miércoles, 5 de diciembre de 2012

Fragmentos póstumos sobre el nacionalismo y el antisemitismo (1885-1888)

 FRIEDRICH NIETZSCHE

Nota aclaratoria

Cuando se habla de política en el caso de Nietzsche, la controversia está servida. Sus textos políticos suscitan, frecuentemente, dos reacciones opuestas: una pretende redimir a Nietzsche de lo que él mismo pensó y dejó fijado por escrito; la otra le condena al peor de los infiernos. Ambas adolecen del mismo defecto: carecen de la distancia necesaria que requieren un análisis riguroso y una crítica ponderada de su obra. Para unos, un héroe; para otros, un villano; y entre unos y otros, se desdibujan los principales rasgos del pensamiento político de Nietzsche.
Esta traducción de algunos fragmentos de contenido político del «Nietzsche maduro» intenta mostrar dos aspectos de la crítica del filósofo alemán a las ideologías y movimientos políticos presentes en su época y, naturalmente, en Alemania: el antisemitismo y el nacionalismo. Junto a la democracia, el socialismo y el liberalismo, forman todos ellos el elenco de las manifestaciones políticas de la modernidad que será objeto de los ataques virulentos de Nietzsche. Son ideas sobre el hombre y la sociedad que remiten a la epifanía de los nuevos dioses que pretenden reemplazar al viejo dios muerto, con el cual, sin embargo, están íntimamente emparentados.
Junto a esta dimensión crítica de su pensamiento político, existe en el Nietzsche maduro una intención positiva, el esbozo de un proyecto político denominado «la gran política». Aunque aquí no se aporta ningún texto sobre su contenido, es necesario mencionarla, pues es el marco, insuficientemente desarrollado, donde se encuadra la crítica de Nietzsche a las ideas políticas dominantes en la época moderan. Ambigua, obscura, en ocasiones inhumana, contiene las líneas generales cuyo cumplimiento creará las condiciones para la hegemonía de un tipo superior de hombre y, más allá de él, para el advenimiento del Übermensch. Crítica y afirmación son las dos caras con las que Nietzsche suele presentarse, y ambas deben ser consideradas, si se pretende una comprensión adecuada del pensamiento político de este filósofo.
Consideramos que merece ser aludida una última cuestión sobre los fragmentos traducidos. Éstos provienen del mismo material a partir del cual se publicó un libro que Nietzsche nunca escribió: La voluntad de poder. Elisabeth Föster-Nietzsche, que poseía los derechos de la obra de su hermano, dirigió la edición de este libro fue la artífice de esta impostura literaria. Por ello, no es de extrañar que la selección de los fragmentos políticos que se incluyeron en él estuviera tan «excelentemente realizada»: se mostró una de las caras políticas de Nietzsche (aun así, se censuraron algunos rasgos incómodos de su aristocratismo para la «comunidad del pueblo» alemana) y se ocultó pudorosamente la otra, la cual, como es fácil imaginar, miraba con desprecio yb repugnancia al nacionalismo en general, al del Segundo Reich en particular y al odioso antisemitismo emergente en Alemania. Prácticamente todos los fragmentos que se referían a estas cuestiones no aparecieron en esa obra tan famosa, leída y comentada que, repetimos, Nietzsche no escribió.
El material traducido pertenece a los volúmenes XI, XII y XIII de la edición crítica de la obra de Nietzsche realizada por G. Colli y M. Montinari (Sämtliche Werke. Kritischen Studienausgabe, Deutscher Taschenbuch Verlag/Walter de Gruyter, Berlín/Nueva York, 1967-77 y 1980) y se extiende desde 1885 hasta 1888. La numeración de los fragmentos es nuestra: se adjunta al final una tabla de correspondencias con la numeración establecida por Colli y Montinari (primero indicamos, en números romanos, el volumen al que pertenecen los fragmentos). Como ellos, no hemos introducido otro criterio de ordenación de los fragmentos que no sea el puramente cronológico. Las palabras en cursiva son del texto original, y los símbolos empleados tienen el siguiente significado:

— — —        Frase interrumpida o incompleta.
(( ))             Completado por los editores.
[ ]               Añadido por el traductor.


Fragmentos póstumos (1885-1888)

1[1]
Los alemanes, como pueblo atrasado, echan a perder el gran proceso de la cultura europea: por ejemplo, Bismarck, Lutero. Últimamente, cuando Napoleón quería llevar a Europa a una asociación de Estados (¡el único hombre que era suficientemente fuerte para esto!), los alemanes han  mezclado todos con las «guerras de liberación» y han provocado la desgracia de la locura nacionalista (¡con la consecuencia de la lucha de razas en países tan mezclados como los europeos!). Así detuvieron los alemanes (Carl Martell) el avance de la cultura sarracena: ¡siempre son los rezagados!

2
Juzgar el carácter del europeo según su relación con el extranjero en la colonización: crueldad extrema.

3
La misión consiste en formar una casta dominante con el alma muy amplia, capaz para los diferentes cometidos que conlleva el gobierno de la tierra. Centralizar en una naturaleza todas las capacidades individuales anteriores.
Posición al respecto de los judíos: tienen una gran práctica adquirida para la adaptación. Por ahora son los mejores actores en esto; también como poetas y artistas son los que imitan y comprenden de una forma más brillante. Lo que por otro lado les falta: si algún día el cristianismo es destruido, se hará justicia a los judíos, pues los mismos fueron los causantes del cristianismo y del anterior y supremo páthos moral.

4
«Alemania, Alemania por encima de todo» es quizá el lema más estúpido que se ha dicho ahora. Me pregunto por qué en particular Alemania, si no quiere, defiende y representa algo más valioso que lo que ha representado cualquier otro poder anterior. En sí sólo es un gran Estado más, una majadería en el mundo.

5
Nosotros no somos lo suficientemente necios para entusiasmarnos con el principio «Alemania, Alemania por encima de todo» o con el Reich alemán.

6
¿Puede uno interesarse por este Reich alemán? ¿Dónde está el nuevo proyecto? ¿Es sólo aquél una nueva combinación de poder? Tanto peor si no sabe lo que quiere. La paz y tolerancia no son en ningún modo una política que yo respete. Dominar y ayudar a vencer a los pensamientos supremos es lo único que me podría interesar de Alemania. ¿Qué me importa que existan o no los Hohenzollern? El pequeño pseudo-espíritu de Inglaterra es hoy el mayor peligro sobre la tierra. Veo una mayor inclinación a la grandeza en los sentimientos de los nihilistas rusos que en los de los utilitaristas ingleses. Necesitamos un crecimiento entrelazado de la raza alemana y la eslava; también necesitamos a los más hábiles materialistas, los judíos, imprescindibles para el dominio de la tierra.

7
Los alemanes debían crear una casta dominante. Yo reconozco que las facultades inherentes de los judíos son indispensables como ingredientes de una raza que debe aspirar a la política mundial. El interés por el dinero pide ser aprendido, heredado y de mil maneras diferentes heredado. Todavía hoy los judíos rivalizan con los americanos.

8[2]
A quien le importan las condiciones bajo las cuales la planta «hombre» va creciendo en lo que tiene más vigor, al que se ocupa de semejantes medidas, la aparición de un nuevo poder político, si éste no tiene un proyecto, no es ni siquiera un acontecimiento. Él apenas tiene tiempo para observarlo de cerca.
Que no se me interprete mal: yo quería explicar con este libro por qué la formación del Reich alemán me es indiferente. Yo veo en él un paso más hacia la democratización de Europa; nada más, nada nuevo. Pero la democracia es la forma de una decadencia del Estado, de una degeneración de la raza, de un predominio de los malogrados. Ya lo he dicho una vez.

9
Yo no hago caso de estas guerras nacionales, de estos nuevos «Imperios» y de lo que, en general, ocupa el primer lugar; lo que me interesa —puesto que veo como se prepara lenta y vacilantemente— es la unidad de Europa. El genuino trabajo colectivo de todos los hombres más importantes y profundos de este siglo era preparar aquella nueva síntesis y anticipar a modo de prueba «al europeo» del futuro; sólo en sus horas más bajas, o cuando envejecían, recaían en la estulticia nacional de las «patrias», y entonces se convertían en «patriotas». Pienso en hombres como Napoleón, Goethe, Beethoven, Stendhal, Heinrich Heine, Schopenhauer; quizá también pertenezca a este grupo Richard Wagner, sobre el cual, como sobre un tipo bien criado de la turbiedad alemana, no se puede afirmar absolutamente nada sin un «quizá» semejante. Pero lo que nace y se forma en semejantes cerebros como necesidad de una nueva unidad o ya como una nueva unidad con necesidades, secunda un gran hecho económico ilustrativo: los pequeños Estados de Europa (pienso que todos nuestros Estados e Imperios actuales) tienen que llegar a ser muy pronto insostenibles desde un punto de vista económico a causa del impulso incondicional del gran tráfico de personas y comercial hacia las últimas fronteras, hacia el tráfico y el comercio mundiales. (Ya solo el dinero fuerza a Europa a amontonarse en cualquier momento junto a un gran poder.) Pero para entrar con buenas expectativas en la lucha por el gobierno de la tierra —es evidente contra quién se dirige esta lucha—, es probablemente necesario para Europa «alcanzar un acuerdo» formal con Inglaterra: Europa necesita de las colonias inglesas para aquella lucha del mismo modo que la Alemania actual, para ejercer su nuevo papel de mediador y agente, necesita de las colonias holandesas. A decir verdad, nadie cree ya que la misma Inglaterra sea suficientemente fuerte para seguir representando su antiguo papel durante más de cincuenta años. Por estas razones, es imposible excluir del gobierno de la tierra a los hominis novi [hombres nuevos], y no tiene que haber ningún cambio de partidos para que semejantes cosas duraderas — — — Entretanto, hoy se ha de ser un soldado para no perder el crédito como comerciante. En esto, como en otras cosas, es suficiente que el próximo siglo encuentre las huellas de Napoleón, el primer y más anticipador hombre de nuestro tiempo.
La clase de «opinión pública» y de parlamentarismo actuales son organizaciones inadecuadas para la misión de los próximos siglos.

10
N.B. Contra lo ario y lo semítico.
Donde se mezclan las razas está el origen de una gran cultura.

11
me parece cada vez más que no somos suficientemente superficiales y cándidos para ayudar a ese patrioterismo hidalgo brandenburgués y cantar a coro su consigna embrutecedora «Alemania, Alemania por encima de todo»

12
El interés exclusivo que hoy se presta en Alemania a la cuestión del poder, del comercio y de las costumbres, y, como última cosa buena, de la «buena vida»; el ascenso de la estupidez parlamentaria, de los lectores de periódicos, del parlotear literario de cualquiera sobre todo; la admiración hacia un hombre de Estado que incluso sabe demasiado de filosofía y defiende (como si fuera un campesino o un estudiante de asociación) y cree hacer «aceptable» al gusto alemán (o a su conciencia) su temeraria y brutal política del instante por medio de una vetusta parafernalia de legitimismo y realismo; todo esto tiene su origen en el inquietante y a menudo fascinante año de 1815. Entonces, súbitamente, la noche se cernió sobre el espíritu alemán, que hasta ese momento había tenido un largo día gozoso. La patria, la frontera, el terruño, el antepasado: toda clase de estrechez de miras comenzó de repente a hacer valer sus derechos. En aquella época despertó la reacción y la congoja, el miedo al espíritu alemán, algo consecuente con el liberalismo y el revolucionarismo y toda la fiebre política (se comprende esta consecuencia). Desde entonces (desde la politización), Alemania perdió el liderazgo espiritual de Europa: y ahora sale bien a los alemanes, los mediocres ingleses — — —

13
Lo que todavía es joven y camina sobre débiles piernas grita siempre muy alto, pues se cae con mucha frecuencia. Por ejemplo, el «patriotismo» en la Europa actual, el «amor a la patria», que es sólo un niño. ¡No se debe tomar en serio a los pequeños chillones!

14
La locura nacionalista y la torpeza patriótica no tienen para mí ningún atractivo. «Alemania, Alemania por encima de todo» suena horrible a mis oídos, porque en el fondo quiero y deseo más de los alemanes. Su primer hombre de Estado, en cuya cabeza cuadra el buen fondo de legitimismo y cristianismo con una brutal política del instante, que no ha hablado de filosofía más que un campesino o un estudiante de asociación, suscita mi curiosidad irónica. Incluso me parece útil que haya algunos alemanes que han permanecido indiferentes ante el R((eich alemán)), ni siquiera como espectadores, sino como los que apartan la vista. ¿Adónde miran, pues? Hay cosas más importantes respecto a las cuales estas cuestiones ocupan un segundo plano: por ejemplo, la creciente ascensión del hombre democrático, el embrutecimiento, condicionado por tal motivo, de Europa y el empequeñecimiento del hombre europeo.

15
la area [era] de Bismarck (la area del embrutecimiento alemán)
de tales suelos pantanosos también crecen, a buen precio, las genuinas plantas pantanosas, por ejemplo, los a((ntisemitas))

16
ser nacional, en el sentido y grado en que hoy es exigido por la opinión pública, me parece que sería para nosotros, hombres más espirituales, no sólo un absurdo, sino una deslealtad, un aturdimiento despótico de nuestros mejores saberes y conciencias.

17
El amor a la patria es en Europa algo joven y se sostiene sobre débiles piernas: ¡se cae frecuentemente! Uno no se debe dejar engañar por el ruido que hace: ningún niño grita tan alto.

18
Máxima: no tratar a ningún hombre que participe en la charlatanería mentirosa de las razas.
(¡Cuánta mendacidad y agua pantanosa se necesita para agitar la cuestión racial en la actual E((uropa)) mezclada!)

19
Crítica del patrioterismo: quien siente valores que considera cien veces más elevados que el bienestar de la «patria», de la sociedad del parentesco de sangre y raza —valores que están más allá de las patrias y las razas, por lo tanto valores internacionales—, se convierte en un hipócrita cuando quiere jugar a «patriota». Esto es una bajeza del hombre y del alma que soporta el odio nacional (o lo admira mucho y lo venera). Las familias dinásticas se benefician de este tipo de hombre, y otra vez existen bastantes clases comerciales y sociales (también, naturalmente, esos bufones venales, los artistas) que, cuando este agua fuerte nacional obtiene el poder, salen ganando con su promoción. De hecho, una especie inferior consigue la supremacía — — —

20
El otro día me ha escrito un tal señor Theodor Fritsch[3] de Leipzig. No hay banda más sinvergüenza y estúpida en Alemania que estos antisemitas. En agradecimiento, le he respondido por carta mandándole un puntapié conveniente. Esta chusma se atreve a mentar el nombre de Z((aratustra)). ¡Asco!, ¡asco!, ¡asco!

21
Es antisemita, vulgar, de canaille [canalla] grosera, que oculten su envidia de la prudencia en los negocios de los judíos bajo fórmulas morales.

22
La apariencia hipócrita ha encubierto a todas las organizaciones burguesas, como si fueran productos de la moralidad…; por ejemplo, el matrimonio, el trabajo, la profesión, la patria, la familia, el orden, el derecho. Pero todas ellas se han fundado sobre el tipo humano más mediocre para protegerse de la excepción y de las necesidades de la excepción, de modo que, siempre que aquí se mienta mucho, se tienen que encontrar gangas.

23
¡Un poco de aire puro! ¡Esta situación absurda en la que se encuentra Europa no debe durar más tiempo! ¿Hay algún pensamiento bajo este nacionalismo de vacas? ¿Qué valor podría tener hoy, donde todo apunta a los intereses más amplios y comunes, donde todo incita a este mezquino amor propio?... ¡Y esto se llama Estado «cristiano»! ¡Y en la proximidad de las altas esferas se encuentra la canalla de predicadores de la corte[4]! Y el «nuevo Reich», fundado otra vez sobre la idea más usada y despreciable, sobre la igualdad de derechos y de voto…
¡Y esto en una situación en la que salta a la vista la dependencia espiritual y la desnacionalización, y en la que el valor y el sentido verdaderos de la cultura actual descansan en un fundirse y fecundarse recíproco!
Llega necesariamente la unificación económica de Europa, y asimismo, como reacción, el partido de la paz
La lucha por la supremacía dentro de una situación que no vale nada: esta cultura de las grandes urbes, de los periódicos, de la fiebre y de la «inutilidad».

24

El Estado o la inmoralidad organizada…
en el interior: como policía, derecho penal, estamentos, comercio, familia
en el exterior: como voluntad de poder, de guerra, de conquista, de venganza
¿cómo se logra que una gran muchedumbre haga cosas a las que nunca se prestaría el individuo?
- a través de la descomposición de la responsabilidad
- de las órdenes y su ejecución
- a través de la interposición de las virtudes de la obediencia, del deber, del amor a la patria y al príncipe
la conservación del orgullo, de la dureza, de la fuerza, del odio, de la venganza; dicho brevemente: de todos los rasgos típicos que contradicen al tipo del rebaño…
Los recursos para hacer posible acciones, reglas, afectos, que, medidos individualmente, no son «permitidos», y tampoco son «agradables»
- el arte de «hacerlas presentables», de permitirnos entrar en tales mundos «extraños»
- el historiador muestra la clase de justicia y de razón que tienen; los viajes; el exotismo; la psicología; el derecho penal; el manicomio; el criminal; la sociología
- la «impersonalidad»: con ella nos permitimos como medios de un ser colectivo estos afectos y acciones (colegio de jueces, jurado, ciudadano, soldado, ministro, príncipe, sociedad, «crítico»)… tenemos el sentimiento de que hacemos un sacrificio
La conservación de un Estado militar es el último de todos los medios para recoger la gran tradición, para mantener el tipo de hombre superior, el tipo fuerte. Y todos los conceptos que perpetúan la hostilidad y la jerarquía del Estado deben sancionarse en función de aquello…
por ejemplo, el nacionalismo, el proteccionismo, — — —



Introducción, selección y traducción del alemán de José Emilio Esteban Enguita





NOTAS

[1] Cfr. F. Nietzsche,  Ecce Homo, «El caso Wagner», &2.
[2] Cfr. F. Nietzsche,  Más allá del bien y del mal, &44.
[3] Theodor Fritsch, escritor de libelos antisemitas, editó la Correspondencia antisemita y fue el compilador del Manual sobre la cuestión judía (1887). Frecuentó el trato con Bernhard Föster, marido de la hermana de Nietzsche. Nietzsche le escribió dos cartas criticando sin contemplaciones su antisemitismo, y, por esta razón, Fritsch le atacó públicamente con dureza.
[4] Alusión al pastor antisemita Adolf Stocker.


2 comentarios:

  1. "No frecuentar a nadie que esté implicado en esa farsa desvergonzada de las razas".
    F. Nietzsche.

    "Sobre Nietzsche. Voluntad de suerte"
    Georges Bataille
    Taurus Ediciones, 1971.

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  2. He puesto este texto (cuya fuente indico abajo) después de leer el comentario en el que dice Félix Rodrigo Mora:

    «Mi opinión sobre Nietzsche es que estamos ante el ideólogo principal del nazismo y el fascismo...»


    http://esfuerzoyservicio.blogspot.com.es/2012/01/sobre-la-religion-carlos-marx-y.html?showComment=1337074059572#c971967785320476985


    ¡Sorprendente, pero cierto!

    Este tipejo es un intoxicador y un manipulador, y sus seguidores y admiradores son unos ignorantes autosatisfechos que tragan todo lo que Félix ha masticado, digerido y cagado para ellos.

    Dos de los puntos principales de definen al nacionalsocialismo: uno, es el nacionalismo alemán más intragable; y, el otro, es el racismo antisemita. Y da la peculiaridad que Nietzsche no era antisemita y mucho menos nacionalista, sería antidemocrático y hasta algo reaccionario, pero no un nazi.

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