jueves, 7 de abril de 2016

Los ateos somos gente alegre

TIERRA Y LIBERTAD
(Nº 333, abril 2016)

El pasado fin de semana del 12 y 13 de marzo tuvo lugar la II Convención de Ateos y Librepensadores de Madrid con excelentes conferencias sobre temas que nos interesan a los que creemos en la verdad, en la capacidad humana de raciocinio, en el humanismo, en el pensamiento crítico y en los descubrimientos de la ciencia. Y, por supuesto, en el debate y en la confrontación de ideas.

Se trataron asuntos muy variados, desde el abordaje de la ciencia, de su metodología, de los descubrimientos que nos han permitido a los humanos tener un conocimiento de nuestros orígenes, ajenos a historias descabelladas e inasumibles en los tiempos actuales, hasta temas tan presentes como el enriquecimiento de la Iglesia católica mediante la apropiación de bienes pertenecientes al pueblo soberano y el auge del yihadismo islamista.
Temas como el pensamiento mágico y la superstición, las pseudociencias, y las religiones como expresión de ese pensamiento mágico, fueron expuestos y desarrollados de manera detallada y con proyección desde los orígenes de la humanidad.

El origen del Universo, su evolución hasta los primeros átomos, la formación de protoestrellas, estrellas y galaxias, de nuestro sistema solar, las primeras formas de vida, los distintos procesos geológicos que han transformado la Tierra hasta su estado actual, la llegada de los primeros mamíferos y la aparición posterior de los homínidos y de la inteligencia. Nada fue obra de ningún ser superior, sino de la propia naturaleza.

El derecho de las personas a tener una muerte digna, a no ser sometidas a sufrimientos innecesarios en procesos irreversibles o no deseados, la libertad de elegir nuestro propio fin, nuestra vida no es propiedad de ningún dios, de ningún supuesto ser superior, de algo o alguien que está en la mente de algunos, sino de nosotros mismos. El testamento vital como forma de hacer valer nuestro deseo ante un final sin sufrimiento.

Un análisis del Islam desde su nacimiento, las distintas facciones que lo conforman, su desarrollo histórico, el teísmo como forma de gobierno, hasta conducir a la actual situación con el auge del integrismo islamista y la aparición de los movimientos yihadistas (Al Qaeda, Boko Haram y el Estado Islámico, por citar a los más conocidos y violentos), la mayoría de ellos con una estructura militar de dudosa financiación, que pregonan la lucha armada como forma de persecución de infieles y herejes, y del que Occidente tiene una parte importante de responsabilidad.

La Iglesia aprovecha el inmenso poder que le viene de la historia pasada y de su confirmación por parte de los gobiernos de turnos, y basándose en él y en las prerrogativas que le concede la legislación en vigor aprovecha para registrar a su nombre todo aquello que queda en una especie de limbo impuesto por la costumbre, tales como poner a su nombre aquello que era considerado como patrimonio del pueblo: iglesias, capillas, camposantos, huertos y terrenos anexos, y todo aquello que hay en su interior, joyas, retablos y obras de arte, en su afán acaparador enloquecido y ruin.

Las conferencias, el debate, la participación, forman parte del ansia de saber, de conocer la verdad de nuestra existencia, el origen de la vida, su evolución y el futuro que ésta nos depara, muy lejos de las intenciones de los creyentes a los que la verdad le viene dada, impuesta quizás desde la infancia, sin análisis, sin sentido crítico, sin preguntas. Pero las jornadas se vieron también envueltas en un ambiente festivo y reivindicativo, disfrutamos de la buena música por una Solfónica que canta la esperanza de un mundo mejor, de otros músicos que nos alegran con sus canciones burlescas, irónicas y sarcásticas de la realidad actual, todo esto durante una concentración, exigiendo la separación Iglesia-Estado entre otras reivindicaciones, en la Plaza de Jacinto Benavente.

El sábado noche disfrutamos con la celebración del Día Ateo, en la que nos deleitaron con su buena música Suburbano y entregamos el III Premio Torquemada, al muy merecido cardenal Cañizares del Opus Dei, por su importante aportación a la solidaridad, con el comentario «¿Esta invasión de emigrantes y de refugiados es trigo limpio?».

Y naturalmente la convivencia de gente sana, que procura un mundo mejor y que no tiene cuernos de demonios.

AMAL

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