miércoles, 5 de diciembre de 2012

Fragmentos póstumos sobre el nacionalismo y el antisemitismo (1885-1888)

       
FRIEDRICH NIETZSCHE
 
 Nota aclaratoria:

Cuando se habla de política en el caso de Nietzsche, la controversia está servida. Sus textos políticos suscitan, frecuentemente, dos reacciones opuestas: una pretende redimir a Nietzsche de lo que él mismo pensó y dejó fijado por escrito; la otra le condena al peor de los infiernos. Ambas adolecen del mismo defecto: carecen de la distancia necesaria que requieren un análisis riguroso y una crítica ponderada de su obra. Para unos, un héroe; para otros, un villano; y entre unos y otros, se desdibujan los principales rasgos del pensamiento político de Nietzsche.
Esta traducción de algunos fragmentos de contenido político del «Nietzsche maduro» intenta mostrar dos aspectos de la crítica del filósofo alemán a las ideologías y movimientos políticos presentes en su época y, naturalmente, en Alemania: el antisemitismo y el nacionalismo. Junto a la democracia, el socialismo y el liberalismo, forman todos ellos el elenco de las manifestaciones políticas de la modernidad que será objeto de los ataques virulentos de Nietzsche. Son ideas sobre el hombre y la sociedad que remiten a la epifanía de los nuevos dioses que pretenden reemplazar al viejo dios muerto, con el cual, sin embargo, están íntimamente emparentados.
Junto a esta dimensión crítica de su pensamiento político, existe en el Nietzsche maduro una intención positiva, el esbozo de un proyecto político denominado «la gran política». Aunque aquí no se aporta ningún texto sobre su contenido, es necesario mencionarla, pues es el marco, insuficientemente desarrollado, donde se encuadra la crítica de Nietzsche a las ideas políticas dominantes en la época moderna. Ambigua, obscura, en ocasiones inhumana, contiene las líneas generales cuyo cumplimiento creará las condiciones para la hegemonía de un tipo superior de hombre y, más allá de él, para el advenimiento del Übermensch. Crítica y afirmación son las dos caras con las que Nietzsche suele presentarse, y ambas deben ser consideradas, si se pretende una comprensión adecuada del pensamiento político de este filósofo.
Consideramos que merece ser aludida una última cuestión sobre los fragmentos traducidos. Éstos provienen del mismo material a partir del cual se publicó un libro que Nietzsche nunca escribió: La voluntad de poder. Elisabeth Föster-Nietzsche, que poseía los derechos de la obra de su hermano, dirigió la edición de este libro fue la artífice de esta impostura literaria. Por ello, no es de extrañar que la selección de los fragmentos políticos que se incluyeron en él estuviera tan «excelentemente realizada»: se mostró una de las caras políticas de Nietzsche (aun así, se censuraron algunos rasgos incómodos de su aristocratismo para la «comunidad del pueblo» alemana) y se ocultó pudorosamente la otra, la cual, como es fácil imaginar, miraba con desprecio y repugnancia al nacionalismo en general, al del Segundo Reich en particular y al odioso antisemitismo emergente en Alemania. Prácticamente todos los fragmentos que se referían a estas cuestiones no aparecieron en esa obra tan famosa, leída y comentada que, repetimos, Nietzsche no escribió.
El material traducido pertenece a los volúmenes XI, XII y XIII de la edición crítica de la obra de Nietzsche realizada por G. Colli y M. Montinari (Sämtliche Werke. Kritischen Studienausgabe, Deutscher Taschenbuch Verlag/Walter de Gruyter, Berlín/Nueva York, 1967-77 y 1980) y se extiende desde 1885 hasta 1888. La numeración de los fragmentos es nuestra: se adjunta al final una tabla de correspondencias con la numeración establecida por Colli y Montinari (primero indicamos, en números romanos, el volumen al que pertenecen los fragmentos). Como ellos, no hemos introducido otro criterio de ordenación de los fragmentos que no sea el puramente cronológico. Las palabras en cursiva son del texto original, y los símbolos empleados tienen el siguiente significado:

— — —        Frase interrumpida o incompleta.
(( ))              Completado por los editores.
[ ]                Añadido por el traductor.


Fragmentos póstumos (1885-1888)

1[1]
Los alemanes, como pueblo atrasado, echan a perder el gran proceso de la cultura europea: por ejemplo, Bismarck, Lutero. Últimamente, cuando Napoleón quería llevar a Europa a una asociación de Estados (¡el único hombre que era suficientemente fuerte para esto!), los alemanes han  mezclado todos con las «guerras de liberación» y han provocado la desgracia de la locura nacionalista (¡con la consecuencia de la lucha de razas en países tan mezclados como los europeos!). Así detuvieron los alemanes (Carl Martell) el avance de la cultura sarracena: ¡siempre son los rezagados!

2
Juzgar el carácter del europeo según su relación con el extranjero en la colonización: crueldad extrema.

3
La misión consiste en formar una casta dominante con el alma muy amplia, capaz para los diferentes cometidos que conlleva el gobierno de la tierra. Centralizar en una naturaleza todas las capacidades individuales anteriores.
Posición al respecto de los judíos: tienen una gran práctica adquirida para la adaptación. Por ahora son los mejores actores en esto; también como poetas y artistas son los que imitan y comprenden de una forma más brillante. Lo que por otro lado les falta: si algún día el cristianismo es destruido, se hará justicia a los judíos, pues los mismos fueron los causantes del cristianismo y del anterior y supremo páthos moral.

4
«Alemania, Alemania por encima de todo» es quizá el lema más estúpido que se ha dicho ahora. Me pregunto por qué en particular Alemania, si no quiere, defiende y representa algo más valioso que lo que ha representado cualquier otro poder anterior. En sí sólo es un gran Estado más, una majadería en el mundo.

5
Nosotros no somos lo suficientemente necios para entusiasmarnos con el principio «Alemania, Alemania por encima de todo» o con el Reich alemán.

6
¿Puede uno interesarse por este Reich alemán? ¿Dónde está el nuevo proyecto? ¿Es sólo aquél una nueva combinación de poder? Tanto peor si no sabe lo que quiere. La paz y tolerancia no son en ningún modo una política que yo respete. Dominar y ayudar a vencer a los pensamientos supremos es lo único que me podría interesar de Alemania. ¿Qué me importa que existan o no los Hohenzollern? El pequeño pseudo-espíritu de Inglaterra es hoy el mayor peligro sobre la tierra. Veo una mayor inclinación a la grandeza en los sentimientos de los nihilistas rusos que en los de los utilitaristas ingleses. Necesitamos un crecimiento entrelazado de la raza alemana y la eslava; también necesitamos a los más hábiles materialistas, los judíos, imprescindibles para el dominio de la tierra.

7
Los alemanes debían crear una casta dominante. Yo reconozco que las facultades inherentes de los judíos son indispensables como ingredientes de una raza que debe aspirar a la política mundial. El interés por el dinero pide ser aprendido, heredado y de mil maneras diferentes heredado. Todavía hoy los judíos rivalizan con los americanos.

8[2]
A quien le importan las condiciones bajo las cuales la planta «hombre» va creciendo en lo que tiene más vigor, al que se ocupa de semejantes medidas, la aparición de un nuevo poder político, si éste no tiene un proyecto, no es ni siquiera un acontecimiento. Él apenas tiene tiempo para observarlo de cerca.
Que no se me interprete mal: yo quería explicar con este libro por qué la formación del Reich alemán me es indiferente. Yo veo en él un paso más hacia la democratización de Europa; nada más, nada nuevo. Pero la democracia es la forma de una decadencia del Estado, de una degeneración de la raza, de un predominio de los malogrados. Ya lo he dicho una vez.

9
Yo no hago caso de estas guerras nacionales, de estos nuevos «Imperios» y de lo que, en general, ocupa el primer lugar; lo que me interesa —puesto que veo como se prepara lenta y vacilantemente— es la unidad de Europa. El genuino trabajo colectivo de todos los hombres más importantes y profundos de este siglo era preparar aquella nueva síntesis y anticipar a modo de prueba «al europeo» del futuro; sólo en sus horas más bajas, o cuando envejecían, recaían en la estulticia nacional de las «patrias», y entonces se convertían en «patriotas». Pienso en hombres como Napoleón, Goethe, Beethoven, Stendhal, Heinrich Heine, Schopenhauer; quizá también pertenezca a este grupo Richard Wagner, sobre el cual, como sobre un tipo bien criado de la turbiedad alemana, no se puede afirmar absolutamente nada sin un «quizá» semejante. Pero lo que nace y se forma en semejantes cerebros como necesidad de una nueva unidad o ya como una nueva unidad con necesidades, secunda un gran hecho económico ilustrativo: los pequeños Estados de Europa (pienso que todos nuestros Estados e Imperios actuales) tienen que llegar a ser muy pronto insostenibles desde un punto de vista económico a causa del impulso incondicional del gran tráfico de personas y comercial hacia las últimas fronteras, hacia el tráfico y el comercio mundiales. (Ya solo el dinero fuerza a Europa a amontonarse en cualquier momento junto a un gran poder.) Pero para entrar con buenas expectativas en la lucha por el gobierno de la tierra —es evidente contra quién se dirige esta lucha—, es probablemente necesario para Europa «alcanzar un acuerdo» formal con Inglaterra: Europa necesita de las colonias inglesas para aquella lucha del mismo modo que la Alemania actual, para ejercer su nuevo papel de mediador y agente, necesita de las colonias holandesas. A decir verdad, nadie cree ya que la misma Inglaterra sea suficientemente fuerte para seguir representando su antiguo papel durante más de cincuenta años. Por estas razones, es imposible excluir del gobierno de la tierra a los hominis novi [hombres nuevos], y no tiene que haber ningún cambio de partidos para que semejantes cosas duraderas — — — Entretanto, hoy se ha de ser un soldado para no perder el crédito como comerciante. En esto, como en otras cosas, es suficiente que el próximo siglo encuentre las huellas de Napoleón, el primer y más anticipador hombre de nuestro tiempo.
La clase de «opinión pública» y de parlamentarismo actuales son organizaciones inadecuadas para la misión de los próximos siglos.

10
N.B. Contra lo ario y lo semítico.
Donde se mezclan las razas está el origen de una gran cultura.

11
me parece cada vez más que no somos suficientemente superficiales y cándidos para ayudar a ese patrioterismo hidalgo brandenburgués y cantar a coro su consigna embrutecedora «Alemania, Alemania por encima de todo»

12
El interés exclusivo que hoy se presta en Alemania a la cuestión del poder, del comercio y de las costumbres, y, como última cosa buena, de la «buena vida»; el ascenso de la estupidez parlamentaria, de los lectores de periódicos, del parlotear literario de cualquiera sobre todo; la admiración hacia un hombre de Estado que incluso sabe demasiado de filosofía y defiende (como si fuera un campesino o un estudiante de asociación) y cree hacer «aceptable» al gusto alemán (o a su conciencia) su temeraria y brutal política del instante por medio de una vetusta parafernalia de legitimismo y realismo; todo esto tiene su origen en el inquietante y a menudo fascinante año de 1815. Entonces, súbitamente, la noche se cernió sobre el espíritu alemán, que hasta ese momento había tenido un largo día gozoso. La patria, la frontera, el terruño, el antepasado: toda clase de estrechez de miras comenzó de repente a hacer valer sus derechos. En aquella época despertó la reacción y la congoja, el miedo al espíritu alemán, algo consecuente con el liberalismo y el revolucionarismo y toda la fiebre política (se comprende esta consecuencia). Desde entonces (desde la politización), Alemania perdió el liderazgo espiritual de Europa: y ahora sale bien a los alemanes, los mediocres ingleses — — —

13
Lo que todavía es joven y camina sobre débiles piernas grita siempre muy alto, pues se cae con mucha frecuencia. Por ejemplo, el «patriotismo» en la Europa actual, el «amor a la patria», que es sólo un niño. ¡No se debe tomar en serio a los pequeños chillones!

14
La locura nacionalista y la torpeza patriótica no tienen para mí ningún atractivo. «Alemania, Alemania por encima de todo» suena horrible a mis oídos, porque en el fondo quiero y deseo más de los alemanes. Su primer hombre de Estado, en cuya cabeza cuadra el buen fondo de legitimismo y cristianismo con una brutal política del instante, que no ha hablado de filosofía más que un campesino o un estudiante de asociación, suscita mi curiosidad irónica. Incluso me parece útil que haya algunos alemanes que han permanecido indiferentes ante el R((eich alemán)), ni siquiera como espectadores, sino como los que apartan la vista. ¿Adónde miran, pues? Hay cosas más importantes respecto a las cuales estas cuestiones ocupan un segundo plano: por ejemplo, la creciente ascensión del hombre democrático, el embrutecimiento, condicionado por tal motivo, de Europa y el empequeñecimiento del hombre europeo.

15
la area [era] de Bismarck (la area del embrutecimiento alemán)
de tales suelos pantanosos también crecen, a buen precio, las genuinas plantas pantanosas, por ejemplo, los a((ntisemitas))

16
ser nacional, en el sentido y grado en que hoy es exigido por la opinión pública, me parece que sería para nosotros, hombres más espirituales, no sólo un absurdo, sino una deslealtad, un aturdimiento despótico de nuestros mejores saberes y conciencias.

17
El amor a la patria es en Europa algo joven y se sostiene sobre débiles piernas: ¡se cae frecuentemente! Uno no se debe dejar engañar por el ruido que hace: ningún niño grita tan alto.

18
Máxima: no tratar a ningún hombre que participe en la charlatanería mentirosa de las razas.
(¡Cuánta mendacidad y agua pantanosa se necesita para agitar la cuestión racial en la actual E((uropa)) mezclada!)

19
Crítica del patrioterismo: quien siente valores que considera cien veces más elevados que el bienestar de la «patria», de la sociedad del parentesco de sangre y raza —valores que están más allá de las patrias y las razas, por lo tanto valores internacionales—, se convierte en un hipócrita cuando quiere jugar a «patriota». Esto es una bajeza del hombre y del alma que soporta el odio nacional (o lo admira mucho y lo venera). Las familias dinásticas se benefician de este tipo de hombre, y otra vez existen bastantes clases comerciales y sociales (también, naturalmente, esos bufones venales, los artistas) que, cuando este agua fuerte nacional obtiene el poder, salen ganando con su promoción. De hecho, una especie inferior consigue la supremacía — — —

20
El otro día me ha escrito un tal señor Theodor Fritsch[3] de Leipzig. No hay banda más sinvergüenza y estúpida en Alemania que estos antisemitas. En agradecimiento, le he respondido por carta mandándole un puntapié conveniente. Esta chusma se atreve a mentar el nombre de Z((aratustra)). ¡Asco!, ¡asco!, ¡asco!

21
Es antisemita, vulgar, de canaille [canalla] grosera, que oculten su envidia de la prudencia en los negocios de los judíos bajo fórmulas morales.

22
La apariencia hipócrita ha encubierto a todas las organizaciones burguesas, como si fueran productos de la moralidad…; por ejemplo, el matrimonio, el trabajo, la profesión, la patria, la familia, el orden, el derecho. Pero todas ellas se han fundado sobre el tipo humano más mediocre para protegerse de la excepción y de las necesidades de la excepción, de modo que, siempre que aquí se mienta mucho, se tienen que encontrar gangas.

23
¡Un poco de aire puro! ¡Esta situación absurda en la que se encuentra Europa no debe durar más tiempo! ¿Hay algún pensamiento bajo este nacionalismo de vacas? ¿Qué valor podría tener hoy, donde todo apunta a los intereses más amplios y comunes, donde todo incita a este mezquino amor propio?... ¡Y esto se llama Estado «cristiano»! ¡Y en la proximidad de las altas esferas se encuentra la canalla de predicadores de la corte[4]! Y el «nuevo Reich», fundado otra vez sobre la idea más usada y despreciable, sobre la igualdad de derechos y de voto…
¡Y esto en una situación en la que salta a la vista la dependencia espiritual y la desnacionalización, y en la que el valor y el sentido verdaderos de la cultura actual descansan en un fundirse y fecundarse recíproco!
Llega necesariamente la unificación económica de Europa, y asimismo, como reacción, el partido de la paz
La lucha por la supremacía dentro de una situación que no vale nada: esta cultura de las grandes urbes, de los periódicos, de la fiebre y de la «inutilidad».

24

El Estado o la inmoralidad organizada…
en el interior: como policía, derecho penal, estamentos, comercio, familia
en el exterior: como voluntad de poder, de guerra, de conquista, de venganza
¿cómo se logra que una gran muchedumbre haga cosas a las que nunca se prestaría el individuo?
- a través de la descomposición de la responsabilidad
- de las órdenes y su ejecución
- a través de la interposición de las virtudes de la obediencia, del deber, del amor a la patria y al príncipe
la conservación del orgullo, de la dureza, de la fuerza, del odio, de la venganza; dicho brevemente: de todos los rasgos típicos que contradicen al tipo del rebaño…
Los recursos para hacer posible acciones, reglas, afectos, que, medidos individualmente, no son «permitidos», y tampoco son «agradables»
- el arte de «hacerlas presentables», de permitirnos entrar en tales mundos «extraños»
- el historiador muestra la clase de justicia y de razón que tienen; los viajes; el exotismo; la psicología; el derecho penal; el manicomio; el criminal; la sociología
- la «impersonalidad»: con ella nos permitimos como medios de un ser colectivo estos afectos y acciones (colegio de jueces, jurado, ciudadano, soldado, ministro, príncipe, sociedad, «crítico»)… tenemos el sentimiento de que hacemos un sacrificio
La conservación de un Estado militar es el último de todos los medios para recoger la gran tradición, para mantener el tipo de hombre superior, el tipo fuerte. Y todos los conceptos que perpetúan la hostilidad y la jerarquía del Estado deben sancionarse en función de aquello…
por ejemplo, el nacionalismo, el proteccionismo, — — —



Introducción, selección y traducción del alemán de José Emilio Esteban Enguita

Archipiélago
CUADERNOS DE CRÍTICA DE LA CULTURA

Nº 40 / 2000 FEBRERO-MARZO


NOTAS

[1] Cfr. F. Nietzsche,  Ecce Homo, «El caso Wagner», &2.
[2] Cfr. F. Nietzsche,  Más allá del bien y del mal, &44.
[3] Theodor Fritsch, escritor de libelos antisemitas, editó la Correspondencia antisemita y fue el compilador del Manual sobre la cuestión judía (1887). Frecuentó el trato con Bernhard Föster, marido de la hermana de Nietzsche. Nietzsche le escribió dos cartas criticando sin contemplaciones su antisemitismo, y, por esta razón, Fritsch le atacó públicamente con dureza.
[4] Alusión al pastor antisemita Adolf Stocker.


domingo, 2 de diciembre de 2012

El temor al pensamiento libre

Bertrand Russell

El ser humano teme al pensamiento más de lo que teme a cualquier otra cosa del mundo; más que la ruina, incluso más que la muerte.

El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible. El pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cómodas; el pensamiento es anárquico y fuera de la ley, indiferente a la autoridad, descuidado con la sabiduría del pasado.

Pero si el pensamiento ha de ser posesión de muchos, no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habérnoslas con el miedo. Es el miedo el que detiene al ser humano, miedo de que sus creencias entrañables no vayan a resultar ilusiones, miedo de que las instituciones con las que vive no vayan a resultar dañinas, miedo de que ellos mismos no vayan a resultar menos dignos de respeto de lo que habían supuesto.

¿Va a pensar libremente el trabajador sobre la propiedad? Entonces, ¿qué será de nosotros, los ricos? ¿Van a pensar libremente los muchachos y las muchachas jóvenes sobre el sexo? Entonces, ¿qué será de la moralidad? ¿Van a pensar libremente los soldados sobre la guerra? Entonces, ¿qué será de la disciplina militar?

¡Fuera el pensamiento!

¡Volvamos a los fantasmas del prejuicio, no vayan a estar la propiedad, la moral y la guerra en peligro!

Es mejor que los seres humanos sean estúpidos, amorfos y tiránicos, antes de que sus pensamientos sean libres. Puesto que si sus pensamientos fueran libres, seguramente no pensarían como nosotros. Y este desastre debe evitarse a toda costa.

Así arguyen los enemigos del pensamiento en las profundidades inconscientes de sus almas. Y así actúan en las iglesias, escuelas y universidades.

Principios de reconstrucción social
(1916)


Free Thought de Glen Tarnowski.

sábado, 1 de diciembre de 2012

El abogado Max Turiel desvela las fotos que nunca se han visto en España: «El rey está desnudo»

 27/11/2012

Hans Cristian Andersen escribió en 1837 un cuento titulado El traje nuevo del Emperador. Mucho antes, don Juan Manuel escribió en el siglo XIV El Conde Lucanor, cuyo capítulo 32 se titula «De lo que conoció a un rey con los burladores (pícaros) que hicieron el paño». Escojamos este último por ser menos conocido en el resumen de la Universitat Oberta de Catalunya:

Tres pícaros engañaron a un rey diciéndole que sabían tejer una tela maravillosa, que sólo podía verla aquél que verdaderamente fuera hijo de su padre. El rey quiso conocer el linaje de sus cortesanos, codicioso de confiscar la herencia de los ilegítimos, y ofreció oro y todo lo necesario para que los pícaros confeccionaran la «maravillosa» tela, durante la realización de la cual, debía encerrarse en su palacio. Pararon sus telares los pícaros y, al cabo de unos días, uno de ellos salió para informar al rey cómo estaban haciendo el paño.

El rey, para comprobarlo, envió a su camarero, el cual, sin ver la tela, informó al rey que la había visto. Y así hicieron otros criados y cortesanos que envió a los falsos tejedores. Al final, acude él mismo y, al no ver nada, piensa que puede perder el reino si se descubre que no es hijo legítimo del anterior rey, de modo que continúa la farsa diciendo a todos que la tela es preciosa. Y nadie se atrevía a decir que no la veía.

Un día de una gran celebración, el rey decide vestirse la tela, sus criados hacen como que lo visten y sale a la calle desnudo (menos mal que era verano). Nadie se atreve a decírselo hasta que se cruza con un hombre de color muy pobre que no tiene nada que perder si le dicen que no es hijo de su padre y descubre el engaño al monarca: el Rey está desnudo. Otros dijeron lo mismo y el monarca se percató del engaño. Pero ya es demasiado tarde: «los tres pícaros se han marchado con el oro del rey».


Antonio García Trevijano dijo entonces en los informativos de Radio Libertad Constituyente que estaba cerca el momento en que abuchearían a los miembros de la Casa Real por las calles de España. No se equivocaba, pues los pitos ya se han convertido en una protesta frecuente contra la Monarquía. «En lugar de ser ella la que proporciona autoridad moral al Gobierno, es la que recibe la autoridad de un partido que la protege, cubre y arropa», decía Trevijano. El pasado mes de mayo, Diario RC publicaba esta noticia bajo el titular: «La Corona necesita ser arropada por los partidos».

Hoy ya todo el mundo sabe que el rey está desnudo. Su cacería de elefantes en Bostwana lo ha desprendido de sus ropas y ha dejado al descubierto su vida disoluta y su inmensa fortuna, amasada en la oscuridad de las comisiones fraudulentas en el petróleo o las armas y está casi toda fuera de España. Pero hay una diferencia con respecto a su prima etapa de reinado: hoy la censura en Internet es más difícil.

El 17 de mayo de 1995, la periodista de El País, Karmentxu Marín escribía desde Roma que «el rey de España aparece desnudo, llevándose todo el sol, al parecer malagueño, desde la cubierta del yate Fortuna —del que se ve el nombre y la bandera con la corona real— en unas fotografías que publica la revista sensacionalista, italiana Novella 2000, que en portada da una de las imágenes, señala que es la primera vez que un monarca sale de esa guisa y lo anuncia como exclusiva mundial».

«Don Juan Carlos, sin una marca de bañador, como un habitual del sol integral, enseña lo que la revista llama "Las más escondidas joyas de la Corona española", y entona el himno al naturismo cubriendo tan sólo su real cabeza con un gorrito blanco de pescador. Cuatro fotografías, que dejan ver el anverso y el reverso, la cara y la cruz del Monarca, del que Novella 2000 loa el físico enjuto y longilíneo, a la vez que recuerda su pasión por el deporte», concluía la periodista.

Y en efecto, bajo el título interior de ‘El Rey está desnudo’, figuraban dos subtítulos para las fotografías: el primero le rebajaba un poco de rango, «¡Olé!: he aquí a su Alteza Real»; el segundo, sin cortarse nada, lo define como «Un gran pedazo de hombre». Novella 2000, que databa el texto en Málaga, a la salida de cuyo puerto el Rey, «repanchigado en el puente del yate Fortuna, en espléndida soledad, [...] ofrece las reales rotundeces a los besos del sol», como dice con toque poético, comenta el hecho de que don Juan Carlos sólo lleve cubierta la zona de la corona como un relax tras el estrés de la boda de la infanta Elena, y recordaba que ya fueron pillados en situación semejante príncipes de sangre real, como Alberto de Mónaco o Carlos y Andrés de Inglaterra, pero nunca un soberano reinante.


La revista no aludía a que las reales porretas no son sino continuación de las que su abuelo, Alfonso XIII, se dejó inmortalizar por el fotógrafo Campúa cuando visitó Las Hurdes con el doctor Marañón. El gabinete de prensa de la Zarzuela no hizo ningún comentario. Fuentes de la Zarzuela señalaron a la agencia Servimedia: «Desconocemos la publicación, por lo tanto es difícil hacer cualquier tipo de consideración».

Hoy el abogado Max Turiel hace públicas en DRC las fotografías por vez primera en España, pues el texto de Karmentxu Marín no llevaba imagen alguna. Después las publicó la revista Oggi, pues estaban vedadas en España. Y hoy, 17 años después, se puede proclamar en España ya sin temor que «el rey está desnudo».


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