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miércoles, 12 de febrero de 2014

La lucha por la dignidad une a Extremadura

Presentación del Frente Cívico Somos Mayoría
en la Acampada de Mérida.

Se cumplen dos años de la creación del Campamento Dignidad. Desde su creación, la iniciativa ha ayudado a cientos de personas afectadas por la crisis.

10/02/14

20 de febrero de 2012, un grupo de personas acampa delante de una oficina del Servicio de Empleo de Extremadura, en Mérida. Perma­necerán allí ochenta días hablando con la gente que pasa por la oficina, conociendo sus problemas e intentando ofrecerles una solución. Así comienza la historia del Campa­mento Dignidad, un movimiento que lleva dos años luchando contra el desempleo y la precariedad en la comunidad extremeña. Los datos hablan por sí solos. Extremadura es la tercera región europea con mayor índice de paro, el 33%, y la quinta en desempleo juvenil, con un 61%. Los datos que maneja el Campa­mento Dignidad arrojan más cifras: 70 mil parados sin ningún tipo de prestación y 65 mil personas que acuden a bancos de alimentos para subsistir.

Las acciones se suceden semanalmente. Todos los lunes y miércoles, el campamento instala una mesa ante la oficina del Servicio Extremeño Público de Empleo (SEXPE), donde asesoran gratuitamente a las personas que lo requieren y recogen firmas para las campañas que llevan a cabo. Los martes, los voluntarios acuden a la Consejería de Fomento y Vivienda de la Comunidad de Extremadura, donde ayudan a la gente con problemas de vivienda o en riesgo de desahucio. Los viernes, celebran asambleas. Además, el movimiento Campa­mento Dignidad realiza entrega de alimentos, reuniones con los vecinos y convoca protestas y concentraciones.

Una de estas acciones fue el encierro que protagonizaron varias personas en la Concatedral de Santa María en Mérida, que comenzó el 23 de diciembre de 2013 y finalizó el 10 de enero de este año, el mismo día en el que se presentaron en la ciudad las Marchas de la Dignidad, que tendrán lugar en marzo y que culminarán con una gran manifestación en Madrid.

Hoy, el movimiento tiene, según datos aportados por sus integrantes, cerca de 12.000 euros en multas y 20 de sus miembros imputados con diferentes cargos: la ocupación ilegal de ‘Los Álamos’, una urbanización sin terminar de construir y abandonada, y de edificios públicos, así como manifestaciones y concentración ilegales.

La lucha por la renta básica

El movimiento fue también, hace dos años, precursor de la lucha por la Renta Básica Estatal. Esta iniciativa, que se está reclamando mediante una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) entregada en la Mesa del Congreso de los Diputados el 15 de enero, reclama el pago de una renta económica para todos los ciudadanos. El texto de la ILP fija la cuantía en el umbral de pobreza, actualmente 645 euros, y recoge una implantación en dos fases. En primer lugar para aquellas personas inscritas en el Servicio Público de Empleo que no reciben ninguna prestación de paro, que no disponen de otros ingresos o cuya renta sea inferior a la cantidad establecida. En su segunda fase, la renta básica se extendería hasta convertirse en un derecho universal. Hasta ahora, la Renta Básica Extremeña de Inserción, aprobada por la Junta de Extremadura en mayo del año pasado, ha sido concedida a 425 familias de las más de 18.000 solicitudes que se presentaron. «Vamos a presionar todo lo que podamos para que antes del 28 de febrero de este año la Junta se comprometa a pagar a 8.000 familias, 12.000 antes de que finalice 2014», comenta Manuel Cañada, miembro del Campamento Dignidad y de la Plataforma por la Renta Básica en Extremadura.

Las historias se suceden ante la puerta de la oficina del Sexpe. Isabel Vázquez está enferma de diabetes y es parada de larga duración. Tiene a su cargo tres hijos y tres nietos. Desde hace un año cobra 426 euros de la Renta Activa de Inserción (RAI), el último de los subsidios que existen en el Sistema Público de Empleo y que sólo se percibe cuando no existe derecho a ningún otro. «No puedo solicitar la renta básica extremeña, y la RAI se me acaba a finales de febrero», comenta. El caso de Isabel refleja la situación por la que están atravesando miles de familias. No puede acceder a la ayuda hasta que no se termine el subsidio que recibe actualmente, y la Administración puede tardar de seis meses a un año en comunicarle si le ha sido concedida. «No sé de qué voy a vivir», afirma.

Ésta es una de las muchas críticas que recoge el Campamento Digni­dad sobre la Renta Básica Extre­meña. En un escrito entregado al Gobierno de la Comunidad, sus miembros presentan una serie de alegaciones al texto que regula la ayuda. La problemática principal que denuncian es la dificultad para acceder a dicho subsidio por parte de, precisamente, aquellas personas que más lo necesitan.

Corrala Solidaridad

Otra de las ramificaciones del movimiento es la lucha por una vivienda digna y la paralización de los de­sahucios. Un ejemplo es la Corrala Solidaridad. Vecinos de la localidad de Almendralejo, cerca de Mérida, llevan ocupando desde el 13 de enero unos bloques de viviendas que desde 2005 se encuentran abandonados por la constructora. Hoy son diez las familias que habitan la corrala, aunque semanalmente se van incorporando más.

«Me decidí por esta situación porque no aguantábamos más», declara Elvira. Tiene 64 años y once personas desempleadas a su cargo. Es vecina de la Corrala Solidaridad desde hace un mes. Elvira reclama la necesidad de una vivienda digna, un derecho que, según sus propias palabras, «viene recogido en nuestra Constitución». De igual forma, pide la colaboración vecinal y explica que dentro de la corrala existen casos peores que el suyo, que hay gente que directamente «no tiene para comer ni beber», puntualiza.

jueves, 8 de septiembre de 2011

POR QUÉ NO QUEREMOS A LA CLASE POLÍTICA

Coordinadora anarquista del noroeste

Los anarquistas no queremos a los políticos. Algo bastante común, si echamos un ojo a las encuestas que ellos mismos hacen: nadie les cree una palabra, son considerados corruptos o tendentes a la corrupción, no confiamos en que solucionen nada y sacan unas notas en valoración que ni Jaimito. Un desastre. Y eso que las encuestas las encargan ellos para hacernos saber qué pensamos nosotros. Pero los anarquistas también creemos alguna otra cosa y queremos compartirla contigo. Para empezar, estamos tan cansados como tú de tener a los políticos hasta en la sopa.



Cualquier memez que se les ocurra la tenemos que soportar repetida cien veces; cada una de sus peleas de patio de manicomio nos la tragamos una y otra vez: si se llevan bien, si se llevan mal, si uno ha dicho y otro ha respondido, si esto y si lo otro… Su vida y sus reflexiones simplonas a todas horas en los medios de comunicación, probablemente para hacerse valer y que estemos pendientes de esas cositas que ocultan lo que realmente son.

Porque, ¿qué es un político? Es una persona que decidió no trabajar como nosotros, separarse de la gente y gobernar, o lo que es lo mismo, organizar la vida de los demás. Hay que tener una personalidad curiosa para dedicarse a eso, sin duda. Pero aceptemos que lo hicieron de buena fe.

Se afiliaron a un partido político y ascendieron hasta la cúpula, que les permitió entrar en uno de los numerosos parlamentos. Ascender en una organización como un partido no es fácil y como la gente no somos tontos lo sabemos: allí donde las decisiones las toman cuatro listos, el que está al lado del que manda es el que triunfa, así que los más pelotas, los más metidos en líos de su partido son los que salen adelante.

Aceptemos (y ya es mucho aceptar) que aun así alguno mantiene la ilusión de mejorar la vida de todos nosotros haciendo leyes que nos beneficien. Pues fíjate tú que se convierten en lo que se llama la clase política. Curioso que en tiempos donde ya no se habla de la clase obrera, ni siquiera de la clase media, se habla de una clase especial para referirse a los políticos. Curioso, pero sabio, porque la cantidad de privilegios que acumulan estos individuos es notable: coches de empresa de lujo, viajes en avión en condiciones estupendas, salarios astronómicos que ellos mismos deciden, jubilaciones anticipadas con muy poquitos años de cotización… una vida bastante diferente de la nuestra. Una clase aparte. Y son estos los que deben conocer la realidad del trabajador para mejorarla. Manda narices. ¿Qué demonios tenemos en común con un tipo que se ventila más de 6000 euros al mes (parlamentarios europeos)? ¿Cómo tienen el morro de decir que son representantes del pueblo? Será del pueblo de los ricos, porque tú me dirás dónde vas a coincidir con alguien que gana ese salario: ¿en el mercado? ¿en el parque? ¿en el autobús por las mañanas? ¿en el polideportivo del barrio?

Total, que nuestro héroe del pueblo ha estado algunos años entrenándose para esta vida intrigando contra sus compañeros para situarse bien en las listas electorales y cuando lo consigue ni se acuerda de cómo vivía cuando era una persona normal. Imposible que confiemos en ellos, claro. Dedicarse a la política es corromperse automáticamente.

Además, los anarquistas no queremos a los políticos no solamente porque sean fáciles de corromper ni porque sean una pandilla de nenes forrados de mala manera a nuestra costa, que también, sino porque se consideran una élite destinada a solucionar nuestras vidas. Un político puede ocupar un ministerio mañana y otro pasado sin tener ni repajolera idea de ninguno de los dos asuntos, pero da igual: legislará, regulará, pondrá impuestos, los quitará o hará lo que le venga en gana, porque es un político. Es su esencia y así hace valer su cargo. Aunque nos hayan llevado al desastre más de una vez; aunque a los trabajadores siempre nos hayan perjudicado sus reformas y sus leyes. Nada de esto les cala porque son la “clase política”, un grupo al margen de la sociedad.

Los anarquistas no queremos que los asuntos que nos afectan los decidan quienes no tienen nada que ver con ellos o incluso quienes generan el problema y por eso estamos en contra de los políticos.

Y me dirás: todo esto ya lo sabía, pero siempre se puede hacer algo, se puede reclamar políticos más honestos o presionar, dialogar con ellos, hacerles entender nuestras necesidades, hacer la política más humana.

Y te diremos: no es posible reclamar políticos de otra pasta, porque el molde en el que se fabrican será el mismo: la misma carrera hasta llegar, las mismas zancadillas y peloteos. No creemos que pueda haber otro modo de hacer política porque si no reciben sueldos astronómicos que les separan de nosotros, se corromperán aceptando presiones económicas, pues toman decisiones que generan mucha pasta y en las que hay muchos intereses. Y tampoco creemos que se pueda dialogar con ellos.

¿Cómo?- me dirás - ¿No aceptáis el diálogo? Pues no, mira tú. Dialogar con un político es como decir que Nadal ha jugado mal y discutirlo con él echando un partido de tenis. Especialistas en dar vueltas al lenguaje, en debatir distrayendo los problemas reales, en hacer que nos perdamos en leyes y disposiciones varias, expertos en marear la perdiz, los políticos tejen una peligrosa red donde el que entre se perderá. O no se consigue nada realmente efectivo o se convierte en uno de ellos.

Los anarquistas queremos por eso dar un aviso a quien esté harto de los políticos pero crea que hay alguna solución dentro del mismo sistema. No la hay. Creer que se puede conseguir algo realmente sustancial haciendo política profesional es ir en contra de la experiencia: si jugamos con sus reglas, perdemos, precisamente porque son sus reglas, es su campo y es su pelota y si quieren se la llevan, sobornan al árbitro y nos echan del estadio.

¿Qué proponemos entonces? Recuperar la política del pueblo, hecha por el pueblo; multiplicar las asambleas en las que los afectados deciden sobre sus problemas, fortalecer organizaciones que no estén pringadas con las heces de los políticos, sin subvenciones que atan ni gente a sueldo que trepa y acaba decidiendo; consolidar alternativas pasando por encima de la clase política, que no se entera de que esto ya está pasando, porque ya no nos engañan.