viernes, 30 de abril de 2010

PREHISTORIA DEL ANARQUISMO: MAX STIRNER

Por Ángel J. Cappelletti

Max Stirner no es, en rigor, un filósofo anarquista, por más que así se empeñen en considerarlo los manuales. Es más bien, un solipista moral. Sin embargo, al igual que los socialistas utópicos, sus contemporáneos, hay en su pensamiento muchos elementos que serán fundamentales en la constitución de la filosofía social del anarquismo. En particular, su crítica del Estado y de la burguesía, de las instituciones políticas y de la escuela, pueden considerarse como adecuado presupuesto para Proudhon y para Bakunin.


Max Stirner (su verdadero nombre era Johann Kaspar Schmidt) nació en Bayreuth, el 26 de octubre de 1806. En la Universidad de Berlín escuchó a Hegel y a Schleiermacher. Durante un lustro fue profesor en un internado de señoritas berlinés. Vinculado con los jóvenes hegelianos del grupo de los «libres» (Freien) y, en especial, con Bruno Bauer, muy pronto superará los límites de la crítica ideológica de éstos, limitada a la religión y a las viejas fórmulas de la filosofía académica. En 1844 publicó el libro que le hizo famoso, el único en realidad, por el cual su nombre es recordado: El único y su propiedad. En 1856 murió en la mayor pobreza.

La realidad se reduce, según Stirner, al único, es decir, al individuo; sólo del yo individual puede decirse que verdaderamente existe. Por consiguiente, todos los valores que se basan en lo universal y que suponen la existencia de lo común, tales como verdad, libertad, justicia, etc., han de ser desechados, para dejar lugar al único valor que se funda en el Único, esto es, a la propiedad (Eigentum), a la pura expresión de la absoluta individualidad.

Toda nuestra cultura está viciada por un error esencial: el de haber hecho del individuo un mero instrumento de la Historia, del Estado, de la Idea.

El yo, mi yo, es el Absoluto. Ninguna Historia lo trasciende, ningún proyecto universal lo incluye, ninguna vocación lo orienta. En cierto sentido equivale al Uno de Plotino y al Acto Puro de Aristóteles.

Ahora bien, esta exaltación de la individualidad hace del hombre un nómada, un ser aislado de la sociedad y de los demás hombres. Por eso, la crítica de Stirner, a diferencia de la de los anarquistas, no está dirigida sólo contra el Estado sino, más aún, contra la Sociedad misma.

Para Bakunin o Kropotkin, el individuo humano constituye un valor supremo, por encima de él no hay nada. Pero el concepto de individuo no excluye sino que, por el contrario, exige la convivencia permanente con los demás individuos, esto es, la sociedad. Más aún, según ellos, el individuo aislado es un pseudo-individuo, ya que sólo en la interrelación humana y en la mirada del prójimo es reconocido y se reconoce como hombre libre y como valor supremo. Stirner, por el contrario, se complace en afirmar: Volksfreiheit ist nicht meine Freiheit (La libertad del pueblo no es mi libertad).

La individualidad se funda, para los filósofos propiamente anarquistas, en la individualidad del prójimo; para Stirner, se funda en sí misma o, por mejor decir, en nada: Ich habe meine Sache auf Nichts gestellt (He fundado mi causa en nada).

La obra de Stirner resulta, sin embargo, particularmente valiosa para el pensamiento anarquista, porque señala con lúcida acritud las limitaciones y contradicciones del ascendente liberalismo burgués. En cuanto analiza sus conceptos de libertad y de igualdad como modos de subordinarse al Estado, en cuanto desmonta la estructura del Estado liberal y constitucional para mostrarlo como una nueva y tremenda máquina de opresión, presta un invalorable servicio al pensamiento anarquista. ¿Cómo podría éste dejar de reconocerlo cuando Stirner ha escrito: « El Estado vino a ser así la verdadera persona ante la que desaparece la personalidad del individuo; no soy Yo quien vivo, es él quien vive en Mí?».

La ideología anarquista, Ángel J. Cappelletti.

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