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domingo, 5 de junio de 2022

Otra vez sobre «anarquistas» que olvidan los principios

 

La sección de la Asociación Internacional de Trabajadores en la región de Rusia llama a boicotear a los provocadores y estafadores que se esconden detrás del nombre de «anarquistas» y denuncian a los activistas de nuestra organización.

Nuestra posición contra la guerra librada por las oligarquías capitalistas por la repartición del «espacio postsoviético» es recibida con comprensión y apoyo por parte de anarquistas internacionalistas en Ucrania, Moldavia y Lituania, con quienes mantenemos contactos.

Pero desde el comienzo mismo de la guerra ruso-ucraniana, los llamados «anarquistas», que abandonaron la tradicional posición anarquista internacionalista de derrotar a todos los Estados y naciones y apoyan a una de las partes en conflicto, lanzaron una campaña de calumnias contra nuestra organización.

Por ejemplo, los exanarquistas Anatoly Dubovik y Olexandr Kolchenko que viven en Ucrania han publicado los nombres y direcciones de nuestros activistas en Internet abierto. El primero de ellos escribió el texto correspondiente, y el segundo le dio su cuenta de Facebook para que lo publicara y lo aprobara. El pretexto fue que nuestra organización adopta una posición internacionalista consecuente y condena tanto la invasión rusa de Ucrania como el nacionalismo ucraniano y la política expansionista del bloque de la OTAN.

Los Sres. Dubovik y Kolchenko intentaron desvergonzadamente y con desfachatez calumniar a la nuestra sección de la AIT, sin ninguna razón tratando de atribuirnos una posición en defensa del Kremlin. Al mismo tiempo, admiten que estamos pidiendo a los soldados ucranianos y rusos que se nieguen a luchar.

¡Esto último significa que estos anarquistas imaginarios, al publicar las direcciones de los activistas contra la guerra ubicados en Rusia, están incitando directamente a los servicios secretos rusos y a los matones nacionalistas contra ellos, como oponentes a la guerra, para tratar con ellos con sus manos! En las condiciones de hostigamiento, despidos, amenazas y represalias físicas constantes contra personas de mentalidad antimilitarista en Rusia, tales acciones equivalen a una denuncia real con una indicación directa de a quién deben dirigir su atención las fuerzas represivas.

Una vez más, los nacionalistas de ambos lados del frente, siguiendo la lógica de «quien no está con nosotros está contra nosotros», están listos para destruir juntos a sus principales oponentes: los internacionalistas que se niegan a elegir entre los estados en guerra y las camarillas burguesas, entre la peste y el cólera.

Los anarquistas de todo el mundo deberían ser conscientes de los actos vergonzosos de los provocadores-informantes y negarse de una vez por todas a tener nada que ver con ellos, echándolos para siempre del entorno anarquista y enviándolos a sus patrocinadores y amos de los servicios secretos y la policía secreta.

La declaracion fue aprobada por la mayoría de militantes de la KRAS-AIT

 

sábado, 12 de marzo de 2022

Ucrania: todo estaba escrito en el plan de la ‎RAND Corporation

 Si nos detenemos a analizar con la cabeza fría la angustiosa situación actual, llegamos ‎forzosamente a la conclusión de que, aunque Moscú inició los combates, adelantándose así ‎a la ofensiva que Kiev había preparado en secreto contra el Donbass, en realidad ‎la guerra en Ucrania no es una iniciativa imputable a Rusia. Lo que hoy sucede ‎en Ucrania estaba planificado desde 2019 y así lo demuestra el plan de la RAND ‎Corporation presentado en la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos el 5 de ‎septiembre de 2019.‎

 Por MANLIO DINUCCI

El plan estratégico de Estados Unidos contra Rusia fue elaborado por la RAND Corporation hace ‎‎3 años.‎

La RAND Corporation, cuyo cuartel general está ubicado en Washington, es una «organización ‎mundial de investigación que desarrolla soluciones para los desafíos políticos» y dispone de un ‎verdadero ejército que cuenta 1.800 investigadores y otros especialistas reclutados en 50 países. ‎Los miembros de ese personal hablan 75 idiomas y están distribuidos en oficinas y otras sedes ‎secundarias en Norteamérica, Europa, Australia y la región del Golfo Pérsico. La RAND ‎Corporation tiene personal estadounidense en más de 25 países. ‎

La RAND Corporation, que se autocalifica como una «organización no lucrativa y no partidista», ‎está oficialmente financiada por el Pentágono, el US Army [las fuerzas terrestres de ‎Estados Unidos], la US Air Force [la fuerzas aérea de Estados Unidos] y la «comunidad de ‎inteligencia» estadounidense [las llamadas «agencias de seguridad nacional», como la CIA] y ‎por poderosas organizaciones 'no gubernamentales' [las ONG's]. ‎

La RAND Corporation se jacta de haber contribuido a elaborar la estrategia que permitió a ‎Estados Unidos salir de la guerra fría como vencedor, forzando la Unión Soviética a dedicar ‎cuantiosos recursos al extenuante enfrentamiento militar. Ese es el modo de acción que inspira ‎el nuevo plan concebido contra Rusia en 2019 y presentado bajo el título «Overextending and ‎Unbalancing Russia», que plantea como estrategia imponer a Rusia un despliegue excesivo para ‎desequilibrarla y destruirla. Esas son las líneas directivas fundamentales que se exponen en el plan ‎de la RAND Corporation y en ese sentido ha venido actuando Estados Unidos durante los últimos ‎años. ‎

Ese plan estipula que, ante todo, Rusia debe ser atacada por su flanco más vulnerable: su ‎economía fuertemente dependiente de la exportación de gas y petróleo. Para ello se recurre a ‎las sanciones comerciales y financieras y, al mismo tiempo, se busca lograr que Europa occidental disminuya ‎su importación de gas ruso, reemplazándolo por el gas natural licuado (GNL) estadounidense. ‎

En el plano ideológico e informativo se estimulan las protestas internas en Rusia mientras que ‎se busca socavar la imagen de ese país en el exterior. En el plano militar, se maniobra para que ‎los países europeos miembros de la OTAN aumenten sus presupuestos de defensa dirigiéndolos ‎contra Rusia. ‎

De esa manera, Estados Unidos multiplica sus posibilidades de éxito, al mismo tiempo que sus ‎ganancias, con riesgos moderados e invirtiendo principalmente en bombarderos estratégicos y ‎misiles de largo alcance dirigidos contra Rusia. El despliegue en Europa de nuevos misiles ‎nucleares de alcance intermedio garantiza altas probabilidades de éxito pero también implica grandes riesgos. ‎

Calibrando cada opción para obtener el efecto deseado —concluye la RAND Corporation— Rusia ‎tendrá que pagar el más alto precio en la confrontación con Estados Unidos… pero el mismo Estados Unidos y sus aliados se verán obligados a invertir grandes recursos que tendrán que sustraer a otros ‎objetivos. ‎

En el marco de toda esa estrategia, la RAND Corporation preveía —en 2019— que «proporcionar a ‎Ucrania ayudas letales explotaría el punto más importante de vulnerabilidad externa de Rusia, pero ‎todo aumento de las armas y de la consejería militar que Estados Unidos proporcione a Ucrania ‎tendría que ser metódicamente calibrado para imponer costos a Rusia sin provocar un conflicto ‎mucho más amplio en el cual Rusia, a causa de la proximidad, tendría ventajas significativas». ‎

Es precisamente ahí, en lo que la RAND Corporation llama «el punto más importante de ‎vulnerabilidad externa de Rusia» que se podría explotar armando a Ucrania de manera ‎‎«calibrada para imponer costos a Rusia sin provocar un conflicto mucho más amplio», donde ‎se ha producido la ruptura. ‎

Atrapada en una tenaza política, económica y militar que Estados Unidos y la OTAN cerraban ‎cada vez más —lo cual hacían ignorando las repetidas advertencias y propuestas de negociaciones ‎emitidas por Moscú—, Rusia reaccionó finalmente emprendiendo la operación militar que ya ‎ha destruido en Ucrania más de 2.000 estructuras militares erigidas y controladas en realidad ‎no por los gobernantes de Kiev sino por los mandos de Estados Unidos y la OTAN. ‎

El artículo que, hace 3 años, presentaba el plan de la RAND Corporation terminaba con la ‎siguiente frase: ‎

«Las “opciones” previstas en el plan en realidad son sólo variantes de la misma ‎estrategia de guerra, cuyo precio en términos de sacrificios y de riesgos pagamos todos.»‎

El hecho es que quienes estamos pagando ese precio somos nosotros, los pueblos europeos. Y ‎seguiremos pagándolo —cada vez más caro— si seguimos aceptando el papel de peones ‎sacrificados en la estrategia de Estados Unidos y la OTAN. 

RED VOLTAIRE
10 marzo 2022

domingo, 27 de febrero de 2022

¡No a la guerra! (KRAS-AIT)

 

DECLARACIÓN DE LA SECCIÓN RUSA DE AIT

La guerra ha comenzado.

Lo que temían, lo que advirtieron, lo que no querían creer, pero lo que era inevitable, sucedió. Las élites gobernantes de Rusia y Ucrania, instigadas y provocadas por el capital mundial, ávidas de poder e infladas con miles de millones robados a los trabajadores, se luchan en una batalla mortal. Su sed de ganancias y dominación ahora paga con su sangre la gente común, como nosotros.

El primer tiro lo disparó el más fuerte, depredador y arrogante de los bandidos: el Kremlin. Pero, como siempre sucede en los conflictos imperialistas, detrás de la causa inmediata se esconde toda una maraña de razones asquerosamente hediondas: esta es la lucha internacional por los mercados del gas, y el afán de las autoridades de todos los países por desviar la atención de la población de la tiranía, de las dictaduras «sanitarias», la lucha de las clases dominantes de los países de la antigua Unión Soviética por la división y redistribución del «espacio postsoviético», las contradicciones globales a mayor escala, y la lucha por la dominación mundial entre la OTAN —dirigida por EEUU— y China desafiando a la vieja potencia hegemónica y sujetando a su carro a su «hermano pequeño» en el Kremlin. Hoy estas contradicciones dan lugar a guerras locales. Mañana amenaza con convertirse en una Tercera Guerra Mundial entre imperialismos.

Cualquiera que sea la retórica «humanista», nacionalista, militarista, histórica o de cualquier otra índole que justifique el actual conflicto, detrás de él solo están los intereses de quienes detentan el poder político, económico y militar. Para nosotros, trabajadores, jubilados, estudiantes, sólo trae sufrimiento, sangre y muerte. El bombardeo de ciudades pacíficas, los bombardeos, la matanza de personas no tienen justificación.

Exigimos el cese inmediato de las hostilidades y la retirada de todas las tropas a las fronteras que existían antes del inicio de la guerra.

Hacemos un llamamiento a los soldados enviados a combatir a que no se disparen entre ellos y más aún a que no abran fuego contra la población civil.

Les instamos a que se nieguen en masa a cumplir las órdenes criminales de sus comandantes.

¡PARAR ESTA GUERRA!

¡BAYONETA AL SUELO!

Llamamos a la gente en la retaguardia a ambos lados del frente, a los trabajadores de Rusia y Ucrania a no apoyar esta guerra, no ayudarla, al contrario, ¡resistirla con todas sus fuerzas!

¡No vayas a la guerra!

¡Ni un solo rublo, ni una sola grivna de nuestros bolsillos para la guerra!

¡Haced huelgas contra esta guerra si podemos!

Algún día, cuando tengan suficiente fuerza, los trabajadores de Rusia y Ucrania exigirán la completa responsabilidad de todos los oligarcas y políticos engreídos que entre nosotros nos enfrentan.

Recordamos:

¡NO A LA GUERRA ENTRE LOS TRABAJADORES DE RUSIA Y UCRANIA!

¡NO HAY PAZ ENTRE CLASES!

¡PAZ A LOS HOGARES - GUERRA A LOS PALACIOS!

KRAS-AIT

jueves, 31 de octubre de 2019

La caída del gobierno Kerenski, la victoria del partido bolchevique


Por VOLIN

A partir del 17 de octubre (30 de octubre, según el calendario actual), el desenlace se aproxima. Las masas están prestas para una nueva revolución, como lo prueban los levantamientos espontáneos desde julio, el ya citado de Petrogrado y los de Kaluga y Kazán y otros del pueblo y de tropas, en diversos puntos.

El partido bolchevique se ve, entonces, ante la posibilidad de apoyarse sobre dos fuerzas efectivas: la confianza de gran parte del pueblo y una fuerte mayoría del ejército. Así pasa a la acción y prepara febrilmente su batalla decisiva. Su agitación produce efervescencia. Ultima los detalles de la formación de cuadros obreros y militares. Organiza también, definitivamente, sus propios equipos, y redacta la lista eventual del nuevo gobierno bolchevique, con Lenin a la cabeza, quien vigila los acontecimientos de cerca y transmite sus últimas instrucciones. Trotski, el activo brazo derecho de Lenin, llegado hacía varios meses de Norteamérica, donde residió desde su evasión de Siberia, participará en puesto destacado.

Los socialistas revolucionarios de izquierda actúan de acuerdo con los bolcheviques. Los anarcosindicalistas y los anarquistas, poco numerosos y mal organizados, pero muy activos también, haciendo todo lo que pueden para sostener y alentar la lucha contra Kerenski, no por la conquista del poder, sino por la organización y la colaboración libres.

Conocidas la extrema debilidad del Gobierno Kerenski y la simpatía de una aplastante mayoría popular, con el apoyo activo de la flota de Kronstadt, siempre a la vanguardia de la revolución, y de gran parte de las tropas de Petrogrado, el Comité Central del partido bolchevique fijó la insurrección para el día 25 de octubre (7 de noviembre). El Congreso Panruso de los Soviets fue convocado para la misma fecha.

Los miembros del Comité Central estaban convencidos de que este congreso de mayoría bolchevique y obediente a las directivas del partido debía proclamar y apoyar la revolución y reunir todas las fuerzas para hacer frente a la resistencia de Kerenski. La insurrección se produjo el día señalado por la tarde. Y, simultáneamente, el congreso de soviets se reunió en Petrogrado. No hubo combates en las calles ni se levantaron barricadas.

Abandonado por todo el mundo, el gobierno Kerenski, asido a verdaderas quimeras, permanecía en el Palacio de Invierno, defendido por un batallón seleccionado, otro compuesto de mujeres y algunos jóvenes oficiales aspirantes.

Tropas bolcheviques, de acuerdo con un plan establecido en el Congreso de soviets y el Comité Central del partido, cercaron el palacio y atacaron sus defensas. La acción fue sostenida por naves de guerra de la flota del Báltico, de Kronstadt, alineadas sobre el río Neva, con el crucero Aurora. Después de una breve escaramuza y algunos disparos de cañón desde el crucero, las tropas bolcheviques se apoderaron del palacio. Kerenski había huido. Los demás miembros de su gobierno fueron arrestados.

Así, en Petrogrado la insurrección se limitó a una pequeña operación militar, conducida por el partido bolchevique. Habiendo quedado vacante el gobierno, el Comité Central del partido se instaló como vencedor en aquella revolución de palacio.

Kerenski intentó marchar sobre Petrogrado con algunas tropas sacadas del frente de guerra, cosacos y la división caucasiana, pero fracasó por la vigorosa intervención armada de los obreros de la capital y, sobre todo y una vez más, por los marinos de Kronstadt, llegados precipitadamente a prestar ayuda. En una batalla cerca de Gatchina, en los alrededores de Petrogrado, una parte de las tropas de Kerenski fue derrotada y la otra se pasó al campo revolucionario. Kerenski pudo salvarse en el extranjero.

En Moscú y otras partes la toma del poder por el partido bolchevique se efectuó con menos facilidad. Moscú vivió días de combates encarnizados entre las fuerzas revolucionarias y las de la reacción, que dejaron muchas víctimas. Numerosos barrios de la ciudad resultaron muy dañados por el fuego de la artillería. Finalmente, la revolución la ocupó. En otras ciudades, igualmente la victoria costó violentas luchas.

El campo, en general, permaneció casi indiferente. Los campesinos estaban muy absorbidos por sus preocupaciones locales: desde hacía mucho tiempo se preocupaban en resolver por sí mismos el problema agrario; no temían el poder de los bolcheviques. Puesto que tenían la tierra y no temían el retorno de los señores, estaban bastante satisfechos y eran indiferentes ante los defensores del trono. No esperaban nada malo de los bolcheviques, ya que se decía que éstos querían terminar la guerra, lo cual les parecía justo. No tenían, pues, ningún motivo para desconfiar de la nueva revolución.

La manera cómo ésta se cumplió ilustra sobre la inutilidad de una lucha por el poder político. Si éste es sostenido por una gran mayoría y, sobre todo, por el ejército, no es posible abatirlo. Y si es abandonado por la mayoría y por el ejército, que es lo que se produce en el momento de una verdadera revolución, entonces tampoco vale la pena dedicarse a él especialmente. Ante el pueblo armado se derrumba solo. Hay que abandonar el poder político para ocuparse del poder real de la revolución, de sus inagotables fuerzas potenciales, de su irresistible impulso, de los inmensos horizontes que abre, de todas las enormes posibilidades que contiene en su seno.

En muchas regiones, la victoria de los bolcheviques no fue completa, particularmente en el Este y en el Mediodía. Movimientos contrarrevolucionarios se perfilaron muy pronto y se extendieron hasta una verdadera guerra civil que duró hasta fines del año 1921.

Uno de esos movimientos, dirigido por el general Denikin, en 1919, fue sumamente peligroso para el poder bolchevique. Partiendo de los confines de Rusia meridional, región del Don, Kuban, Ucrania, Crimea, Cáucaso, el ejército de Denikin arribó, en el verano de 1919, casi hasta las puertas de Moscú. Explicaremos más adelante los elementos que le otorgaron tanta fuerza a ese movimiento, así como el modo como este peligro inminente pudo ser evitado, una vez más al margen del poder político bolchevique.

Muy peligroso fue asimismo el levantamiento desencadenado más tarde por el general Wrangel en los mismos parajes, después de haber sido ahogado el dirigido militarmente por el almirante Kolchak en el Este. Las otras rebeliones contrarrevolucionarias fueron de menor importancia.

La mayor parte de estos intentos fueron, en parte, sostenidos y alimentados por intervenciones extranjeras. Algunos han sido patrocinados y hasta políticamente dirigidos por los socialistas revolucionarios moderados y los mencheviques.

El poder bolchevique debió sostener una lucha larga y difícil: primero, contra sus ex colaboradores, los socialistas revolucionarios de izquierda, y segundo, contra las tendencias y el movimiento anarquistas. Ambos combatieron a los bolcheviques, en nombre de la «verdadera revolución social», traicionada, a su entender, por el partido bolchevique en el poder.

El nacimiento y, sobre todo, la amplitud y el vigor de los ataques contrarrevolucionarios fueron el resultado fatal de la deficiencia del poder bolchevique, de su impotencia para organizar la nueva vida económica y social. Ya veremos cuál ha sido la evolución real de la revolución de octubre, y cómo el nuevo poder supo, finalmente, mantenerse, imponerse, dominar la tempestad y resolver, a su manera, los problemas de la revolución.

El año 1922, el bolcheviquismo en el poder pudo sentirse definitivamente dueño de la situación y comenzar su momento histórico. La explosión produjo las ruinas del zarismo y del sistema feudal-burgués. Era necesario comenzar a edificar la nueva sociedad.

(Libro I, Tercera Parte, Capítulo V.)

miércoles, 8 de noviembre de 2017

'La Revolución desconocida' de Volin

(CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN RUSA)


En este año se cumple el centenario de uno de los hechos históricos más importantes del pasado siglo XX: la Revolución Rusa de 1917. Y, exactamente, en esta madrugada se asaltaba el Palacio de Invierno de Petrogrado (San Petersburgo-Leningrado) donde fueron detenidos los ministros del Gobierno Provisional, que conllevó a la Revolución de Octubre, fue el inició de la futura Unión Soviética, hasta su hundimiento en 1991. Con la llegada al poder en Rusia de los bolcheviques siguió una durísima guerra civil, los cuales terminaron ganando, y la instauración de una larga dictadura de partido único —rebautizado 'comunista' más tarde—, en nombre de una falsa 'emancipación' de los trabajadores.

A principios del año 1917 Rusia estaba inmersa en la Gran Guerra que asolaba y desangraba Europa, bajo una autocracia cuyo máximo exponente era el zar Nicolás II. El pueblo pasaba hambre y estaba harto de la guerra. En febrero (marzo según el actual calendario gregoriano, ya que entonces el país se guiaba por el anterior calendario juliano, con trece días de retraso) estallaron varias protestas en la capital que supuso el final del zarismo. Esta Revolución de Febrero trajo un régimen parlamentario liberal representado por la Duma, y a su vez los diferentes partidos socialistas (marxistas y populistas) ejercían un contrapoder desde el Soviet de Petrogrado. Este dualismo de poder tuvo consecuencias. El descontento social no amainaba, y los diferentes gobiernos provisionales nunca supieron estar a la altura de las circunstancias. Tras una intentona militar golpista fallida en verano, los revolucionarios fueron adquiriendo más fuerza. Y quienes mejor supieron aprovechar la situación fueron Lenin y sus secuaces en noviembre (octubre, según el viejo calendario).

En estos acontecimientos hubo muchos actores, desde liberales y conservadores, hasta los bolcheviques, pasando por los mencheviques y eseritas o social-revolucionarios. Pero también lo tuvieron los anarquistas. Uno de ellos, Volin, nos lo relató en un libro que escribió poco antes de morir durante su exilio francés, La revolución desconocida. En este libro nos cuenta el papel activo que tuvo el movimiento anarquista ruso; y, en especial, en la última parte, la guerrilla encabezada por libertarios en el sudeste de Ucrania, así como la rebelión de la base naval de Kronstadt que aspiraba a una tercera revolución social.

Hace diez años (desde otro blog) publicamos una primera versión de este poco conocido libro —fuera de los círculos ácratas—, ahora lo reeditamos de nuevo (todavía bajo el nombre del ya inexistente Grupo Anarquizante Stirner, ¡no se cambió en su momento!) para quien lo quiera leer.

Para descargarlo, este es el nuevo enlace:

domingo, 16 de julio de 2017

La otra revolución

Estampa del Ejército Negro.

Por ÍÑIGO BOLINAGA

Al mismo tiempo que en Europa los movimientos revolucionarios se muestran en plena ebullición, dentro de Rusia el Estado soviético tiene que iniciar un repliegue momentáneo para hacer frente a la triple ofensiva blanca que, descoordinada pero coincidente en el tiempo, ha progresado y comienza a amenazar ciudades tan importantes como Petrogrado, que se ve obligada a revivir angustiosos momentos mientras prepara su defensa ante el inminente ataque blanco del general Yudenich. A pesar de haber perdido su capitalidad, Petrogrado seguía siendo la ciudad más próspera y cosmopolita de Rusia. Perderla habría supuesto una auténtica catástrofe para el régimen soviético. Como correspondía a tamaño desafío, el comisario de guerra Trotski asumió personalmente la defensa de Petrogrado, deteniendo el tren para asentarse temporalmente en la vieja capital. Se levantaron barricadas, alambradas, nidos de ametralladora… y se mentalizó a la población civil de que era una obligación apretar los dientes y resistir a la cercana ofensiva de Yudenich. Mostrar el valor y la capacidad de sacrificio de la gran ciudad de Petrogrado. La situación recordaba mucho a la Kornilovschina, y efectivamente, finalizó de una forma muy similar, ya que el general Yudenich no logró pisar suelo urbano. La contención y posterior fracaso de las ofensivas de Kolchak y Denikin liberó a un buen número de soldados del Ejército Rojo, que fueron enviados al norte a repeler la acción de Yudenich, siendo derrotado en los arrabales de la ciudad. La falta de coordinación entre los blancos y el fuerte acoso sufrido por el potente ejército de Denikin a cargo de los nacionalistas ucranianos y los anarquistas de Néstor Majnó fueron definitivos para arruinar la triple ofensiva blanca. Y es que verdaderamente, la aportación del anarquismo en la salvación de aquella joven Rusia soviética no ha sido todavía suficientemente destacada. No es este el lugar para hacer historia-ficción, pero uno no puede evitar preguntarse hasta dónde habrían llegado los ejércitos de Denikin sin la decisiva intervención del Ejército Negro de Majnó; una ayuda que los bolcheviques ni supieron ni quisieron agradecer.

Néstor Majnó en 1919.

El anarquismo era una fuerza muy a tener en cuenta en el conflictivo sureste de Ucrania, donde por aquellos años se fue configurando un territorio autogestionado con centro en la ciudad de Giulai-Polié, cuna del líder ácrata Néstor Majnó. El movimiento autogestionario había surgido al socaire de la revolución de febrero, que en Ucrania se saldó con la declaración de la República Democrática de Ucrania dentro de la república rusa, bajo el gobierno liberal del ya mencionado Simón Petliura. La accidentada independencia ucraniana y la crisis política rusa dejaron sin control efectivo a aquella región, que comenzó a sufrir una serie de levantamientos campesinos cuyas proclamas entremezclaban vulgar rufianería con un elaborado radicalismo social de corte anarquista. El territorio se convirtió en un importante foco de guerrillas rurales aún sin conexión ni objetivos comunes. En noviembre de 1917, el gobierno ucraniano de Petliura declaró unilateralmente la independencia, lo que supuso un mazazo para el Sovnarkom, que no estaba dispuesto a transigir. La independencia fue celebrada por la mayoría de los sectores populares y aún más por la burguesía local que se aseguraba la existencia al desgajarse de la Rusia soviética. Sin embargo, para las guerrillas revolucionarias de la zona de Giulai-Polié, el gobierno de Pletiura y su autoproclamada independencia no significaban nada nuevo: la burguesía y los terratenientes seguían ostentando el mismo poder que antaño y los trabajadores estaban tan sometidos como antes. Así pues, animados por el cercano ejemplo ruso, los guerrilleros anarquistas extendieron sus agresiones contra los terratenientes y propietarios rurales, expropiándoles forzosamente y generándose en la zona una extrema conflictividad social. Como resultará fácil de comprender, cuando el Ejército Rojo hizo su aparición en Ucrania para apoyar a los rojos de Ucrania, las guerrillas anarquistas no hicieron nada para evitarlo. La tromba roja desalojó muy pronto a los de Petliura —Kiev fue ocupado el 25 de enero de 1918—, instaurando una república soviética. En marzo la volvían a perder: por el Tratado de Brest-Litovsl, Ucrania quedaba bajo la órbita de alemanes y austriacos, que entraron como conquistadores. El conservador Pavló Skoropadsky fue proclamado nuevo jefe del gobierno independiente de Ucrania, en realidad un estado títere de los Imperios centrales que no movió un dedo cuando los germanos iniciaron una auténtica política de terror en el campo, específicamente contra las guerrillas anarquistas del sureste. La amenaza alemana convenció a los guerrilleros que era necesario unirse si querían eliminar de una vez por todas al enemigo común que, disfrazado de alemán, austriaco o nacionalista ucraniano, siempre tenía el mismo rostro: la burguesía, la nobleza, el terrateniente, el explotador, el secular enemigo de clase.

Como teórico, hombre de acción y jefe carismático, Néstor Majnó lideró la obra de unificación de las guerrillas, transformándolas en un eficaz conglomerado militar de extracción campesina de más de cuarenta mil efectivos. Los dos pilares sobre los que se asentaba el edificio teórico del Ejército Negro oscilaban entre el odio mortal a todo representante de cualquier tipo de poder —terratenientes, ricos y representantes de las instituciones del Estado, como recaudadores de hacienda o policías— y la creencia casi mística en la posibilidad de crear de la nada una sociedad ideal en la que el igualitarismo, entendido como la supresión de cualquier tipo de jerarquía o dominio del hombre sobre el hombre, sería el camino hacia una felicidad perdurable. Los miembros del Ejército Negro se tomaron su labor como si fueran una suerte de Robin Hoods cuya misión era liberar a los campesinos de todo yugo, darles la tierra y educarles para que la trabajaran de acuerdo a una organización social más justa e igualitaria. Su lucha contra el opresor consistía fundamentalmente en el ataque a poblaciones rurales aún no liberadas, extendiendo así su zona de influencia. Una vez expulsados o eliminados físicamente los terratenientes y sus secuaces, se encargaban de borrar cualquier rastro de autoridad estatal o local, instando a los campesinos a organizarse de forma autónoma siguiendo los postulados de la comuna anarquista. De esta manera llegaron a colectivizarse cientos de aldeas. Los campesinos podían sentirse dueños, en colectividad, de la tierra; la comuna era soberana para hacer lo que considerara oportuno con ella y al ser la producción común, sus beneficios eran repartidos según las necesidades de sus miembros, aunque siempre existió un pequeño margen de tolerancia hacia quienes no deseaban pertenecer a la colectividad. Las comunidades podían decidir libremente sus medios y relaciones de producción y sus intercambios comerciales con otras comunidades, siempre dentro de la idea dominante de igualdad: horizontalidad frente a verticalidad jerárquica. El ejemplo majnovista fue admirado, estudiado e imitado por el enérgico anarquismo español. Varios de sus representantes más conocidos, como Ángel Pestaña o Eusebio Carbó, mantuvieron con el líder ucraniano relaciones epistolares cuando pasaba sus días de exilio en París. A partir del estallido de la Guerra Civil Española (1936-1939), el anarquismo español vio la oportunidad de aplicar sus principios teóricos, recuperando las vivencias y consejos de Majnó. Lo que se ha dado en llamar la Revolución Española no habría sido igual sin el precedente majnovista, aunque al igual que en el caso ucraniano, terminó siendo malograda no por los considerados enemigos de clase, sino por los comunistas.

La Primera Guerra Mundial terminó en noviembre de 1918 con la derrota de las potencias centrales. Esto tuvo consecuencias directas en Ucrania, ya que con la evacuación germano-austriaca también cayó el gobierno títere de Skoropadsky, dejando un vacío de poder que no iban a tardar en llenar los nacionalistas de Petliura. Poco duró la alegría de los liberales ucranianos: el Ejército Rojo intervino nuevamente en Ucrania, forzando un feroz enfrentamiento verdi-rojo del que los anarquistas de Majnó se inhibieron una vez más. La Primera Conferencia de las Colectividades Anarquistas, que se celebró a principios de 1919, aprobó la decisión del Ejército Negro acordando que los asuntos nacionalistas no les interesaban, pero que si éstos salpicaran a la región colectivizada intervendrían en su defensa. Los negros aprobaron una serie de puntos afirmando que no iban a admitir ninguna injerencia externa, ni bolchevique ni de ningún otro tipo, señalando taxativamente las enormes diferencias doctrinales que los separaban de los rojos, entre ellas el rechazo total y completo a la idea de Estado o de jerarquía, la autogestión sin depender de ningún plan superior estatal o centralizado y el repudio de la dictadura del proletariado.

El cuarto elemento en discordia tuvo la virtud de lograr que los negros superasen sus reticencias para con los rojos, acordando una alianza puntual. Las fuerzas blancas del general Denikin avanzaban por Ucrania con una fiereza desatada, reinstaurando a los terratenientes en sus tierras y transformando los campos y aldeas en hogueras rodeadas de improvisadas horcas en las que se colgaban los cuerpos de campesinos ejecutados. La actitud de los blancos los enfrentó directamente con las fuerzas negras, cuya participación fue decisiva para que, más tarde, cuando las tropas de Denikin se enfrentaron al Ejército Rojo, presentaran una capacidad militar muy mermada. Los rojos y los negros habían pactado una serie de acciones conjuntas y una alianza temporal contra el enemigo común cuya validez finalizó tras la derrota de Denikin.

Los generales blancos Yudenich.
Kolchak y Denikin.

El descalabro de los ejércitos de Denikin, Yudenich y Kolchak alejó definitivamente la posibilidad de involución en Rusia. A partir de 1920 se considera que, a efectos prácticos, la guerra civil rusa ha terminado, aunque pequeños escarceos blancos continuaron embistiendo a los rojos en los márgenes de las fronteras soviéticas hasta el año 1922, más como un estorbo permanente que como una amenaza real. En 1920 el Ejército Rojo se había convertido en un gigante militar de cinco millones de soldados contra el que ni blancos, ni por supuesto los mucho más limitados verdes o negros, podían pretender dañar. Obviamente, seguía siendo un contingente bisoño al que le costó tres años ocupar y controlar todo el territorio ruso, una ineficacia clamorosa si se le compara con los curtidos ejércitos occidentales, mucho más preparados. No obstante, el Ejército Rojo había nacido ganando. Su primera victoria había sido obtenida en una guerra de primera magnitud en cuanto que estaba en juego la supervivencia de la revolución, lo que le había obligado a combatir aún inmaduro; no como ejército formado, sino en construcción. Y había ganado. A partir de entonces, el ejército se convirtió en el sostén y el orgullo del régimen, en la vanguardia revolucionaria que implantó el comunismo hasta el último rincón de la antigua Rusia de los zares. De la mano del cañón, los ideales revolucionarios se fueron expandiendo e implantando en zonas que hasta entonces habían quedado al margen del núcleo revolucionario original, asentando definitivamente el poder de los soviets en toda la geografía rusa.

Una vez derrotados los principales regimientos blancos, el Ejército Rojo lanzó una fuerte ofensiva sobre Ucrania, donde los polacos se habían unido a la ensalada de color con intención de ensanchar sus fronteras. Los bolcheviques solicitaron nuevamente el apoyo del Ejército Negro, que habría de ser incluido dentro de las estructuras militares comunistas como cuerpo de ejército, a lo que los de Majnó se opusieron tercamente. Comenzó así una guerra a psicológica en la que los anarquistas poco tenían que ganar. Apoyados en su potencia mediática, el Sovnarkom desplegó una amplia campaña de desprestigio contra los majnovistas, que fueron tratados de bandidos y asesinos. Mientras tanto, comenzaba la guerra polaco-soviética sin participación de los anarquistas ucranianos; un conflicto que comenzó con un poderoso avance polaco que pronto fue neutralizado por un contraataque soviético que estuvo a punto de tomar Varsovia. La paz se firmó en marzo de 1921, sancionando el reconocimiento mutuo de las fronteras de ambos estados y la absorción de la mayor parte de la Ucrania histórica dentro de la esfera de influencia de la RSFSR.

Bandera majnovista con lema revolucionario.

En octubre de 1920, aprovechando la guerra polaco-soviética, el general Wrangel lanzó desde Crimea la última y desesperada ofensiva blanca a la cabeza de los restos del ejército destrozado de Denikin. El inesperado movimiento blanco obligó a un nuevo acercamiento rojinegro que desembocó, tras muchas controversias y discusiones, en un acuerdo de colaboración militar. La unión entre ambas fuerzas de izquierdas logró derrotar a las fuerzas de Wrangel, liquidando así el último conato reaccionario militarmente organizado. La guerra civil se cerraba definitivamente con un saldo de cinco millones de muertos y pequeñas hemorragias que se mantendrían hasta 1922 y que en Ucrania tuvo uno de sus escenarios más dantescos. Libres de cualquier preocupación por otros frentes ya cerrados, los bolcheviques cerraron todas sus fuerzas en la formación de una república soviética en Ucrania, lo que les iba a enfrentar directamente al Ejército Negro. Para prevenirlo, a finales de 1920 los jefes anarquistas, a excepción de Majnó que estaba restableciéndose de sus heridas de guerra, acudieron a una reunión con representantes del Ejército Rojo que les anunciaron la inmediata puesta en vigor de la orden 00149, por la que el Ejército Negro quedaba absorbido por la estructura militar soviética. Los anarquistas rechazaron rotundamente una orden que a efectos prácticos suponía un ultimátum, siendo detenidos por la Cheka y fusilados al momento. Comenzaba la época de la asimilación forzosa a base de destrucción de comunas, arrestos y ejecuciones masivas. Los majnovistas fueron tratados como bandoleros, siendo difamados por la propaganda soviética como contrarrevolucionarios. Nueve meses más tarde, y con miles de crímenes a sus espaldas, los rojos habían impuesto en Ucrania una república soviética, extirpando cualquier recuerdo de aquella aventura colectivista que a día de hoy está considerada como una de las más importantes de la historia.

(2010)

domingo, 2 de abril de 2017

La Guardia Negra anarquista en la Revolución Rusa (1917-18)

Guardia Negro detenido por agentes de la Cheka.

Un breve relato sobre las Guardias Negras anarquistas y su eliminación por parte de los bolcheviques en la Moscú de 1918

A LAS BARRICADAS
02/06/2016

Muchos anarquistas rusos se oponían completamente a la institucionalización de la Guardia Roja, que eran unidades de combate que habían creado los obreros de las fábricas en el curso desde la Revolución de Febrero hasta la de Octubre. En realidad, Rex A. Wade, en su libro sobre la Guardia Roja, apunta a la fuerte presencia e influencia de los anarquistas en la Guardia Roja, en la fase inicial de la Revolución. Las relaciones entre los bolcheviques y los anarquistas se habían comenzado a deteriorar tras la Revolución de Octubre, y los delegados anarquistas en el 2º Congreso de los Soviets, en diciembre de 1917, acusaron a Lenin y su partido de «militarismo rojo» y que los comisarios solo estaban en el poder a punta de bayoneta. Como resultado, en Moscú, Petrogrado, y en otras ciudades importantes, se hizo un intento concertado para crear unidades de combate autónomas, que fueron conocidas como Guardia Negra.

En 1917, se habían creado algunos destacamentos de la Guardia Negra en Ucrania, entre otros, el de Majnó. Nikolai Zhelezniakov, cuando huye de Petrogrado porque los bolcheviques le querían detener, también creó un grupo grande de la Guardia Negra en Ucrania. Otros destacamentos de la Guardia Negra en Ucrania fueron los dirigidos por Mokrousov, Garin y su tren blindado, Anatoli Zhelezniakov, el hermano pequeño de Nikolai, y el destacamento de Seidel y Zheliabov que defendieron Odesa y Nikolaiev. Otro grupo de Guardia Negra fue dirigido por Mijail Cherniak, más tarde encargado de la contra-inteligencia majnovista. En Viborg, barrio de Petrogrado, los obreros anarquistas de la fábrica rusa de la Renault crearon una Guardia Negra, pero pronto se fusionó con la Guardia Roja, que se había creado en la fábrica en torno a la misma época.

Burevéstnik, el periódico de la Federación de Anarquistas de Petrogrado, avisaba que «... esos caballeros se equivocan al pensar que la revolución real ha terminado... No, apenas está comenzando, una revolución real, una revolución social que liberará a los trabajadores de todos los países».

En abril de 1918, ya había unas 50 unidades de la Guardia Negra en Moscú, formadas por la Federación de Grupos Anarquistas de Moscú (FGAM). Peters, jefe de la Cheka, en particular, estaba preocupado por este crecimiento. «Recuerdo a mi llegada a la Cheka de Moscú, que había dos poderes en la ciudad: por un lado el del Soviet de Moscú, y por otro, el cuartel de la Guardia Negra en el antiguo Club de los Mercaderes, en Malaia Dmitrovka. Este cuartel de la Guardia Negra funcionaba y se gestionaba como un poder, organizaba raids en las calles, tomando armas y bienes, ocupando edificios...».

La Federación de Moscú ya había tomado unas 26 casas, que habían sido mansiones de los ricos, y que utilizaban como bases. Algunas de estas casas estaban en lugares estratégicos de la ciudad. Estaban llenas de puestos de ametralladoras, tenían dormitorios, bibliotecas, salas de conferencias, arsenales y almacenes de alimentos.

Según afirma Maximov, «Debido a su poder e influencia, la Federación logró ocupar las premisas del 'Kupechesky Club' (el Club de los Mercaderes) situado en Malaia Dmitrovka, una casa enorme y magnífica, decorada lujosamente y que tenía una biblioteca y un teatro. Las premisas tomadas recibieron el nombre de 'Dom Anárjiia' (La Casa de la Anarquía); provando ser el lugar adecuado para la más extensa y variada actividad anarquista. Para aquella época, la Federación llegó a un acuerdo con una de las imprentas más grandes de Moscú, permitiéndole comenzar a editar un diario a partir del semanario anterior.

»Para marzo de 1918, la Federación, se convirtió en una gran organización, numéricamente hablando. Además del trabajo llevado a cabo desde 'Dom Anárjiia', también había actividades que surgían desde otros edificios recién adquiridos. Se llevaban a cabo frecuentes y abarrotadas conferencias y asambleas en el teatro de 'Dom Anárjiia'. En las instalaciones se organizó una biblioteca y una sala de lectura, ciclos de pintura proletaria, poesía y teatro, y muchas otras actividades del mismo tipo.

»Emulando la tarea de formar un ejército de la Guardia Roja, la Federación comenzó a organizar su propia fuerza militar, la llamada Guardia Negra. Otro edificio fue tomado y convertido en cuartel, para los contingentes de los recién formados guardias negros. El camarada Kaidanov, una figura activa en el movimiento anarquista y camarada de largo tiempo, fue nombrado para la organización y la dirección de esta formación militar, que pronto se convertiría en el enemigo formal de la causa bolchevique, lo que provocó una gran extensión de calumnias, acusaciones inventadas de intenciones subversivas contra los anarquistas, para lograr el aplastamiento de las organizaciones anarquistas.»

Las actividades de la FGAM se intensificó después de que el Soviet de Ministros (Comisarios del Pueblo) se trasladara a Moscú. En las bases de la FGAM trabajaban los hermanos Gordin, Alexander Karelin, Vladimir Barmash, M. Krupenin, Piotr Arshinov y Kazimir Kovalevich. El secretario de la FGAM era uno de los teóricos del movimiento, Lev Chorny. Poco después del golpe de Octubre, la FGAM sacó su periódico Anárjiia diariamente. Urgía a las masas a que profundizaran y desarrollaran la revolución. En abril de 1918, en Moscú, había ya más de 50 grupos y destacamentos de la Guardia Negra, que eran unos 2.000 militantes, los más famosos eran: Huracán, Vanguardia, Autonomía, Socialistas Inmediatos, Torbellino, Lava, Tormenta, Luchadores, Petrel, Anarcosindicalistas, Hermandad, Partido Estudiante y el destacamento de anarquistas letones Lesma (La Llama). Por un informe de la KGB sabemos que también había llegado a la ciudad un destacamento anarquista de Samara. Todos los grupos y unidades organizativas de la Guardia Negra estaban agrupados en torno del Consejo de la FGAM, y el cuartel general de la Guardia Negra estaba en La Casa de la Anarquía en Malaia Dmitrovka. Había un secretario de la Federación, un departamento de propaganda y una junta editorial del Anárjiia.

Según la Cheka, los anarquistas estaban planeando una insurrección para el 18 de abril, y por ello decidieron llevar a cabo un ataque preventido, desarmando las tropas de la Guardia Negra. Las acusaciones de haber planificado esta insurrección fueron siempre negadas rotundamente por los anarquistas. Había convocada una asamblea general de la FGAM para el 14, pero eso era todo.

Como resultado, en la noche de 11 al 12 de abril, la Cheka llevó a cabo una reunión de emergencia, instalando un cuartel dirigido por Dzerzhinsky, y comenzó la operación del desarme de los destacamentos anarquistas. Dzerzhinsky remarcaría: «Teníamos cierta información de que los líderes querían llevar elementos contra-criminales agrupados en torno a la Federación, a actuar contra el poder soviético» (Izvestia, 75, 16 de abril de 1918). Ya el 8 de abril, el comandante del Kremlin, P. Malkov, y el comandante de los mercenarios letones, E. Berzins, habían realizado un reconocimiento para determinar la fuerza de la FGAM... Se aprobó un plan para eliminar la «contrarrevolución anarquista». La operación implicaba a unidades de la Cheka (1º Destacamento de Ametralladoras y el 4º Regimiento Letón de Fusileros), así como a parte de la guarnición de Moscú. Las operaciones comenzaron a medianoche, siendo los edificios de los anarquistas rodeados por estas tropas.

Muchas unidades anarquistas carecían experiencia de combate y de resistencia, pero los bolcheviques, a pesar de todo, encontraron una fuerte resistencia armada en algunos lugares, por ejemplo, en Malaia Dmitrovka en La Casa de la Anarquía. Aquí la Guardia Negra ocupó los edificios de los alrededores, y puso una pieza de artillería en el tejado. Los chekistas entraron en el edificio, respaldados por fuego de artillería que destrozó la ligera pieza de artillería y la primera planta del edificio. Sin embargo, los chekistas solo pudieron tomar el edificio después de ser reforzados por los fusileros letones. El último bastión anarquista fue la mansión Zeitlin, que fue tomada a las 12 del mediodía, y en general los combates entre las fuerzas de la Cheka y los anarquistas se detuvieron hacia las 2 de la tarde.
 
Factoria Putilov, uno de los epicentros de la revolución.

Como resultado de esta operación, los bolcheviques mataron a unos 40 anarquistas, algunos fusilados en el acto, mientras que unos 10 o 12 chekistas y soldados murieron durante los combates. El veterano anarquista Mijail Jodounov fue uno de los muertos, y su cuerpo fue arrojado a la calle.

Recorgado estos hechos Volin, escribió en su libro La Revolución Desconocida:

«...Y en la noche del 12 de abril, con un pretexto tan falso como absurdo, todas las organizaciones anarquistas de Moscú, principalmente la Federación de Grupos Anarquistas de Moscú, fueron atacadas y saqueadas por fuerzas policiales y militares. Durante algunas horas, la capital adquirió el aspecto de una ciudad en estado de sitio. Hasta la artillería participó en la acción. »

Esta operación sirvió de señal para expulsar las organizaciones libertarias de casi todas las ciudades importantes rusas. Y como siempre, las autoridades provinciales se excedieron de celo con respecto a las de la capital.

Lev Trotski, que durante dos semanas había preparado el golpe, y que había llevado a cabo en persona, entre los regimientos, una incansable agitación contra los «anarco-bandidos», tuvo la satisfacción de hacer esta famosa declaración: «en el último gobierno soviético, con una escoba de hierro, Rusia se ha desecho de los anarquistas» (p.308, edición de 1974). En realidad Trotski se había dirigido a las unidades del Ejército Rojo con discursos antianarquistas, espoleándoles hasta el frenesí.

Después de la derrota de la Guardia Negra de Moscú, 500 anarquistas fueron detenidos (algunos serían puestos en libertad poco después). El destacamento anarquista de Samara, que había tenido un papel activo en defender los clubs anarquistas, fue expulsado de la ciudad.

Dzerzhinsky, jefe de la Cheka, comentando los sucesos, dijo en el Izvestia, nº 75, del 15 de abril de 1918: «Nosotros en ningún caso teníamos en mente y no queríamos combatir a los anarquistas ideológicos. Y ahora todos los anarquistas ideológicos detenidos en la noche del 12 de abril, están siendo liberados, y si, tal vez, alguno de ellos sea llevado ante la justicia, es sólo por los crímenes cometidos por los elementos criminales que se han infiltrado en las organizaciones anarquistas. Hay muy pocos anarquistas ideológicos entre los detenidos por nosotros...».

Los sucesos de Moscú señalaron el comienzo de la represión en las provincias. Ataques similares tuvieron lugar en Petrogrado, Vologda, Smolensk, Briansk y demás. A primeras horas de la madrugada del 12 de abril, en Gorodéts, en la provincia de Nizhny Novgorod, los anarquistas, dirigidos por el portavoz del Soviet de la ciudad, Morev, lucharon contra los ataques bolcheviques. En Kursk, los anarquistas se amotinaron y mantuvieron la ciudad entre el 10 y el 29 de abril de 1918. El 9 de mayo, el Comisariado de Asuntos Internos envió una directiva a todos los soviets provinciales: «La experiencia de Moscú, Petrogrado y otras ciudades ha demostrado que, bajo la bandera de los anarquistas se esconden alborotadores, ladrones, atracadores y contrarrevolucionarios, preparando secretamente la derrocación del poder soviético... Todos los guardias anarquistas y las organizaciones de anarquistas deben ser desarmados. Nadie debe poseer un arma excepto bajo el permiso de los soviets locales» (Izvestia, nº 91, 10 de mayo de 1918). Sin embargo, el 17 de mayo los anarquistas, aliados con los maximalistas se levantaron en Samara.

La Guardia Negra fue derrotada, y fue por consiguiente presentada como una banda de delincuentes. Se trazó una distinción, como hemos visto, entre los «anarquistas ideológicos» y los «anarco-bandidos». Como iba a decir Trotski más tarde: «Eran simples merodeadores y ladrones que se metieron en el anarquismo. El anarquismo es una idea, aunque una idea falsa, pero el gamberrismo es gamberrismo y lo que le hemos dicho a los anarquistas: debéis distanciaros claramente entre vosotros y los ladrones... el régimen soviético ha tomado el poder, no para realizar pillajes como los asaltadores de caminos y los ladrones, sino para introducir la disciplina del trabajo común y una honesta vida trabajadora». Así que enviaba un claro mensaje a los anarquistas: serían tratados como delincuentes comunes. Trotski continuaría avisando a los anarquistas: «Si queréis vivir con nosotros bajo los principios básicos de la disciplina del trabajo, entonces debéis someteros a las clases trabajadoras, pero si queréis seguir a vuestro modo, no nos culpéis si el gobierno del trabajo, el poder soviético, os trata sin ponerse los guantes». En otras palabras, o se someten o que se preparen para la represión.

Las descripciones de Trotski de un anarquismo criminal, no tenía nada que ver con la realidad. La admisión en la Guardia Negra era muy rigurosa y la entrada era evaluada por varios cuerpos. Como dice Anárjiia (número 15, 10 de marzo de 1918):

«La recepción de los militantes en las guardias negras se hace bajo recomendación de: 1) grupos locales, 2) tres miembros de la Federación, y 3) los comités de fábrica y taller, 4) los soviets del distrito, diariamente, de 10 de la mañana a 2 de la tarde, en las premisas de la Casa de la Anarquía». Y en el número 22 se decía que «Camaradas, quienes queráis enrolaros en los escuadrones móviles negros, debéis ser conscientes de que hay que obtener recomendación. Quien no tenga recomendación puede no ser admitido en las listas de los escuadrones móviles. El Cuartel General». Quedaba claro que la Guardia Negra no llevaría a cabo operaciones policiales como la Guardia Roja (raids, detenciones, etc.) ya que era prerrogativa de ésta. En tanto a las requisas de casas y edificios, debió de ser la tarea de una comisión especial compuesta por delegados de los grupos locales. El secretariado de la FGAM le pidió a la Guardia Negra una lista con todos sus miembros para el 4 de abril.

Por otro lado, la Cheka y el Ejército Rojo podían detener sin ser controladas por el Soviet, y fusilar personas de forma arbitraria en sus sótanos de ejecución, después de que la pena de muerte había sido abolida por el gobierno soviético. La acción contra los anarquistas no fue llevada a cabo por unidades del Ejército Rojo y de la Guardia Roja, que se habrían negado a tomar parte en estos ataques, sino por unidades especiales controladas por los bolcheviques. También debería apuntarse que cuando las unidades de la Guardia Roja se estaban formando en 1917, incluían delincuentes, así como prisioneros de guerra alemanes. Algunas unidades de la Guardia Roja en la primavera de 1918 hicieron saqueos en Moscú en los que participaron incluso otras lideradas por la Cheka, y si la Guardia Negra, tampoco queda sin culpa, no estuvieron solos en esto.

Es significativo que en la noche después del ataque a los anarquistas de Moscú, Peters, el segundo comandante de la Cheka, iba a mostrarle al diplomático británico Lockhart los edificios vacíos de anarquistas para enviar un mensaje a las potencias occidentales de que los bolcheviques eran el partido del orden y que eran capaces de controlar y frenar la revolución. Refiriéndose a una mujer anarquista tendida en el suelo de una de las mansiones, disparada en el cuello por la Cheka, dijo que era una prostituta.


FUENTES:
 Skirda, A. (2000) Les anarchistes Russes, les soviets et la revolution de 1917. Paris.
 Volin. (1974) The Unknown Revolution.
 Wade, Rex A. (1984) Red guards and workers’ militias in the Russian Revolution.
 Maximov, G. The True Reasons for the Anarchist Raids (Moscow 1918) at http://www.katesharpleylibrary.net/brv25k
 Dubovik, A. The Defeat of the Moscow anarchists at http://socialist.memo.ru/books/html/razgrom.html