Batalla del Ebro» sigue siendo el monumento franquista de mayores dimensiones de toda Cataluña.
 (11) En el artículo, aunque de reducidas dimensiones, hay una fotografía del padre Ripol saludando a Himmler.
 (12) Además de este artículo, no es difícil encontrar las homilías que se están haciendo hoy sobre el tema.
 (13) La Vanguardia, y Diario12, respectivamente.
 (14) Cifras del referéndum en eldiario.es.
 (15) En este artículo hay un resumen de esto que dijo: «Los españoles tienen todo el derecho del mundo a indignarse. Pero si quieren hacerlo como españoles, mejor será que no se confundan en el mapa y se manifiesten, se indignen, meen, pinten, griten e insulten allí donde les corresponde: en su país. Al fin y al cabo, no está lejos y está bien comunicado. Ese internacionalismo progre que va de apátrida, de anacional, de cosmopolita, cuando se expresa en el marco de una nación que no está normalizada políticamente está haciendo el juego al nacionalismo dominante: el español, por supuesto. Basta, pues, de complicidades ingenuas y de hacer el bobo con esa indignación de pacotilla.» (No comment.)
 (16) El País 15-06-2011. Se encargaron de recordar que «no se puede parar la actividad del Parlament». En 2015 el Supremo condenaría a 8 personas a 3 años de prisión.
 (17) Este artículo en Solidaridad Obrera, reconoce lo afirmado: «La otra cuestión se sitúa en el contexto actual, en el que debido a la atomización de un movimiento popular que pueda hacer de contrapeso a la burguesía catalana y un movimiento obrero prácticamente inexistente carecerían de la necesidad histórica de las fuerzas represivas del Estado Español (Guardia Civil, Ejército…) para combatir dichos movimientos, más aún ahora que disponen de un cuerpo de Mossos d’Esquadra moderno y desplegado en todo el territorio.»
 (18) Jordi Cuixart, su presidente, es propietario de Aranow Packaging Machinery y fundador de la fundación privada de empresarios FemCat.

lunes, 16 de octubre de 2017

CNT denuncia la irresponsable política forestal y de extinción de incendios de la Xunta


 El sistema vuelve a colapsar ante una emergencia que se repite año tras año. Las instituciones continúan haciendo oídos sordos ante las reclamaciones de personal y medios de los plantillas contraincendios.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, pide «un mínimo de sensibilidad y responsabilidad» a los incendiarios. Entretanto, se declaran más de un ciento de nuevos focos en Galicia este fin de semana. Después de miles de hectáreas calcinadas y de tener que lamentar la pérdida de vidas humanas, los responsables directos echan balones fuera y le echan la culpa a otros, incluido a Portugal.

Desde la CNT no es la primera vez que se denuncia la falta de voluntad política para solucionar lo que es una emergencia de primer nivel. Ni existen medios para la prevención de incendios ni tampoco para sofocarlos, como pone de manifiesto que hace apenas unos días, aun estando en condiciones de alto riesgo incendiario, se les finiquitó el contrato a cientos de trabajadoras/os del SEAGA para volver a recontratarlas/los 48 horas más tarde.

La sección sindical en los GES de A Guarda denunció en varias ocasiones a falta de medios y se hizo patente la falta de interés tanto de ayuntamientos, como de diputaciones, como del consorcio contraincendios.

La falta de planificación y la irresponsable política forestal y de extinción de incendios lleva a la pérdida del patrimonio medioambental gallego. La mayor riqueza de la Galicia está en manos de personas ineptas que año tras año tropiezan en la misma piedra y que ni aprenden ni quieren aprender.

Desde la CNT llamamos a participar en todas las movilizaciones que tengan lugar en los próximos días, comenzando por las que incluso hoy hay convocadas en diversas ciudades y villas de la Galicia...


domingo, 15 de octubre de 2017

La rebelión juvenil y la Contracultura


TIERRA Y LIBERTAD
Nº 350 - septiembre 2017

En la década de los 60, la juventud se rebeló en la mayoría de los países del mundo, pasando en varios lugares a la lucha callejera, a movilizaciones sociales o incorporándose a las guerrillas. No se ha vuelto a ver esa insurrección generalizada entre los jóvenes. Una serie de factores se conjuntaron para que esto fuera posible sólo en esta década.

En los años 50, en la música, surge el rock and roll, fusionando la música de los negros, el blues de los campos y barrios pobres, el soul y el góspel de las iglesias, el rhythm and blues, la música folk y country del campo, el hilbilly, el jazz, el swing, boogie woogie, etc. Todas estas músicas marginales o discriminadas, se van fusionando y logran la aceptación y difusión masiva, en la radio y en la televisión cuando cantantes blancos, como Elvis Presley y Bill Halley, cantan la música negra fomentando la unión y diversión entre blancos y negros. Esta integración racial, movida por la industria de los discos y el entretenimiento, iba detrás de la lucha de los negros por sus derechos civiles.

La señora negra Rosa Parks, tenía 42 años cuando se rebeló contra el chofer del autobús, y se negó a darle su lugar a un blanco y pasar atrás del autobús, a la sección de negros. Eso le costó la cárcel el 1 de diciembre de 1955. El pastor baptista Martin Luther King, un desconocido entonces, llevó una protesta a los autobuses públicos de Montgomery, y organizaron un boicot contra ellos por segregacionistas. Al dejar los negros de usar el transporte público, quebraron y llevaron su protesta a la Corte Suprema de Justicia demandando a Montgomery y Alabama por racistas y ganaron, quitando la segregación racial de los autobuses. Y siguieron luchando ya que el racismo era legal y socialmente muy fuerte.

La música del rock se diseminó por el mundo, fusionándose con otras músicas locales y despertando en los jóvenes un deseo de cambio en su vida pocas veces visto. Canalizaban en la música su frustración y desarrollaron diferentes modas como los beatniks, los hippies, en EEUU, los mods y los teddy boys, en Inglaterra, los blousons noirs en Francia, los provos de Holanda y los porros universitarios en México, que lo mismo bailaban rock and roll que danzón, mambo o cha-cha-chá.

A nivel mundial, The Beatles, The Doors, The Rolling Stones y varios grupos, le dieron un fuerte impulso al rock, creando una identidad juvenil a contracorriente del sistema, que atacaba las instituciones fundamentales de la sociedad: la familia, la escuela, el trabajo, el dinero y el Gobierno.

La contracultura juvenil desarrolló diferentes ataques y propuestas contra la moral social y el culto al dinero y el poder. Los jóvenes exaltaban la rebeldía contra la moral establecida, la libertad contra trabajos mediocres y alienantes; la paz, ya que morían muchos en Vietnam sin entender cómo promovían la democracia arrojando napalm y fósforo blanco contra mujeres y niños en las aldeas vietnamitas.

La contracultura juvenil propuso el regreso a la naturaleza con el vegetarianismo, el desnudismo, el campismo, la meditación, la práctica de filosofías orientales para encontrar un sentido de vida, el uso de drogas para crear estados alterados de conciencia para conocerse mejor o simplemente para divertirse, el amor libre sin ataduras matrimoniales, las comunas como alternativa a la familia tradicional, la revolución sexual reivindicando el derecho al placer sin reproducción sexual como exigía la religión, el uso de anticonceptivos que liberó a la mujer del miedo al embarazo y le permitió explorar su sexualidad, la reivindicación de los derechos de las mujeres, los negros, los gays, los pobres, los marginados, los bohemios; retornaron algunas vanguardias artísticas y filosóficas como el dadaísmo, el surrealismo, el existencialismo, el nihilismo, el anarquismo, el situacionismo, etc.

En lo político, se vive la Guerra Fría entre la URSS y EEUU. Con la Revolución cubana, se rompe el monopolio de EEUU sobre Latinoamérica y la esperanza de un cambio revolucionario motiva a la juventud latinoamericana. Cuba exporta al Che Guevara como la esperanza del cambio. Pero una vez en el poder Fidel Castro, rompe su alianza con EEUU y se alinea al comunismo y la URSS, desatando una feroz represión contra el anarquismo en Cuba y demostrando que la Dictadura del Proletariado masacra a todos los que estén fuera del Partido Comunista. De la misma manera, en Praga, Checoslovaquia, los tanques rusos defienden el poder comunista luchando contra la rebelión juvenil y social que pedía libertades básicas. Así el pesimismo campea al ver la represión en Europa del Este por la URSS.

Sin embargo los jóvenes europeos ven claramente que la solución no es el capitalismo salvaje de EEUU ni la dictadura «proletaria» de la URSS. En Francia, Guy Debord critica la moral hipócrita de la Nueva Sociedad del Consumo, fundada en el dinero y el despilfarro, en no saber distinguir lo necesario de lo superfluo.

En Alemania, Rudi Dutschke y los jóvenes se niegan a seguir aceptando un mundo que habla de paz pero tolera la guerra; un mundo que habla de libertad pero que acepta la hipócrita democracia capitalista, un mundo que habla de igualdad y socialismo, pero que tolera la perversión del socialismo burocrático.

En Estados Unidos, Herbert Marcuse, respaldó y fundamentó la protesta juvenil criticando la triple tiranía: la economía, la política y la técnica. No lo podían acusar de «comunista», pues era un crítico radical de la URSS. Decía que la sociedad capitalista, dominada por el despilfarro, el culto al dinero y la sumisión al poder, se volvería un fascismo blanqueado, una democracia militarizada, en la que el individuo sería su propio esclavo, adicto al consumismo.

En Francia, en marzo de 1968, los estudiantes piden prolongar el horario nocturno de la Residencia de Estudiantes y suprimir en ella la separación de sexos. El rectorado se niega y los estudiantes se van a la huelga en Nanterre, luego en París. El 11 de mayo, el presidente De Gaulle ataca a los estudiantes en la Televisión. Dijo: «Los estudiantes no saben lo que quieren. ¿Qué quieren? Son nihilistas. Son anarquistas».

El 14 de mayo los estudiantes fueron a las fábricas para celebrar asambleas con los trabajadores. Los obreros de la Renault, en París, decidieron declararse en huelga y ocupar la fábrica. Los jóvenes convocan a realizar una revolución socialista. La huelga general se extendió por toda Francia y paralizó el país, con las fábricas ocupadas, y el apoyo del Barrio Latino. El Gobierno negocia con los dirigentes sindicales comunistas y cristianos: pactan un aumento general de salarios del 38 por ciento mensual; vacaciones pagadas de treinta días para los trabajadores; extensión de la seguridad social a toda la población laboral, y jubilación del cien por cien del salario. La aristocracia obrera y las clases medias y altas apoyan al gobierno y marchan cerca de 300.000 personas en París. Los líderes sindicales mediatizan a los obreros y entregan las fábricas el 7 de junio. La ocupación de universidades persiste hasta el 16 de junio. Ese día es desalojado el Odeón. El sueño de una revolución en Francia termina. Fin de la rebelión.

En México se conjuga la rebelión juvenil con la violenta represión a los estudiantes, desde la pelea de preparatorianos en Balderas, ellos se unen contra la policía y empieza a crecer un movimiento de protesta que reúne a 300.000 personas marchando al Zócalo el 27 de agosto de 1968. El lugar sagrado del Poder, el corazón de la ciudad es recuperado por el pueblo. Se rompe el tabú, de que sólo los borregos acarreados podían marchar al Zócalo. Pero el Gobierno usa al ejército y tanques para desalojar al movimiento de protesta. Las imágenes de los tanques atacando a la gente, recuerdan la Primavera de Praga. El Gobierno ataca ferozmente al movimiento juvenil y los acusa de comunistas, rebeldes sin causa, drogadictos, delincuentes, etc. El movimiento crece y para demostrar su disciplina y orden, convocan a la Gran Marcha del Silencio, el 13 de septiembre. Más de 500.000 personas protestando en orden y silencio. Sólo se oía el ruido de los pasos y los aplausos de la gente al verlos pasar. Es la marcha más grande realizada en México hasta la fecha.

El 2 de octubre, se convoca a una marcha que partiría de la Plaza de las Tres Culturas. Pero cuando los estudiantes vieron que el ejército acordonó toda el área de Tlatelolco, pensó que era para bloquear la marcha y decidió quedarse ahí. Al realizar el mitin, el Batallón Olimpia disparo indiscriminadamente a la gente. El ejército cerró la plaza y masacró a toda la gente. La plaza quedó llena de zapatos perdidos y sangre que cubría toda la plancha. Los cadáveres fueron incinerados en el Campo Militar número 1.Toda la masacre fue filmada por el Gobierno y hasta la fecha no ha desclasificado las cintas. Nadie fue castigado y los principales asesinos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, fueron apoyados por el PRI (Partido Revolucionario Institucional) y el PAN (Partido Acción Nacional). La impunidad se volvió la norma en México y por eso muchos jóvenes se fueron a la guerrilla, pero fueron exterminados por la Brigada Blanca, La Dirección Federal de Seguridad y el ejército.

El movimiento trató de volver a la calle el 10 de junio de 1971, pero nuevamente fue reprimido con golpeadores profesionales, los «halcones» y la policía.

El rock mantenía su poder de convocatoria y en Avándaro reunió a más de 500.000 jóvenes, el 11 y 12 de septiembre de 1971. El Poder nos tuvo miedo y decretó la ilegalidad del rock, promoviendo el ostracismo social contra los jóvenes. Ser estudiante o rockero, se volvió un crimen. Una feroz campaña en los medios acusó a los jóvenes jipitecas de drogadictos, vándalos y degenerados. La contracultura juvenil sufrió el desprecio social, el acoso policial y la represión sostenida; hasta llegar a la mediocre normalidad del país donde no pasa nada. Pero el espíritu libertario no puede ser enterrado y de diversas maneras renace cada año en los nuevos jóvenes que continúan la lucha.


jueves, 12 de octubre de 2017

Acerca de tormentas y de brújulas


Por TOMÁS IBÁÑEZ

Es en los momentos convulsos, complejos, y tormentosos cuando se torna más apremiante consultar las brújulas para evitar extraviarnos. Sin embargo, también es en el estruendo de la tormenta cuando resulta más difícil confiar en sus indicaciones. Por eso es necesario no dejarse arrastrar por la vorágine de unos acontecimientos que se suceden con extrema rapidez y que demandan prontas respuestas. Por eso es preciso, aunque solo sea por un momento, «alzar la vista» más allá del contexto inmediato, tomar cierta distancia con la tormenta, y procurar vislumbrar hacia que horizonte nos empujan los actos a los que la situación parece emplazarnos.

Desde la simpatía, el aprecio, y la comprensión, que siento por muchos de los libertarios que se involucran en las actuales movilizaciones en Cataluña, no se me escapa, sin embargo, que están favoreciendo [han favorecido], de forma totalmente involuntaria, el proceso diseñado por el Gobierno catalán y por las formaciones nacionalistas para crear «un nuevo Estado».

Está claro que ese no es su objetivo, todo lo contrario, y que esa no es la razón por la cual exponen sus cuerpos en una paradójica «defensa de las urnas», o convocan huelga general en practica contigüidad temporal con el referéndum sobre la creación del nuevo Estado.

Sus objetivos van desde contribuir a «destruir el Estado español» (¡ojalá eso se consiga!), hasta avanzar hacia una situación donde se pueda «decidirlo todo», y no solo la forma política del territorio, pasando por la perspectiva de radicalizar la actual conflictividad alentando la creatividad y las chispas de auto organización que afloran en la población. Algunos acarician incluso el sueño de una (improbable) insurrección popular que abra el camino hacia una autentica «autonomía», en el sentido fuerte de ese termino que va mucho más allá de la autodeterminación de los pueblos.

Esos objetivos, así como el ineludible compromiso con la lucha contra la represión ejercida por el Estado sobre quienes desafían sus leyes, me merecen el más absoluto respeto. Ahora bien, también es obvio que la actuación de esos compañeros aporta su granito de arena al desarrollo del proyecto independentista, o mejor dicho, nacionalista, que es como conviene denominarlo, puesto que no pretende «independizar» cualquier cosa, sino, muy específicamente una «nación».

Si dicha contribución me preocupa, no es porque conduzca a propiciar la creación de un nuevo Estado, a final de cuentas nos tocara seguir luchando en su seno al igual que lo estamos haciendo en el seno del actual, sin que el cambio del marco estatal suponga una diferencia cualitativa que merezca especial mención. Vivir en un nuevo Estado nos trae sin cuidado, sin embargo, la principal repercusión negativa que se desprenderá de nuestra participación en el actual conflicto es que nos tocará, a nosotros y a los trabajadores involucrados, «pagar los platos rotos» del enfrentamiento entre el Estado instituido y el Estado naciente, como les va a pasar, por ejemplo, a los veinte anarquistas griegos detenidos por ocupar la embajada de España en solidaridad «con Cataluña» (sic).

Lo que me preocupa, y es precisamente en este punto donde adquiere sentido lo que antes comentaba acerca de la necesidad de «alzar la vista», es que la contribución a los actuales enfrentamientos está dando alas al «auge de los nacionalismos», como ocurre en todos los choques entre nacionalismos, y augura un enfrentamiento entre trabajadores tanto dentro de Cataluña, como entre trabajadores de Cataluña y de otros lugares. Sin hablar del correspondiente «auge de la extrema derecha» que ya se viene observando de forma preocupante en diversos lugares de España. No es que haya que renunciar a luchar para no suscitar el auge de la extrema derecha, claro, pero lo que no conviene hacer es luchar en un escenario definido en claves nacionalistas porque eso sí que garantiza ese auge.

En estos momentos, las respectivas actuaciones de un Puigdemont que ayer dejó en el limbo la proclamación del nuevo Estado, y de un Rajoy que hoy pone en marcha, sin formalizarla, la suspensión de la Autonomía catalana, revelan la preocupación por no perjudicar los intereses de las grandes corporaciones, empresas o entidades financieras, y señala los limites que los dos gobiernos enfrentados no están dispuestos a transgredir. Eso se está traduciendo por una desescalada de la tensión, por la escenificación de un espectáculo de poses y de engaños, adornado con disparos de balas de fogueo. Hasta ahora la única sangre que ya se ha vertido, y que habría que evitar que se siguiera vertiendo, es la de «la gente de abajo» que se dejó arrastrar a participar en una partida orquestada y arbitrada por la clase política en función de sus intereses. Luchemos, sí, pero no en campos de batalla donde nuestros enemigos nos llaman a hacerles costado.