jueves, 6 de enero de 2011

Ángel Cappelletti: mi maestro



Ángel Cappelletti (1927-1995) fue un filósofo, historiador y anarquista de Argentina, por muchos años radicado en Venezuela. Nació y murió en Rosario, Argentina, pero los 27 años que vivió en Venezuela entre 1968 y 1994 fueron los más prolíficos en su producción intelectual y académica. Fue experto en el pensamiento sociológico, político y filosófico contemporáneo.

Egresó de la Universidad Nacional de Buenos Aires (1951) como profesor de enseñanza secundaria, normal y especial en filosofía. Doctorado en la misma universidad en 1954. Una vez en Venezuela fue profesor titular de la Universidad Simón Bolívar desde 1972. Fue redactor general de la Revista Venezolana de Filosofía. Entre 1968 y 1994 desarrolló una inmensa labor de investigación filosófica y política, estudiando filosofía clásica como Heráclito, Séneca y Marco Aurelio, el positivismo de Venezuela, e investigando la historia y el pensamiento anarquista mundial y latinoamericano, fruto de lo cual publicó en vida alrededor de 45 libros y en total unos 80 (después de su muerte la Universidad de los Andes y la Simón Bolívar, han publicado trabajos inéditos del autor), más de un millar de artículos sobre tópicos filosóficos y literarios.

Tuvo una presencia constante en cátedras de postgrado en toda la América Latina, enseñando en diversas universidades de Argentina, Uruguay, Venezuela, México y Costa Rica. Cappelletti fue profesor de postgrado en filosofía en la Universidad de los Andes (Mérida, Venezuela). De regreso en Argentina, se radica en Rosario, ciudad en la cual continuó su labor intelectual hasta su muerte.

Entre sus publicaciones se destacan: Los fragmentos de Heráclito (1962); Utopías antiguas y modernas (1966); El socialismo utópico (1968); La filosofía de Heráclito de Éfeso (1970); Inicios de la filosofía griega (1972); Cuatro filósofos de la Alta Edad Media (1972, 1993); Introducción a Séneca (1973); Introducción a Condillac (1974); Los fragmentos de Diógenes de Apolonia (1975); La teoría aristotélica de la visión (1977); Ciencia jónica y pitagórica (1980); Protágoras: naturaleza y cultura (1987); Sobre tres diálogos menores de Platón (1987); Noias de filosofía griega (1990); La estética Griega (1991, 2000); Positivismo y evolucionismo en Venezuela (1992); Textos y estudios de filosofía medioeval (1993); Estado y poder político en el pensamiento moderno (1994).

Como compilaciones hizo, Séneca: De brevitae vitae (1959); Epístolas pseudos-heraclíteas (1960); Abelardo: Ética (1966); Platón: Georgias (1967).

Cappelletti es, sin duda alguna, un representante genuino de las letras latinoamericanas, no sólo por su condición de poeta y ensayista, sino por madurar a cada instante su razón de vida: el oficio de escribir.

En 1991, en una de tantas tertulias de café, Cappelletti nos decía que la literatura debía ser vista como una caja negra en la cual destellan pequeñas pelusas de diversos colores, y que esas pelusas eran las ideas que brotaban de la conjugación de dos actos humanos: la imaginación y la constancia en el trabajo escritural. No puede concebirse un esfuerzo creador sin el trabajo constante y duro de enriquecer la sapiencia del hombre.

Eso nos recuerda las siglas mágicas C.P.S., definidas por Juan Alonso (hombre de letras sin más), como alegoría a lo dicho por el maestro Raúl H. De Pasquali, y que significan «c... puesto en la silla»; es decir, el esfuerzo intelectual en su más característica posición. Un poco más allá, el escritor Renato Rodríguez nos dijera: «Escribir es una vaina tan buena, que se tiene que vivir haciendo para que pueda dar frutos».

El acercamiento de Cappelletti a la literatura es netamente espiritual, en él no hay medias tintas, escribes o no escribes, pero no es que escribes como alguien te dice; pueden sugerirte ideas, pero escribes lo que tú deseas escribir; es decir, y con esta expresión contamino la frase espiritual que pueda expresar, la literatura es la identidad del hombre con su razón de vida, de existencia, de querencia, de «ser ahí», como lo expresara Martín Heidegger. Adolfo Bioy Casares, dijo al respecto que la literatura es un milagro que surge y aparece de la mano de unos elegidos, en este caso la figura del escritor. Y si en algo coinciden, quienes han tenido a las letras como excusa de vida, es en que la literatura es un diálogo solitario de un ejecutante de signos hacia un universo de lectores. No falsa es la expresión de que la poesía, por nombrar un género literario, «no es del poeta sino de quien la lee». Aquí está la «cosa», la esencia, la verdadera virtud del servicio que presta la literatura al hombre común.

Hay una grata historia de Cappelletti, referida a una pregunta mía sobre su hijo José, que es cineasta en Rosario, Argentina: ¿Hace el vástago una película acerca de su vida? El maestro me respondió: «sería una historia muy aburrida, a ratos leyendo, a ratos escribiendo, a ratos leyendo, a ratos escribiendo...». Y ciertamente coincidimos que era una verdadera tortura inducir a un espectador, acostumbrado a Rambo, Robocop, entre otras, a pernoctar en una silla para ver al maestro en su acción creadora.

Cappelletti siempre estuvo inmerso en el debatir de las ideas que mantenían la temática de la libertad, una libertad que él entendía como representación y vivencia del destino, frente al poder político y militar, y frente a la presencia divina, como creación de valor y pugna por el ideal.

La visión política que tuvo Cappelletti de Venezuela fue una visión eminentemente revolucionaria; siempre percibió del venezolano ese fuero interno por el cambio y hacia el cambio. No teorizó mucho sobre cómo vendría ese cambio, pero sí lo intuyó producto de un grupo formado en aptitudes de liderazgo que en cualquier momento, ya sea por las armas del pueblo o por las armas aliadas de la revolución sigilosa continental, harían estallar un torbellino que daría cambios trascendentales en el entorno social, político y económico.

Esa experiencia la vivió con el 4 de febrero de 1992, y pudo constatar de que quienes insurgieron venían de una formación estigmatizada por el liderazgo, militares en ejercicio; asimismo, pudo captar, y lo manifestó abiertamente, que las voces de cambio planteaban un trasfondo mayor: el debilitamiento de un Estado de Partidos y el levantamiento de un nuevo Estado, pero en este caso, un Estado monopartido. Si el maestro estuviera con nosotros actualmente, vería como se reafirma su hipótesis de Estado monopartido, puesto que la tendencia del polo patriótico, es precisamente crear una figura homogénea en razón de la cual sostener el liderazgo del presidente vigente de Venezuela.

Cappelletti nos legó, aparte de sus reflexiones acerca de la vida nacional, toda una línea de investigación sobre el positivismo en Venezuela. La revisión que hizo de autores nacionales, produjo importantes conclusiones, las cuales representan al pensamiento venezolano como uno de los precursores de esta tendencia científica en América Latina, caracterizada por atribuir a los sentidos la vía idónea para acceder al conocimiento.

En un día de 1995, Cappelletti falleció, producto de una penosa enfermedad que lo venía maltratando desde hacia varios años; su muerte no sólo ha significado un luto para quienes desde el campo intelectual le conocimos, sino para el desarrollo del pensamiento sociológico, político y filosófico contemporáneo. Al partir se fue con su añoranza ática, con su sueño libertario y con la mirada concentrada en un reencuentro con los versos divinos del parnaso español.

Produjo unos cuarenta y cinco libros en vida —después de su muerte la Universidad de los Andes y la Simón Bolívar, han publicado trabajos inéditos del autor—; más de un millar de artículos sobre tópicos filosóficos y literarios, y mantiene una presencia constante en cátedras de post-grado en toda la América Latina.

Uno de sus más importantes aportes fue dirigir la investigación acerca del pensamiento federal en Occidente, trabajo cuya autoría nos pertenece (La revelación de Oane. Ensayos acerca del federalismo libertario. Caracas, Gobernación del Estado Portuguesa, 1997), y que constituye uno de los primeros levantamientos serios de información sobre una estructura de organización política que hoy toma auge.

Sean las presentes líneas una motivación para acercarse al pensamiento de Ángel J. Cappelletti (1927-95), hombre impregnado de la sapiencia y la constancia dirigidos hacia los valores profundos de la naturaleza y de los hombres: «Lo cierto es —nos dice— que con insólita facilidad echan los hombres al olvido su originaria libertad y su dignidad innata».

22 de abril de 2009.

1 comentario:

  1. Brillante autor que me sirvió de gran ayuda para dar mis primeros pasos en esto del anarquismo y que aun hoy con algo más de experiencia me sigue pareciendo un magnífico autor.

    Salud compañeros.

    ResponderEliminar