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lunes, 22 de julio de 2024

El antifascismo como instrumento del neoliberalismo occidental


Vacío de contenido

Por RABIOSO (AyR)

  «Me pregunto, querido Alberto, si este airado antifascismo que se desahoga
en las calles hoy, cuando el fascismo ha dejado de existir, no será en última
instancia un arma de distracción que la clase dominante utiliza contra estudiantes
y trabajadores para limitar la disidencia y luchar contra un enemigo inexistente
mientras el consumismo moderno avanza y desgasta una sociedad ya moribunda.»

(PIER PAOLO PASOLINI A ALBERTO MORAVIA, 1973)

Hubo una época, en la década de los 90, en la que la CNT de Valladolid se negaba a participar en la performance «antifascista» del 20-N. Esta situación cambió tras la afiliación de un número considerable de nacionalistas amantes del Exin Castillos que en cada frase metían con calzador la palabra «antifascismo». De manera paralela agonizaba y desaparecía el Ateneo Libertario Gregorio Baticón en el que yo y muchas otras personas tuvimos la suerte de batirnos el cobre debatiendo sobre la realidad con los mayores, anarquistas que habían sufrido y sobrevivido la dictadura fascista, la llamada Transición y la travesía del desierto tras la desintegración como castillos de arena de la extrema izquierda activa en esa Transición (1).

En ese Ateneo se aplicaba el método socrático: en lugar de aplastar ideas disidentes se buscaba fomentar el pensamiento crítico, obligándonos a reflexionar sobre nuestras propias ideas. Fueron épicas discusiones donde, por ejemplo, los mayores defendían al ejército, la policía y el Estado para obligarnos a salir del refugio cómodo de eslóganes repetidos hasta la putrefacción y dejar al desnudo nuestro pensamiento real, obligándonos a defender nuestras ideas. Ir de punkis, heavys o cualquier moda juvenil que llevásemos a cuestas daba igual, todo el mundo era bienvenido.

La corrección política, arma de destrucción masiva contra el pensamiento crítico

Muchas veces me pregunto qué dirían los mayores ante esta época enloquecida, en la que el Estado y el Capital han convertido a la izquierda en su principal instrumento para controlar al pueblo. Visto en perspectiva, esto ha sido posible gracias al uso de la corrección política, arma de destrucción masiva contra el pensamiento crítico que ha sido asumida hasta por el movimiento libertario. Quien se pregunte honestamente porqué la juventud actual ha dado la espalda a la izquierda tan sólo tiene que recordar que, desde comienzos del siglo XXI, la llamada izquierda ha acogido ideas cada vez más reaccionarias mientras se insultaba y convertía en apestados a quienes nos negamos a comulgar con ruedas de molino aplicando la «cultura de la cancelación» típica de EEUU, que no tiene nada que envidiar al 'sambenito' de la Inquisición.

Los ejemplos de esta mentalidad inquisitorial importada de EEUU que hace imposible discusiones racionales son múltiples: denunciar que es imposible acabar con la prostitución es ser «cómplice de proxenetas», defender la pornografía es ser «machista» o «sexista», rechazar los supremacismos etnicistas como el catalán es ser «españolista», salirse del guión impuesto por los medios de comunicación del Capital es ser «conspiracionista», denunciar el totalitarismo rampante de corte cientifista es ser «negacionista», estar en contra de permitir amputaciones de pechos y penes de niños/as es ser «tránsfobo», rechazar la religión misantrópica del clima basada en el pánico es ser «negacionista climático», negarse a apoyar la dictadura ucraniana impuesto mediante un golpe de Estado de la OTAN es ser «pro-ruso», etc.

Sembrar el fascismo y pedir el voto para «parar a la extrema derecha»

Esta inquisición trufada de ideas reaccionarias se acompaña de apelaciones a «parar a la extrema derecha». De hecho, el «antifascismo» se ha convertido en el último acto del show siniestro del capitalismo neoliberal, como se ha puesto en evidencia en Francia, donde el gobierno que se está dedicando a desmantelar el «Estado del bienestar» para financiar su enloquecida política contra Rusia ha logrado legitimarse en las urnas mediante la llamada a «parar a la extrema derecha» e impedir la victoria del Frente Nacional.

La realidad, como siempre, es muy distinta a lo que predica el poder. El ascenso del Frente Nacional fue organizado por el Partido Socialista de François Mitterrand, que dio una inmensa presencia mediática a Le Pen (padre) a comienzo de los años 80 para dividir el voto conservador y ganar las elecciones (2). Por ello no es sorprendente que el «voto útil antifascista» de Macron pueda llevar al poder al Partido Socialista, que sin la «amenaza fascista» sería un cadáver político. El PSOE ha aplicó el mismo maquiavelismo político mediante su alianza con la extrema derecha catalanista y acciones como desenterrar un cadáver de Franco, que nadie visitaba, para impulsar la aparición de Vox y dividir el voto conservador e impedir la victoria del PP.

Como ha demostrado Meloni en Italia, la extrema derecha es un espantavíejas carente de capacidad de maniobra. En realidad, los principales apoyos al fascismo armado son los autodenominados «antifascistas», como han puesto de manifiesto el envío de armas a Israel y los aplausos a Zelenski en el parlamento.

Fascismo y antifascismo zombi

Como señaló George Orwell (3), tras la derrota de las potencias fascistas en la Segunda Guerra Mundial el término fascismo se degradó y pasó a ser utilizado de manera indiscriminada hasta quedar reducido al nivel de la palabra «matón». Al mismo tiempo, el término «antifascismo» era visto con recelos por los Aliados: los grupos antifascistas surgidos espontáneamente en Alemania tras la derrota de Hitler fueron prohibidos en las zonas de ocupación francesa, británica y estadounidense, y absorbidos por el poder en la zona de ocupación soviética (4).

Durante la Guerra Fría, EEUU utilizó el fascismo como una marioneta para camuflar sus maniobras de desestabilización contra sus competidores europeos, mediante la «estrategia de la tensión». Tras la implosión de la URSS y el derrumbe de la extrema izquierda y la extrema derecha, el antifascismo se convirtió en un símbolo de la extrema izquierda marginal del cambio de siglo, junto a la ocupación, la liberación animal, el feminismo o la antiglobalización. En Valladolid a comienzo de los años 90 las potentes redes fascistas de la Transición había desaparecido, hasta el punto de que los «responsables» de la única pegada de carteles con esvásticas a gran escala fuimos las Juventudes Libertarias: la tinta de un cartel que sacamos tenía tan mala calidad que, al darle el sol, se borraba todo y tan sólo se veía una calavera con esvástica.

El uso del símbolo 'antifa' como banderín de enganche por grupos independentistas en Europa occidental y grupos nacionalistas de Europa oriental ha dado lugar al uso de la bandera 'antifa' en homenajes en Polonia a «héroes nacionales» que eran conocidos antisemitas y miembros de la extrema derecha (5); el «antifascismo» también ha sido utilizado para conseguir apoyo de la izquierda occidental para fascistas, como hizo la Cruz Negra Anarquista de Bielorrusia en un juicio contra hooligans de extrema derecha (6).

De la Greta antifascista al fascismo como instrumento de la religión climática

Otro paso más del vaciado de contenido del antifascismo ha sido su uso para legitimar la religión climática, con Greta Thunberg y sus padres posando con camisetas antifascistas (7). La religión climática, una ideología pseudocientífica impulsada y financiada por el capital financiero occidental para reestructurar la economía justificando el empobrecimiento (8), es también un mecanismo neocolonial contra el llamado «Tercer Mundo» para impedir que se industrialice (9).

El «anarquista» Noam Chomsky, que a comienzos de 2022 advertía que «vamos camino a una forma de neofascismo» (10), no tuvo inconveniente en defender el uso del fascismo «como último recurso» para imponer por la fuerza las medidas de empobrecimiento generalizado de la religión climática:

 

Supongamos que mañana se descubriese que se ha subestimado el efecto invernadero, y que sus efectos catastróficos van a ponerse de manifiesto en la próxima década y no dentro de cien años. Pues bien, debido al estado actual de los movimientos populares, tendría lugar un golpe de Estado fascista con todo el mundo apoyándolo, ya que sería el único medio que podría imaginarse para poder sobrevivir. Incluso yo estaría de acuerdo, porque actualmente no hay alternativas a la vista. (11)

Dictadura sanitaria, ¿fascismo asintomático?

El recurso al autoritarismo de Chomsky es conocido: en 2021 defendió apartar de la sociedad a quienes no se inyectasen terapias genéticas experimentales («vacunas») contra el coronavirus (12). Esta medida era un castigo y una venganza por negarnos a obedecer, ya que dichas terapias genéticas ni impedían la transmisión ni impedían infectarse, como reconoció un cargo de Pfeizer en el Parlamento Europeo (13).

En realidad, el aislamiento era una de las medidas inventadas no por motivos sanitarios sino para hacer la vida imposible a quienes defendimos el «derecho a decidir» sobre nuestro cuerpo, negándonos a inyectarnos la mierda de Pfizer y compañía. Como reconoció José Luis Quintas Díez, viceconsejero de Salud de la Taifa del País Vasco, «el pasaporte Covid no es una medida con fines sanitarios», era un instrumento del totalitarismo sanitario, al que ningún grupo antifascista se opuso (14). Este silencio fue especialmente ensordecedor cuando el ahora «antifascista» Macrón declaró públicamente su intención de «jodernos» mediante medidas represivas (15). El uso del antifascismo para defender el totalitarismo sanitario ha llegado al extremo de llevar a juicio a C.J. Hopkins por usar una esvástica al equipararlo al fascismo (16).

Rojava: imperialismo antifascista y campo de entrenamiento de mercenarios fascistas

El «antifascista» Chomsky también ha defendido la ocupación imperial del territorio sirio «para proteger a los kurdos» (17), algo en lo que coincide con la CNT española, que ha exigido al gobierno español que pida (a la OTAN, obviamente) que se imponga una zona de exclusión aérea sobre Rojava (18). Este protectorado de EEUU es comparado por la prensa del Capital y del movimiento anarquista con la revolución y guerra antifascista española de 1936 (19). Para acentuar el parecido se han difundido imágenes de la bandera 'antifa' y símbolos rotos del Estado Islámico (ISIS).

Lo cierto es que, como nos contaba recientemente Javier Couso, que visitó Rojava en representación de la UE, lo primero que llama la atención en Rojava es la presencia ubicua del ejército de EEUU. Y es que Rojava es parte de la estratega occidental para estrangular la economía siria: al este del Eufrates están las principales fuentes de energía eléctrica, el granero y los yacimientos de petróleo de Siria. En realidad, los «anarquistas» kurdos son meros cipayos que administran para EEUU un territorio árabe con ayuda de grupos islamistas con banderas monárquicas. El papel de estos «antifascistas» de cartón-piedra es blanquear el robo de los recursos que provoca hambrunas, como ha denunciado China (20). El petróleo se envía al apartheid israelí, que usa a los kurdos como parte de su estrategia «Periphery»: balcanizar países árabes siguiendo el «divide y vencerás» de toda la vida (21).

Si ya es ridículo creer que el Pentágono permite experimentos comunistas en zonas bajo su control, más lo es creer el «antifascismo» del PKK/SDF, que aplica la limpieza étnica contra los árabes y reprime a las minorías en las zonas que controla (22). Lo cierto es lo contrario, como demuestra la visita de Abascal, jefe del partido de extrema derecha Vox (23), o que extranjeros que han luchado en «Rojava» se hayan integrado en el batallón neonazi Azov y luchen por el régimen pro-OTAN ucraniano, apoyado por el PKK/YPG (24).

Cataluña y el 'Procés', o que el «derecho a la autodeterminación» rima también con fascismo

Último ejemplo de la galería de los horrores del «antifascismo» actual es Cataluña, donde grupos que nunca han escondido sus tendencias totalitarias e incluso abiertamente fascistas utilizan sin el menor pudor la simbología antifascista. El nacionalismo catalán ha recibido el apoyo de grupos reaccionarios como el Bayernpartei alemán (25), ERC y Junqueras han apoyado homenajes a personajes abiertamente fascistas como los hermanos Badía, que torturaban y mataban anarquistas (26), y la CUP se haya atrevido en 2023 a homenajear a personajes abiertamente racistas como Daniel Cardona (27). Y es que la cabra tira al monte.

Un fruto del aquelarre supremacista del 'Procés' ha sido transformar a la extrema izquierda catalana en un apéndice del independentismo supremacista, por miedo a ser calificada de «españolista». El otro ha sido la aparición de una potente extrema derecha catalanista, confirmando que el «derecho de autodeterminación» es un instrumento del supremacismo nacionalista.

Hoy como en 1936, el «antifascismo» es un instrumento del Poder, una forma de adhesión al sistema, mero postureo aprovechado por mercachifles políticos para vivir del cuento. Con nosotros que no cuenten para apoyar cáscaras vacías de contenido.

DESDE EL CONFINAMIENTO, Nº. 86


NOTAS:

(1) Ver Boletín Amor y Rabia (10-04-2022), número especial dedicado a Paco Baticón.

(2) Emmanuel Faux, Thomas Legrand, Gilles Perez (1994): La Main droite de Dieu. Enquête sur François Mitterrand et l’extrême droite.

(3) George Orwell, ¿Qué es el fascismo?, 1944.

(4) Lutz Niethammer, Ultich Borsdorf, Peter Brandt (1976): Arbeiterinitiative 1945. Antifaschistische Ausschüsse und Reorganisa-tion der Arbeiterbewegung in Deutschland.

(5) Kamil Majchrzak (Konkret 4/2015): Für Gott, Ehre und Vaterland: Polens Antifa betreibt nationale Heldenverehrung.

(6) Indymedia (14-02-2017): Keine Unterstützung für nationalistische Hools.

(7) Público (26.07.2019): «Las redes no dancrédito: Greta Thunberg se pone una camiseta antifascista y un diputado de Voxse indigna».

(8) Chimpancés del Futuro (Portal Libertario OACA, 04-07-2024): «Una perspectiva anarquista sobre los nuevos grupos ecologistas"».

(9) Financial Times (24-12-2023): «Rich worlduses green policies to hold back the poor, says UN trade chief».

(10) Global Policy (09-12-2022): Noam Chomsky: «We’re on the Road to a Form of Neofascism».

(11) Noam Chomsky (2002): Understanding Power:The indispensable Chomsky, p.388.

(12) National Post (27-10-2021): «Noam Chomsky says the unvaccinated should just remove themselves from society».

(13) Heraldo.es (13-10-2022): «¿Testó Pfizer su vacuna antes de lanzarla al mercado? "No, jaja"».

(14) Ver Amor y Rabia News (21-01-2021).

(15) RFI (05-01-.2022): «Macron quiere "joder hasta el final" a los franceses no vacunados».

(16) Multipolar (21-02-2024): «Der kafkaeskeProzess gegen C. J. Hopkins».

(17) Kurdistan 24 (03-10-2018): «NoamChomsky says US should stay in Syria to protect the Kurds».

(18) CNT (11-10-2019): «Comunicado de laSecretaría de Exteriores sobre la invasión de Rojava».

(19) CNT (15-07-2020): «19 de julio:Recordamos el 36 y defendemos Rojava».

(20) Xinhua (03-07-2024): «China urges U.S. to stop plundering Syria’s resources».

(21) Yossi Alpher (2015): Periphery. Israel’s reach for Middle East Allies. Al-Akhbar (15-07-2019): «¡El petróleo del este de Siria está en manos de Israel!».

(22) Human Rights Watch (19-06-2014): «UnderKurdish Rule. Abuses in PYD-run Enclaves of Syria». Reuters (13-11-2016): «Iraqi Kurds’ destruction of Arab villagescould be war crime –HRW».

(23) Público (15-12-2018): «El día en que elpresidente de Vox quedó fascinado por el comunismo libertario».

(24) Sputnik Mundo (19-04-2022): «Uno de losmercenarios británicos capturados se sincera sobre el batallón Azov y suscometidos».

(25) El Independiente (30-09-2017): «Las otras Cataluñas de Europa».

(26) Crónica Global (26-04-2015): «El independentismohomenajea a los hermanos Badia».

(27) CUP Sant Just, 11-03-2023. Wikipedia, «Daniel Cardona».

martes, 4 de diciembre de 2018

Lecciones griegas


Así se libraron del partido de extrema derecha en la isla de Creta

Profesores y activistas explican cómo expulsaron de la isla al partido xenófobo Amanecer Dorado. Creta se ha convertido en la primera gran región de Grecia sin presencia de la formación ultranacionalista.

Por JESSICA BATEMAN

La colada cuelga de los balcones de un modesto bloque de apartamentos en la calle Irodotou, en Heraclión, la capital de Creta. Fuera, los niños montan en bici y los mayores juegan a las cartas en una cafetería. Pero antes de mayo de este año, este edificio era diferente. Un cartel rezaba: «Amanecer Dorado, región de Heraclión». El partido griego ultranacionalista y de extrema derecha utilizaba esta calle como su sede local.

Fueron los profesores locales los que primero se dieron cuenta de su influencia. «Dos de mis estudiantes de 13 años tenían problemas familiares», recuerda Maria Oikonomaki, de 50 años. «Amanecer Dorado se acercó a ellos en cafeterías y en el gimnasio, presentándose ante ellos como familia y protectores. Les llevaban a tomar café y les daban clase de historia griega».

Entonces vino la violencia, incluido el apuñalamiento de dos trabajadores paquistaníes. «Pensé: Dios mío, ¿qué está pasando en este barrio?», recuerda Oikonomaki. A pesar de los ataques, Amanecer Dorado podría haber mantenido su posición en Heraclión —o haber echado raíces— si los residentes de la ciudad no hubiesen decidido defenderse.

Amanecer Dorado se formó en 1980 y se mantuvo como un partido marginal hasta la devastadora crisis financiera que empezó en 2009. Mientras la confianza en los principales partidos se debilitaba, la narrativa de Amanecer Dorado evocando el pasado de Grecia como una gran nación arruinada por la inmigración tocó la fibra sensible de algunos votantes desilusionados. Además de convertirse en el tercer mayor partido en el Parlamento de Grecia, también estableció un ala paramilitar callejera que atacaba regularmente a inmigrantes y opositores políticos.

«Como Amanecer Dorado es un movimiento de base, el apoyo local es fundamental para su éxito», sostiene Daphne Halikiopoulou, profesora asociada en la Universidad de Reading y experta en Amanecer Dorado. «Actuaba en zonas donde sabía que podía construir una buena presencia y expandió significativamente su organización», añadió.

La zona que eligió en la capital fue el suburbio oriental de Nea Alikarnassos. Un barrio obrero con una larga historia de inmigración desde Asia Menor y Europa del Este. Muchos de sus residentes estaban empleados en la construcción y perdieron su trabajo durante la crisis. Amanecer Dorado abrió aquí discretamente su oficina en 2011.

Inicialmente, el movimiento antifascista de Creta puso en marcha el contraataque. «Nuestra filosofía es no permitir a la extrema derecha ocupar el espacio público», señala Konstantinos (no es su nombre real), un militante antifascista de unos 20 años. «En países cálidos como Grecia, el espacio público es donde la clase obrera pasa su vida. Dondequiera que haya fascistas, también tienes que hacer sentir tu presencia.»

Así que cuando se enteraron de la nueva oficina, Konstantinos y otros activistas organizaron una asamblea vecinal. «Existía un consenso general en que la gente no quería a Amanecer Dorado en la zona, pero no vino una cantidad de personas suficiente en apoyo a la asamblea», afirma. «Nos dimos cuenta de que no podíamos tener una presencia continua en la zona. Intentamos mantenerles fichados, pero no podíamos hacer mucho más», añade.

En septiembre de 2012, todo cambió. En un crimen que impactó a todo el país, el destacado rapero antifascista Pavlos Fyssas fue asesinado bajo las órdenes de Amanecer Dorado. Estallaron grandes protestas y 69 miembros del partido, incluido su líder, Nikolaos Michaloliakos, y 18 diputados, fueron detenidos y acusados de dirigir una organización criminal. Su juicio sigue abierto.

Tomar las calles y hablar con la gente sobre fascismo

«Antes de esto, la gente no tenía esa actitud de miedo hacia Amanecer Dorado, simplemente creían que había que educarles», explica Haris Zafiropoulos, un activista de 27 años de Izquierda Nueva Actual, una coalición de grupos de izquierdas. 


Activistas como Zafiropoulos iniciaron una nueva estrategia: salir a la calle y participar en conversaciones cara a cara sobre el fascismo y por qué hay que combatirlo. «Todos los fines de semana íbamos al barrio y hablábamos con gente», señala Zafiropoulos. «Creta sufrió mucho de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Pueblos enteros fueron incendiados. Intentamos recordar a la gente lo que ha pasado antes y lo que está pasando ahora», añade.

Mientras tanto, profesores en toda la isla se movilizaron para abordar la radicalización que estaba teniendo lugar en las escuelas. «La forma en que se movían los fascistas dentro de la comunidad de estudiantes era muy inteligente y a escondidas, al principio no nos dimos cuenta de lo que estaba ocurriendo», sostiene Fotis Bichakis, fundador de la Liga de Profesores Antifascistas de Creta. «Era fácil manipular a jóvenes estudiantes que se sentían frustrados».

Los profesores trabajaron juntos para preparar clases en las que se enseñase historia de una forma menos nacionalista y se explicasen y enfrentasen las ideologías fascistas. La primavera siguiente, 56 escuelas colaboraron en un festival antifascista.

«Celebramos la cultura de todos los grupos migrantes de la isla, compartiendo su música, tradiciones y las historias de cómo llegaron a Grecia», señala Bichakis, del que se ha convertido en un festival anual. «Adoptamos la filosofía de unir a toda la gente posible: padres, profesores y estudiantes. Intentamos hacer entender a Amanecer Dorado que sus ideas no tienen lugar en nuestra región. Y así fue como ganamos».

Los profesores optaron por no ver a los estudiantes ya captados por el partido como causas perdidas. «Siempre tuvimos fe en que podrían volver a los ideales democráticos», afirma Bichakis. «A medida que vieron a más de sus compañeros uniéndose al antifascismo, empezaron a cuestionarse si habían sido engañados», añade.

Oikonomaki cree que la estrategia frenó la radicalización de sus alumnos. «Teníamos estudiantes de Albania, Rumanía y Bulgaria», cuenta. «Yo les decía que Amanecer Dorado defiende que el resto de la gente es inferior a los griegos. ¿De verdad pensáis eso de vuestro amigo John del que os sentáis al lado todos los días?», les preguntaba.

Activistas militantes también tomaron la polémica decisión de enfrentarse violentamente al grupo. En abril de 2018, Konstantinos y en torno a otros 70 antifascistas organizaron un ataque nocturno contra la oficina de Heraclión. «Destrozamos todo lo que había de valor: los suelos, los techos, el aire acondicionado», asegura. «Creemos que eso fue para ellos la gota que colmó el vaso». De hecho, Amanecer Dorado hizo las maletas y se marchó dos semanas después.

No todo el mundo de la comunidad está de acuerdo con la violencia. «Es importante que no parezcamos dos lados de la misma moneda», cuenta Zafiropoulos.

Konstantinos, sin embargo, no está arrepentido. «¡Funcionó!», dice. «Puede que no seamos capaces de evitar que los miembros de Amanecer Dorado se conviertan en estrellas en los medios, pero podemos impedirles echar raíces en la sociedad griega. Creta es la primera gran región de Grecia en no tener presencia de Amanecer Dorado... Les hemos impedido tener un espacio para reproducirse», añade.

En el resto de Grecia, la extrema derecha parece estar en auge de nuevo. La disputa del país con Macedonia por su nombre ha llevado a un aumento del nacionalismo y se han producido ataques violentos contra políticos y solicitantes de asilo. Halikiopoulou cree que el activismo antifascista como el utilizado en Creta puede funcionar «a nivel local». «Pero la oposición no se puede ni debe confinar a la izquierda antifascista. Necesitamos algo a un nivel más organizado y popular», añade.

Oikonomaki tiene miedo de decir que la batalla ha terminado. «Podemos comunicar fácilmente qué era Amanecer Dorado y por qué era malo», señala. «Pero la crisis no ha acabado y la gente sigue queriendo culpar a alguien. El fascismo escondido es casi más peligroso».

3/12/2018