viernes, 20 de noviembre de 2015

CNT celebra su XIX Semana Cultural Libertaria


La programación incluirá charlas, talleres, proyecciones y una exhibición de capoeira

16 noviembre 2015

La represión y la pérdida de derechos desde el punto de vista histórico, feminista, laboral y migratorio servirán como ejes conductores de la Semana Cultural Libertaria de este año, una iniciativa que ha sido organizada por CNT Valladolid y que se celebrará del 21 al 28 de noviembre.

La primera actividad se realizará el sábado 21 a las 19.30 horas de la tarde en el Centro Cívico Esgueva y consistirá en una charla denominada «Represión en la historia del movimiento obrero. Una visión anarquista» que será impartida por parte de Dolors Marín. Dolors es doctora en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona y ha escrito una tesis sobre la formación de la cultura libertaria en Cataluña y la organización de grupos de afinidad anarquista. Esta historiadora también ha escrito libros como Clandestinos: El maquis contra el franquismo, La Barcelona rebelde. Guía de una ciudad silenciada, Francesca Bonne-maison: educadora de ciudadanes o Ministros anarquistas. Su último libro publicado hasta la fecha es Anarquismo: una introducción.

El domingo 22 la Semana Cultural Libertaria continuará con un torneo de ajedrez que se celebrará a las 17.00 horas de la tarde en el local de CNT Valladolid (c/ Juan Bravo, 10). Al día siguiente, el Centro Cívico Esgueva recibirá a Alberto Cruz, quien impartirá una charla llamada «El derecho a emigrar. La crisis de los refugiados» que comenzará a las 19.30 horas de la tarde. Alberto es periodista y politólogo y ha escrito libros como La violencia política en la India. Más allá del mito de Gandhi, Pueblos originarios de América. Guía introductoria sobre su situación o Rosas rojas de sangre. La solidaridad entre Cuba y la España antifranquista. Su último libro se titula Las brujas de la noche. El 46 Regimiento Taman de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial y en él ha reflejado la vida cotidiana de las 263 mujeres del 46 Regimiento Taman, que en ese periodo ejercieron como pilotos de guerra.

El martes 24 esta Semana Cultural se trasladará a los cines Casablanca, donde a las 20.00 horas de la tarde se proyectará el documental Ouróboros, la espiral de la pobreza (la entrada tendrá un coste de 2 euros). Este largometraje dirigido por Julio Reyero incluye entrevistas a diferentes personas que luchan por erradicar la pobreza a través de sus respectivos proyectos. Éste es el caso de Carlos Jiménez y Lola Coleto (miembros de la Oficina de Apoyo Mutuo de Manoteras) o José Ricardo Cabanillas, que es uno de los integrantes del Banco de Alimentos del 15M de Tetuán. También intervienen Manuel Cañada (miembro del Campamento Dignidad de Mérida), así como Rafael Juan y Pablo Martínez, del Centro Social Rey Heredia de Córdoba, un espacio que funciona como comedor social.

El miércoles 25 a las 19.30 horas de la tarde el Centro Cívico Esgueva acogerá un debate a micro abierto en el que se plantearán ideas para afrontar las consecuencias de la Ley Mordaza. Al día siguiente, a la misma hora y en el mismo lugar, la periodista Andrea Momoitio, subdirectora de la revista Pikara Magazine, hablará de periodismo y feminismo. Pikara Magazine se creó en noviembre de 2010 a partir de la unión de cuatro periodistas vascas: June Fernández (su actual directora), Lucía Martínez Odriozola, Itziar Abad y Maite Asensio. Después se incorporaría Andrea Momoitio. La revista, que nació como una página web, acabó dando el salto al papel en el año 2013. Estas dos plataformas reúnen noticias, entrevistas, reportajes y artículos de opinión de temática feminista que aparecen distribuidos en cinco secciones: Cuerpos, Ficciones, Planeta, En red y Voces.

El viernes 27 a las 19.30 horas de la tarde Endika Alabort acudirá al Centro Cívico Esgueva para impartir un taller sobre derechos laborales. Endika es economista y realizó un máster en Globalización y Desarrollo. Ha trabajado en el sector financiero, en el ámbito de la consultoría medioambiental y sociolaboral y en el sector cooperativista. También colabora en varios medios de comunicación, es autor del blog Autogestioa y miembro del ICEA (Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión). También escribe en el periódico CNT. El sábado 28 la Semana Cultural Libertaria se clausurará a partir de las 17 horas de la tarde en el local de CNT Valladolid (c/ Juan Bravo, 10) con una exhibición de capoeira, juegos tradicionales y una fiesta de disfraces.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Comunicado de Acción Anarquista Revolucionaria sobre la masacre en París


El 13 de noviembre, más de 129 personas perdieron la vida, decenas de heridos en 7 barrios diferentes de París como consecuencia de ataques coordinados por ISIS con bombas y armas de fuego. El asesino ISIS continúa con sus asesinatos fuera de las regiones de Oriente Medio y Anatolia. La masacre que tuvo lugar en París muestra claramente que el terror ISIS no conoce límites. Sentimos la masacre en París profundamente y compartimos su dolor. Hemos vivido y seguimos viviendo los ataques ISIS apoyados a través del Estado. De Şengal a Kobane, desde Pirsus (Suruç) a Ankara, hemos perdido muchos compañeros y amigos. Somos conscientes del hecho de que las masacres tienen por objetivo crear miedo, desconfianza y nuestra soledad. Nuestro dolor es grande y aumenta cada día. En estos momentos tenemos que hacer crecer la solidaridad contra los asesinos que quieren enterrarnos en el miedo, la soledad y el aislamiento.

Vemos los movimientos simultáneos del Estado francés y de otros estados con el objetivo de dirigir el proceso. Sabemos que estas mismas estrategias se realizan en nuestra región bajo el nombre de «lucha contra el terror». En este ambiente de desconfianza, la gente tiene una psicología de pánico que está dirigida por los dispositivos ideológicos del Estado; la opresión del estado contra los revolucionarios y la política estatal que restringen la libertad de los oprimidos será legitimada políticamente; y el discurso de las políticas racistas aumentarán. Los estados usan estos períodos extraordinarios para sus intereses políticos, económicos y sociales.

Somos conscientes de la situación que viven los pueblos en Francia. Sabemos la dificultad de apartar a un lado el dolor de las víctimas para luchar contra las movilizaciones fascistas en el seno de la sociedad creadas deliberadamente por el Estado. Hacemos hincapié en que, a pesar de esta dificultad, la lucha debe ser contra el miedo, el estado y el fascismo.

¡El dolor que viven es nuestro dolor, la rabia que sienten es nuestra rabia, su lucha es nuestra lucha!

Devrimci Anarşist Faaliyet-DAF (Revolutionary Anarchist Action)

domingo, 15 de noviembre de 2015

Sobre los últimos atentados de París


Hay un refrán que dice: «¡Quien siembra vientos recoge tempestades!». ¡Exacto!, esto es lo que ha pasado. Occidente, Francia incluida, se ha valido de los islamistas radicales en su provecho, por lo menos, desde la invasión soviética de Afganistán (incluso antes en la Indonesia de Sukarno). Ha creado, mejor dicho, alimentado un 'monstruo' que se ha vuelto varias veces en su contra (recordemos el 11-S o los atentados de Atocha, por ejemplo, y no aprendemos —no aprenden nuestros gobernantes—, después de estos atentados se les volvió a apoyar en Libia y luego en Siria). Y volvemos a empezar.

Llevamos 14 años en una supuesta 'Guerra contra el Terrorismo' que no ha hecho más que incrementarlo. Y encima se cuelgan medallas nuestros ineptos dirigentes mundiales. En vez de apagar el fuego lo han dispersado más. Y lo peor es que quienes pagan las consecuencias son los de siempre, los de a pie. Que no tomamos ninguna decisión pero corremos el riesgo. Porque los sacrificados de esta absurda guerra son los más débiles, tanto las víctimas de los atentados terroristas como las de los bombardeos de nuestro democrático Occidente.

La guerra civil siria no se hubiese llevado a cabo si otros países no hubiesen metido su hocico. Cuando cayó el Muro de Berlín (allá por 1989) y se desintegró la URSS (1991), algunos nos dijeron que iba el mundo a cambiar a mejor. La Guerra Fría acababa (con el triunfo occidental) y con ella la política de bloques. ¡Qué ingenuos éramos! Fue todo a peor.

Desde principios de los años 90 del siglo pasado, las guerras no han decrecido sino aumentado. La OTAN no desapareció, sino se convirtió en el organismo internacional más agresivo de la historia de la humanidad. Intervenciones militares y más guerras en nombre de nuestras «libertad y democracia». ¿Quién diría que la ausencia de principios e ideas es lo peor? En nombre de tales principios se ha matado mucho más.

Y vuelvo a repetirme, ¡las decisiones de unos las pagan otros, los más débiles y sencillos! Todo acto institucional a favor de las víctimas y contra el terrorismo, me repugna.

KRATES


Fuente:
 

sábado, 7 de noviembre de 2015

¿Somos lo suficientemente buenos?


Por PIOTR KROPOTKIN

Una de las objeciones más comunes al comunismo es, que los seres humanos no son lo suficientemente buenos como para vivir en una situación comunista. Que no se someterían a un comunismo obligatorio, y que aún no están maduros para el comunismo libre anarquista. Que siglos de educación individualista les ha vuelto demasiado egoístas. Que la esclavitud, la sumisión ante el fuerte, y el trabajo bajo el látigo de la necesidad, les ha vuelto inadecuados para una sociedad en la que todos fuesen libres y no supiesen de obligación excepto de la que resulta de un compromiso adoptado libremente para con los demás, y de la desaprobación si no cumpliese con tal compromiso. Por lo tanto, se nos dice, es necesario un estado intermedio de transición de la sociedad como un paso hacia el comunismo.

Viejas palabras en una forma nueva; palabras dichas y repetidas desde el primer intento de toda reforma, política o social, en toda sociedad humana. Palabras que oímos antes de la abolición de la esclavitud; palabras dichas veinte y cuarenta siglos atrás por quienes gustan demasiado de su propia quietud como para gustar de cambios rápidos, a quienes la osadía de pensamiento les aterra, ¡y quienes no han sufrido suficiente por las injusticias de la sociedad presente como para sentir la profunda necesidad de nuevas soluciones!

¿Los seres humanos no son lo suficientemente buenos como para el comunismo, pero lo son para el capitalismo? Si todos los seres humanos fuesen bondadosos de corazón, amables, y justos, nunca se explotarían los unos a los otros, aunque poseyeran los medios para hacerlo. Con seres humanos como tal la propiedad privada del capital no sería un peligro. El capitalista se apresuraría a compartir sus ganancias con los trabajadores, y los trabajadores mejor remunerados con aquellos que sufren por causas ocasionales. Si los seres humanos fuesen previsores no producirían terciopelo y artículos de lujo mientras se requiera alimento en los poblados: no construirían palacios mientras aún existan tugurios.

Si los seres humanos tuviesen un sentimiento de igualdad profundamente desarrollado no oprimirían a otros seres humanos. Los políticos no engañarían a sus electores; el Parlamento no sería una caja de parloteos y trampas, y los policías de Charles Warren se rehusarían a apalear a los oradores y auditores de la Plaza de Trafalgar. Y si los seres humanos fuesen corteses, respetuosos de sí mismos, y menos egoístas, incluso un mal capitalista no sería un peligro; los trabajadores pronto le habrían reducido al papel de un simple administrador-de-camaradas. Incluso un rey no sería peligroso, porque las personas le considerarían meramente como un semejante incapaz de hacer mejor trabajo, y por ende encomendado a firmar estúpidos papeles para enviarlos a otros excéntricos que se hacen llamar reyes. Pero los seres humanos no son tales prójimos libres de mente, independientes, previsores, amorosos y empáticos como nos gustaría verles. Y precisamente, por eso, no deben seguir viviendo bajo el sistema presente que les permite oprimir y explotar a otros. Tomemos, por ejemplo, a aquellos sastres sacudidos por la miseria que desfilaron el pasado Domingo en las calles, y supongamos que uno de ellos haya heredado cien libras de un tío en América. Con esas cien libras es seguro que no comenzará una asociación productiva para una docena de semejantes sastres abatidos por la misera e intentar mejorar su condición. Se volverá un explotador. Y, por lo tanto, decimos que en una sociedad donde los seres humanos son tan viles como este heredero es muy difícil para él rodearse de sastres sacudidos por la miseria. Tan pronto como pueda les explotará; mientras que si estos mismos sastres tuviesen un vivir asegurado, ninguno de ellos sudaría para enriquecer a su ex-camarada, y el joven explotador no se convertiría en la muy mala bestia en la que seguro se convertiría si sigue siendo un explotador.

Se nos dice que somos demasiado serviles, demasiado pretenciosos, como para situarnos bajo instituciones libres; pero nosotros decimos que ya que por cierto somos tan serviles ya no debemos seguir más bajo las instituciones presentes que favorecen el desarrollo del servilismo. Vemos que británicos, franceses, y americanos despliegan el más desagradable servilismo hacia Gladstone, Boulanger, o Gould. Y concluimos que en una humanidad ya dotada de tales instintos serviles es muy malo tener a las masas forzosamente privadas de una educación más elevada, y obligada a vivir bajo la presente injusticia en riqueza, educación, y conocimiento. Una instrucción más elevada y una igualdad de condiciones serían los únicos medios para destruir los instintos serviles heredados, y no podemos nosotros comprender cómo los instintos serviles pueden convertirse en argumento para mantener, incluso por un día más, la desigualdad de condiciones; para rechazar la igualdad de instrucción para todos los miembros de la comunidad. El espacio es limitado, pero sometamos al mismo análisis cualquiera de los aspectos de nuestra vida social, y verán que el presente sistema capitalista y autoritario es absolutamente inapropiado para una sociedad de seres humanos tan imprevisores, tan rapaces, tan egoístas, y tan serviles como lo son ahora. Por lo tanto, cuando oímos a personas diciendo que los anarquistas imaginan a los seres humanos mucho mejores de como realmente son, nos preguntamos simplemente cómo personas inteligentes pueden repetir aquel absurdo. ¿No decimos acaso continuamente que el único medio para volver a los seres humanos menos rapaces y egoístas, menos ambiciosos y menos serviles al mismo tiempo, es eliminar aquellas condiciones que favorecen el crecimiento del egoísmo y la rapacidad, del servilismo y la ambición? La única diferencia entre nosotros y aquellos que formulan la objeción anterior es esta: Nosotros no exageramos, como ellos, los instintos inferiores de las masas, y no cerramos nuestros ojos complacientemente a los mismos malos instintos en las clases altas. Mantenemos que ambos, dominadores y dominados se pudren con la autoridad; ambos, explotadores y explotados se malogran con la explotación; mientras nuestros oponentes parecen aceptar que existen unos panes de dios —los gobernantes, los empleadores, los líderes— quienes, con gusto, previenen que los seres humanos malos —los gobernados, los explotados, los conducidos— se vuelvan peores de lo que son.

Ahí está la diferencia, y es una muy importante. Nosotros admitimos las imperfecciones de la naturaleza humana, pero no hacemos excepciones para los dominadores. Ellos sí lo hacen, aunque a veces inconscientemente, y, debido a que nosotros no hacemos tal excepción, nos dicen ellos que somos soñadores, que somos 'poco prácticos'.

Una antigua disputa, aquella entre los 'prácticos' y los 'poco prácticos', los supuestamente utopistas: una disputa que se renueva ante cada cambio propuesto, y que siempre termina en la total derrota de quienes se autodenominan personas prácticas.

Muchos debemos recordar la disputa que se propagó en América antes de la abolición de la esclavitud. Cuando se defendió la completa emancipación de los negros, los prácticos solían decir que si a los negros ya no se les obligara a trabajar mediante el uso de los látigos de sus amos, no trabajarían en absoluto, y pronto se volverían una carga para la comunidad. Los látigos gruesos podían ser prohibidos, decían, y el grosor de los látigos podría ser reducido progresivamente por la ley a media pulgada primero y luego a una pequeñez de unas pocas décimas de pulgada; pero algún tipo de látigo debe mantenerse. Y cuando los abolicionistas dijeron —tal como decimos nosotros ahora— que el goce del producto de la propia labor sería un inductor mucho más poderoso para el trabajo que el más grueso de los látigos, 'tonterías, mi amigo', les dijeron, tal como se nos dice ahora. «¡No conoces la naturaleza humana! Años de esclavitud les ha vuelto imprevisores, flojos y serviles, y la naturaleza humana no puede cambiarse en un día. Estás impregnado, claro, con las mejores intenciones, pero estás siendo "poco práctico"».

Bueno, por un tiempo los prácticos tuvieron su propio modo de elaborar planes para la emancipación gradual de los negros. Pero, ¡ay!, los planes probaron ser bastante poco prácticos, y la guerra civil —la más sangrienta registrada— rompió. Pero la guerra resultó en la abolición de la esclavitud, sin ningún período de transición; y ya ven, ninguna de las terribles consecuencias previstas por los prácticos acaeció. Los negros trabajan, son industriosos y laboriosos, son previsores —demasiado previsores, de hecho— y el único arrepentimiento que se puede expresar es, que el plan defendido por el ala izquierda del campo poco práctico —la igualdad completa y la distribución de tierras— no se realizara: hubiese ahorrado muchos problemas.

Alrededor del mismo tiempo una disputa similar se propagó en Rusia, y su causa fue esta. Había en Rusia 20 millones de sirvientes. Por varias generaciones habían estado bajo la dominación, o mejor dicho, la vara, de sus amos. Eran azotados por arar mal sus suelos, azotados para que hicieran el aseo en sus hogares, azotados por la imperfección en el tejido de sus vestimentas, azotados por no casar antes a sus niños y niñas, azotados por todo. Servilismo, imprevisión, eran sus supuestas características.

Luego vinieron los utopistas y demandaron nada menos que lo siguiente: completa liberación de los sirvientes; abolición inmediata de toda obligación de los sirvientes hacia el señor. Más que eso: abolición inmediata de la jurisdicción del señor y su abandono de todos los asuntos sobre los que antes juzgaba, en tribunales campesinos elegidos por los campesinos y que juzgaba, no de acuerdo a la ley, que no conocen, sino a sus costumbres no escritas. Tal era el plan poco práctico del campo poco práctico. Fue tratado como mero desatino por los prácticos.

Pero felizmente había en esos tiempos en Rusia una buena cantidad de poca practicabilidad en los campesinos, quienes se sublevaron con palos contra las armas, y se rehusaron al sometimiento, no obstante las masacres, y por lo tanto reforzaron el estado mental poco práctico a un grado tal como para permitir que el campo poco práctico forzara al zar a firmar su plan, aún mutilado en algún grado.

Los más prácticos se apresuraron a abandonar Rusia, para que no les cortaran la garganta pocos días después de la promulgación de aquel plan poco práctico.

Pero todo continuó bastante bien, no obstante los diversos traspiés cometidos aún por los prácticos. Estos esclavos a los que se les reputaba como imprevisores, brutos egoístas, y demás, desplegaron tan buen sentido, tanta capacidad de organización como para superar las expectativas de incluso los más poco prácticos de los utopistas; y en tres años después de la emancipación la fisionomía general de los poblados había cambiado completamente. ¡Los esclavos se estaban convirtiendo en seres humanos!

Los utopistas ganaron la batalla. Probaron que ellos eran los realmente prácticos, y que quienes pretendían ser prácticos eran imbéciles. Y el único arrepentimiento expresado ahora por todos quienes conocen el campesinado ruso es, que demasiadas concesiones les fueron hechas a aquellos imbéciles prácticos y egoístas estrechos de mente: que el consejo del ala izquierda del campo poco práctico no haya sido seguido a cabalidad.

No podemos ya dar más ejemplos. Pero invitamos fervorosamente a quienes gustan de razonar por sí mismos a estudiar la historia de cualquiera de los grandes cambios sociales que han ocurrido en la humanidad desde el levantamiento de las comunas a la Reforma y a nuestros tiempos modernos. Verán que la historia no es más que una lucha entre dominadores y dominados, opresores y oprimidos, en la que el campo práctico siempre toma parte del lado de los dominadores y los opresores, mientras que el campo poco práctico toma parte del lado de los oprimidos; y verán que la lucha siempre termina en una derrota final del campo práctico luego de mucha sangre derramada y sufrimiento, debido a lo que llaman su 'buen sentido práctico'.

Si al decir que somos poco prácticos nuestros oponentes quieren decir que prevemos la marcha de los eventos mucho mejor que los cobardes prácticos cortos de vista, entonces tienen razón. Pero si quieren decir que ellos, los prácticos, tienen una mejor previsión de los eventos, entonces les enviamos a la historia y les pedimos que se dispongan a concordar con sus enseñanzas antes de realizar tan presuntuosa afirmación.

lunes, 26 de octubre de 2015

Hace falta algo

 [Hemos sacado del baúl de los recuerdos este viejo texto de nuestro panfleto...]

 

El Aullido, nº 6.

Estamos esclavizados por el innecesario consumismo de la sociedad opulenta actual. Se nos bombardea constantemente desde los medios de formación de masas con unos mensajes superficiales. Y la publicidad nos ensimisma y contamina nuestras mentes. Todo es mercancía que se vende y se compra. El dinero y la búsqueda del beneficio inmediato rigen nuestras vidas, pero para poder obtenerlo es necesario venderse en el mercado laboral. Y si eres rico, mayor prestigio tendrás, si no lo eres, a trabajar o a mendigar. El miedo a la pobreza nos ata de pies y manos, es un círculo vicioso del que es difícil salir, mientras el sistema sigue funcionando. Max Stirner escribió: «El Estado se apoya en la esclavitud del trabajo. Si el trabajo llega a ser libre, el Estado está perdido».

Pero esto no fue nunca así, en un pasado no muy lejano, el Pueblo compartía sus bienes comunales, aunque fuese pobre y austero no pasaba hambre. Hasta que llegó la Propiedad Privada y la economía de Mercado, que incrementaron las desigualdades sociales y la injusticia. Como respuesta a esto tuvo que haber insurrecciones populares y huelgas generales, fruto de un naciente movimiento obrero organizado. Para frenar el malestar, el Estado intervino concediendo algunos derechos a los trabajadores; que con la complicidad de moderados y reformistas de izquierdas, canalizaron las protestas existentes por vías institucionales legalizadas.

Luego vino la sociedad del bienestar y de servicios que remató toda inquietud domesticándola, inculcó al resto de la población los hábitos consumistas, los valores egoístas y el hipócrita puritanismo de las clases medias. Creándose un Pueblo amnésico que depende totalmente del Mercado.

En el ámbito laboral alienado son cada vez más frecuentes las enfermedades de origen laboral, los accidentes y los muertos, fruto de la presión reinante que desencadena las relaciones de dominación y la disciplina del trabajo. El trabajo actual es impersonal y estresante. Las mujeres cobran menos y tienen los peores puestos, de suplemento han de soportar el trabajo en el hogar, además de sufrir el acoso sexual por parte de compañeros y superiores. Mientras, los liberados sindicales negocian con las vidas de miles de personas; la gente acude temporalmente a las urnas para elegir a sus verdugos que hablan de crisis económicas y ahorro, cuando cobran más que la mayoría.

El Estado-Capital nos ha dejado entrever su verdadera naturaleza en estos últimos tiempos, a los ricos bastardos y demás gentuza les molesta ser responsables y tener que compartir sus beneficios con el resto del mundo. Los empresarios y economistas neoliberales obtienen, en aras de la competitividad, mayores ingresos explotando la mano de obra barata de los países pobres. Y aquí padecemos reformas laborales salvajes y la pérdida de las concesiones sociales, empujándonos a buscarnos la vida como podamos. Luego dicen que 'vivimos en el mejor de los mundos posibles' en libertad y democracia.

Rebelaos hijos del Pueblo, ahora es el momento de echarnos a las calles y formar barricadas. Por un sindicalismo revolucionario que nos ayude a tomar las riendas de nuestras vidas, sin intermediarios aprovechados ni privilegiados. Es el momento de dejarse de lamentos y de empezar la verdadera guerra de liberación, desenterremos el viejo hacha de la lucha de clases y destruyamos el sistema capitalista desde sus cimientos. Lo que hace falta es una Revolución Social y la abolición del Estado.

Recordemos el lema de la 1ª Internacional:

«Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos; que los esfuerzos de los trabajadores por lograr su emancipación no deben tender a crear nuevos privilegiados, sino a establecer para todos derechos y deberes iguales y aniquilar la dominación de cualquier clase.»

Septiembre 1995

jueves, 22 de octubre de 2015

Trabajar menos horas al día para ganar más

 

JORNADA LABORAL DE SEIS HORAS

La jornada laboral de seis horas es una herramienta para producir más y vivir mejor.
20/10/2015

Catorce personas contratadas y la sensación general entre las 82 que ya trabajaban de que ahora lo hacen mejor, rinden más y son, en general, más felices. Son los resultados provisionales, entre lo cuantitativo y lo personal, de un proyecto de reducción de la jornada laboral implantado en una residencia pública de ancianos en Gotemburgo (Suecia).

Desde febrero de este año, el personal de enfermería del centro realiza una jornada de 30 horas semanales en lugar de 40, sin reducción de salario, en una experiencia ya vivida de manera pionera en el sector público sueco en los años 90.

En las empresas privadas del país también se conocen las positivas repercusiones de esta medida, en términos de productividad, eficiencia y mejora de las condiciones de trabajo y vida: la compañía de automoción Toyota implantó esa jornada en su centro en la misma ciudad en 2003, y Brath, una start up dedicada a la optimización de motores de búsqueda en internet, ha optado por las seis horas al día para facilitar la vida de sus 20 empleados, construir una imagen de marca diferente y producir más que la competencia.

Su consejera delegada, Maria Brath, lo confirma en la web corporativa de la empresa: «Obviamente, lo medimos. Hacemos más en seis horas que otras empresas en ocho. Nadie puede ser creativo y productivo en una jornada de ocho horas, seis es mucho más razonable. Claro que a veces tenemos que quedarnos hasta tarde, pero eso significa trabajar siete u ocho horas un día. Pensadlo, cuando mamá llega muy tarde del trabajo, llega a casa a las cinco».

El experimento de la residencia de Gotemburgo está también medido y controlado. La directora, Ann-Charlotte Dahlbom Larsson, reconoce que el bienestar del personal afectado por esta jornada ha mejorado y también que se ha incrementado la calidad de la atención a los pacientes. Una consultora evalúa los resultados, que se comparan con los de otra residencia de ancianos que mantiene las ocho horas al día en su servicio de enfermería.

El coste de esta medida, que el Partido Liberal sueco cifra en unos 850.000 euros al año, y la pérdida de la mayoría de la coalición de centro-izquierda en el Ayuntamiento de Gotemburgo, hacen que los días de trabajar seis horas en la residencia estén contados: el ensayo concluirá a finales de 2016.

¿Es aplicable en España?

Caminar hacia una jornada laboral de seis horas «sería profundamente aconsejable», opina Fernando Lez­cano, secretario de organización y comunicación de Comisiones Obre­ras, quien también entiende que no se puede hacer una traducción literal de la experiencia sueca puesto que «estamos en las antípodas».

Así, apunta que «cualquier idea de traslación mimética no tendría sentido si no somos conscientes de la realidad de nuestro tejido productivo, del mercado laboral y de la remuneración de éste, del grado de prestaciones públicas y políticas de bienestar que hay allí y aquí. Todos estos elementos influyen a la hora de plantear una medida así».

Para Lezcano, la jornada de seis horas en España tendría «una repercusión muy positiva para la economía y para la vida de las personas», puesto que siempre que se hiciera «con niveles retributivos aceptables y complementados por unas políticas públicas fuertes supondría una notabilísima mejora de la productividad en nuestro tejido productivo».

La ensayista Carolina del Olmo, autora de ¿Dónde está mi tribu?, valora positivamente el intento sueco por la posibilidad de distribución de empleo que ofrece. «Hay un montón de trabajo importante por hacer, y muchas tareas estúpidas a extinguir también, y, por tanto, podría haber empleo remunerado para todos: "tan sólo" hay que repartirlo. Ir reduciendo la jornada laboral es, creo, la mejor herramienta para plantear ese reparto», considera.

Alex Tisminetzky, secretario de salud laboral de CGT Cataluña, aporta otro argumento de peso a favor de la reducción de la jornada: «En prevención de riesgos sería muy positivo. En cualquier actividad laboral, a mayor tiempo de trabajo, más aumenta el riesgo, tanto físico como mental, de sufrir algún accidente, debido a los movimientos repetitivos, al cansancio, al estrés. En una jornada inferior se trabaja mejor, con más seguridad, y se puede lograr una mayor productividad».

Tisminetzky recuerda que en los últimos años «han aumentado los accidentes de trabajo, con menos trabajadores en activo, lo que quiere decir que han aumentado sus jornadas, trabajan más horas y ése puede ser uno de los factores que explica el incremento de los accidentes».

Los datos le dan la razón. Entre enero y julio de 2015, según la Estadís­tica de Accidentes de Tra­bajo y Enfermedades Profesio­nales publicada por el Ministerio de Empleo, se han registrado 300.550 accidentes de trabajo con baja, un 7,7% más que en el mismo periodo del año anterior, de los que 260.338 ocurrieron durante la jornada laboral y 40.212 fueron accidentes in itínere.

Tam­bién se produjeron 337 accidentes de trabajo mortales, seis más que en el mismo periodo del año anterior. Asimismo, en estos meses se notificaron un total de 408.135 accidentes que no supusieron baja.

Lezcano admite que no encuentra aspectos negativos en la experiencia sueca, pero reconoce que en ella ha habido algunas dificultades de organización del trabajo «porque han convivido dos realidades distintas en el mismo centro». También señala que es una medida costosa, «si se hace manteniendo salarios dignos y no deprimiéndolos exageradamente».

Por su parte, Del Olmo apunta a una jornada de cuatro horas como el ideal. «Con seis horas cabe la posibilidad de que la gente se apañe para hacer de forma más concentrada el trabajo que antes sacaba adelante en ocho, y, por tanto, se boicotea la posibilidad del reparto. Ade­más, seis horas más desplazamientos todavía hacen un poco dura la conciliación vida laboral-vida personal, familiar o como se la quiera llamar».

En ese sentido, la ensayista considera que «incluso sin aspirar a ese reparto de trabajo que se hace tan necesario, cualquier reducción general de jornada me parece una medida valiosísima para la conciliación. En general, las medidas que afectan a todos los trabajadores suelen ser más relevantes para la conciliación que las medidas parciales y sectoriales que suelen ponerse en marcha bajo esta etiqueta».

Nueva cultura empresarial

La posibilidad de que esta jornada laboral de seis horas diarias se pudiera generalizar, más allá del modo experimental, sigue siendo prácticamente un ejercicio de ciencia ficción, pese a las bondades que presenta.

Ni la legislación ni los departamentos de Recursos Humanos tienen interés en orientar sus planes a ese objetivo. Tampoco los sindicatos lo incluyen en sus agendas como un logro a conseguir en el plazo más inmediato.

¿Por qué no se plantea esta medida? Lezcano responde que «por la misma razón por la que proliferan los contratos con jornadas a tiempo parcial con salarios ridículos. Sigue habiendo una cierta cultura empresarial, avalada y reforzada además por los cambios normativos introducidos por el Gobierno, que considera que sólo se puede conseguir la maximización de beneficios exprimiendo el factor trabajo, es decir, reduciendo los costes salariales».

Del Olmo apela, entre otras razones para explicar esta inacción, a una cierta «alergia a la innovación institucional que parece reinar no ya sólo entre las élites, sino también entre la clase política, muchas veces incluso entre quienes supuestamente defienden los intereses de quienes no tienen nada que ganar con este sistema perverso».

Control para que la jornada se cumpla

La reducción de la jornada a seis horas, 30 a la semana, requeriría un «control sindical y por parte de las representaciones legales de las plantillas para comprobar que efectivamente se cumple», explica Lluis Rodríguez, economista del gabinete confederal de CNT. Éste es uno de los motivos por los que, en su opinión, las empresas muestran una feroz resistencia a implantarla. El coste salarial es otra de las causas.

domingo, 18 de octubre de 2015

El 22 de Octubre Volvemos a las calles: Pan, Trabajo, Techo y Dignidad

 

Las Marchas de la dignidad vuelven a las calles para demostrar la fuerza del pueblo frente al poder económico. Organizando diversas movilizaciones y acciones por todo el estado para visualizar el robo de las conquistas sociales de las clases populares. Para las Marchas de la Dignidad la movilización es la acción de unidad popular más enérgica para la transformación política y social.

Después de las últimas movilizaciones toca volver a salir a las calles. Nada ha cambiado. Las consecuencias de la crisis se siguen agudizando con las políticas de recortes impuestas por la troika contra la mayoría social trabajadora.

La propaganda con el mensaje de una sociedad idílica que propaga el Partido Popular y los poderes económicos y mediáticos que lo apoyan, defensores de este régimen monárquico, no se corresponden para nada con nuestra realidad diaria.

Nos dejan sin trabajo, sin casa, sin sanidad, sin pensiones, sin educación, sin estudios, sin futuro y sin vida.

Mientras tanto se regalan cientos de miles de millones a la banca transformándola en deuda pública que pagamos las trabajadoras. La reforma del artículo 135 de la constitución, que prioriza el pago de la deuda a los especuladores al bienestar y los derechos de la mayoría social, hipoteca la soberanía popular a los dictados de la UE, del BCE y el FMI.

Quieren pagar su deuda a costa de nuestros servicios públicos, nuestros derechos y nuestro empobrecimiento. La descomposición del régimen del 78 y su constitución que no reconoce los derechos de las personas, los pueblos y naciones del estado, es hoy un papel mojado en cuanto a derechos y las libertades.

Pretenden condenarnos. La única salida que nos proporcionan es seguir manteniendo los beneficios de los mismos que nos han llevado a este estado de excepción social en detrimento de las clases populares, cerrando empresas, dejando a sus trabajadores en la calle, adueñándose de nuestras viviendas y reduciendo nuestras pensiones.

Las tasas de paro alcanzan niveles escandalosos de más del 24% haciéndose más patentes en las mujeres (la brecha salarial alcanza el 24%) y la juventud (más del 50%). Cerca de tres millones de personas carecen de ingresos afectando a más de medio millón de hogares. La figura del trabajador pobre es ya hoy una realidad a través de la precariedad laboral.

Nadie tiene por qué aceptar condiciones laborales de precariedad y esclavitud. Es necesario que se reconozca el derecho a la subsistencia proclamado en la Declaración Universal de los DDHH, por medio de un ingreso básico garantizado.

La vivienda ha sido uno de los principales bienes de extracción de renta de los y las trabajadoras. Se convierte una necesidad básica en un bien para mercadear y especular. La solución al problema no pasa por la propiedad y el mercadeo si no por una iniciativa pública, democrática y al servicio del pueblo.

Ante ello y como respuesta a la movilización social contra estas criminales políticas, el gobierno aumenta la represión contra el pueblo. Las distintas leyes de represión tienen por objeto recortar los derechos y libertades. Pretenden silenciar la voz de los pueblos que sufren y a los que empobrecen como medio para la dominación y explotación.

Las intervenciones de la OTAN en distintos puntos del mundo son las responsables del drama de los refugiados. Generando guerras imperialistas y haciéndonos cómplices de las masacres a otros pueblos. Las soluciones al fenómeno migratorio que se están produciendo son estrictamente represivas, policiales y violan los derechos humanos fundamentales de las personas.

¿Hasta cuándo vamos a seguir aguantando?, es hora de retomar las calles, ponerse en pie y decir basta, solo la organización, la participación y la lucha podrán abrirnos las puertas de un mañana mejor.

Exigimos:
No al pago de la deuda, ilegal, ilegitima y odiosa. No a la Europa del Capital.
Por el trabajo y el salario digno, empleo estable. Recuperemos los derechos —sociales y laborales— robados a la clase trabajadora.
Contra la precarización laboral y social, no a las reformas laborales.
Por el derecho a la renta básica.
Defensa de los servicios 100% públicos para todos y todas (educación, sanidad, servicios básicos, etc.).
Por el derecho a decidir de las personas, los pueblos y las naciones del estado en los aspectos que atañen a su vida y futuro.
Por la defensa de los derechos de la mujer y la lucha contra la violencia de género.
Por un futuro digno para la juventud que no le obligue al exilio o la migración.
Contra la represión. Derogación de las leyes represivas y absolución y libertad de los represaliados por motivos políticos.
No a los tratados entre gobiernos y trasnacionales contra los derechos sociales. No al TTIP.
Por el derecho a la vivienda. Por la garantía de los servicios básicos de luz, agua y gas.
No a la OTAN.
Derechos para todas, ningún ser humanos es ilegal.
Por los derechos ambientales, ¡No al Fracking!
Por la gestión democrática y participada de nuestras vidas, contra la corrupción del sistema.

CNT