domingo, 7 de agosto de 2016

¿Qué significa enseñar?


Por ENRICO FERRI

La enseñanza está en la base de la vida, no solo en la escuela, porque para vivir es necesario aprender de todo, empezando por el lenguaje, para comunicar, para pensar, para recordar, para aprender. Enseñar, en griego, se dice didasko, que literalmente significa «ayudar a alguien a crecer». Y este es el significado más importante del verbo enseñar, ayudar a las personas a crecer.

Pero aquí comienzan los problemas. ¿Quién debe ayudar y a quién? ¿A hacer qué? ¿Con qué condiciones y a qué precio? ¿Y el que no quiera aprender? Es evidente que cada uno de nosotros tiene que aprender muchísimas cosas, también a caminar y a hablar. El hombre es esencialmente un sujeto cultural, incluso los deseos más «físicos», más «materiales» son vividos y satisfechos dentro de unas reglas, de ritos, de modos culturales. La cultura, los valores, los principios reguladores se eligen, se transmiten, se enseñan. Pero incluso las artes, las técnicas, los oficios y todo aquello que implica no solo el conocimiento, sino también la maña y la experiencia, deben enseñarse y aprenderse. Prácticamente no hay nada que no pueda o no debe enseñarse y aprenderse.

Si consideramos la enseñanza desde esta perspectiva, que contempla el desarrollo humano esencialmente como evolución cultural, debemos reconocer que la formación basada en el nexo enseñar-aprender no acaba con un curso de estudios a los dieciocho o a los veinticuatro años. La formación es permanente porque la vida no se detiene nunca, no para de transformarse, de cambiar; nosotros mismos no dejamos de crecer, de cambiar, y debemos aprender a vivir en condiciones y edades diferentes, en situaciones nuevas, a veces inimaginables. Jamás se es solo enseñante o solo alumno en el curso de los años. Incluso un niño no solo puede enseñar pequeñas cosas a un hermano más pequeño o al gato de la casa, sino que también puede enseñar muchas cosas a un adulto, como por ejemplo qué es el asombro, la maravilla, la curiosidad, la espontaneidad y tantas otras cosas.

Hemos establecido que enseñar y aprender son dos modalidades esenciales de la vida, exigencias imprescindibles, pero no hemos respondido todavía a la pregunta inicial: ¿Qué significa enseñar? Podemos responder con un aparente juego de palabras: enseñar algo a alguien significa enseñarle a no tener ya más necesidad de una enseñanza. Ser un buen maestro significa ayudar a alguien a no necesitar maestro. Si enseño a alguien a conducir el coche, ya no tendrá necesidad de chófer; si enseño a alguien cómo se pesca, no necesitará comprar pescado; si enseño a un niño a pensar, podrá pensar con su cerebro; si enseño a un individuo el valor de la libertad, no tendrá ya necesidad de un amo. Es decir, ¿enseñar significa transmitir, transferir, trasvasar de un individuo sapiente, experto, adiestrado, a otro individuo menos competente, valores y competencias? Diremos que no. El conocimiento es como la libertad; no puede ser otorgado, concedido, regalado, impuesto; debe ser deseado, conquistado, defendido. El enseñante debe ser un transmisor y un apoyo, un fermento y una guía.

Stirner, hace ya más de ciento cincuenta años, escribía en Las leyes de la escuela que un buen enseñante es un trámite entre el escolar y la ciencia, y demostrará ser capaz cuanto antes se emancipe de él el estudiante y sea autónomo, capaz de aprender por sí solo, de no necesitar guía. Enseñar quiere decir convertir al alumno en maestro de sí mismo.

Nº 336, JULIO 2016

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