martes, 25 de agosto de 2020

¡Kropotkin tenía razón!

 Colonia de vampiros ('Desmodus rotundus').
 
El vampiro es un murciélago americano que arrastra mala fama, ya que se alimenta de sangre, sangre que chupa del ganado doméstico. Debe cenar todas las noches, porque, de lo contrario, tras dos noches en ayunas moriría de hambre. El día lo pasa dormido en grutas u otras oquedades agrupándose con otros ejemplares en colonias, especialmente hembras. Cuando un ejemplar no ha comido, pide alimento a otro que la regurgita y comparte, así para la próxima vez devuelve el favor. Aquellos que no comparten el alimento son rápidamente detectados y excluidos, los cuales para ser readmitidos tienen que ser más generosos. Los vínculos generosos de estos mamíferos hematófagos no solo se producen entre parientes, también se hacen con los conocidos, y cuantas más amistades tengan mayores serán las garantías para poder sobrevivir. Su supervivencia se debe a esta cooperación, rivalizar entre ellos sería completamente inútil. Un ejemplo de que entre los animales la lucha de la vida no se basa en una riña o disputa de todos contra todos; hay muchas estrategias de supervivencia como la velocidad, el tamaño, los venenos, púas y corazas, el camuflaje o el engaño, entre otros más, pero el acto de colaborar y unirse resulta ser de lo más eficaz.
 
En 1880 el zoólogo ruso, de origen alemán, Fiodorovich Kessler pronunciaba una conferencia en San Petersburgo en la cual presentaba su tesis de cómo la ayuda mutua entre los animales es un factor importante en su evolución y supervivencia. Otro compatriota suyo, años después, se sirvió de tales argumentos para rebatir en una revista científica a otro eminente naturalista inglés que defendía el punto de vista contrario. El inglés se llamaba Thomas Huxley, que propugnaba por lo que él llamó «la lucha por la existencia», presentando la naturaleza como un sangriento y cruel combate de gladiadores donde el más fuerte sobrevive y deja descendencia; y el ruso era Piotr Kropotkin, divulgador científico y militante anarquista, cuya serie de artículos se publicarían bajo el título de El Apoyo Mutuo.
 
Y, a modo de presentación, podemos partir de un pequeño esbozo biográfico de este personaje interesante y poco conocido por la gran mayoría.
 
Piotr A. Kropotkin nació en Moscú en 1842 en el seno de una familia de la alta aristocracia rusa. Fue una de las figuras teóricas más relevantes del anarquismo mundial (del comunismo libertario en concreto). Desde muy joven rechazó su título nobiliario de 'príncipe' —aunque así se le conociese, muy a su pesar— y se sensibilizó por la causa de los oprimidos, en especial de los siervos. Entró en el elitista Cuerpo de Pajes del Zar e ingresó en la academia militar en 1857; allí estudió ciencias, filosofía e historia, entre otras cosas. También conoció las ideas radicales y liberales que corrían por el resto de Europa. Al salir de ella se incorporó como oficial en un regimiento en el este de Siberia, donde exploró y cartografió regiones incógnitas, entró en contacto con los nativos y observó la naturaleza siberiana. Tras ver la situación de los presos políticos deportados, la arbitrariedad de los mandos y la absurda disciplina militar, decidió abandonar la vida castrense en 1867.
 
Estudió en la Universidad de San Petersburgo geografía y matemáticas, hizo un viaje por los lagos de Finlandia y fue el primero en darse cuenta que durante las glaciaciones del Cuaternario los hielos ocuparon grandes extensiones de tierra continental, mucho más de lo que se creía entonces. Le propusieron a un puesto en la Sociedad Geográfica Rusa que rechazó, lo consideraba un privilegio mientras se mantuviesen las malas condiciones de vida del pueblo ruso. Abandonó un prominente futuro académico y de investigación científica para optar por el activismo revolucionario y social. 
 

El anarquista Kropotkin rebatió magistralmente
al calvinista Huxley.

 
En 1872, al año siguiente de la Comuna de París, salió de Rusia y visitó Suiza, donde ingresó en la Primera Internacional junto los moderados, pero que tras conocer a los bakuninistas de la Federación del Jura, simpatizó con sus ideas y se hizo anarquista como ellos. Regresó a Rusia y se relacionó con los sectores antizaristas y revolucionarios del populismo ruso. Fue encarcelado por las autoridades en 1874 en la fortaleza-cárcel de Pedro y Pablo de la entonces capital rusa. Enfermó de escorbuto y lo internaron en el hospital de la prisión, desde allí se fugó con ayuda externa en 1876. Se trasladó a Suecia, Inglaterra (donde para poder sustentarse, escribió artículos de divulgación en varias publicaciones científicas, y así dar a conocer en Occidente los descubrimientos rusos) y Suiza. En Suiza conoció a J. Guillaume, E. Malatesta y E. Reclus, pero también a quien sería su compañera de por vida: Sofía Anániev. En 1878 tuvo en una breve estancia en España tras la separación entre bakuninistas y marxistas.
 
En 1879 fundó el periódico Le Révolté, donde escribió sus artículos de ideología libertaria. La militancia anarquista y la divulgación científica fueron sus dos dedicaciones. Tras el asesinato del zar Alejandro II por populistas en 1881, fue expulsado de Suiza como otros refugiados, por instigación del Gobierno zarista. Reclus compiló una serie de textos de Kropotkin que se transformaron en su primer libro impreso Palabras de un rebelde. Se refugió primero en Inglaterra —desde donde escribió el Obituario dedicado a Darwin, en el que ya cuestionaba el viraje que llevaba su visión competitiva de la naturaleza— y después en Francia, en el pueblecito de Thonon-les-Bains siguió escribiendo para su periódico y colaboró con la Enciclopedia Británica. Por coherencia, rechazó una invitación para ingresar en la Real Sociedad Geográfica británica.
 
Tras los sucesos de una manifestación obrera de Lyon, Kropotkin junto otros anarquistas fue detenido por «internacionalista» en 1882, durante el juicio hizo una magistral declaración de principios. Condenado a cinco años. Impartió clases a sus compañeros presos. Muchos intelectuales y científicos pidieron su excarcelación, entre ellos Alfred Wallace (coautor junto a Charles Darwin de la teoría de la selección natural) al contrario que Huxley y Spencer que se negaron.
 
Dibujos de Kropotkin del río Amur y la taiga siberiana. 

Anotaciones de los afluentes del río Vitim y mapa.

 
Amnistiado a los tres años se exilió a Gran Bretaña, bajo la condición de que abandonase su militancia activa, aquí termina el Kropotkin agitador y comienza el teórico. Con una vida más tranquila se dedicó a hacer conferencias y siguió escribiendo artículos varios. Colaboró en la fundación de Freedom en Inglaterra y La Révolte en Francia, periódicos de difusión del ideal ácrata. Allí, en Inglaterra, se publicaba La conquista del pan donde reflejaba su modelo social anarco-comunista. Más tarde, tras unos artículos previos, salió en 1902 El Apoyo Mutuo como refutación a los postulados socialdarwinistas. Además de Campos, fábricas y talleres, La Gran Revolución y Memorias de un revolucionario, añadamos también varios folletos. Le ofrecieron la Cátedra de Geografía en Cambridge, que Kropotkin también rehusó tal oferta. En 1912 también intervino en el Primer Congreso Eugenésico manifestando su oposición a tal práctica. Antes de regresar a su país natal escribió otra serie de artículos en defensa del neolamarckismo y contra la teoría del plasma germinal de August Weismann.
 
En 1897 hizo su primera gira de conferencias por los EEUU, el tema era sobre el apoyo mutuo en la naturaleza y la sociedad humana. Visitó en la cárcel a Alexandr Berkman, preso por atentar contra un gran empresario industrial que contrató matones para reprimir una huelga. La segunda gira fue en 1901, donde asistió a varias conferencias académicas, sin olvidar a los compañeros anarquistas que organizaron actos. Aprovechó su estancia para divulgar la literatura rusa. Tras la reacción zarista que acabó con la Revolución de 1905, su casa de Londres fue refugio de exiliados rusos.
 
Su credibilidad disminuyó entre los anarquistas cuando tras estallar la Primera Guerra Mundial Kropotkin apoyó a los aliados de la Entente contra los Imperios Centrales, animando a los obreros a participar en esta gran matanza debido a su vehemente germanofobia. ¡Nadie es perfecto, los seres humanos tenemos también defectos! Por este 'gran error' se le condenó y fue arrinconado y apartado del movimiento libertario internacional.
 
En el verano de 1917 regresó a Rusia tras el derrocamiento del zar, en Moscú fue consultado algunas veces por el Gobierno Provisional. Al tomar el poder los bolcheviques en noviembre, Kropotkin se trasladó a Dmitrov. Sus relaciones con éstos fueron distantes, mientras tanto muchos anarquistas eran encarcelados por la Cheka, policía política predecesora de lo que fue la KGB, era ya muy viejo y estaba débil no pudiendo intervenir en ningún evento de aquellos años de la Revolución Rusa. En su casita de madera (ahora museo) fue visitado por varios personajes como el ucraniano Nestor Majnó, la 'anarcofeminista' Emma Goldman y, también, por el mismo Lenin. Cuando le sobrevino la muerte, el 8 de febrero de 1921, estaba escribiendo Ética: Origen y evolución de la moral. La familia rechazó la oferta de un funeral oficial, fue enterrado en Moscú, cuyo sepelio fue organizado por lo que quedaba de la Federación de Grupos Anarquistas de Moscú, ya que la mayor parte estaban presos. A su entierro, a pesar de la nevada, asistieron unas 20 mil personas, fue la última gran manifestación antigubernamental de masas que hubo en Moscú hasta la desaparición de la Unión Soviética. Esto sucedió semanas antes de la brutal represión de los marinos y obreros de la isla-fortaleza de Kronstadt en manos del Ejército Rojo de Trotski, en marzo de 1921.
 

Dibujo suyo de la cárcel francesa y
retrato que se le hizo tras su salida.

Funeral multitudinario de Kropotkin en Moscú.

 
 El pensamiento multidisciplinar de Kropotkin giraba en torno a que desde el apoyo mutuo en el reino animal se llegaba a unos principios morales básicos, y así poder alcanzar un modelo social más equitativo y libertario, anteponer el socialismo al individualismo. Pretendió demostrar que, en contra de lo que se cree, el ideal ácrata se podía corroborar con unas bases científicas. Rechazó el marxismo, por considerarlo «metafísica económica» y autoritario (junto al liberalismo, son las dos caras de la misma moneda), igual que al parlamentarismo representativo (que no es verdadera democracia porque no es directa,) y todo aquello que tuviese que ver con el Estado. Mientras hubiese injusticias y desigualdades sociales, prefirió el activismo político al privilegiado mundo académico y científico, aunque mantuviese su fe ciega en el progreso tecno-científico como solución a los problemas sociales (sin prever la posible manipulación por el capitalismo que lo financiaba y, por consiguiente, su nefasto impacto medioambiental). Siempre mantuvo una postura contraria al protagonismo que se da unos pocos en detrimento de muchos, al reconocer que las grandes ideas filosóficas y las teorías científicas no son obra de una sola persona sino de su tiempo. Fue el autor más leído en el mundo hispanohablante por los trabajadores e intelectuales de las primeras tres décadas del siglo XX. Y sus ideas se intentaron llevar a cabo en las comunas-libres majnovistas de los años de la Revolución rusa y en las colectivizaciones anarquistas que hubo durante la Guerra Civil española.
 
Para el próximo año 2021, en febrero, se cumplirá el centenario de su fallecimiento, y para ello editamos este número especial de AMOR Y RABIA (el 75) en su recuerdo. Kropotkin —a pesar de su 'gran error'— es uno de los librepensadores más reconocidos en el «mundillo» libertario; por ello se ha escrito, y se escribirá, mucho sobre él, y más en las próximas fechas. Pero, también se le conoce —aunque algo menos— por su aportación a las ciencias naturales; en especial, su defensa y divulgación de la teoría (o ley) de la ayuda mutua de Kessler como factor importante en la evolución biológica y también su influencia en la historia de la humanidad. En su momento, entre la «comunidad científica» inglesa fue respetado, aunque considerado un personaje singular debido al contraste de su procedencia y lo que defendía ideológicamente. Por ser anarquista se le ninguneó, aduciendo que se dejaba llevar por ello, como si los otros, Darwin, Huxley o Spencer, por muy científicos y prestigio que tuviesen, no careciesen de ideología política y prejuicio alguno que les condicionase su visión de las cosas. Pero, no es cuestión por mi parte de repetir más de lo mismo, ya que Kropotkin también aportó algo más a tener en cuenta.
 
Cuando vemos los documentales televisivos sobre naturaleza, siempre nos la presentan como un inmenso campo de batalla en el que todos los animales para sobrevivir tienen que estar eternamente luchando. Aunque podemos utilizar metafóricamente la expresión «lucha» como la capacidad de resistencia y adaptabilidad ante las adversidades y las inclemencias del medio que les rodea para poder seguir adelante —esa fue intención original que el mismo Darwin nos expuso—, lo más frecuente en entenderse es directamente una guerra sin cuartel entre todas las partes, una extrapolación del ideal competitivo de la economía de mercado o capitalismo dominante al mundo natural. Pero, aunque no incidan demasiado, también vemos cómo los depredadores se agrupan para cazar grandes presas que por sí solos no podrían; así como estas presas forman manadas para protegerse —varios pares de ojos y orejas ven y oyen mejor que un solo par—, incluso haciendo frente a los atacantes. El hecho de ayudarse les beneficia más que perjudica, así consiguen sobrevivir, y, por ende, poder llegar a tener más descendencia. Kropotkin en su libro El Apoyo Mutuo nos expuso varios ejemplos, algunos de ellos observados directamente por él mismo en sus estudios de campo siberianos. Pero esta cooperación va más allá del reino animal, incluye todos los seres vivos.
 

Quién dijo eso de «homo homini lupus» no tenía
ni idea de la naturaleza social del lobo.

 
Esta lucha por unos recursos limitados es lo que influyó en la teoría de la selección natural de Darwin y Wallace. Selección implica la acción y efecto de elegir a una o varias cosas entre otras, separándolas y eliminándolas, para elegir lo que se considere mejor, lo más apto. Lo que nos conduce a ver un tipo de competencia en la que unos ganan y otros pierden, esto es lo que el sistema capitalista ha utilizado como pilar teórico de su estructura socioeconómica. Mientras lo que vemos en la naturaleza es variedad de seres vivos, no hay una especie de criba que de lo contrario haya reducido tal multiplicidad viviente. Biodiversidad llamamos a esa gran variedad de vida rodeada de vida que tenemos, si se reduce perderíamos un gran potencial de vida, despilfarro que no se puede permitir esta nuestra biosfera, con sus ciclos de la materia y flujo de la energía.
 
En la «Red de la Vida» que conforma nuestra naturaleza, los carnívoros dependen de los herbívoros, así como éstos de las plantas. Si desaparecen las plantas, no habría animales herbívoros y, por ende, animales carnívoros. Si los carnívoros desaparecen, los herbívoros esquilmarían las plantas y terminarían muriendo por inanición. Los grandes depredadores controlan las poblaciones de grandes herbívoros, permitiendo el crecimiento de plantas, como árboles. La sombra de los árboles impediría el crecimiento de hierbas y arbustos, así los grandes herbívoros controlan la expansión de tales árboles, y dará crecimiento a otra vegetación que permitirá la existencia de pequeños herbívoros, alimento de pequeños y medianos carnívoros. Y los grandes carnívoros controlan a los pequeños y medianos carnívoros que podrían eliminar los pequeños herbívoros. Cuanto mayor sea el número de actores en este escenario, mejor irá la función. No es una sino varias las cadenas tróficas que se entretejen. 
 
Aparte de alimento, las plantas desprenden el oxígeno necesario para la respiración de los animales. Sin plantas no hay animales, y sin animales tampoco habría variedad de plantas. Además, las plantas con flor —que son la mayor parte— dependen de los insectos polinizadores, a cambio de alimento ellos portan el polen con las que son fecundadas y se reproducen. Por otra parte, tenemos a los pájaros frugívoros que tras comer el fruto expulsan sus semillas al pasar por su tracto digestivo, ayudando a su dispersión. Los animales se alimentan y las plantas pueden crecer y multiplicarse. Esto también es más coordinación que competencia.
 
Sin olvidar, que las plantas son los 'productores primarios' que conforman la base sobre la que se sustenta la llamada «pirámide trófica» natural, sin estos cimientos toda la estructura se derrumba, y esto se debe a una relación basada en la colaboración, y no la competencia. La mayoría de las plantas están vinculadas a otros organismos pluricelulares que sin ellos no sobrevivirían, estoy hablando de los hongos (nuestras setas son los cuerpos fructíferos de ellos). Alianza hongo-planta que existe desde hace 400 millones de años y no es complicada, el hongo proporciona los nutrientes del suelo a la planta por sus raíces y, a su vez, la planta pasa los azucares que obtiene por fotosíntesis al hongo. Esta relación basada en el apoyo mutuo: las micorrizas, es la que sostiene todos nuestros ecosistemas terrestres, sin ella no estaríamos aquí. Recordemos que las primeras plantas ni tenían raíces. Sin olvidar, que por el suelo de todo el bosque las raíces de los árboles y los micelios de los hongos están comunicados entre sí en una vasta red solidaria, los nutrientes que faltan en una zona son trasladados desde otra. Aquí no se ven lucha ni competencia, y luego nos hablan de la importancia que tienen el mundo natural. En los ecosistemas marinos la base se sustenta en el fitoplancton, y los detritívoros tienen un papel de relevancia. Los pequeños peces pueden formar enormes cardúmenes, que cuando se mueven por los océanos aparentan ser un monstruoso animal y varias especies de depredadores, como delfines, tiburones y atunes, se coordinan para pescarlos, otras dos estrategias de supervivencia basadas en el apoyo mutuo. Incluso en el fondo marino las bacterias se asocian para intercambiar gases, no compiten por los recursos. ¡Kropotkin no andaba muy descaminado en su visión de la naturaleza!
 
Pero, siempre hay tramposos, los «listillos» que sacan provecho del asunto, en este caso, por ejemplo, los hongos parásitos. Los parásitos, aunque estén ahí, poco (que no quiere decir nada) aportan al funcionamiento del mecanismo que mueve el sistema; aunque, esta relación simbiótica, cuanto más fuerte sea, hace que las plantas puedan ser más resistentes a tal parasitismo. El parasitismo como la depredación (animales que comen plantas, y animales que comen animales que comen plantas) son relaciones de interdependencia que pueden acelerar el proceso de diversificación, al ser un método de control de poblaciones, permitiendo que otras especies diferentes existan, incrementando tal biodiversidad, o tengan un papel sanitario entre las poblaciones al eliminar los ejemplares enfermos o tarados y así evitar epidemias. En este caso, podríamos considerar la selección natural como algo adicional en la naturaleza, de importancia secundaria pero no esencial y vital. Es como los aditivos que se añaden al hormigón que ayudan, pero no son importantes. El hormigón es una mezcla de arena y grava con cemento y agua, al juntarlos ya comienza el fraguado, al añadirles aditivos solo aceleran o retrasan el endurecimiento, pero son irrelevantes a tal proceso. Pero, todavía a la selección natural, desde el mundo académico y la comunidad científica, se la sigue desde el siglo XIX otorgando una importancia no justificada, como vemos en los documentales televisivos.
 
Entre los hongos también tenemos a los saprófitos, descomponedores de material vegetal, como la hojarasca y la madera muerta de nuestros bosques. Estos organismos son el equivalente a los carroñeros entre los animales. Materia descompuesta que luego es asimilada por los seres vivos que forman el mantillo del suelo de los bosques, para generar los nutrientes que sean absorbidos otra vez por hongos y plantas, y plantas que serán alimento de los animales, en un ciclo constante de reciclaje, nada se desperdicia. Todo está relacionado, no hay competencia sino todo lo contrario, coordinación. Incluso podemos considerar al bosque como un gran ser vivo, cuando se forma un claro tras el derrumbe de un árbol, pronto es sustituido por otro, similar al proceso de cicatrización de una herida en nuestra piel. Lo que nos conlleva a considerar que el funcionamiento de los ecosistemas y los organismos no difieren tanto.
 

Sin la vieja alianza hongo-planta no existirían
nuestros ecosistemas terrestres.

 

 ¿Y qué decir de los líquenes? Dos seres vivos distintos que hacen un solo ser vivo. Esta unión de hongos y algas o cianobacterias es el ejemplo más perfecto de apoyo mutuo: la simbiosis. Su supervivencia se debe a esta colaboración, sin la cual no podrían vivir en los lugares más inhóspitos del planeta, sin contaminar. Es la simbiosis la que ha tenido, y tiene, una gran importancia en la historia natural de la Tierra, mucho mayor que la tan cacareada selección natural. De ello se dieron también cuenta otros naturalistas rusos, coetáneos de Kropotkin, como A. Brandt y K. Merezhkovski.
 
Hongos, plantas y animales son organismos pluricelulares, con millares de células que conforman sus cuerpos y órganos, tales células tampoco compiten ni luchan entre sí, como tampoco sus tejidos y órganos. ¿Os imagináis a los glóbulos rojos compitiendo por cuál obtiene más oxígeno o a los dos riñones rivalizando por cuál se lleva toda la sangre para filtrar? Incluso, además de las células somáticas hay bacterias que coexisten en el interior del tubo digestivo de los animales, que sin ellas no podrán hacer la digestión y asimilar la comida. Y hablando de cuerpos u organismos ¿qué decir de los hormigueros, colmenas o termiteros? Colonias de insectos que funcionan como si fuesen un único 'superorganismo', cuyos componentes no pueden vivir aislados. Una hormiga, una abeja o una termita no son nada aisladas, deben sus vidas a la comunidad. ¿Y los mixomicetos? Protozoos que en un momento de su vida se agrupan y constituyen como un ser pluricelular. La tendencia a la agregación supone también un incremento en complejidad, y para ello es necesario que no haya lucha y competencia entre las partes.
 
La asociación o agregación de los seres vivos fueron saltos evolutivos esenciales para incrementar la complejidad de la vida. Desde las procariotas a las eucariotas, de los seres unicelulares a los pluricelulares, llegando hasta las sociedades y los ecosistemas, y el conjunto de todo que es la biosfera, siempre ha marcado la tendencia a la asociación y coordinación. La célula eucariota, el tipo de células que constituyen nuestro propio cuerpo, células que poseen núcleo y orgánulos dentro de una membrana, es también el resultado de otra unión simbiótica. Lynn Margulis —que fue para el siglo XX lo que Darwin para el XIX— recogió el testigo de los viejos evolucionistas rusos y defendió que fue la unión simbiótica de varias células procariotas (bacterias y arqueas) la que creó a la eucariota. En esta simbiogénesis está el origen de los protistos (protozoos y algas), animales, hongos y plantas; sin esta alianza, otro ejemplo de apoyo mutuo, tampoco existiríamos. ¿Y seguimos dando importancia a la lucha y la competencia…?
 
 

De la bacteria a la célula eucariota, de los seres unicelulares
a los pluricelulares es el rumbo que llevó la evolución.
La tendencia es a la cooperación y asociación.

 
Actualmente hay dos interpretaciones que pueden ser la base de un nuevo paradigma científico que permita otro avance en el estudio de los seres vivos, otro paso más en la próxima «revolución copernicana» en ciencias naturales. Estoy hablando de la Teoría de Sistemas Integrados del bioantropólogo Máximo Sandín y la Teoría Gaia Orgánica del físico Carlos de Castro Carranza, ambos recogen algunas de las ideas de Kropotkin.
 
Nosotros, los humanos, somos también animales, como animales no estamos ni por encima ni fuera de la naturaleza, formamos parte de ella. Sociales como nuestros parientes los simios, aunque constituyamos sociedades más complejas y tecnológicas, igual que ellos (pero más evolucionados) poseemos unas conductas, que podemos definir como morales, para llevar mejor nuestra convivencia en grupo. Kropotkin defendía lo mismo, en contra de la idea de que fue la civilización la que nos apartó de la cruel «guerra de todos contra todos», fue esa sociabilidad animal la que nos hizo humanos. Descendemos de seres sociales, y antes de las convenciones y las normas impuestas por autoridades, ya teníamos una conducta moral, empatizamos con nuestros semejantes y sabemos que hay que tratarlos como queremos que lo hagan con nosotros antes de inventar las leyes. La base neuronal de nuestra naturaleza social fue confirmada con el descubrimiento de las neuronas espejo hace 25 años. Nosotros como especie descendemos de la unión y no la lucha, en vez de exterminar a los neandertales conservamos sus genes, también son nuestros antepasados. Y antes de nuestra salida de la «cuna africana» ya proveníamos de otros cuatro linajes mezclados. O sea, nuestros antepasados se hibridaron, lo que tira por la borda la idea de una selección natural que filtraba y beneficiaba solo a los más aptos.
 
 
Kropotkin veinte años después de escribir los artículos que dieron a El Apoyo Mutuo, escribió para la misma revista de divulgación científica otros artículos sobre la influencia del medio en el desarrollo de animales y plantas, propugnando su acercamiento al neolamarckismo, intentó en vano sintetizar a Darwin con Lamarck (recordemos que el mismo Darwin también era lamarckiano). Al igual que le pasó a Darwin antes de morir, dudaba de la relevancia de la selección natural como factor de la evolución, y mostraba varios estudios experimentales que lo exponían. Entre estos estudios estaba el que hizo Kammerer con sapos parteros, a quien acusaron de fraude y por ello se suicidó, y recientemente se ha descubierto que no hizo trampa. También rebatía a la teoría del plasma germinal de A. Weismann, en la que se defiende que la información genética está guardada en el interior del núcleo de las células y sin influencia externa alguna, que fue posteriormente confirmada con el descubrimiento de los cromosomas y la estructura del ADN, y es una de las bases del neodarwinismo que impera aún en las ciencias biológicas. Kropotkin consideró que la influencia ambiental también intervenía, y su punto de vista perdió —de momento— ante esas evidencias. Pero, en Ciencia nunca está dicho todo y se puede dar la vuelta, gracias a los recientes avances y conocimientos en epigenética Kropotkin no andaba muy errado. La influencia del medio en los genes es un hecho, la «herencia blanda» del lamarckismo vuelve a ser revitalizada. Simbiosis y epigenética son dos mecanismos alternativos en la evolución biológica producen cambios más rápidos en los organismos que las mutaciones al azar y la selección natural —sin olvidar la «energía oscura» en la evolución que son los virus (una parte de nuestro ADN es de origen vírico)—, y, por extensión, una mayor complejidad. Ante unos recursos limitados se obtiene una mayor eficiencia con la cooperación que con la competencia.
 
La rivalidad y la lucha son circunstanciales, colaterales o residuales, pero no son el motor principal de la vida en la Tierra. Interdependencia y variedad es lo que hay, la selección natural darwiniana actuaría como un tamiz o filtro que reduce tal variedad. Y lo que hace que los componentes de los ecosistemas y los ciclos de la materia de nuestra biosfera funcionen mejor es justo esa diversidad; lo que quiere decir que tal selección natural, que implica una competencia, con sus ganadores y perdedores, es ineficaz e irrelevante, no es funcional. A esta variedad de seres vivos y ecosistemas es lo que llamamos biodiversidad. En vez de la «supervivencia de los más aptos» lo que ha habido a lo largo de la historia natural del planeta es un incremento de la complejidad y biodiversidad, como ya dije anteriormente, zancadas evolutivas desde las células procariotas a las eucariotas, de los seres unicelulares a los pluricelulares, y de estos a las sociedades y los ecosistemas que conforman nuestra biosfera. Para ello fue necesaria una cierta coordinación y cooperación, la lucha y la competencia son inútiles. Aunque en nuestra sociedad exista la explotación, el crimen y la violencia, lo que hace que se ponga en marcha es justo lo contrario. Aunque el pez grande se coma al chico, la unión hace la fuerza… ¡Qué razón tenía el viejo camarada ruso!
 
¡Kropotkin tenía razón!
 

sábado, 30 de mayo de 2020

La brutal pandemia que no detuvo al movimiento obrero


La lucha social siguió adelante pese a la gripe de 1918, que causó la muerte de más del 1% de la población española.

Por EDUARDO PÉREZ

De 1918 a 1920 una pandemia de gripe extremadamente letal se abatió sobre el mundo, provocando alrededor de 40 millones de muertes. El propio virus era extremadamente dañino, causando víctimas de todas las edades. El grupo de riesgo entonces resultó ser el compuesto por las personas de 25 a 34 años, seguido de las de 15 a 24. El virus Influenza A del subtipo H1N1 multiplicaba su letalidad debido a los escasos recursos médicos de la época que, sobre todo al principio, empeoraron las cosas debido al hacinamiento de enfermos, así como a la escasa salubridad en la inmensa mayoría de hogares españoles. Según el estudio del epidemiólogo Antoni Trillo de 2008, 260.000 personas perdieron la vida en España. El 1,25% de la población de aquel entonces.

Se era consciente del papel de las aglomeraciones en la propagación de la enfermedad. Por este motivo, las autoridades suspendieron las clases y actos públicos de relevancia.

Sin embargo, la vida social siguió adelante. Entre muchos otros, este fue el caso de las dos grandes centrales sindicales, la CNT y la UGT. La primera estaba aún limitada, esencialmente, a Cataluña. Del 28 al 30 de junio de 1918, entre las dos grandes oleadas de gripe de ese año, celebró el Congreso de Sants, que a posteriori resultaría clave en el inmediato crecimiento fulgurante de la Confederación. 153 delegados se reunieron en el barrio barcelonés, tras las preceptivas reuniones de los sindicatos en los que se agrupaban 75.000 afiliados. Por su parte, la UGT celebró su XIII Congreso, en Madrid, del 30 de septiembre al 10 de octubre, justo en pleno ascenso del segundo rebrote de la pandemia, el más letal de todos.

«La mala ocurrencia de morirse»

Todo indica que la pandemia se desató en los cuarteles del Ejército estadounidense. El presidente, Woodrow Wilson, consultó con su alto mando militar respecto a la conveniencia de transportar a las tropas a Europa, inmersa en la Primera Guerra Mundial. Así se hizo, dado que los generales temían que la noticia perjudicara gravemente al bando aliado. La gripe arrasó Europa como un ciclón, al pasar desde las tropas a la población civil. Al parecer, el virus llegó a España en los cuerpos de jornaleros españoles que trabajaban en Francia. De ahí alcanzó los cuarteles españoles. El Gobierno no tuvo mejor idea que licenciar a los reclutas, que lo expandieron por todo el país. Mientras que los Estados inmersos en el conflicto bélico censuraron todo lo relacionado con la enfermedad, en España esta copó las portadas de los periódicos.

Como decíamos, el movimiento obrero siguió adelante. El congreso cenetista, por ejemplo, no solo no apostó por una cuarentena generalizada (que nadie planteó) sino por todo lo contrario: una amplia campaña de propaganda, con mítines todo lo masivos que se pudiera, para levantar al sindicato fuera de Cataluña. No solo fue la CNT. Los tres años de gripe (1918-1920) fueron los conocidos como «trienio bolchevique», con un huracán de manifestaciones, huelgas y motines por la carestía de la vida. Es en 1919, asimismo, cuando se produce la mítica huelga de La Canadiense, que desembocó en la conquista de la jornada de ocho horas. Es especialmente digna de mención la huelga en las pompas fúnebres de Barcelona que empezó el 8 de octubre de 1918, sobre la que Solidaridad Obrera señalaba que era ridículo que los patrones se negaran al aumento salarial, ya que estaban haciendo «el negocio del siglo».


La gripe afectaba a todas las clases sociales (hasta el rey Alfonso XIII enfermó) pero, como siempre, se cebaba más con los menos pudientes. Si algún «experto» les hubiera planteado el confinamiento, seguramente se le habrían reído en la cara, pero eso no significa que socialdemócratas y sindicalistas revolucionarios ignoraran el problema. En su prensa la gripe fue un tema recurrente, que les sirvió para reiterar sin descanso la necesidad de establecer un sistema social donde la ciencia estuviera al servicio del pueblo y donde la salubridad e higiene de trabajadores y trabajadoras mejoraran radicalmente. En el Congreso de los diputados, los dirigentes del PSOE criticaron duramente la gestión gubernamental, arremetiendo contra la negligencia al expandir el virus, el retraso en la llegada de suministro médico y la falta de profesionales en muchas zonas rurales. Tras un intercambio de pareceres amistosos entre el ministro de Gobernación y su antecesor en el cargo, Julián Besteiro tomó la palabra con sorna para comentar que todo parecía que había sido admirable, menos los enfermos, que tenían «la mala ocurrencia de morirse».

La vida por encima del miedo a la muerte

Un testimonio ilustrativo sobre la actitud de la época es la que refleja en sus memorias, La revuelta permanente, Joan Ferrer, una de las figuras de la CNT en la provincia de Barcelona:
«Las fechas del congreso coincidieron con la epidemia de gripe que se abatió sobre Barcelona, y en la que la gente moría como bandadas de moscas. Recuerdo que estábamos obcecados con la creación del [Sindicato] Único y que salías del trabajo, o de la célula de la organización que teníamos en la calle de Mercaders, y te topabas con los furgones cargando cadáveres. Una vez, en la calle de Carders, vi sacar de una misma casa a seis muertos, uno detrás de otro. Entonces parecía que te tironearan hacia la realidad, y exclamabas: "¡Recristo, qué epidemia más cruel hay!" Pero después continuaba la obsesión del Sindicato Único, y pasabas por encima de aquella miseria que, de cebarse en ti, no podrías eludir, te mataría.»
Alguno incluso se lo tomaba con una filosofía peculiar, como un tabernero del que habla Ferrer: «El tabernero decía: "Yo esta no la agarro, aquí tengo la medicina", y sacaba una botella de ron. Bebió tanto que un día le dio el delírium tremens, del que murió».

Morían como bandadas de moscas, furgones cargaban cadáveres, salían muertos unos detrás de otros… Pero la gente siguió socializándose, abrazándose, enamorándose, viviendo y luchando. Porque la vida era mucho más que esquivar la muerte.

23 mayo 2020

sábado, 2 de mayo de 2020

Nuestra crisis ecológica


Aprovechando este confinamiento que se nos ha impuesto desde arriba, experimento de control social cuyas consecuencias nada descartables podrían ser traducidas en pérdidas de algunos derechos que creíamos consolidados, y que no fueron más que concesiones otorgadas por quienes detentan el poder —y que de la misma forma que se dan se quitan—, reflexiono sobre otro asunto.

Antes de esta crisis sanitaria se nos ha hablado de la crisis climática, que no cuestiono, pero matizo. Como problema ecológico principal se nos habla del cambio climático. Creo que no hay que reducir la crisis ambiental mundial solo al cambio climático, es más complejo y diverso el número de problemas por culpa de la mano humana, pero, también hay que reconocer de la manipulación que se está haciendo de ello. Son los organismos internacionales quienes nos lo simplifican al cambio climático por culpa de las emisiones del CO2, un único problema una única solución, reducir tales emisiones. Y no es así, hay más. Y con el llamado Nuevo Pacto Verde lo que se pretende es que los gobiernos inyecten grandes cantidades de dinero para una nueva reconversión industrial a los verdaderos responsables de tales emisiones. Dinero que saldrá de recortes sociales. Para justificarlo se sirve del discurso por el bien del planeta, para que los más débiles paguemos los platos rotos. No es nuevo que se sirvan de bellas causas por otros intereses más egoístas. Se ha bombardeado e invadido países en nombre de los valores democráticos, la defensa de los derechos humanos y la lucha antiterrorista, por otros intereses menos comunitarios. La lucha de clases es consecuencia de la desigualdad de riqueza y poder en nuestras sociedades, y no la causa. El fin del capitalismo supondría su verdadera sustitución por un mundo más justo, y eso es la lucha de clases. El «capitalismo verde» capitalismo es. Aceptar o no el cambio climático es insuficiente.

Entre los vertebrados se conocen unas 4 mil especies de mamíferos y 9 mil de aves, como 8 mil reptiles, 5 mil anfibios y unos 25 mil peces (siendo la mayor partes peces óseos), conforman el grupo más conocido y llamativo de animales, pero se estima que puede haber otras diez mil más. Los vertebrados forman solo uno de los treinta tipos de animales existentes, a los restantes se les conoce vulgarmente como 'invertebrados' y son mucho más diversos (más de un millón que se conozcan), entre los que están los artrópodos y moluscos. Dentro de los artrópodos el grupo con mayor variedad de especies que se tienen clasificados es el de los insectos, unas 900 mil especies (casi la mitad escarabajos), pero se cree que el número real existente puede ser cinco o seis veces mayor. Otros artrópodos son los crustáceos, 40 mil especies; y los arácnidos, datados unos 10 mil, entre los que se estima que pueden existir hasta un millón de ácaros diferentes. De los 200 mil moluscos estimados (cefalópodos, bivalvos y gasterópodos, los más conocidos) solo se conocen menos de la mitad. Faltan por contabilizar las medusas, corales, gusanos y otros, en total se conoce en torno al millón y medio de animales, solo una séptima parte. Pero no son los únicos seres vivos que conforman la vida planetaria.


Unas 300 mil plantas comparten el planeta (de las cuales la mayor parte son las plantas con flor) siendo esenciales para todos los animales, aunque no estén todas clasificadas ya que pueden haber otras cien mil más. Y qué decir del tercer reino de seres pluricelulares que son los hongos, bastante más desconocidos, de unos 90 mil identificados (incluidos los líquenes) se estima que pueda haber hasta 1,5 millones de especies. Recordemos que sin plantas no habría animales, y sin hongos no hay plantas terrestres. Más desconocidos son los microbios, importantes y vitales para el desarrollo de la vida en la Tierra, solo se conocen apenas el 20 por ciento de protozoos y cromistas (microalgas). Como son seres de reproducción asexual, el concepto de especie no es atribuible, tenemos a los organismos más antiguos y versátiles de la Tierra, las bacterias y arqueas. Se desconoce exactamente su número, casi las 10 mil variedades, pero se sabe que es una mínima parte de lo que son. Se estima que nuestra biodiversidad debe tener entre 5 a 9 millones de especies (o más, según otros autores), de los que solo conocemos menos de una cuarta parte (según mi estimación a la baja).

Pero biodiversidad es más que el simple conteo de seres vivos, también están las relaciones que estos forman entre sí y su medio, conformando el conjunto de ecosistemas que hacen la biosfera. Y lo más importante, la vida en este planeta se sustenta a sí misma —incluidos nosotros— a través de servicios ecosistémicos, por ejemplo, como el origen y mantenimiento de la atmósfera (el oxígeno que respiramos es producido por las plantas, algas y cianobacterias), el control y mejoramiento del clima (los gases que producen el efecto invernadero, aunque minoritarios en volumen, son esenciales para la temperatura del planeta dependiendo de su cantidad dentro de unos márgenes), regulación del suministro del agua y su depuración (además de su ciclo natural, la existencia de materia vegetal previene la pérdida de humedad y varios seres vivos actúan para su filtrado), creación del suelo o mantillo terrestre (partiendo de un origen mineral, los microorganismos y pequeños invertebrados intervienen en su formación), reciclado de nutrientes (bacterias que fijan el nitrógeno atmosférico que fertiliza los suelos, y otras bacterias descomponedoras que lo devuelven a la atmósfera, sin olvidar los animales carroñeros y los hongos saprófitos), sumideros de residuos (el mismo dióxido de carbono es absorbido por los bosques y el fitoplancton marino hasta unos límites), control de plagas y enfermedades (papel de los depredadores que controlan superpoblaciones), polinización (sin polinizadores no se reproducen muchas plantas con flor), alimentos y medicamentos, así como variedad genética para los cultivos. Estos servicios no existirían si la mayor parte de los seres vivos desapareciesen. Y este problema no es imaginario, es real, por lo menos lo que marca la tendencia.

La extinción de especies es el problema que conlleva la pérdida de biodiversidad, son sinónimas. Partiendo del exterminio de la megafauna pleistocena tras la última glaciación, que en los continentes australiano y americano la presión humana fue el factor clave para su extinción. Y seguido del comienzo de la alteración de nuestro patrimonio natural que fue la domesticación de plantas y animales, agricultura y ganadería acompañadas de tala de bosques y urbanización con sus infraestructuras, necesaria para el sustento de nuestra especie, dentro de unos límites, límites que se han sobrepasado desde hace tiempo. La degradación de los ecosistemas es un hecho.

Desde el siglo XVI se han exterminado 350 especies de vertebrados, en el último siglo al ritmo de una especie al año, añadiendo que otras han perdido un 30% de su área de distribución mundial. En las últimas décadas un 40% de las poblaciones de vertebrados experimentaron declives importantes, en especial en las regiones tropicales. 500 especies de anfibios han disminuido y 90 se han extinguido en cincuenta años (una cuarta parte en situación crítica por la quitridiomicosis). Un 25% de las poblaciones de insectos terrestres han descendido (aunque haya aumentado las especies acuáticas por la menor contaminación de las aguas), sin olvidarnos de la importancia que tienen algunos como polinizadores. Y una quinta parte de los crustáceos peligran su situación. No se conocen más datos sobre otros componentes del reino animal, pero también se sabe de la disminución de los corales.

Más de 500 especies de plantas han desaparecido desde el siglo XVIII, un 10% de las catalogadas entonces por Linneo. Una de cada cinco especies están en peligro de extinción (1/3 de las coníferas), siendo dos tercios en zonas tropicales. En un solo árbol en la selva tropical existen y dependen muchos seres vivos que con él desaparecen también. Datos exactos de especies de hongos no se saben, en muchas partes del mundo descienden y están amenazados, pero se tienen citados más de 200 especies en Lista Roja. Sin olvidarnos de los microbios, de vital relevancia para la biosfera, que pocos datos tenemos.

Como consecuencia del impacto de la presión humana ha conllevado a la degradación y fragmentación de hábitats y ecosistemas; contaminación; caza, sobrepesca y deforestación; enfermedades e introducción de especies foráneas, y el cambio climático. Se habla de casi un millón de especies de seres vivos amenazados., suficientes para darnos cuenta de lo preocupante de esta situación que supondría la pérdida de biodiversidad y sus servicios ecosistémicos. Tristemente podemos estar presenciando la Sexta Gran Extinción masiva en la Tierra.

Se dice que la vida de este planeta iría mejor sin la presencia humana, cierto es, pero también hay que matizar que aunque para el resto de los seres vivos no somos importantes, ellos sí que lo son para nosotros. Los humanos no estamos al margen ni por encima de la naturaleza, somos parte de ella. Tenemos que ser conscientes que sin biodiversidad nuestra situación empeoraría, ¡no es una letanía catastrofista!

No es cuestión de pregonar el fin del mundo inminente, se puede hacer algo entre todos. Pero, para ello es necesario, junto a un cambio de mentalidad y hábitos, de un cambio social revolucionario, ya que si estamos todos en el mismo barco no podemos responsabilizarnos y sacrificarnos conjuntamente y, a su vez, mantener las diferencias entre pasajeros de primera clase con sus privilegios y los del resto. «Que desaparezcan de una vez las escandalosas distinciones entre ricos y pobres, amos y lacayos, gobernantes y gobernados», como se decía en el «Manifiesto de los Iguales» durante la Revolución Francesa.

viernes, 1 de mayo de 2020

Bellotada del Duero y compañía


 (Texto escrito para AMOR Y RABIA en el número 17 de su DESDE EL CONFINAMIENTO)

Debido a la actividad humana que, a lo largo del tiempo, ha conllevado una mayor degradación y erosión de los suelos, la deforestación y malas prácticas agrícolas, acompañadas de la roturación y pérdida de masa vegetal silvestre, explotación irresponsable de los acuíferos y el uso de pesticidas y fertilizantes químicos, incrementado por los constantes incendios forestales, sumado a un crecimiento urbano e infraestructuras y agravado por un cambio climático que reduce las lluvias. Como consecuencia la desertificación avanza por todas partes —y, en especial, nuestra península ibérica—. Ante este panorama surgió una iniciativa el año pasado llamada la GRAN BELLOTADA IBÉRICA. Iniciativa popular con la que se pretende ayudar a recuperar nuestro bosque mediterráneo perdido, empezando simplemente con sembrar bellotas de nuestros robles, alcornoques y encinas (teniendo en cuenta las especies autóctonas de cada lugar). De momento ha superado los dos millones de bellotas sembradas.

Siendo Valladolid una de las provincias españolas con menos masa forestal, varios vecinos del medio rural se sumaron a la iniciativa y formaron sus respectivas 'células belloteras' y se echaron al monte a recolectar bellotas para sembrar. En el mes de noviembre empezaron a recoger y plantar en los municipios de Quintanilla de Arriba y Olivares de Duero. Ya, a finales del mes, se invita a la primera convocatoria bajo el nombre de BELLOTADA DEL DUERO en Traspinedo, seguida en diciembre en Sardón de Duero y Quintanilla de Abajo (Onésimo); y otra más se sumó en Santibáñez de Valcorba en el mes de febrero del presente año. En estos eventos se unieron gentes del resto de los pueblos de la comarca, como los de Piñel de Abajo, el pueblo puntero en repoblación forestal de este país. Paralelo a esto, en los Montes Torozos también se movían en el mismo sentido, como la plataforma sin ánimo de lucro Ecoopera, quienes en enero convocaban a otra siembra en San Pelayo (previamente recolectadas en Villalba de los Alcores el mes anterior), y, ya unidos con la gente del valle duriense, hacen otra «bellotada» en Mucientes. Y pretenden seguir adelante cuando pase el confinamiento que estamos sufriendo. También habría que incluir los casos aislados de «belloteros» que se han movido por los cerros y laderas que rodean la capital.

Ante el avance de la desertificación, con esta iniciativa popular se pretende intentar la recuperación de nuestro bosque mixto mediterráneo de frondosas y coníferas por estos montes vallisoletanos, que está muy fragmentado. Y, por lo menos, para amortiguar las consecuencias de la crisis medioambiental que estamos padeciendo, que no sean tan duras como nos auguran.

No es necesario que ningún «experto» les dicte lo que tienen que sembrar o no, ya que los nombres vernáculos de muchos lugares de la zona hacen referencia a los robledales, encinares o dehesas, bien se sabe de su abundancia territorial en el pasado. En la provincia tenemos dos especies arbóreas del género Quercus, como la encina (Quercus ilex), «carrascas» o «matas» a los ejemplares en fase arbustiva, y el quejigo o roble carrasqueño (Quercus faginea), «rebollos» se denomina a los pequeños; así la presencia de la coscoja o acebillo (Quercus coccifera) que es un arbusto. Como, por ejemplo, el «Carrascal» un espigón en el páramo calcáreo del sudeste provincial, entre los valles del río Duero y el arroyo Valimón; el nombre hace referencia al arbusto o mata de nuestro tótem ibérico, la encina, consecuencia de la degradación del encinar. Monte que durante siglos fue comunal y compartido entre los concejos de Cuellar y Peñafiel, en el que abundaba este bosque. Nuestros robles carrasqueños o quejigos tenían una mayor presencia que hoy, compartían el terreno junto a las encinas, por otra parte también tenemos coníferas como las sabinas y pinos con las que no estaban reñidos. Aunque aún tengamos una importante masa forestal en la zona, todavía queda mucho por regenerar y madurar. Sin olvidarnos de otros ecosistemas como los humedales y, también, del bosque de galería de nuestras campiñas, vegas y fondos de valle, o de los matorrales nativos de nuestras laderas. La Tierra de Pinares no solo fue un «mar de pinos», hubo variedad botánica también.

La encina, tótem de Iberia.

Bosque adaptado al calor estival y la falta de agua, como a las puntuales heladas invernales. Bosque mixto con gran variedad de seres vivos. Recordemos que uno de los «puntos calientes» de biodiversidad de este planeta lo representa este bioma terrestre. Su regeneración es vital. Porque en el caso de un supuesto colapso de esta civilización urbana—como predicen los malos augurios— podremos volver a la naturaleza. Volver a la naturaleza no es nuevo, a lo largo de historia de la humanidad ya ha ocurrido varias veces, y para ello tenemos que no solo conservarla, sino también ayudar a expandirla y recuperarse, de lo contrario no nos quedaría nada. Debido a la degradación y fragmentación de este tipo de bosque hay que ayudarle a que se desplace más al norte del continente, como ya ocurrió en la Edad Media, entonces estaba mejor su situación. Recordemos que durante siglos la bellota fue también alimento humano.

Recuperar el bosque que sería nuestro recurso futuro, si lo conocemos y respetamos. Bosque que esta gente del entorno rural está intentando recuperar. Medio rural abandonado por los gobernantes, desacreditado por los «urbanitas» y manipulado por intereses partidistas de políticos. No solo en los pueblos hay vino, toros y caza (manoseado como señal de identidad rural por algunos impresentables), sino respeto por la Madre Tierra. En vez de salir a protestar a las calles a la espera de que cambien las autoridades, es mejor entrar en acción.

Lo repito, no es la primera vez que ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad. Tampoco es cuestión de ser pesimistas, pero mejor estar prevenidos. ¿Por si acaso?


sábado, 18 de abril de 2020

Cambiar todo para que todo siga igual


14 de abril de 2020

El mundo, tal como lo hemos conocido, está llegando a su fin. Ante nuestros ojos están teniendo lugar a gran velocidad cambios enormes que van a definir una nueva estructura social, así como un nuevo orden global. Estos cambios son fundamentalmente:

1) El desmoronamiento del sistema capitalista neoliberal como lo hemos conocido.

Este derrumbe no se debe al coronavirus, como se nos pretende hacer creer, sino que se inició el pasado septiembre con el derrumbe de los mercados de créditos a corto plazo (REPOs), que forzó la intervención de la Reserva Federal de EEUU y la puesta en marcha de un programa de inyección de más de dos billones de dólares entre diciembre y enero. Desde entonces, esta crisis se ha extendido a los mercados y dio lugar a una crisis de liquidez que se ha transformado en una crisis de solvencia debido a un verdadero tsunami de pérdida de rating de las empresas, que las impide acceder a financiación. La necesidad de guardar el dinero líquido disponible estaba a punto de provocar el derrumbe de unas bolsas infladas artificialmente durante la última década mediante la recompra de las acciones por las propias empresas, pero la cuarentena ha permitido camuflarlo y justificar una gigantesca ola de despidos y la puesta en marcha de una nueva ronda de gigantescas subvenciones estatales a empresas y bancos que en gran parte son verdaderos zombis.

2) El mayor trasvase de riqueza de la historia y la generalización de la miseria. 

Con la excusa de volver a poner en marcha la economía se van a poner en marcha modificaciones fundamentales de la estructura económica de las sociedades occidentales, que se van a concentrar en la destrucción de los restos del llamado «Estado del bienestar», y muy especialmente las pensiones. Aparentemente pretenden camuflar la pérdida de capacidad adquisitiva que van a provocar los recortes consecuencia de los programas de rescate de la oligarquía mediante la Renta Básica Universal, que serviría para asegurar unos ingresos que rocen la miseria para impedir rebeliones.

3) El fin de la Globalización y la resurrección del proteccionismo para hacer frente a China. 

Desde antes de la llegada de Trump al poder el capitalismo occidental ha visto caer su tasa de beneficio mientras, de manera paralela, China se convertía en el principal socio comercial del planeta, con empresas capaces de competir con los monopolios de alta tecnología de EEUU. Para hacer frente al coloso chino, las élites occidentales capitaneadas por Washington han decidido poner en marcha una Nueva Guerra Fría y destruir las cadenas de suministros globales, aun a costa de sumergir al planeta en el caos y la pobreza. El pasado es una advertencia del futuro: la última vez que se destruyó un mercado global sustituyéndolo por bloques comerciales cerrados fue durante la década de los 30, y el resultado fue el hundimiento en un 60% del comercio global y una escalada que degeneró en la Segunda Guerra Mundial.

4) Una restricción generalizada y posiblemente permanente de las libertades individuales. 

Con la excusa de la cuarentena se ha puesto en marcha un despliegue gigantesco de medidas de control social que no tienen nada que envidiar a las usadas por China. Los grandes monopolios de nuevas tecnologías occidentales anuncian la puesta en marcha de mecanismos en colaboración con el Estado para acceder a los datos de cada individuo, gracias a la eliminación de las leyes que protegían la privacidad occidental, y en paralelo se está llevando a cabo un despliegue militar y policial que asegura el encarcelamiento de facto de la sociedad en su conjunto. En el momento en que la oligarquía decide nuestro futuro con la negociación de unos nuevos Pactos de la Moncloa, el derecho de reunión y manifestación ha sido ilegalizado en la práctica y solo se puede salir a la calle para ir a trabajar, haciendo imposible una resistencia colectiva contra los planes del Gran Capital.

La única forma de luchar contra esto es organizarse: cada persona cuenta en las luchas que se avecinan.

lunes, 13 de abril de 2020

¡No!


Por TOMÁS IBÁÑEZ

Es obvio que la actual crisis provocada por la pandemia del COVID-19 hace aún más perentoria la exigencia de gritar un clamoroso ¡NO! frente a un capitalismo y a un sistema social abyecto, contra el cual muchas personas venimos luchando desde largo tiempo. Hay que gritar NO y, además, procurar actuar en consecuencia. Bienvenidos sean, pues, los renovados e intensificados esfuerzos por poner de manifiesto la insoportable barbaridad del capitalismo y apelar a las luchas contra él.

Pero, esta crisis también nos convoca a decir NO al autoengaño que practica un amplio sector de ese espectro revolucionario antiautoritario, en el cual me sitúo. Ese autoengaño consiste en creer y hacernos creer, que el capitalismo podría estar tocado de muerte por esta crisis y que la pandemia dará lugar a un intenso ciclo de luchas capaz de transformar el mundo. Por fin, las clases populares van a percibir de forma diáfana la necesidad de dar la espalda al sistema, y nos toca contribuir a dar la estocada final a un capitalismo moribundo. «Pueblos del mundo, aún otro esfuerzo» reza un texto reciente que acompaña su título con ecos de la Internacional: «El mundo cambia de base».

De hecho, están proliferando los textos que presentan la actual situación como una gran oportunidad para salir por fin del capitalismo y poner fin a sus estragos. Casi se celebra la aparición de la pandemia porque esta puede alumbrar la toma de consciencia que propiciará la transformación del mundo.

Si no aplaudo a esos bien intencionados textos, y frecuentemente interesantes, es por un doble motivo.

El primero es porque el deseo de revolución, que siempre debemos mantener vivo con independencia de que creamos o no que se pueda traducir en un proyecto de revolución, puede ocasionar enormes distorsiones de la percepción de la realidad. Sobre todo, en los momentos en los que está se vuelve incierta y angustiosa.

El segundo motivo es porque esos textos hacen dar un gran paso atrás a las luchas contra el sistema capitalista y sus estructuras de dominación, retrotrayéndolas a tiempos y esquemas revolutos.

¿Distorsión de la realidad? Veamos. Me temo que, si bien es cierto que la pandemia va a lanzar a la lucha a una parte de la población, sobre todo aquella que va a sufrir las peores consecuencias del «relanzamiento» de la economía capitalista, otra parte no desdeñable de la población, sobre todo la mas traumatizada por el miedo y por eventuales desastres familiares, nada va a querer saber de agitaciones con sus correspondientes incertezas, y puede decantarse más bien hacia demandar mayor disciplina y orden social. ¿O no? No cabe arropar la post-crisis exclusivamente con los adornos de la esperanza revolucionaria.

Así mismo, no cabe duda de que el capitalismo acusa un duro golpe en su hoja de ruta de continuada expansión, pero nada indica que se vaya a realizar por fin el manido lema de «la crisis final del capitalismo». Lo hemos oído tantas veces que casi da rubor volver a hacerlo. Lo más probable es que el capitalismo cambiará algunos de sus aspectos (para bien o para mal) y que como lo viene haciendo desde que se implantó absorberá los problemas para fortalecerse con su resolución. Puede que lo que digo a este respecto sea también una distorsión de la realidad, pero, de momento la historia del capitalismo indica lo contrario.

Por fin, esa percepción de la realidad que augura un mundo mejor contribuye a enmascarar el rápido avance de un totalitarismo de nuevo tipo que muestra sus colmillos no solo en Corea y en China, sino también en Afganistán y en Palestina con los drones armados, así como en los engendros producidos en la Silicon Valley (GAFA). Ese totalitarismo discurre por las vías del control social (geolocalización, reconocimiento facial, etc.) pero también por la medicalización de la vida y por la ingeniería genética. No percibir que la pandemia facilita su avance y que urge hacer frente a esa realidad es algo que acompaña la percepción de un futuro prometedor.

¿Paso atrás? Veamos. El segundo motivo por el cual recelo de esos textos es porque frente a la fascinación por un cambio total (todo o nada) y por el viejo gran relato de la insurrección victoriosa, los planteamientos posteriores a Mayo del 68 habían conseguido orientar las luchas hacia el desmantelamiento, en el presente, de los dispositivos de poder articulados por el capitalismo, o vigentes en su seno (como por ejemplo el patriarcado). Esa multiplicación y diversificación de los frentes de resistencia y de subversión ha arrancado avances notables para las libertades y para las vidas de la gente, sin supeditar todo ello al gran cambio social que, por propia definición, siempre se sitúa fuera del presente mientras no haya acontecido.

Los llamamientos a la convergencia de las luchas, unificadas en el objetivo de acabar con el capitalismo, olvida que para que las luchas puedan converger primero tienen que ser múltiples, y que, si bien esa convergencia es deseable, lo propio es que se produzca por la propia presión y la propia lógica de los acontecimientos (como ocurrió por ejemplo el 15M) y que la tendencia homogeneizante no debilite las energías de las luchas parciales (como también ocurrió después del 15M). Resulta además que esos textos suelen descalificar como factores de división y de debilitamiento de la lucha todo lo que se despliega fuera de la gran lucha unificada contra el capital.

Ahora bien, lo que estoy comentando no se inscribe contra la exigencia de denunciar el capitalismo y de luchar contra él, eso es absolutamente inexcusable, pero sí se desmarca de una tendencia que me parece percibir en estos momentos en buena parte de los análisis, y que creo que es perjudicial para la eficacia de las luchas.

Imagino que la tentación de descalificar la postura que expongo diciendo que invita a bajar los brazos y a renunciar a la lucha puede ser fuerte. Dejadme pues, que repita lo que he escrito en múltiples ocasiones, y sigo manteniendo: aun en las condiciones más adversas la lucha siempre es posible, la única condición absolutamente necesaria es que exista voluntad de lucha. Si esta voluntad se manifiesta no es menester que se persigan o que se esperen resultados definitivos y de gran alcance, como bien lo sabía el Ulises de Albert Camus.