lunes, 11 de noviembre de 2013

«Tenemos que quitarle la calle a los Hermanos Musulmanes»


(Nº 303-304, Octubre-Noviembre 2013)

Tras el golpe de Estado del ejército contra los Hermanos Musulmanes, Egipto no ha dejado de ser un hervidero de protestas, sobre todo por parte de las facciones con más poder, que se disputan la hegemonía. Sin embargo, en los márgenes de la batalla entre los generales y los islamistas, siguen haciendo trabajo de base muchos grupos laicos y de izquierdas que tratan de ganar su hueco.

Mohammed Azz, estudiante de ciencias en Alejandría, milita en el movimiento anarquista. Cree que uno de los mayores errores de la izquierda es haber cedido el espacio de la calle, el trabajo en los barrios, a los islamistas. Azz defiende que el espíritu revolucionario perdido se puede recuperar desde la base social.

 ¿En qué situación se encuentran las calles en Egipto después de las últimas turbulencias políticas?

En estos momentos hay tanto manifestaciones en apoyo a los Hermanos Musulmanes y otras al ejército. Aunque es cierto que las manifestaciones que apoyan a Morsi se producen con más frecuencia, casi diariamente. Los Hermanos Musulmanes tienen ganada la batalla de la calle. En cuanto al resto de fuerzas políticas del país, no ven la utilidad de marchar en las calles en este momento y prefieren reunirse con el ejército.

 En este contexto, ¿qué papel juega la izquierda y, en concreto, el movimiento anarquista?

Aquí hay que hacer distinciones: una izquierda que apoya al régimen y sólo busca cuotas de poder y, por otro lado, otra que está a pie de calle y que trata de construir una base popular. En cuanto al movimiento en el que milito, los anarquistas seguimos el mismo camino, es decir, intentamos construir relaciones sociales entre los diferentes barrios para que actúen conjuntamente. También desarrollamos nuestra actividad con los trabajadores y les animamos a que formen sus propios sindicatos. Lo peor que ha hecho la izquierda es dejarle los barrios a los Hermanos Musulmanes.

 ¿Tenéis algún contacto con otras organizaciones a nivel internacional?

Sí, intercambiamos puntos de vista con movimientos de otros países, hablamos con ellos de lo que ocurre en Egipto porque en los medios de comunicación no hablan desde una visión anarquista. Nuestro discurso no está representado en ellos. Cuando fui detenido junto a tres compañeros recibimos el apoyo de colectivos anarquistas de Colombia, Francia y otros países. Además, intentamos crear redes de solidaridad y coordinación entre los anarquistas del Mediterráneo en general.

 Dado que llevar a la práctica políticas anarquistas en estos momentos parece totalmente inviable, ¿cuál es vuestra estrategia?

Actualmente nosotros no podemos esperar que se aplique un modelo anarquista, pero sí se han dado casos de autogestión en varias zonas. Eso sí, nadie los identifica como anarquismo, ya que no saben lo que es este concepto. En muchas zonas rurales y barrios populares, la gente ha construido carreteras y ha puesto en marcha medios de transporte, convencidos de que su trabajo es para la totalidad de la población

 ¿Y véis viable lograr un Estado laico a corto plazo?

Es difícil que haya un sistema laico en Egipto aunque entre las clases media y burguesa sí hay una cultura laica, inspirada por el modelo europeo. Estas capas de la población siempre han querido aplicar lo que ven en Europa. Sin embargo, los Hermanos Musulmanes han ganado terreno y han usado la religión para hacer política, por lo que cada vez en mayor medida han pasado a ser el eje en la vida de mucha gente. La misma Constitución no permite un Estado laico, y hay mucha gente que aprovecha esto para mantener a raya a la población laica.

 ¿Cómo os habéis posicionado frente al golpe de Estado?

Nunca hemos apoyado a ninguna de las fuerzas políticas que se están enfrentando actualmente. Para nosotros, no hay diferencia entre los Hermanos Musulmanes y el ejército. Estamos en contra del golpe de Estado pero al mismo tiempo no consideramos legítimas las políticas de los Hermanos Musulmanes. No vamos a estar contentos si Mohamed Morsi vuelve, igual que no vamos a estarlo si el general Abdul Fatah al-Sisi se convierte en presidente. Nosotros trabajamos con los de abajo.

 Pero el ejército ha llevado a cabo una dura represión.

Ha sido el ejército el que facilitó que los Hermanos Musulmanes llegaran al poder. El ejército les permitió usar eslóganes religiosos durante su campaña electoral, apoyó su programa para conseguir victorias políticas y después los echó.

No apoyamos la violencia entre ninguno de los dos bandos, la cual hace que la juventud se olvide sus reivindicaciones políticas y sociales. La represión en El Cairo no se puede justificar. Sin embargo, la violencia forma parte del conflicto político. Cuando se produce un cambio en la forma política, suele haber enfrentamientos y heridos. Nosotros queremos parar la violencia, pero no tenemos fuerza para hacerlo.

 Mubarak dijo recientemente en una grabación de audio que el próximo presidente egipcio tiene que ser del ejército.

Aunque el presidente pertenezca al ejército o a un partido civil, el ejército siempre acaba controlando el poder. En los tiempos de Mubarak había cierto equilibrio entre el ejército y el Estado. Cada uno mantenía sus intereses. No importa que el próximo presidente sea de los militares, ya que todo el país está «militarizado». A Al-Sisi no le conviene presentarse a las elecciones porque perdería la legitimidad e inviolabilidad que le ofrece el ejército. Es mejor seguir siendo del ejército y controlar al gobierno que esté en el poder, igual que han hecho con Morsi.

 Y en medio de estos cambios, ¿cuál es la situación de la mujer en los movimientos de protesta?

Las mujeres están presentes en la política y en las movilizaciones sociales pero sigue habiendo una desigualdad en cuanto a participación. Es una tendencia que encontramos sobre todo en algunas agrupaciones islamistas conservadoras. Nuestra sociedad sigue siendo machista, y se asienta sobre la idea de que la mujer tiene dos lugares: la casa o el trabajo. Es decir, la mujer no está hecha para la política. El 40 por 100 de las familias egipcias son mantenidas con el salario de la mujer. Por tanto, es cierto que la mujer ha ganado derechos laborales. Lo malo es que incluso en algunos espacios laicos se sigue tratando a la mujer como una propiedad.

Tras la revolución, surgieron varios grupos feministas contra el acoso, que se producía públicamente, incluso en las movilizaciones. Llegaron a convocar una manifestación de mujeres en El Cairo con cuchillos en sus manos, con los que amenazaban a los acosadores de manera simbólica. Ahora hay grupos que se enfrentan al acoso con participación masculina incluida.

 Y llegados a este punto, ¿dónde veis la solución?

Los problemas políticos que tenemos ahora surgen de otros de tipo económico y social. En la sociedad egipcia hay violencia, pero es normal en un país pobre. La solución es destruir todo el régimen, las elecciones que se celebrarán en breve no cambiarán nada.

Egipto es un pastel y cada cual está pidiendo su parte. Los países del Golfo tienen intereses en el país. Qatar apoya a los Hermanos Musulmanes, Arabia Saudí a los salafistas y a Mubarak. Y Estados Unidos a los militares, ya que el ejército es el único organismo que asegura la estabilidad del régimen y la continuidad de las inversiones americanas. Los saudíes rechazan a los Hermanos Musulmanes para evitar cualquier cambio en su propio país. Si en Egipto gobiernan los Hermanos Musulmanes, influirá.

 Mirando atrás, ¿ha traído la revolución cosas buenas?

No. Si pudiéramos volver atrás en el tiempo propondría tener un programa con objetivos claros y concretos, que hoy por hoy —seamos sinceros— seguimos sin tener. Hubo una parte que aprovechó las movilizaciones en la calle para sus propios intereses. A diferencia nuestra, los Hermanos Musulmanes han ganado la fuerza popular porque tenían un programa, y apelaban a unos cambios concretos. Además, gente bien posicionada económicamente ha apoyado a estos grupos para seguir manteniendo sus intereses. Al final, estas organizaciones grandes se apropiaron de la revolución. Nosotros no teníamos la madurez necesaria para proponer un programa.

Omnia Nur

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