miércoles, 6 de noviembre de 2013

La estética al servicio de la pedagogía libertaria

 

Con motivo del 125 aniversario del nacimiento de Ramón Acín, anarcosindicalista, pedagogo y artista oscense, se están realizando durante estas fechas toda una serie de actividades para reivindicar su figura en sus diferentes vertientes por parte del Instituto de Estudios Altoaragoneses, en las que se incluye una exposición en Huesca que podéis visitar hasta el 12 de enero de 2014.


Sin que nada tenga que ver con la reciente exposición antológica que el Museo de Huesca le dedica actualmente, la CNT de Zaragoza organizó el 27 de abril una conferencia impartida conjuntamente por su principal biógrafa la doctora Sonya Torres Planells y por quien escribe este artículo, estudioso de Ramón Acín en calidad de precedente en el uso de materiales no considerados tradicionalmente artísticos, especialmente por su pobreza y su calidad efímera.

La finalidad de esta conferencia consistió en indagar en sus aportaciones más relevantes al movimiento libertario, mas no de forma seriada sino buscando la síntesis necesaria que desvelase sus verdaderas inquietudes. Para ello antes tuvimos que salvar las lagunas y tópicos impuestos por las ediciones y exposiciones institucionales, las cuales dan explicación a sus inquietudes sociales a través de un arte mayúsculo entendido como el terreno de unos pocos seres especiales tendentes a actitudes y posicionamientos excéntricos. Sabemos que esto no es cierto, que precisamente fue su interés pedagógico inculcado por su madre profesora lo que le condujo al movimiento libertario a través de Ferrer Guardia, y su obra demuestra que siempre antepuso esta inquietud a la producción de unas obras de arte aisladas y acabadas.

Lo que está en juego en este asunto, empero, no es sólo la autenticidad y la sinceridad de Ramón Acín, sino también la disposición del arte que él siempre defendió a ultranza a través de su ánimo investigador y de una mirada especialmente crítica con las instituciones artísticas. Para él el arte y la estética eran un medio de conocimiento capaz de superar la alienación que nos separa de nuestro entorno dominado por el capitalismo, un sistema retrógrado para las verdaderas capacidades productivas de la sociedad. Y esto se propuso demostrar mediante la incorporación de materiales cotidianos que todos podemos manejar sin grandes habilidades, la monumentalización de las producciones artísticas anónimas y de los juguetes —por ejemplo las pajaritas o las máquinas convertidas en auténticos bibelots—, o la creación de un museo que agrupase los saberes populares y donde todos se sintiesen reconocidos, todo lo contrario a lo que ocurre normalmente en los museos.

Todas estas disposiciones artísticas deben ser comprendidas desde su labor pedagógica, encaminada a la disposición de los medios necesarios para que los alumnos produjesen ellos mismos sus propias creaciones de forma independiente, por ejemplo gracias a su colaboración activa en la difusión en los colegios españoles de las imprentas Freinet o de la mesa de dibujo que él mismo concibió. Pero esto sólo es posible si superamos la parcelación positivista del arte, su mitificación institucional y los miedos inculcados por la filosofía del Capital hacia nuestra propia realidad.

* Manuel S. Oms es doctor en Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza

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