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miércoles, 24 de agosto de 2022

Zelenski destroza los derechos laborales de la clase trabajadora ucraniana

El 19 de julio de 2022, el Parlamento ucraniano aprobó las leyes 5371 y 5161. Las organizaciones sindicales del país, en medio de un empobrecimiento y masacre de la población, solicitan todo el apoyo internacional para revertir leyes que atacan de forma directa a la clase trabajadora.

Secretaría de RR.II. de la CGT

Los derechos de muchísimas personas sufrirán un gran retroceso. Este proyecto queda fuera de los convenios de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) atacando directamente normativas como el 132, 158 entre otros.

Lo que más nos llama la atención es que no cumple un mínimo de normas reflejadas en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea; recordemos que, supuestamente, uno de los motivos del conflicto que se vive es la incorporación de Ucrania a Europa.

Este proyecto de ley deja fuera del amparo del Código Laboral de Ucrania a todas las empresas con menos de 250 empleados, que representan más del 80% de las empresas del país. Negando de derechos laborales y sindicales a más del 90% de las personas trabajadoras. Estas leyes discriminan y reducen a los empleados de estas empresas el derecho a negociar convenios colectivos, dejando a la patronal la puerta abierta para fraccionar las grandes empresas y así negarles los derechos laborales a todas las personas trabajadoras del país.

También elimina la limitación de la jornada laboral de 8 horas en la industria. Una medida que, una vez más, refleja una circulación libre y impune del capital y las grandes fortunas. Mientras gobiernos nos imponen fronteras imaginarias.

Además este proyecto de ley priva a los sindicatos ucranianos de denunciar y amparar el despido de trabajadores y delegados sindicales. Dejando en una situación de desamparo a la población trabajadora y a los delegados sindicales que velan por los derechos de estos trabajadores.

Desde CGT denunciamos el intento de los Gobiernos de ampararse en guerras o crisis para denigrar a las personas trabajadoras. Denunciamos a los gobiernos que priorizan el enriquecimiento de una minoría a costa de los derechos de la clase trabajadora, dejándolas siempre en situación de vulnerabilidad ante la patronal. Una vez más, vemos como gobiernos se olvidan de los derechos que tiene el pueblo y que ha costado tantos años de lucha conseguir.

Basta ya de mirar hacia otro lado; que Putin y el Gobierno Ruso sean unos sátrapas sanguinarios, no justifica que el Gobierno Ucraniano de Zelenski se comporte de manera caciquista y dilapide los derechos laborales de la clase trabajadora ucraniana.

Por ello desde CGT solicitamos al Gobierno del Estado Español y a la Unión Europea que demuestre públicamente y de forma contundente la exigencia de la derogación de un proyecto que delimita una la libertad de todas.

 

Fuente: https://rojoynegro.info/articulo/zelenski-destroza-los-derechos-laborales-de-la-clase-trabajadora-ucraniana/

domingo, 5 de junio de 2022

Otra vez sobre «anarquistas» que olvidan los principios

 

La sección de la Asociación Internacional de Trabajadores en la región de Rusia llama a boicotear a los provocadores y estafadores que se esconden detrás del nombre de «anarquistas» y denuncian a los activistas de nuestra organización.

Nuestra posición contra la guerra librada por las oligarquías capitalistas por la repartición del «espacio postsoviético» es recibida con comprensión y apoyo por parte de anarquistas internacionalistas en Ucrania, Moldavia y Lituania, con quienes mantenemos contactos.

Pero desde el comienzo mismo de la guerra ruso-ucraniana, los llamados «anarquistas», que abandonaron la tradicional posición anarquista internacionalista de derrotar a todos los Estados y naciones y apoyan a una de las partes en conflicto, lanzaron una campaña de calumnias contra nuestra organización.

Por ejemplo, los exanarquistas Anatoly Dubovik y Olexandr Kolchenko que viven en Ucrania han publicado los nombres y direcciones de nuestros activistas en Internet abierto. El primero de ellos escribió el texto correspondiente, y el segundo le dio su cuenta de Facebook para que lo publicara y lo aprobara. El pretexto fue que nuestra organización adopta una posición internacionalista consecuente y condena tanto la invasión rusa de Ucrania como el nacionalismo ucraniano y la política expansionista del bloque de la OTAN.

Los Sres. Dubovik y Kolchenko intentaron desvergonzadamente y con desfachatez calumniar a la nuestra sección de la AIT, sin ninguna razón tratando de atribuirnos una posición en defensa del Kremlin. Al mismo tiempo, admiten que estamos pidiendo a los soldados ucranianos y rusos que se nieguen a luchar.

¡Esto último significa que estos anarquistas imaginarios, al publicar las direcciones de los activistas contra la guerra ubicados en Rusia, están incitando directamente a los servicios secretos rusos y a los matones nacionalistas contra ellos, como oponentes a la guerra, para tratar con ellos con sus manos! En las condiciones de hostigamiento, despidos, amenazas y represalias físicas constantes contra personas de mentalidad antimilitarista en Rusia, tales acciones equivalen a una denuncia real con una indicación directa de a quién deben dirigir su atención las fuerzas represivas.

Una vez más, los nacionalistas de ambos lados del frente, siguiendo la lógica de «quien no está con nosotros está contra nosotros», están listos para destruir juntos a sus principales oponentes: los internacionalistas que se niegan a elegir entre los estados en guerra y las camarillas burguesas, entre la peste y el cólera.

Los anarquistas de todo el mundo deberían ser conscientes de los actos vergonzosos de los provocadores-informantes y negarse de una vez por todas a tener nada que ver con ellos, echándolos para siempre del entorno anarquista y enviándolos a sus patrocinadores y amos de los servicios secretos y la policía secreta.

La declaracion fue aprobada por la mayoría de militantes de la KRAS-AIT

 

sábado, 12 de marzo de 2022

Ucrania: todo estaba escrito en el plan de la ‎RAND Corporation

 Si nos detenemos a analizar con la cabeza fría la angustiosa situación actual, llegamos ‎forzosamente a la conclusión de que, aunque Moscú inició los combates, adelantándose así ‎a la ofensiva que Kiev había preparado en secreto contra el Donbass, en realidad ‎la guerra en Ucrania no es una iniciativa imputable a Rusia. Lo que hoy sucede ‎en Ucrania estaba planificado desde 2019 y así lo demuestra el plan de la RAND ‎Corporation presentado en la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos el 5 de ‎septiembre de 2019.‎

 Por MANLIO DINUCCI

El plan estratégico de Estados Unidos contra Rusia fue elaborado por la RAND Corporation hace ‎‎3 años.‎

La RAND Corporation, cuyo cuartel general está ubicado en Washington, es una «organización ‎mundial de investigación que desarrolla soluciones para los desafíos políticos» y dispone de un ‎verdadero ejército que cuenta 1.800 investigadores y otros especialistas reclutados en 50 países. ‎Los miembros de ese personal hablan 75 idiomas y están distribuidos en oficinas y otras sedes ‎secundarias en Norteamérica, Europa, Australia y la región del Golfo Pérsico. La RAND ‎Corporation tiene personal estadounidense en más de 25 países. ‎

La RAND Corporation, que se autocalifica como una «organización no lucrativa y no partidista», ‎está oficialmente financiada por el Pentágono, el US Army [las fuerzas terrestres de ‎Estados Unidos], la US Air Force [la fuerzas aérea de Estados Unidos] y la «comunidad de ‎inteligencia» estadounidense [las llamadas «agencias de seguridad nacional», como la CIA] y ‎por poderosas organizaciones 'no gubernamentales' [las ONG's]. ‎

La RAND Corporation se jacta de haber contribuido a elaborar la estrategia que permitió a ‎Estados Unidos salir de la guerra fría como vencedor, forzando la Unión Soviética a dedicar ‎cuantiosos recursos al extenuante enfrentamiento militar. Ese es el modo de acción que inspira ‎el nuevo plan concebido contra Rusia en 2019 y presentado bajo el título «Overextending and ‎Unbalancing Russia», que plantea como estrategia imponer a Rusia un despliegue excesivo para ‎desequilibrarla y destruirla. Esas son las líneas directivas fundamentales que se exponen en el plan ‎de la RAND Corporation y en ese sentido ha venido actuando Estados Unidos durante los últimos ‎años. ‎

Ese plan estipula que, ante todo, Rusia debe ser atacada por su flanco más vulnerable: su ‎economía fuertemente dependiente de la exportación de gas y petróleo. Para ello se recurre a ‎las sanciones comerciales y financieras y, al mismo tiempo, se busca lograr que Europa occidental disminuya ‎su importación de gas ruso, reemplazándolo por el gas natural licuado (GNL) estadounidense. ‎

En el plano ideológico e informativo se estimulan las protestas internas en Rusia mientras que ‎se busca socavar la imagen de ese país en el exterior. En el plano militar, se maniobra para que ‎los países europeos miembros de la OTAN aumenten sus presupuestos de defensa dirigiéndolos ‎contra Rusia. ‎

De esa manera, Estados Unidos multiplica sus posibilidades de éxito, al mismo tiempo que sus ‎ganancias, con riesgos moderados e invirtiendo principalmente en bombarderos estratégicos y ‎misiles de largo alcance dirigidos contra Rusia. El despliegue en Europa de nuevos misiles ‎nucleares de alcance intermedio garantiza altas probabilidades de éxito pero también implica grandes riesgos. ‎

Calibrando cada opción para obtener el efecto deseado —concluye la RAND Corporation— Rusia ‎tendrá que pagar el más alto precio en la confrontación con Estados Unidos… pero el mismo Estados Unidos y sus aliados se verán obligados a invertir grandes recursos que tendrán que sustraer a otros ‎objetivos. ‎

En el marco de toda esa estrategia, la RAND Corporation preveía —en 2019— que «proporcionar a ‎Ucrania ayudas letales explotaría el punto más importante de vulnerabilidad externa de Rusia, pero ‎todo aumento de las armas y de la consejería militar que Estados Unidos proporcione a Ucrania ‎tendría que ser metódicamente calibrado para imponer costos a Rusia sin provocar un conflicto ‎mucho más amplio en el cual Rusia, a causa de la proximidad, tendría ventajas significativas». ‎

Es precisamente ahí, en lo que la RAND Corporation llama «el punto más importante de ‎vulnerabilidad externa de Rusia» que se podría explotar armando a Ucrania de manera ‎‎«calibrada para imponer costos a Rusia sin provocar un conflicto mucho más amplio», donde ‎se ha producido la ruptura. ‎

Atrapada en una tenaza política, económica y militar que Estados Unidos y la OTAN cerraban ‎cada vez más —lo cual hacían ignorando las repetidas advertencias y propuestas de negociaciones ‎emitidas por Moscú—, Rusia reaccionó finalmente emprendiendo la operación militar que ya ‎ha destruido en Ucrania más de 2.000 estructuras militares erigidas y controladas en realidad ‎no por los gobernantes de Kiev sino por los mandos de Estados Unidos y la OTAN. ‎

El artículo que, hace 3 años, presentaba el plan de la RAND Corporation terminaba con la ‎siguiente frase: ‎

«Las “opciones” previstas en el plan en realidad son sólo variantes de la misma ‎estrategia de guerra, cuyo precio en términos de sacrificios y de riesgos pagamos todos.»‎

El hecho es que quienes estamos pagando ese precio somos nosotros, los pueblos europeos. Y ‎seguiremos pagándolo —cada vez más caro— si seguimos aceptando el papel de peones ‎sacrificados en la estrategia de Estados Unidos y la OTAN. 

RED VOLTAIRE
10 marzo 2022

domingo, 27 de febrero de 2022

¡No a la guerra! (KRAS-AIT)

 

DECLARACIÓN DE LA SECCIÓN RUSA DE AIT

La guerra ha comenzado.

Lo que temían, lo que advirtieron, lo que no querían creer, pero lo que era inevitable, sucedió. Las élites gobernantes de Rusia y Ucrania, instigadas y provocadas por el capital mundial, ávidas de poder e infladas con miles de millones robados a los trabajadores, se luchan en una batalla mortal. Su sed de ganancias y dominación ahora paga con su sangre la gente común, como nosotros.

El primer tiro lo disparó el más fuerte, depredador y arrogante de los bandidos: el Kremlin. Pero, como siempre sucede en los conflictos imperialistas, detrás de la causa inmediata se esconde toda una maraña de razones asquerosamente hediondas: esta es la lucha internacional por los mercados del gas, y el afán de las autoridades de todos los países por desviar la atención de la población de la tiranía, de las dictaduras «sanitarias», la lucha de las clases dominantes de los países de la antigua Unión Soviética por la división y redistribución del «espacio postsoviético», las contradicciones globales a mayor escala, y la lucha por la dominación mundial entre la OTAN —dirigida por EEUU— y China desafiando a la vieja potencia hegemónica y sujetando a su carro a su «hermano pequeño» en el Kremlin. Hoy estas contradicciones dan lugar a guerras locales. Mañana amenaza con convertirse en una Tercera Guerra Mundial entre imperialismos.

Cualquiera que sea la retórica «humanista», nacionalista, militarista, histórica o de cualquier otra índole que justifique el actual conflicto, detrás de él solo están los intereses de quienes detentan el poder político, económico y militar. Para nosotros, trabajadores, jubilados, estudiantes, sólo trae sufrimiento, sangre y muerte. El bombardeo de ciudades pacíficas, los bombardeos, la matanza de personas no tienen justificación.

Exigimos el cese inmediato de las hostilidades y la retirada de todas las tropas a las fronteras que existían antes del inicio de la guerra.

Hacemos un llamamiento a los soldados enviados a combatir a que no se disparen entre ellos y más aún a que no abran fuego contra la población civil.

Les instamos a que se nieguen en masa a cumplir las órdenes criminales de sus comandantes.

¡PARAR ESTA GUERRA!

¡BAYONETA AL SUELO!

Llamamos a la gente en la retaguardia a ambos lados del frente, a los trabajadores de Rusia y Ucrania a no apoyar esta guerra, no ayudarla, al contrario, ¡resistirla con todas sus fuerzas!

¡No vayas a la guerra!

¡Ni un solo rublo, ni una sola grivna de nuestros bolsillos para la guerra!

¡Haced huelgas contra esta guerra si podemos!

Algún día, cuando tengan suficiente fuerza, los trabajadores de Rusia y Ucrania exigirán la completa responsabilidad de todos los oligarcas y políticos engreídos que entre nosotros nos enfrentan.

Recordamos:

¡NO A LA GUERRA ENTRE LOS TRABAJADORES DE RUSIA Y UCRANIA!

¡NO HAY PAZ ENTRE CLASES!

¡PAZ A LOS HOGARES - GUERRA A LOS PALACIOS!

KRAS-AIT

domingo, 13 de enero de 2019

La bandera negra de los hijos de Octubre

Bandera negra de un destacamento majnovista.

Se cumplen cien años de la Revolución rusa y de uno de los episodios más oscurecidos por la historia: la revolución majnovista en Ucrania. Las mismas tierras que hoy sufren los estragos de la guerra experimentaron, durante un breve e intenso periodo, el desarrollo de un verdadero orden social libertario, conquistado por la insurrección de los campesinos.


El sinsentido de una guerra suele mostrarse con toda su crudeza en las zonas grises, la tierra de los nadies, en los territorios que se encuentran atrapados entre dos bandos beligerantes. Desde comienzos de 2017, la ciudad de Avdiivka, situada en la autoproclamada República Popular de Donetsk, se ha convertido en el escenario de constantes descargas de artillería y armamento pesado —prohibido por los acuerdos de Minsk II— entre el Gobierno de Kiev y las fuerzas separatistas, en cuyas trincheras se intercambian tantos proyectiles como responsabilidades inconclusas.

En medio de estos intermitentes enfrentamientos —desde que estalló la guerra ya se han incumplido once altos el fuego— se encuentra la parte más castigada de todos los conflictos: la población civil, que, lejos de preocuparse por las elevadas cuestiones geopolíticas, se esfuerza por sobrevivir ante la ruina económica y la falta de oportunidades laborales. Mientras tanto, el Gobierno de Petró Poroshenko los asfixia militar y financieramente desde un extremo y, desde el otro, la Federación de Rusia aparece esporádicamente tanto como actor hostigador como edén prometido mientras la Unión Europea y Washington adoptan posiciones más o menos distanciadas según convenga a los intereses internacionales del momento.

Esta «marca geopolítica de Caín» ha venido determinando el devenir político e histórico de Ucrania desde la Primera Guerra Mundial debido a su situación geográfica y el interés por explotar sus recursos por parte de todos los bandos enfrentados. Pero a veces la Historia es un espejo incómodo de encarar por todo aquello que pudo ser y no fue. Hace cien años, Guliaipolié, una localidad que se encuentra a menos de 200 kilómetros de Avdiivka, se erigía como el centro nuclear del proyecto social libertario más extenso de la Historia reciente y pasó a formar parte de la simbología más rompedora de la tan cuestionada y confusa identidad nacional ucraniana.

La insurrección de los explotados

«Vencer o morir: he aquí lo que importa para los campesinos y obreros de Ucrania en el presente momento histórico. Pero no podemos morir todos; somos muchos, nosotros somos la humanidad. Por consiguiente, venceremos». Cuando Néstor Majnó dirigía estas palabras a la masa de campesinos sublevados, Ucrania había quedado bajo control del Imperio alemán tras la firma del Tratado de Brest-Litovsk entre la Rada ucraniana y las Potencias Centrales, y suscrito, poco después, por Lenin.

Néstor Majnó en el centro.

Un mes después, los alemanes ocupantes daban un golpe de Estado y colocaron al frente del nuevo Gobierno al hetman zarista y conservador Pavló Skoropadski, que instauró una dictadura y abolió los derechos y libertades hasta entonces promulgados. Era 1918 y los campesinos y trabajadores ucranianos sufrían uno de los periodos más trágicos de su Historia: las tropas alemanas y austríacas, con la connivencia del hetmanato, saqueaban los víveres de los campesinos para mantener a sus milicias en el ocaso de la Primera Guerra Mundial. La experiencia de la Revolución de Octubre de 1917 y el anhelo de llevar la revolución social a un estadio integral alimentó el espíritu subversivo de la población más castigada.

La insurrección se extendió rápidamente. Desde distintas aldeas, los campesinos se alzaron contra los terratenientes, los austríacos y los alemanes, que fueron expulsados, y se adueñaron de las tierras que una vez les habían pertenecido. En respuesta, el hetman ordenó fusilar y ahorcar a todos los trabajadores sublevados. Pero las represalias no hicieron sino extender aún más el movimiento. Hasta este momento, los campesinos insurrectos no se habían organizado como un solo grupo bajo una misma dirección, pero, ante la continuidad de las represalias del Gobierno, cada vez más severas, la unión de los sublevados se materializó en Guliaipolié, hogar de Néstor Majnó. En aquel momento, Majnó —que desde los 17 años había estado comprometido con la causa revolucionaria— fue elegido por el Comité Revolucionario como encargado de organizar los batallones de guerrilleros obreros y campesinos. El hetman y la burguesía local pusieron precio a su cabeza y las fuerzas militares ucranianas y alemanas quemaron la casa de su madre y fusilaron a su hermano Emelian.

Majnó y Lenin en el Kremlin. De vuelta a Guliaipolié

En junio de 1918 Majnó viajó hasta Moscú para entrevistarse con los militantes anarquistas y aprender sobre sus métodos de organización. Allí se reunió con Piotr Arshinov, antiguo compañero anarquista que había conocido en la prisión de Butyrki, en Moscú, antes de ser liberados por la amnistía concedida por el Gobierno Provisional tras la Revolución de Febrero. También se entrevistó con el teórico Piotr Kropotkin, que un año después expresó: «Digan de mi parte al camarada Majnó que tenga cuidado consigo mismo, porque no hay muchos hombres como él en Rusia».

El encuentro más intenso tuvo lugar en el Kremlin, donde Yákov Sverdlov organizó una conversación entre el líder del sector bolchevique, Lenin, y Majnó. En sus escritos, el batko —'padre'— Majnó rememora cómo se plasmaron en aquella entrevista dos visiones enfrentadas de la realidad cuando el líder soviético le dijo: «La mayoría de los anarquistas piensan y escriben sobre el porvenir sin entender el presente. Esto es lo que nos separa a nosotros, los comunistas, de los anarquistas».

En julio, desencantado tras su breve estancia en Moscú, «donde moría la revolución en el torbellino de la política del poder», Majnó volvió a Guliaipolié con la decisión de llevar la insurrección campesina hasta las últimas consecuencias. Fue entonces cuando organizó una compañía revolucionaria militar que, en ciudades y aldeas, debía cumplir dos objetivos: por un lado, desarrollar operaciones de guerrillas contra los terratenientes y el hetman y, por otro, llevar a cabo un trabajo directo de propaganda y agitación entre los campesinos. Los trabajadores insurrectos aplicaron estos principios sometiendo a sus enemigos y arrasando las viviendas de los propietarios ricos.

La 'petliurovschina'

11 de noviembre de 1918. Mientras los campesinos alzaban la bandera negra libertaria en el sur del país, Alemania caía derrotada en el Frente Occidental y solicitaba el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial al tener que replegarse de Kiev. Dos días después, los opositores del hetman Skoropadski, con Simón Petliura al frente de las fuerzas armadas, proclamaron la restauración de la República Popular Ucraniana. En aquel momento, los partidarios de Petliura consideraban a la majnovischina como un movimiento poco importante en la revolución del país y esperaban atraerlos y ponerlos bajo su control. Preguntado por los dirigentes petliuristas acerca de la nueva situación del país, Majnó respondió que, en su opinión, la petliurovschina era un movimiento de la burguesía nacionalista ucraniana y que «Ucrania debía ser organizada sobre la base del trabajo libre y de la independencia de obreros y campesinos de todo poder político»
 
Durante años se creyó equivocadamente un estandarte
majnovista, en realidad es de la caballería pletiurista.

En aquel periodo, la revolución de los campesinos de Guliaipolié se encontraba en su momento de mayor desarrollo. Hasta junio de 1919, los trabajadores insurrectos vivieron sin ningún poder político y crearon nuevas fórmulas de orden social: las comunas del trabajo libre y los sóviets libres de los trabajadores. La primera de aquellas comunas, cerca de la aldea Pokróvskoye, recibió el nombre de Rosa Luxemburgo.

Tras el derrocamiento de Alemania, Lenin, por su parte, declaró nulo el Tratado de Brest-Litovsk e invadió nuevamente Ucrania. Poco tiempo después, a finales de enero de 1919, los bolcheviques lanzaron un ataque general en el este y el centro del país, y a principios de febrero Kiev cayó en manos del Ejército Rojo. Días más tarde, Majnó partió hacia Ekaterinoslav —actual Dnipropetrovsk— para luchar contra las fuerzas petliuristas y las del Ejército Blanco, comandadas por Antón Denikin, para lo cual contó con el apoyo de las tropas bolcheviques, que le habían ofrecido estar al mando de los destacamentos de guerrilleros. Tras una breve victoria, los ejércitos de Petliura volvieron a hacerse con el control de la ciudad y en dos ocasiones intentaron realizar atentados contra Majnó.

Para hacer frente a la amenaza de las fuerzas contrarrevolucionarias en las tierras libres de todo poder, los campesinos crearon los congresos regionales de los campesinos, obreros y guerrilleros. El primero de ellos se celebró el 23 de enero de 1919 para debatir el peligro que representaban Petliura y Denikin. El segundo se reunió el 12 de febrero en Guliaipolié cuando 20.000 combatientes voluntarios engrosaban las filas del ejército de los revolucionarios majnovistas. En aquel encuentro se creó el Consejo Militar Revolucionario Regional, el órgano ejecutor de las decisiones tomadas por el congreso en todo el Territorio Libre.

Un mes después, los comandantes bolcheviques ofrecieron a Majnó la posibilidad de unir ambos ejércitos para hacer frente al enemigo común: Denikin y su Ejército Blanco. A pesar de las reconocidas diferencias ideológicas, el ejército majnovista accedió y, temporalmente, se convirtió en parte del Ejército Rojo, aunque con condiciones. La majnovischina estaba organizada de acuerdo a tres principios fundamentales: la voluntariedad, el principio electoral —de cuestionable veracidad práctica— y la autodisciplina. Además, se acordó, entre otras condiciones, que los combatientes majnovistas debían recibir el mismo número de municiones y de víveres que los bolcheviques.
 
Distribución del Territorio Libre
controlado por los majnovistas.

Pero estos últimos apuntaban a otros fines. En realidad, el objetivo del Ejército Rojo —percibido con gran recelo por trabajadores y campesinos— era absorber a los batallones majnovistas. Por ello, desde el Gobierno central se empezó a desplegar todo un aparataje propagandístico y de agitación contra la majnovischina. Los territorios libres fueron bloqueados, todos los militantes que salían o se dirigían a Guliaipolié eran arrestados por el camino, las municiones y víveres pactados anteriormente dejaron de llegar a las filas majnovistas y desde los periódicos del partido se demonizaba y amenazaba al movimiento de Majnó.

La declaración oficial de la ofensiva bolchevique llegó tras la celebración del Tercer Congreso Regional, celebrado el 10 de abril de 1919, cuando el comandante de la división bolchevique, Pável Dybenko, declaró que el Consejo Militar Revolucionario era, en realidad, contrarrevolucionario y sus organizadores debían quedar fuera de la ley. En adelante, declaraba, las decisiones gubernamentales de la región pasarían a ser competencia del Sóviet Militar Revolucionario de los Obreros y Campesinos Insurgentes, con los comunistas al mando. En respuesta, el Consejo Militar de Guliaipolié envió a Dybenko un texto que concluía: «El Consejo no se desviará, a pesar de todas vuestras amenazas, de los deberes que le han encargado, porque no tiene derecho a ello y ustedes tampoco lo tienen para usurpar los derechos del pueblo».

El cisma entre los libertarios majnovistas y el sector bolchevique era ya un hecho.

Agresión de las tropas bolcheviques

Hacia mayo de aquel año, León Trotski —entonces presidente del Consejo Militar Revolucionario de la República— visitó Ucrania y en el periódico V puti publicó: «Todos los discursos de los majnovistas y de los anarquistas sobre la comuna libre de los trabajadores no equivalían más que a un engaño de guerra, mientras que en realidad los majnovistas y los anarquistas aspiraban a introducir su propia autoridad anarquista, que, a fin de cuentas, iría a parar a los kulaks».

Simultáneamente, el envío de municiones y de materiales para las tropas de Majnó se detuvo completamente y quienes querían introducirse en la región, atraídos por la revolución, eran detenidos. En aquel momento, las tropas de Denikin recibían refuerzos por parte de los cosacos del Kuban y de los destacamentos de combatientes del Cáucaso. El Territorio Libre estaba, pues, amenazado desde dos frentes. Ante la urgencia del momento, el Consejo Revolucionario de Guliaipolié convocó un congreso extraordinario que debía determinar las acciones inmediatas para hacer frente a la situación.

El 14 de junio de ese mismo año Trotski, reaccionando a la celebración del consejo extraordinario, publicó la orden nº 1824, en la que prohibía la reunión y advertía de que todos los majnovistas serían detenidos. Esta orden adquirió fuerza de ley por vía telegráfica, aunque no fue comunicada por parte de las autoridades soviéticas a los campesinos hasta tres días después. Además, dio orden secreta de apoderarse de Néstor Majnó y de los miembros del movimiento para llevarlos ante un consejo de guerra y condenarlos a muerte.

En medio de estas tensiones con el frente bolchevique, los peores augurios de los campesinos revolucionarios se cumplieron. Denikin y sus tropas atacaron Guliaipolié y el batallón majnovista tuvo que hacerle frente con toda suerte de primitivos utensilios: hachas, picos y fusiles de caza. Murieron casi todos los combatientes revolucionarios. Guliaipolé fue ocupada por los cosacos el 6 de junio.

Al día siguiente, batko Majnó reunió a un grupo de soldados voluntarios y consiguió desalojar al enemigo, pero esta breve victoria duró hasta que una nueva ola de cosacos volvió a hacerse con el control de la ciudad. Sorprendentemente, el Ejército Rojo envió el mismo 7 de junio un tren blindado a las tropas majnovistas y algunos destacamentos para alentarlos a la resistencia. Sin embargo, al mismo tiempo, el mariscal Kliment Voroshílov había recibido órdenes de Trotski de apresar a Majnó y al resto de jefes de la majnovischina, desarmar a los insurrectos y fusilar a quienes se resistieran. Por todo ello, Majnó tomó la decisión de abandonar su puesto como comandante de la insurrección en vista de los prejuicios que podía suponer para la revolución. «Supongo que, hecho esto, las autoridades centrales cesarán de lanzar sobre mí y sobre los guerrilleros la sospecha de tramar conspiraciones antisoviéticas y acabarán por considerar la insurrección de Ucrania desde un serio punto de vista revolucionario» escribiría batko en una carta a Voroshílov.
 
Combatientes majnovistas o
insurgentes-revolucionarios.

Un mes más tarde, Ekaterinoslav y Járkov —capital de la República Socialista Soviética de Ucrania— cayeron en manos de Denikin y el Ejército Rojo se ocupó no de la defensa del país, sino de la evacuación de sus tropas.

Los ejércitos de Majnó fueron seguidos por cientos de familias que veían cómo sus hogares eran arrasados por el Ejército Blanco, el cual, además, dado su marcado antisemitismo, violaba sistemáticamente a las mujeres hebreas. Pero los cambios se apresuraron en favor de los revolucionarios. Las tropas del Ejército Rojo que aún quedaban en Ucrania se sentían avergonzadas por la retirada de los bolcheviques, y por ello decidieron unirse a Majnó para enfrentar a Denikin. Aun así, las fuerzas denikianas fueron reforzadas con nuevas tropas que llegaban de los frentes de Odesa y de Voznesensk. El círculo de aniquilamiento se estrechaba cada vez sobre la majnovischina, que huyó durante dos meses de aldea en aldea a través de caminos vecinales.

Del triunfo histórico al final de la revolución

La huida de las tropas revolucionarias se detuvo en la ciudad de Uman el 25 de septiembre. Las tropas majnovistas, distribuidas a lo largo de diversas aldeas, iniciaron un combate encarnizado y desigual contra las tropas de Denikin que duró desde las tres de la madrugada hasta las ocho de la tarde del día siguiente. Pero entre los combatientes nadie encontraba a Majnó.

Desde una perspectiva, cuando menos, romántica, las crónicas de Arshinov cuentan cómo en el momento más difícil de la batalla, cuando parecía que la causa estaba perdida, el sonido de las ametralladoras cesó ante la perplejidad de los guerrilleros. Desde el frente enemigo apareció la figura de Néstor Majnó seguido por un grupo de jinetes, que, armados con sables, consiguieron que las tropas de Denikin se retiraran hacia el río Dnieper, donde perecieron ahogados. La majnovischina había logrado una victoria histórica contra el enemigo contrarrevolucionario.

El regocijo por la victoria no tardó en disiparse ante la continuidad de las afrentas bolcheviques, que una vez más intentaron asesinar a Majnó y continuaron difamando contra la majnovischina. Aun así, ambos frentes alcanzaron un nuevo acuerdo para derrocar la ofensiva del Ejército Blanco de Piotr Wrangel. Esto sucedió a mediados de noviembre de 1920. El 26 de noviembre, a las tres de la madrugada, los representantes majnovistas fueron detenidos en Járkov, y la misma suerte corrieron todos los anarquistas de Ucrania. Por la mañana, Guliaipolié fue ocupada y bombardeada por el Ejército Rojo. Esta fue la tercera alianza traicionada por los bolcheviques.

A pesar de que Majnó consiguió reunir numerosos destacamentos de guerrilleros, contaba con apenas 3.000 hombres frente a un ejército cincuenta veces más grande. La derrota de la majnovischina había llegado.

No se sabe con absoluta certeza historiográfica cómo fueron los últimos días de Néstor Majnó en París, donde murió tuberculoso y sumido en la pobreza después de haberse exiliado en Rumanía, Polonia y Danzing. El historiador Alexander Berkman apunta a que, en sus últimos momentos, Majnó soñaba con volver a su tierra natal y escribir desde allí su última honra a los campesinos de la Ucrania insurgente: «Es nuestro deber revolucionario alzar nuestras voces una vez más para gritar sobre las fronteras de la URSS: "¡Dad a los hijos de Octubre su libertad, devolvedles su derecho a organizarse y propagar sus ideas!"».

EL ORDEN MUNDIAL
16 marzo 2017

miércoles, 6 de diciembre de 2017

A los judíos del mundo


 Por NESTOR MAJNÓ

¡Ciudadanos judíos! En mi primer «Llamamiento a los judíos», publicado en el periódico francés LE LIBERTAIRE, me dirigía a los judíos en general, en respuesta a lo que afirman burgueses y socialistas junto a «anarquistas» como Yanovski, que me acusan de pogromista y califican de antisemita al movimiento de liberación de campesinos y trabajadores ucranianos que lideré; para que me detallaran hechos concretos en lugar de imputaciones genéricas: simplemente, que me dijeran dónde y cuándo perpetré, o el movimiento antes mencionado perpetró, actos de ese tipo.

Había esperado a que los judíos en general contestaran a mi «Llamamiento», que apareciera gente ávida por descubrir al mundo civilizado la verdad acerca de estos criminales responsables de las matanzas de judíos en Ucrania o que intentaran basar sus vergonzosos relatos sobre mí y sobre el movimiento majnovista en hechos probados en los que pudieran comprometerme y que los presentaran ante la opinión pública.

Por el contrario, no he visto que ningún judío haya presentado pruebas. Lo único que ha aparecido hasta el momento en la prensa, reproducido también por ciertos órganos anarquistas judíos, acerca de mí y el movimiento insurgente que lideré, no ha sido otra cosa que el producto de las más vergonzosas mentiras y de la grosería de ciertos maniobreros políticos y sus paniaguados. Además, hay que decir que las unidades revolucionarias combatientes compuestas por trabajadores judíos jugaron un papel de primer orden en el movimiento. La cobardía de los difamadores no me afecta, ya que siempre les he tratado como lo que son. Los ciudadanos judíos pueden estar seguros de ello si observan que no dije ni una sola palabra sobre la farsa salida de la pluma de un tal Joseph Kessel con el título de «Majno y sus judíos», una novela escrita sobre la base de la desinformación acerca de mí y del movimiento conectado conmigo organizativa y teóricamente. La sustancia de esta farsa está tomada de un lacayo lameculos de los bolcheviques, un tal Coronel Gerasimenko, recientemente condenado por los tribunales checos por espionaje para una organización militar bolchevique. La 'novelucha' está también basada en artículos escritos por un periodista burgués, un tal Arbatov, que desvergonzadamente me atribuye toda clase de violencias perpetradas contra una compañía de «artistas enanos». Una invención de principio a fin, por supuesto.

En esa novela simplemente compuesta por falsedades, Kessel me describe de un modo tan odioso que, al menos en aquellos pasajes que toma prestados de Gerasimenko y Arbatov, debería haber nombrado sus fuentes. Dado que la falsedad representa el principal papel en esta novela y que las fuentes son inconsistentes, el silencio fue la única respuesta que creí oportuno dar.

Tengo una visión bastante diferente de las calumnias que parten de asociaciones judías que buscan hacer creer a sus correligionarios que han examinado cuidadosamente los actos viles y flagrantemente injustos perpetrados contra la población judía de Ucrania y que buscan denunciar a sus autores.

Hace algún tiempo una de estas sociedades, que por cierto tiene su sede en el reino de los bolcheviques, editó un libro, ilustrado con fotografías, sobre las atrocidades cometidas contra la población judía en Ucrania y Bielorrusia, con base en materiales aportados por el «camarada» Ostrovski, lo cual quiere simple y llanamente decir que en base a lo aportado por los bolcheviques. En este documento «histórico» no se menciona en ningún lado los pogromos llevados a cabo por el jactancioso Primero de Caballería del Ejército Rojo a su paso por Ucrania en ruta hacia el Cáucaso en mayo de 1920. Por el contrario, dicho documento menciona varios pogromos y los ilustra con fotografías de insurgentes majnovistas, aunque no está claro qué pintan allí, eso por un lado, y por otro, que de hecho ni siquiera son majnovistas, como lo testimonia el hecho de que se quiere dar a entender que se muestra a «Majnovistas en acción» mediante la foto de una bandera negra sobre la que se muestra una calavera: se trata de una fotografía sin conexión con pogromos y, sobre todo, y especialmente, que no muestra a ningún majnovista.

NO es una bandera 'majnovista' ni 'petliurista',
sino de la guerrilla de los hermanos Kotsur.

Un fraude aún más significativo, conmigo y con los majnovistas como blanco, puede verse en las fotografías de las calles de Alexandrovsk (Zaporiyia), supuestamente tomadas a continuación de un pogrom organizado por majnovistas en verano de 1919. Esta burda mentira es imperdonable para la asociación judía responsable de la publicación, ya que todo el mundo en Ucrania sabe que en aquel entonces el ejército insurgente majnovista se encontraba lejos de esa región: había retrocedido a Ucrania occidental. De hecho, Alexandrovsk estuvo bajo control bolchevique desde febrero hasta junio de 1919 y luego en manos de Denikin hasta otoño.

Con estos documentos, la asociación judía de tendencia bolchevique nos ha injuriado gravemente al movimiento majnovista y a mí: incapaces de hallar evidencias documentales con las que denostarnos (en beneficio de sus patrocinadores) cargándonos pogromos antisemita, ha recurrido a descarados engaños que no tienen relación alguna ni conmigo ni con el movimiento insurgente. Su falsedad aparece con aún mayor claridad cuando reproducen una fotografía que titulan «Majno, un "pacífico" ciudadano» donde quien aparece retratado es alguien absolutamente desconocido para mí.

Por todas estas razones consideré que era mi deber dirigirme a la comunidad judía internacional para mostrarles la cobardía y la mentira de ciertas asociaciones judías de la órbita bolchevique que nos acusan de pogromos antisemitas a mí y al movimiento insurgente que lideré. La opinión judía internacional debe examinar escrupulosamente en qué se sustentan estas infames imputaciones, porque el esparcir tales infundios no es precisamente la mejor manera de establecer, a los ojos de todos, la verdad sobre lo que soportó la población judía ucraniana, no olvidando el hecho de que estas mentiras sólo sirven para desfigurar por completo la Historia.

Dielo Truda
(Nº 23-24 / abril-mayo 1927)