miércoles, 25 de agosto de 2010

HISTORIA DEL ANARQUISMO EN ARGENTINA


Extraído de Wikipedia

Inicios

Los primeros anarquistas llegaron a Argentina desde Europa a partir de 1871, prófugos de la Comuna de París, entre los que se encontraban uno apellidado Gobley. Ya en septiembre de 1872 se informaba al Congreso de La Haya miembros internacionalistas en Argentina, sección que fue fundada por obreros españoles residentes en Buenos Aires, a los que pronto se uniría una sección francesa y otra italiana, siendo su primer secretario A. Aubert. En esta sección argentina también se planteó el debate entre socialismo autoritario (marxista) y socialismo libertario (anarquista/bakuninista); los que apoyaban las ideas marxistas (y blanquistas) eran un grupo minoritario, y sus miembros eran en general de origen francés, mientras que las posturas federalistas de Bakunin y Proudhon eran defendidas por los grupos de nacionalidad italiana y española. La primera agrupación de ideas anarquistas bakuninistas en Buenos Aires de que se tenga constancia fue el "Centro de Propaganda Obrera", probablemente creada en 1876 por los obreros que participaron de la recientemente disuelta Internacional.A partir de 1876 el predominio de los anarquistas comenzó a hacerse notar.[2] A principios de 1879 surgió El Descamisado el primer periódico anarquista argentino. También ese año el "Centro de Propaganda Obrera" publica el folleto Una idea, que incluía la declaración de Saint Imier de 1872. En 1880 se funda el grupo anarquista "La Anarquía".

Durante 1884 se publica fugazmente en Buenos Aires el periódico La Lucha Obrera. Desde 1885 el anarquista V. Mariani distribuía en Buenos Aires el periódico suizo fundado por Kropotkin Le Revolté, donde se refería que el grupo anarquista porteño se reunía todos los miércoles a las ocho en el Café Turco situado en las calles Cerrito y Cuyo. En esa época llegaban libros, folletos y periódicos desde Italia, España y Francia principalmente. Entre sus militantes se destacan los nombres del belga Emile Piette, el catalán Juan Vila (traductor de La conquista del pan), A. Sadier, F. Denambride, Francisco Morales, Feliciano Rey, Marino Garbaccio, Washington Marzoratti y Miguel Fazzi.

La influencia de Malatesta

Durante los primeros años la actividad anarquista fue propulsada principalmente por inmigrantes, que muchas veces conformaban grupos de pertenencia según sus pueblos de origen, tal es el caso de un grupo de italianos oriundos de la misma región que conformó en Rosario un grupo anarquista llamado "El Miserable". El grupo de inmigrantes italiano se convertirá en el más influyente con la llegada del célebre Errico Malatesta en 1885. Se constituye un grupo de Estudios Sociales, que organiza conferencias de Malatesta y se edita en idioma italiano la revista La Questione Sociale. En 1886 Malatesta inició una expedición en busca de oro a la Patagonia, para conseguir recursos para la propaganda libertaria y la organización de los obreros; aunque la empresa resultó un fracaso económico, las actividades itinerantes de Malatesta inlfuenciaron al movimiento anarquista argentino de forma indeleble. Malatesta regresaría a Europa en 1889.En 1887 Malatesta también ayudó a conformar el sindicato de panaderos, o Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos. También ese año el anarcocomunista italiano Ettore Mattei (co-fundador del sindicato de panaderos junto a Malatesta y Francesco Momo) edita el semanario Il Socialista. Organo dei Lavoratori.

Según el historiador Osvaldo Bayer, la importancia de Malatesta se manifestó por: su internacionalismo, su predisposición a ver en los obreros y sus organizaciones el mejor medio para difundir las ideas anarquistas, y su tendencia organizacionista, que se oponía al individualismo antiorganizacionista, influenciado por el anarcocomunismo de Kropotkin. Los estatutos de los sindicatos de panaderos y zapateros organizados por Malatesta servirían como modelo para la organización de otros sindicatos. El éxito en la primera huelga de panaderos de 1888 catapultó a las organizaciones obreras de ideología anarquista.

Los marxistas locales se agrupaban en torno al periódico Vorwarts (Adelante), que era editado por alemanes y en idioma alemán, y tenía un severo aire intelectual, que despreciaba la "falta de disciplina" de los obreros de origen latino. En cambio, los anarquistas editaban sus periódicos no solo en los idiomas de las colectividades inmigrantes, sino principalmente en castellano, teniendo una influencia importante en las masas proletarias argentinas.


Errico Malatesta.

Según el historiador Osvaldo Bayer, la importancia de Malatesta se manifestó por: su internacionalismo, su predisposición a ver en los obreros y sus organizaciones el mejor medio para difundir las ideas anarquistas, y su tendencia organizacionista, que se oponía al individualismo antiorganizacionista, influenciado por el anarcocomunismo de Kropotkin. Los estatutos de los sindicatos de panaderos y zapateros organizados por Malatesta servirían como modelo para la organización de otros sindicatos. El éxito en la primera huelga de panaderos de 1888 catapultó a las organizaciones obreras de ideología anarquista.

Los marxistas locales se agrupaban en torno al periódico Vorwarts (Adelante), que era editado por alemanes y en idioma alemán, y tenía un severo aire intelectual, que despreciaba la "falta de disciplina" de los obreros de origen latino. En cambio, los anarquistas editaban sus periódicos no solo en los idiomas de las colectividades inmigrantes, sino principalmente en castellano, teniendo una influencia importante en las masas proletarias argentinas.

De 1890 a 1900

Si bien existió un cierto reflujo de la actividad anarquista a fines de la década de 1880, en la década siguiente comenzó una reorganización de los grupos de afinidad, algunos de gran combatividad. Las denominaciones de los grupos sugerían un tipo de identidad definido: "Los hambrientos", "Los desautorizados", "Ravachol", "La Miseria", etc.Uno de estos fue "Los Desheredados", que inició una febril actividad propagandística editando todo tipo de literatuta ácrata, pero además realizando varias conferencias diarias en distintos puntos de Buenos Aires.Se editaba el periódico El Perseguido, de ideas anarcocomunistas, entre 1890 y 1896. Era editado y distribuido clandestinamente, debido a la persecución policial. En Rosario Virginia Bolten editaba La Voz de la Mujer (anarcofeminista), además de Demoliamo, en italiano.

Desde 1889 aproximadamente crece en el anarquismo argentino la tendencia a la dispersión, a la formación de pequeños "grupos de afinidades" volcados a la propaganda y en teoría a la acción revolucionaria. Se definen como anarcocomunistas, como individualistas y siguen la tendencia predominante en Europa, especialmente en España. Rechazan la participación en las sociedades obreras y desean la pronta llegada de la Revolución Social. Su violencia se reduce a los escritos, aunque la policía descubra supuestos atentados y bombas, encarcele y destierre.



Órgano de expresión de los anarquistas italo-argentinos.

En estos años se produjo una agria polémica entre los anarcocomunistas antiorganizacionistas de El Perseguido, contrarios al sindicalismo y a las organizaciones que sobrepasasen a los grupos de afinidad, y los anarcocomunistas organizacionistas de La Questione Sociale y El Oprimido, que defendían las ideas malatestianas y que apoyaban la creación de sociedades de resistencia y el anarcosindicalismo. Esta tendencia a favor de la organización fue la que finalmente resultó la predominante.

Entre los militantes destacados de esta década se pueden mencionar Ettore Mattei, Virginia Bolten, Rafael Roca (destacado orador), el librero belga Emile Piette, el pintor Ragazzini, el español Victoriano San José, el francés Pierre Quiroule (editor de La Liberté), el catalán Gregorio Inglán Lafarga (dirigió La Protesta), Manuel Reguera, Fortunato Serantoni (director de La Questione Sociale), Juan Vila y el doctor Juan Creaghe (director de El Oprimido) y el doctor Arana, del grupo "Ciencia y Progreso" de Rosario.La figura de Pietro Gori, que arribó a la Argentina el 21 de junio de 1898, dio un gran impulso a las tendencias organizacionistas. Organizó y participó de numerosas conferencias, debates e investigaciones científicas y sociológicas (Gori era abogado criminalista), además de editar algunos folletos tales como Las bases morales de la anarquía, Vuestro orden y nuestro desorden, etc.

Si bien exstían en este período finisecular una gran cantidad de proyectos editoriales, es destacable la fundación del periódico La Protesta Humana, como se llamó inicialmente, el 13 de junio de 1897. El éxito editorial del periódico será casi inigualable en la historia de la prensa anarquista mundial, llegando a ser editado en su apogeo en dos ediciones (matutina y vespertina), y varios miles de ejemplares por día.

Fundación de la FORA

La mayoría de los grupos de afinidad anarcocomunistas contrarios a la organización desaparecieron paulatinamente y casi se extinguieron hacia 1905. La presencia anarquista en el movimiento obrero, por el contrario, era cada vez más influyente, con la fundación de sindicatos por oficio, intervención en conflictos gremiales, El 25 de mayo de 1901 se celebró el congreso fundacional de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), originalmente denominada Federación Obrera Argentina (FOA). Aunque la FOA estaba integrada en su mayoría de elementos anarquistas, también tenía una participación importante de militantes socialistas; esta alianza no pudo durar mucho tiempo, y los miembros del Partido Socialista fundaron la UGT, una central obrera minoritaria e independiente.

A diferencia de los socialistas, los anarquistas -que despreciaban la participación política- creían que la Federación era una organización en la que todos los trabajadores debían la misma participación, sin dirigentes con poder resolutivo, y considerando la lucha por reformas económicas como un medio para alcanzar la revolución social y el Comunismo Anárquico.

En octubre de 1901 en Rosario, se produjo el asesinato del obrero huelguista Cosme Budislavich por parte de la policía; éste fue primer mártir del Movimiento obrero argentino. En 1906 los conflictos gremiales asciendieron a 323, con un promedio permanente de 600 trabajadores en conflicto según informes del Ministerio del Interior; en 1907 se produjeron 254 huelgas. Paralelamente al incremento de huelgas y actividad gremial, fue creciendo la represión gubernamental.



Manifestantes de la FORA.

Los días 2 y 3 de agosto de 1907, la FORA declaró la huelga general en Bahía Blanca debido al asesinato de dos obreros remachadores en el puerto de Ingeniero White. En agosto de 1907, ante el aumento de los alquileres, los inquilinos se declararon en huelga y tomaron la decisión de no pagar. Se trató de un enorme movimiento en el que participaron más de 140.000 personas en 2.400 conventillos de Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca. La FORA logró organizar el movimiento creando comités y subcomités en todos los barrios. La huelga duró tres meses y finalmente muchos propietarios aceptaron mantener los alquileres sin aumentos.

El V Congreso

Durante los días 26 y 30 de agosto de 1905, la FORA celebró su V Congreso, al que asistieron 100 sociedades obreras, 4 federaciones locales y 1 federación de oficio. Entre otros temas tratados, se recomendaba sus asociados “no dejarse conducir presos sin causa justificada, llegando hasta la violencia trágica para poner coto a esos abusos policiales, debiendo las sociedades a que pertenecen prestarles ayuda material y moral”. El congreso estableció luego de tres horas de debate, por 54 votos a favor contra dos, la célebre declaración de principios finalista presentada por la Federación Obrera Local Rosarina, la Federación Obrera Local de Santa Fe, los Panaderos de Lincoln y la Federación Obrera Regional Uruguaya.

Los delegados del V Congreso de la F.O.R.A., a fin de que las sociedades obreras no detengan su acción emancipadora en la conquista de mejoras inmediatas, las que prontamente serán arrebatadas, si en los trabajadores no existe un conocimiento bien definido de sus derechos y deberes, hacen la siguiente declaración: El quinto Congreso Obrero Regional Argentino, consecuente con los principios filosóficos que han dado razón de ser a la organización de las federaciones obreras, declara: que aprueba y recomienda a todos sus adherentes la propaganda e ilustración más amplia, en el sentido de inculcar en los obreros los principios económicos y filosóficos del comunismo anárquico. Esta educación, impidiendo que se detengan en la conquista de las ocho horas, les llevará a su completa emancipación y por consiguiente a la evolución social que se persigue.

V Congreso de la FORA.

La FORA desde entonces fue un sindicalismo con definición ideológica y una propuesta finalista. Los sindicatos opositores a la FORA, y los partidos socialista, radical y años después los comunistas, eran críticos a su definición ideológica anarcocomunista, e "insistían con liberar a los sindicatos de cualquier definición ideológica, por ser éstas un obstáculo para la unidad de la clase trabajadora. Para ellas todo lo que atentase contra la neutralidad del sindicalismo no podía ser más que dogmático y sectario".

La masacre del 1º de mayo y la Semana Roja de 1909

El 1 de mayo de 1909 la FORA y el Partido Socialista (PS) realizan cada uno por su lado distintas manifestaciones. La manifestación socialista transurrió normalmente, sin embargo, pero el acto de la FORA fue brutalmente reprimido por la policía, a las órdenes del Coronel Ramón Falcón. Como resultado murieron una decena obreros y hubo un centenar de heridos, aproximadamente.

En respuesta, la FORA y la UGT, apoyadas por el Partido Socialista, convocaron a una huelga general por tiempo indeterminado. Las ciudades se paralizaron durante una semana; los muertos son enterrados ante una procesión de 300.000 personas. En el acto hablaron Juan Bianchi por la FORA, Luis Lotito por la UGT y Alfredo Palacios por el Partido Socialista. El 8 de mayo se produjo el histórico hecho de que el gobierno, por primera vez, aceptó negociar con un Comité de Huelga.

El 14 de noviembre de ese año, el anarquista Simón Radowitzki, un adolescente ruso de 17 años, arrojó una bomba contra el carro que trasladaba al coronel Falcón, que falleció junto con su secretario Lartigau. El atentado había sido ejecutado en venganza por la represión del 1 de mayo, dirigida por Falcón. Radowitzki fue detenido y condenado a reclusión perpetua en la cárcel de Ushuaia, convirtiéndose en mártir de los anarquistas, que encararon duarante años una serie de acciones por su liberación.

La represión del Centenario

En 1910 se cumplía el primer centenario de la Revolución de Mayo y el gobierno organizó imponentes celebraciones, cuya parafernalia nacionalista causaron el rechazo de la mayor parte del movimiento obrero anarquista y socialista. El movimiento anarquista había adquirido tales proporciones que La Protesta incorporó a su edición matutina otro periódico vespertino, que se llamó La Batalla.

En el mes de mayo socialistas y anarquistas declararon la huelga general y el gobierno decretó el Estado de sitio el día 14 de mayo, deteniendo a los directores de La Batalla y La Protesta, al Consejo Federal de la FORA y el Comité Central de la CORA (socialista). Se organizaron manifestaciones nacionalistas anti-obreras, asaltando los locales anarquistas, socialistas y gremiales, y destrozando las redacciones de La Protesta y La Vanguardia. Las barriadas obreras reaccionaron a los ataques, y se produjeron muertos y heridos en ambos bandos, y aunque existieron sabotajes que empañaron los festejos, finalmente el gobierno pudo cumplir con el programa de la celebración.

La reacción gubernamental golpeó fuerte a los anarquistas, aprobando la "Ley de Defensa Social" y se suspendieron la libertad de imprenta, el derecho de manifestación, de asociación y de reunión. Se deportó al extranjero y se detuvo a centenares de militantes, trasladandolos al Penal de Ushuaia. El periódico La Protesta pasó a editarse temporalmente en Montevideo, pero pronto se comenzó a imprimir clandestinamente en Buenos Aires a mediados de 1911.

La actividad represiva del gobierno durante el Centenario paralizó durante un tiempo al activismo sindical y anarquista, que se fue recomponiendo durante 1911 y 1912. Recién en octubre de 1913 volvió a declararse una huelga general.

División de la FORA durante el IX Congreso de 1915

Para de septiembre de 1914 la CORA luego de realizar numerosas deliberaciones y debates acuerda la disolución de la organización ingresando en bloque a la FORA. Esta incorporación de centenares de militantes y delegados no anarquistas en la FORA no iba a estar exenta de provocar conflictos al interior de la FORA. En 1915, durante el IX Congreso de la FORA un conjunto de gremios adheridos decidió eliminar de la declaración de principios la adhesión a la finalidad del "comunismo anárquico", a fin de favorecer la fusión con los gremios provenientes de la CORA. Un mes más tarde, un total de 21 gremios desconocieron el IX Congreso y eligieron un Consejo Federal. Ello produjo una ruptura y a partir de entonces funcionaron dos federaciones separadas: la del Noveno Congreso adquiriendo un carácter de "sindicalismo neutral" y la del Quinto Congreso, adoptando un carácter finalista (comunista anárquico) y anarquista.

La FORA sindicalista tuvo una política abierta a negociar con el gobierno, a diferencia de la FORA anarquista. Sin embargo, dentro de la FORA sindicalista continuaron actuando muchos gremialistas anarquistas, debido a que sus gremios habían adherido a la nueva central sindical. En este sentido, son destacables los casos del marítimo Juan Antonio Morán y del sindicalista Antonio Soto, ambos anarquistas, quienes a pesar de pertenecer sus gremios a la FORA sindicalista, tuvieron una actuación gremial muy preponderante y radicalizada, más acorde al estilo de la FORA anarquista.

Semana Trágica

El 2 de diciembre de 1918 declararon la huelga los obreros de los talleres metalúrgicos Vasena, afiliados a la FORA anarquista. El 3 de enero de 1919 se producen incidentes entre los huelguistas y las fuerzas represivas. El 7 de enero, comienza la huelga de los obreros de los Talleres Metalúrgicos Vasena, ubicados en la Ciudad de Buenos Aires. Reclamaban un aumento salarial, el descanso dominical y la reducción de la jornada laboral de 11 a 8 horas.

Le empresa trató de continuar funcionando con obreros rompehuelgas provistos por la Asociación del Trabajo, una asociación patronal. Debido a disturbios producidos por los huelguistas, la policía intervino con armas largas. Esta intervención dejó un saldo de 4 muertos y más de treinta heridos, algunos de los cuales murieron.

Por esto la FORA del V Congreso y la FORA del IX Congreso llamaron a huelga general, la cual comenzó el día 9 de enero. Durante el entierro de los obreros fallecidos, policías y bomberos armados dispararon contra la multitud, lo que hizo desfallecer entre 8 (según el diario La Prensa (Argentina)) y más de 50 (según el diario La Vanguardia)

A partir de ese momento grupos paramilitares como la Liga Patriótica -que eran claramente antisemitas, xenófobos y defensores de los valores conservadores- persiguieron y asesinaron a dirigentes obreros y anarquistas, pero también a cualquiera que pareciera extranjero. Este grupo tiene el triste record de haber sido el primero en realizar un pogrom en territorio argentino.

Debido a que los obreros, a pesar de todo, eran más que la policía y los grupos paramilitares y la prensa pronosticaba una guerra revolucionaria, el presidente Hipólito Yrigoyen deja la Ciudad de Buenos Aires a manos del General Luis Dellepiane, el que dejó a la ciudad con 1.000 ciudadanos menos.

Patagonia Trágica

La Patagonia Trágica fue un acontecimiento protagonizado por habitantes y sindicalistas de Santa Cruz en el año 1921. Una huelga propulsada por diversas sociedades obreras contra los estacieros y terratenientes locales, fue reprimida violentamente por el gobierno de Hipólito Yrigoyen, que envió al teniente coronel Héctor Benigno Varela y un batallón del ejército. El saldo de este hecho fue de 1500 obreros y líderes sindicales fusilados. El teniente coronel Varela murió ajusticiado por el anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens en 1923, en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires.


domingo, 15 de agosto de 2010

Las mentiras de la Iglesia

Curioso video de los compañeros de Los de Abajo a la Izquierda sobre la Iglesia Católica.

domingo, 8 de agosto de 2010

PREHISTORIA DEL ANARQUISMO: Ideólogos e impulsores de la Acracia

[Como añadido a las entradas que hemos puesto sobre los antecedentes del pensamiento anarquista, pongo este texto del artículo «El anarquismo», que el historiador de la UNED Javier Paniagua hizo para Historia 16, y salió, también, en el número 157 de la colección Cuadernos Historia 16.]

Desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del siglo XX una serie de autores conformaron las bases del pensamiento antiautoritario sin que pueda establecerse ninguna relación de escuela entre ellos. Cada uno corresponde a un contexto diferente y sus escritos tienen motivaciones dispares, pero en mayor o menor medida fueron reivindicados por los militantes y dirigentes del movimiento libertario como fuentes de inspiración para sus justificaciones políticas.

Entre ellos un clérigo inglés, William Godwin (1756-1836), que colgó los hábitos, pasa por ser el primer teórico del anarquismo. En 1793 publicó un voluminoso libro con el título de Investigación acerca de la Justicia y su influencia en la virtud y la dicha generales. Influido por las obras de Rousseau, Helvecio y D’Holbach y por los acontecimientos de la Revolución Francesa, conecta con el optimismo de la Ilustración y defiende la educación como el verdadero camino hacia la razón, única fuente de sabiduría para el hombre. El Estado es la causa que impide la justicia absoluta y, ya tenga un origen democrático o despótico, atenta contra la razón al suponer la abdicación de nuestro propio juicio a favor del gobernante. Ha nacido de la maldad de los humanos en el pasado y sólo con el triunfo de la razón desaparecerá. Por motivos similares propone la abolición de la propiedad privada que nos convierte en esclavos de una minoría poseedora, facultada para disponer de los productos del trabajo de otros hombres.

El matrimonio es, igualmente, una institución nefasta que obliga a dos personas a vivir juntas permanentemente, sin contar con la evolución personal de cada uno, y donde los instintos y los sentimientos aplastan a la razón y hacen a uno propiedad del otro. Sin embargo su vida privada no giraría de acuerdo con sus teorías: se casó secretamente a los 41 años con Mary Wollstonecraft, de 38, una escritora conocida de su tiempo, que murió pronto, al dar a luz a su hija Mary, quien huiría de su casa por la intransigencia y el conservadurismo paternos cuando se unió al poeta Shelley. Más tarde, sería autora de la famosa novela Frankenstein, publicada en 1818.

La obra de Godwin ejerció, sobre todo, una profunda influencia entre los poetas ingleses de principios del siglo XIX, Wordsworth, Coleridge y el mismo Shelley, y tuvo escasa repercusión sobre otros autores políticos. Cuentan que el premier inglés de entonces, Mr. Pitt, no hizo mucho caso de las teorías radicales expuestas en su libro, y no ejerció censura alguna para su difusión. Un libro que cuesta tres guineas —afirmó Pitt— no origina ninguna revolución. Muchos años más tarde, Kropotkin recuperaría su obra y destacaría su aportación al pensamiento libertario.

En medio de la Revolución Francesa distintos grupos y figuras contribuyeron con sus acciones y escritos a la formación del anarquismo. Uno de los más conocidos extremistas fue otro clérigo, Jacques Roux, que encuadrado en el movimiento de los enragés destacó por sus proclamas incendiarias, en las que insistía que la libertad política sin libertad económica nada representaba. Igualmente, Jean grave luchó contra el gobierno de los jacobinos y dedujo que revolución y gobierno son términos contradictorios.

Los anarquistas también reivindicaron a Graco Babeuf y la Conspiración de los Iguales, de 1776, que consideraban la propiedad privada como fuente principal de cuantos males afligen a la sociedad. Su manifiesto afirmaba: Ha llegado el momento de fundar la República de los Iguales, este inmenso albergue abierto a todos los hombres.

Uno de los colaboradores de Babeuf, que escribiría más tarde la primera historia de la conspiración, fue Filippo Buonarroti (1761-1837), aristócrata pisano de nacimiento y francés por adopción revolucionaria. Paradigma de conspirador permanente, huyó a Ginebra y desde allí contribuyó a crear sociedades secretas, como la italiana de los Carbonari para combatir la dominación austriaca, difundir la lucha contra los gobiernos e implantar el igualitarismo. Ya viejo, regresó de nuevo a Francia con la revolución de 1830, y todavía tuvo fuerzas para fundar un comité que produjera un levantamiento en Saboya y se expandiera por toda Italia.

En una perspectiva diferente, se inscribe la obra de Charles Fourier (1772-1837), comerciante de profesión, que pertenece a esa amplia nómina de primeros socialistas, posteriores a la Revolución Francesa, calificados —con poco rigor— como utópicos, más preocupados por describir la sociedad perfecta que por la conspiración revolucionaria. Fourier partió de una crítica despiadada del Estado capitalista controlado por unos pocos y convertido en instrumento de opresión para los trabajadores. Recalcaba que la nueva economía industrial estaba regida por una libre competencia que suponía el dominio de los más fuertes, con unos comerciantes sin capacidad productiva en comparación con los agricultores y manufactureros, que con su función de intermediarios controlaban la distribución de los bienes en beneficio propio.

Su propuesta más original consistía en la construcción de los falansterios, especie de comunas autosuficientes donde hombres y mujeres vivirían en plena igualdad —fue un claro defensor de la emancipación femenina—, de forma armónica. Las actividades productivas de los individuos, realizadas en régimen cooperativo, cambiarían con el tiempo para evitar la monotonía y el aburrimiento. La base económica estaría sustentada por la agricultura, mediante una racionalización de los cultivos que proporcionaría alimentos en abundancia para todos. Por el contrario, las industrias tendrían un carácter artesanal, muy alejadas de las grandes fábricas, con la elaboración de los bienes considerados estrictamente necesarios, en clara contraposición a su contemporáneo Saint-Simon, defensor de la nueva economía industrial. En este sentido, Fourier conectará con el antiindustrialismo de determinados círculos anarquistas que también quisieron distinguir entre lo necesario y lo superfluo del consumo.

Sus críticas y propuestas tuvieron cierto eco entre los años treinta y cincuenta del siglo XIX en España y así, personajes como Joaquín Abreu, residente en una ciudad comercial en decadencia como Cádiz, y rodeado de un mundo agrario, fue un difusor que intentó fundar falansterios, mientras que en Cataluña se extendió el pensamiento industrialista de Saint-Simon.

Uno de los conocidos como jóvenes hegelianos, el alemán Max Stirner (1806-1856), en su obra El único y su propiedad publicada en 1843, reflejó uno de los aspectos presentes en mayor o menor medida en el anarquismo: la defensa del individuo frente a la colectividad, y por tanto el rechazo de instituciones preestablecidas como el Estado, la familia o las clases sociales opresoras de la personalidad individual. Sólo desde la libertad del yo pueden constituirse federaciones voluntarias de personas que siempre han de estar fijadas por la libre decisión. Cualquier programa, idea o teoría que sustente un orden social o económico son prisiones que impiden la libertad de pensamiento y la capacidad de creación del hombre. El mismo comunismo libertario formulado a finales del siglo XIX intentaría solucionar la posible contradicción entre individuo y sociedad, pensando que una buena organización económica permite la libre expansión personal.

Su libro pasó desapercibido al principio pero fue recuperado posteriormente como un claro antecedente de Nietzsche, quien también ejerció un cierto impacto en los medios libertarios por su negación de la moral tradicional. Ambos tuvieron gran aceptación en lo que ha sido denominado anarquismo individualista, que sirvió en parte como justificación teórica de muchos artistas de finales del siglo XIX y principios del XX para romper con estilos vigentes, o proponer formas expresivas nuevas. Las piezas del dramaturgo Ibsen son un claro exponente, y no en balde ejercieron fuerte impacto entre los ácratas españoles, por su crítica de los convencionalismos. Su obra Un enemigo del pueblo, por ejemplo, fue representada en muchos ateneos obreros españoles.

Autores, entre otros, como Marquina, Azorín, Julio Camba, Benavente, Maragall, Gómez de la Serna o Pío Baroja adoptaron, en mayor o menor grado, al principio de sus carreras literarias actitudes nietzschianas que los llevaron a simpatizar con el movimiento libertario y colaborar en sus publicaciones, con un anarquismo vital y estético en el que se hacía exaltación del individuo y de la rebeldía frente a la vulgaridad y el conformismo. Como se decía en Juventud, revista editada en Valencia en 1903. El principio que yo y vosotros y todos debemos proclamar es (que) sobre mi conciencia, mi corazón, mi inteligencia no puede haber una ley despojadora, ni un organismo privilegiado (…) Por eso os digo que no se trata de una cuestión de estómago, ni del odio atávico de castas siempre malditas y vencidas (…) Enrique Ibsen tiene razón: no se trata de un problema económico sino de la remoción de toda la entraña humana.

Entre los autores del siglo XIX que más influencia ejercieron en la configuración teórica del anarquismo está Pierre-Joseph Proudhon (1809-1864), que pasa por ser el fundador del socialismo libertario. Es en sus escritos donde se formulan por primera vez una opción clara por una sociedad sin gobierno, diferenciándose así de otros pensadores anteriores que pueden ser reivindicados en menor o mayor proporción tanto por socialistas marxistas como anarquistas.

Historia 16.

domingo, 1 de agosto de 2010

¿Moral animal?

[En estos tiempos cuando el interés por cuestiones medioambientales o por el maltrato a los animales, y más recientemente sobre la posible abolición de las corridas de toros en Cataluña, se nos vislumbra que las inquietudes morales de nuestras sociedades actuales han sido ampliadas, no se quedan adscritos a nuestra nacionalidad (los Derechos Humanos), sino que también sale de los límites de nuestra propia especie Homo sapiens (los derechos de los animales). Esto, me trae a la cabeza un texto de Kropotkin, publicado en su libro La moral anarquista, que habla sobre esta posible extensión moral. Aquí os lo reproduzco:]

La idea del bien y del mal no tiene pues nada que ver con la religión o con una mística conciencia. Es una necesidad de las especies animales. Y cuando fundadores de religiones, filósofos y moralistas nos hablan de entidades divinas o metafísicas, no hacen sino refundir lo que las hormigas y gorriones practican en su pequeña sociedad.

¿Es esto útil para la sociedad? Entonces es bueno. ¿Es perjudicial? Entonces es malo.

La idea puede ser extremadamente limitada entre animales inferiores, puede ampliarse entre los animales más avanzados; pero su esencia es siempre la misma.

Entre las hormigas no va más allá del hormiguero. Las costumbres sociales, las normas de buena conducta sólo son aplicables a los individuos de aquel hormiguero, no a los demás. Un hormiguero no considerará a otro perteneciente a la misma familia, salvo que circunstancias excepcionales, como una enfermedad común que afecte a ambos. Así mismo, los gorriones de los Jardines de Luxemburgo de París, aunque se ayudarán mutuamente de forma conmovedora, lucharán hasta la muerte con otro gorrión de la Plaza Monge que se atreviera a aventurarse en su territorio. Y el salvaje considerará a un salvaje de otra tribu como un individuo al que no se aplican los usos de la propia. Es incluso admisible venderle, y vender es siempre robar más o menos al comprador; comprador o vendedor, uno u otro está siempre «vendido». Un chukchi considerará un crimen vender a los miembros de su propia tribu: a ellos les dará sin nada a cambio. Y cuando el hombre civilizado, comprenda al fin las relaciones que existen entre él mismo y el más simple papú, relaciones estrechas, aunque imperceptibles a primera vista, ampliará sus principios solidarios a todo el género humano, e incluso a los animales. La idea se amplia, pero el fundamento sigue siendo el mismo.