lunes, 10 de febrero de 2014

La muerte de la autoridad: Sylvain Maréchal y la legión de tiranicidas


Febrero 2014

Sylvain Maréchal (1750-1803) podría ser el único anarquista verdadero de la Revolución Francesa. Conocido por su participación en 1796 en la Conjura de los Iguales de Babeuf, cuyo manifiesto redactó, es uno de los raros pensadores de la época cuya obra sienta las bases —de manera a veces vacilante— de las teorías libertarias. No es casualidad que fuera valorado en ese sentido por diversas figuras de nuestro movimiento. Kropotkin ve en él «una vaga aspiración hacia lo que hoy denominamos comunismo anarquista» [1], mientras que Nettlau considera que «formula un anarquismo muy claramente razonado, aunque bajo la ficción de la vida feliz de un estado pastoral arcaico» [2]. Además, en el plano político, su influencia se deja sentir desde el verano de 1841: inspira el grupo comunista libertario organizado en torno al efímero periódico L'Humanitaire. Para el historiador marxista Maurice Dommanget, las ideas de Maréchal sirven también de modelo bajo la Monarquía de Julio para difundir el pensamiento anarquista en los medios de extrema izquierda [3].

¿Cuáles son, exactamente, sus ideas? Su ateísmo intransigente ha llamado la atención de Guérin. Éste ve en Maréchal a uno de los responsables, con su amigo Chaumette —jefe de filas de los ultrarrevolucionarios denominados los «Exagerados»— de la campaña de descristianización que culmina en 1793 y simboliza la dinámica revolucionaria. Cuestionando la existencia de Dios, al que considera una creación humana, Maréchal está del lado de los pensadores materialistas más radicales. Del mismo modo que Robespierre y los deístas afirman con cinismo que la religión es fundamental para mantener el orden social —pues sin ella, según ellos, el pueblo no tiene motivos para someterse al poder— él es partidario encarnizado de una moral laica que huya de la superstición. Es, por otra parte y precisamente, el fracaso de esta tendencia ateísta, violentamente combatida por los jacobinos en el máximo momento del Terror, lo que ha marcado, según Guérin, el verdadero estancamiento de la Revolución [4].

Pero si Maréchal puede ser declarado anarquista, es sobre todo por otros dos temas fundamentales en su obra, que son el rechazo del Estado, expresado en nombre de la igualdad entre los hombres, y la voluntad de luchar sin concesiones contra el autoritarismo. Entre los revolucionarios de su tiempo, se desmarca sistematizando el rechazo de los gobernantes tal como vemos de vez en cuando en Marat. Un poco a la manera de Rousseau, evoca con nostalgia una perdida edad de oro igualitaria, anterior a la sociedad, bajo cual las relaciones de dominio y la propiedad no existirían. Según una fórmula recurrente en sus textos, sueña, en 1788, en sus Apologues modernes à l'usage du Dauphin, con un tiempo «en el que no haya sobre la tierra ni amos, ni lacayos, ni soberanos, ni súbditos» [5]. El nacimiento del Estado, la aparición de las leyes y el mundo político en general son otras etapas del proceso de decadencia que lleva a las distinciones sociales, la desigualdad y la confiscación del poder por una minoría.

Esta utopía, percibida a la vez como un pasado lejano y como un ideal a reconstruir, permite a Maréchal hacer una crítica virulenta de los gobiernos. Reclama la desaparición del Estado, y apela a su autodisolución: en los Apologues modernes, imagina un rey que, constatando con lucidez el carácter nefasto y superfluo de su función, decide reunir a sus súbditos para anunciarles su partida y la restitución del poder en ellos. Es la misma lógica que lo lleva en 1791, en Dame Nature, en la Asamblea Nacional a exhortar con aplomo a los diputados para que no se limiten a proclamar la libertad, sino que actúen por la igualdad real, absoluta, a que, por tanto, no descansen hasta que se haya abolido el Estado. Cree que la revolución se desinfla y que sus dirigentes olvidan demasiado rápido que el fin de la aristocracia no significa en ningún caso la desaparición de las injusticias sociales.

Dos años más tarde, en 1793, su decepción atañe esta vez a la República. Se da cuenta de que el cambio de gobernantes sólo ha producido reformas superficiales. En Correctifs à la révolution, compara la sucesión de los regímenes con los ataques incesantes de bandidos que hay que rechazar una y otra vez: cualquiera que sea la forma de Estado, siempre es fuente de dominio y genera las mismas desigualdades [6]. Frente a ese estancamiento, pues la revolución se contenta con sustituir un despotismo por otro, los individuos deben resistir al sentimiento patriótico —que es una quimera— y abandonar la sociedad: todo hombre debería tener el derecho a separarse de ella para vivir según sus gustos y sus propias leyes. Anticipando el rechazo anarquista de todos los tipos de gobierno (da igual que sean republicanos en vez de monárquicos), Maréchal defiende por tanto el derecho de secesión, la libertad de separarse de aquellos de quienes se reprueban los valores o la forma de organización.

Queda el modelo ideal, que se construye a modo de utopía para dejarnos perplejos. Maréchal, en efecto, preconiza la desaparición del cuerpo social en beneficio de un comunismo agrario (las tierras son colectivas) basado en la familia y bajo la égida patriarcal. En sí, podemos comprender el aspecto pastoral del proyecto. Se trata del mismo aliento idealista del retorno a la naturaleza y a la autenticidad rural que el de los narodnikis rusos del siglo posterior. Y la voluntad de disolver la sociedad —cuya amplitud demográfica hace inevitable la aparición de un gobierno— prefigura la idea anarquista de una organización cuya unidad de base (la comuna) sea lo más restringida posible. Más dudoso, no obstante, es el puesto central otorgado al padre de familia, cuya tutela supuestamente «vigilante» se extiende sobre una comunidad de individuos ligados por la sangre [7]. Sin olvidar el aspecto terriblemente misógino de este sistema: para que las mujeres se limiten a su función de guardianas del hogar familiar, Maréchal les niega toda actividad política llegando a pedir que se les prohíba aprender a leer. El interés de su obra, por otra parte innegable, conoce aquí una seria limitación [8].

Pero hay un segundo tema que merece una atención especial: el rechazo del Estado lo incita a desarrollar un antiautoritarismo inflexible que, a pesar de su violencia, no puede evitar atraer a los anarquistas. A finales de 1790 escribe en Révolutions de Paris —periódico a la cabeza de las exigencias revolucionarias— dos artículos de gran repercusión dedicados a la práctica antigua del tiranicidio [9]. Fascinado (como Robespierre y Saint-Just) por la sacralización grecorromana del asesinato político y por figuras como Escévola o Bruto, defiende la legitimidad del asesinato de los déspotas. Anima a crear una «legión de tiranicidas» lanzada contra los reyes. Formada por una centena de voluntarios armados con pistolas y puñales, sería enviada por toda Europa para aterrorizar a los monarcas, poner fin brutalmente a su reino y abatir a los generales enemigos. Maréchal, a la manera de un Marat, considera que la muerte de un puñado de individuos permitiría salvar a miles.

¿Es este el delirio de un soñador confundido en política y cercano al fanatismo? En el clima de la Revolución Francesa, fueron muchos los que se vieron herederos de los ciudadanos atenienses y romanos, para los que matar al tirano era un acto glorioso. Más aún, durante la fiebre republicana y antimonárquica que se adueña de París tras la insurrección popular del 10 de agosto de 1792, la idea fue seriamente retomada por el diputado Jean Debry: exige a la Asamblea Legislativa la formación de un cuerpo de mil doscientos tiranicidas dedicados a enfrentarse cuerpo a cuerpo con los soberanos en guerra contra Francia. Suscitando la exaltación de una parte del auditorio, apoyada después por una petición procedente de las secciones revolucionarias parisinas, la proposición llegó a ser votada antes de ser enterrada bajo la presión hostil de los girondinos.

A pesar de su aspecto irreal, el proyecto de Maréchal encontró un eco favorable en un sector de la opinión. Pero lo más interesante es la respuesta que da desde 1790 a quienes le replican que nada impediría a los reyes europeos enviar a su vez a sus propios asesinos para eliminar a los jefes revolucionarios. Según él, «de este grave inconveniente surgiría al menos la ventaja (…) de que los altos cargos, los elevados rangos, se convertirían en los puestos menos solicitados» [10]. El resultado no sería tan nefasto si se tratara de hacer pesar una amenaza constante sobre quienes, tanto en Francia como en otros sitios, aspiran a las funciones del Estado y ceden «a la tendencia de la dominación» que Maréchal deplora en los hombres. A modo de filigrana, se dibuja un mundo en el que la autoridad es continuamente perturbada; en la que hormiguean los asesinos dedicados a acorralar sin descanso a los aprendices de déspotas para eliminarlos; donde acaparar el poder es un riego mortal. Y en ese mundo, los apuñaladores de tiranicidas serían «paseados por todas las plazas de las principales ciudades de Francia» [11] para recordar a todos el precio que se paga cuando se destruye la igualdad para someter a los demás.

Que quede claro, el interés no reside en esto, en la generalización de los asesinatos, sino en lo que simboliza: la búsqueda de un método para inmunizar por fin a la sociedad contra el deseo de superioridad social. Esta idea toma varias formas en el pensamiento de Maréchal. En 1799, en sus Voyages de Pythagore, cuenta la historia del pueblo de los ausonios, que vivían cerca del Vesubio y estaban tan preocupados por mantener la igualdad que deciden arrojar al volcán a todos los ambiciosos, a todos «los mortales lo suficientemente audaces como para considerarse gigantes ante sus iguales» [12]. La desconfianza hacia el poder y sus desigualdades llevó a la instauración de un rito destinado a purgar regularmente a la sociedad y sus jefes. Como en el caso de los tiranicidas, la violencia del proceso puede chocar. Pertenece sin duda a otra época. Pero, a pesar de su aspecto excesivo, Maréchal lanza un claro mensaje a los anarquistas: el hombre no perderá jamás su gusto por la dominación; por ello, una sociedad igualitaria, sin amos, sin jerarquía, no podrá sobrevivir si no se inventan los adecuados modos de disuasión de las derivas autoritarias. Día tras día, a su manera, para seguir existiendo, habrá que ser tiranicida.

Erwan
Grupo Louise Michel de la Federación Anarquista
(7-13 noviembre 2013)



NOTAS:

[1] Piotr Kropotkin, La Gran Revolución, Editora Nacional, México 1967, tomo II, p.272.

[2] Max Nettlau, La anarquía a través de los tiempos, Júcar, Madrid 1977, p.20.

[3] Maurice Dommanget, Sylvain Maréchal, l'égalitaire, Spartacus, París 1950, p.423. L'Humanitaire fue publicado por Gabriel Charavay, un comunista antiautoritario. Sólo salieron dos números hasta su prohibición.

[4] Daniel Guérin, La lutte de classes sous la Première République, tomo I, Gallimard, París 1946, p.410-421.

[5] Apologues modernes à l'usage du Dauphin, Bruselas 1788, lección XLIII, p.47-48. El Manifiesto de los Iguales, que escribió ocho años más tarde, incluye esta fórmula: «Desapareced, por fin, indignantes diferencias entre ricos y pobres, entre grandes y pequeños, entre amos y lacayos, entre gobernantes y gobernados».

[6] Correctifs à la révolution, Cercle Social, París 1973, p.96.

[7] En absoluto estrambótico, Maréchal se inspira en modelos que existían en la época (especialmente los de la «familia comunitaria» de los Quittard-Pinon) considerados como un protosocialismo del siglo XVIII. Véase Maurice Dommanget, op. cit., p.243-245.

[8] Eso no le impide ser favorable al divorcio, rechazando que la mujer esté en posición de inferioridad en la pareja. Véase Françoise Aubert, Sylvain Maréchal: passion et faillite d'un égalitaire, Goliardica, Pisa 1975, p.70-71.

[9] Révolutions de Paris. n.74, 1790, p.445-455 y n.77, 1790-91, p.615-627.

[10] Ibídem, p.622.

[11] Ibídem, p.619.

[12] Voyages de Pythagore, t.5, Deterville, París 1799, p.38-39.

domingo, 9 de febrero de 2014

Ocho detenidos en Madrid al finalizar una manifestación antirrepresión



Madrid, 8 de febrero de 2014. La manifestación antirrepresiva, convocada para hoy a las 19 horas por una treintena de colectivos y que ha contado con un espectacular dispositivo policial formado por cientos de agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP), ha finalizado con ocho detenciones en el barrio de Malasaña. La cita, que ha transcurrido sin incidentes durante el recorrido comunicado a Delegación de Gobierno, ha partido a las 19 horas de la plaza de Cibeles para llegar en torno a las 21.30 horas a la plaza de España, donde ha sido desconvocada tras la lectura de un manifiesto titulado «Madrid unido contra la represión. Sin miedo, la lucha continúa hasta la victoria». En el mismo, se criticaba la «escalada represiva» contra los movimientos sociales vivida en los últimos meses en la capital.

Sin embargo, a las 22 horas varios grupos de UIP han perseguido a algunos manifestantes que han dejado barricadas con cubos y bolsas de basura para entorpecer el paso de los agentes y quemado algunos contenedores. Aunque no ha habido enfrentamientos, las fuerzas de seguridad han efectuado disparos de salvas y seis jóvenes han sido detenidos sobre las 22.15 horas en la plaza del 2 de Mayo debido a la intervención de una veintena de agentes vestidos de paisano. Otras dos personas más han sido detenidas [en Glorieta de Bilbao], lo que suma un total de ocho, cinco de ellas menores.

Durante las dos horas que ha durado la convocatoria se han escuchado gritos como «la voz del pueblo no es ilegal» o «menos policía y más educación». Encabezada por una pancarta en la que se podía leer «Contra su represión nuestra resistencia», la marcha se enmarca en el contexto de la lucha contra la futura Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza o Ley Anti 15M, que según numerosos colectivos y organizaciones incorpora al Código Penal un ordenamiento jurídico hecho a medida para frenar formas de protesta extendidas tras las acampadas del 15M, como Stop Desahucios, ocupaciones de edificios públicos o entidades bancarias, o la convocatoria de actos y manifestaciones a través de las redes sociales. Los convocantes han pedido una vez más la retirada del anteproyecto de ley, que se encuentra actualmente en fase de estudio.

«Todo el mundo ha podido ver como la Policía Nacional, con Cristina Cifuentes a la cabeza, ha orquestado lo que popularmente se ha difundido como 'caza de brujas', un operativo policial basado en la detención política indiscriminada de decenas de jóvenes antifascistas, feministas, revolucionarios y revolucionarias», han indicado las organizaciones convocantes a través de un manifiesto. Además, denuncian la violación por parte de las autoridades de «los derechos más elementales como los de asociación, reunión y manifestación, mientras los y las verdaderas criminales se llenan los bolsillos a costa de nuestro sufrimiento».

En el texto se ha hecho referencia a las cargas policiales vividas en los últimos días en Valladolid, durante una concentración anti corrupción con motivo de la Convención Nacional del Partido Popular el pasado 2 de febrero; Lavapiés (Madrid), en el Stop Desahucios convocado el 31 de enero, y Alcorcón, tras la manifestación del 1 de febrero contra la privatización de la empresa pública Esmasa y los despidos en el Ayuntamiento de la localidad madrileña. También han recordado a Encarna, la mujer de 56 años que continuaba en el hospital con un ictus hemorrágico causado por la intevención policial en Valladolid.


sábado, 8 de febrero de 2014

Sobre los eventos actuales en Ucrania

«¡Ni Moscú, ni Bruselas!», ZSP-AIT.

En Ucrania, en la actualidad, está teniendo lugar una lucha por el poder. En estos eventos ha estado participando mucha gente de la clase obrera, cuyos intereses no se ven protegidos por el Estado o el capital, así como aquellos cuya situación material es a menudo dramática, con la espera de producir un cambio y asegurar un futuro mejor.

Luchar, protestar, hacer huelga son reacciones normales y positivas contra un sistema injusto u opresivo. Nuestra solidaridad está con la gente trabajadora, contra todos aquellos que la explotan, la gobiernan y la confunden, haciéndose con el poder y el control de los asuntos reales que afectan a sus vidas. No obstante, cuesta no darse cuenta del hecho de que estas protestas conllevan una lucha de poder entre diferentes grupos de la burguesía, gobernantes y aspirantes a gobernantes, que no van a hacer ningún bien a la gente sino tan solo a cambiar los nombre de las camarillas gobernantes, simplemente para dirigir los beneficios de estar en el gobierno hacia nuevos bolsillos.

Denunciamos rotundamente la represión y la violencia utilizada, pero está claro que nosotros no podemos apoyar ninguno de los principales intereses de poder. Estamos igualmente en contra del régimen represivo de Yanukovich y contra las principales tendencias de la «oposición» que van desde los euro-entusiastas, que creen inocentemente en los mitos neoliberales, hasta los nacionalistas e incluso grupos fascistoides.

Los gobiernos de la Unión Europea, presentados como algún tipo de «solución» por parte de algunos ucranianos, pueden reprimir igual de bien que Yanukovich y, como saben los trabajadores de todos esos países, no es algo que garantice ningún nivel de vida mejor. Muchas de sus realidades son exactamente las opuestas.

Lo que hace falta es un movimiento que ataque, al mismo tiempo, a las dos causas principales de miseria y represión: el Estado y el capital. Hacemos un llamamiento a todos los trabajadores y organizaciones libertarias de Ucrania para que no sean utilizados como peones ni como idiotas útiles por las principales facciones, para que convoquen asambleas de masas y para que creen consignas y metas alternativas para sus luchas.

¡Viva la lucha hacia la revolución social libertaria!

Secretariado de la AIT
Varsovia, 26 de enero de 2014.



martes, 4 de febrero de 2014

Valladolid clama contra el PP por las cargas policiales a manifestantes en paro y afectados por los desahucios


Una mujer de 56 años sufrió un ictus cerebral al ser golpeada por la policía en la cabeza. En total ocho personas resultaron heridas

03/02/2014

Hace poco más de un año, Encarna, de 56 años, se acercó a un encuentro de Stop Desahucios Valladolid: tenía un problema familiar y entendió que aquella era la plataforma que podría prestarle la ayuda que necesitaba. Desde aquel día, Encarna, al igual que muchas otras personas afectadas por la hipoteca que un día decidieron acudir a la solidaridad de los colectivos damnificados, se convirtió en parte activa del grupo. «Acude a todos los desalojos y a todas las manifestaciones», cuenta un miembro del 15M vallisoletano, que prefiere mantenerse en el anonimato para no personalizar el movimiento.

Hoy, Encarna permanece ingresada en el Hospital Clínico de Valladolid tras sufrir un ictus cerebral después de haber sido brutalmente golpeada por la Policía durante una protesta convocada ayer en la localidad castellanoleonesa. «Dentro de la gravedad, está estable, no ha habido más complicaciones», cuenta este miembro del 15M, que asegura estar en contacto con la familia. «Ahora mismo, los médicos están tratando de estudiar la relación del ictus con los golpes que le propinaron en la cabeza», afirma.

Encarna, junto con otras personas del 15M y otros colectivos de la ciudad, participaba, en el momento de ser golpeada, en la manifestación «Por el empleo digno. Contra los recortes. Por la renta básica. No a la institucionalización de la pobreza», que pretendía despedir a los participantes en la convención que el PP celebró el fin de semana en la localidad. Durante la marcha, los manifestantes pararon en diversos sitios del centro, siendo uno de ellos el restaurante La Parrilla de San Lorenzo.

«Nosotros no sabíamos quién estaba comiendo ahí, sólo paramos a corear unos cánticos», recuerda el miembro del 15M. Según su relato, y así lo atestiguan diversas imágenes, la Policía inició una carga «indiscriminada, brutal e injusta» que, además de enviar a Encarna al hospital, hirió a varias personas. «Hay compañeros con contusiones, huesos rotos, brechas en la cabeza, collarines en el cuello, ojos morados, hematomas por todo el cuerpo...», denuncia. En total, ocho personas resultaron heridas.

A Jaime, según él mismo ha descrito en una asamblea celebrada esta tarde en la plaza Fuente Dorada, el lugar en el que se reúne el 15M de Valladolid desde sus inicios, le cogieron tres antidisturbios y uno de ellos llegó a pedir que le dislocaran el brazo. «Nos dieron una enorme paliza», ha asegurado. «Lo único que hicimos fue gritar consignas y la Policía comenzó a rodearnos, nos dijeron que nos identificarían y detendrían y de repente cargaron brutalmente».

Doris, por su parte, tiene un enorme hematoma en la pierna a causa de la patada de un policía. Durante la concentración de esta tarde, ha llamado a señalar al verdadero culpable, el PP. Otra de las personas agredidas, Javi, ha señalado que nunca había visto unas «miradas de odio» como las de los antidisturbios que le pegaron. «Es inexplicable la saña con la que nos golpearon», ha dicho. A él, ha explicado, le golpeó un policía a quien ha llamado su «amigo de los bancos». «Me conocía bien de todas las veces que nos encontramos en desahucios, en subastas... Comenzó a aporrearme en un brazo y le pregunté por qué. Entonces me dio en el otro, volví a preguntarle por qué y me golpeó en la pierna. Le dije que era muy valiente haciendo lo que hacía con una porra y una pistola encima, y guardó la porra en la funda y me pegó un hostión con la mano en la boca. Finalmente le dije: podrás humillarme, pero no me vas a tumbar». Javi, que lleva participando en diferentes protestas desde hace tiempo, ha manifestado que lo que a él le duele no son los golpes, sino la represión.

Al igual que Javi, Juan, otro de los agredidos, ha dicho no haber visto tanto «odio» en su vida, y tiene 61 años. «Los antidisturbios de ayer eran unos autómatas que van por ahí pegando sin sentido, y no sólo nos hacen daño a nosotros, sino a todo el cuerpo de Policía», ha declarado. A su edad, ha aseverado que a la población no le queda otro camino más allá del de la lucha: «Somos más y tenemos más razones que ellos». Lo mismo ha afirmado otra mujer agredida, con la mano izquierda escayolada por una fractura: «Nos están pisoteando y no hacemos nada».

Fátima sufrió problemas respiratorios. Un agente de los antidisturbios le clavó, ha denunciado, la porra en el pecho. «Los policías nos llamaban parásitos sociales mientras nos pegaban», ha rememorado para después concluir que no consentirán «más agresiones».

Tras la celebración de una asamblea en la plaza Fuente Dorada y después de que hablaran algunas de las personas agredidas ayer por la Policía, varios centenares de manifestantes se han concentrado frente a la sede del PP, contra la que arrojaron varios huevos. Posteriormente, se han dirigido al Ateneo Republicano, donde trabajan con los abogados de Legal Fuente Dorada en las acciones legales que van a emprender por lo sucedido.

María Sánchez, coordinadora local de IU Valladolid y concejala en la localidad, ha asegurado que su grupo llevará mañana lo sucedido al Pleno del Ayuntamiento, ya que considera que el equipo de Gobierno del alcalde, Javier León de la Riva (PP), «tiene mucho que decir». Además, Sánchez ha pedido la dimisión del subdelegado del Gobierno en Valladolid, José Antonio Martínez Bermejo, por sus últimas declaraciones. Bermejo dijo, para exculpar las cargas, que la Policía debía «garantizar el respeto a las personas que estaban disfrutando de su ocio» en el restaurante. En la opinión de la coordinadora local de IU, «no se pueden consentir unas declaraciones así en un estado democrático de derecho». La actuación de la policía, ha acusado, «no está justificada, las personas concentradas sólo estaban coreando cánticos».

La concejala vallisoletana ha confirmado además que el diputado de IU Gaspar Llamazares ha registrado dos preguntas en el Congreso, en las que insta al Ejecutivo a responder si cesará al subdelegado del Gobierno y si intercederá en la eliminación de los cargos a todas las personas detenidas.

El Grupo Parlamentario Socialista ha registrado, por otro lado, una petición de comparecencia urgente del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y del delegado del Gobierno en Castilla y León, Ramiro Ruiz Medrano.

Este medio ha tratado de ponerse en contacto con el Ayuntamiento y la Subdelegación del Gobierno, sin éxito.

lunes, 3 de febrero de 2014

Las 11 mentiras del Gobierno sobre la represión en Valladolid


El domingo 2 de febrero, a las 14h, la UIP ha cargado contra una concentración formada por unas cincuenta personas frente al restaurante «La Parrilla de San Lorenzo», en el centro de Valladolid. Como resultado tres personas han resultado detenidas y varias contusionadas. Cinco recibieron asistencia médica y una de ellas, nuestra compañera Encarna, ha quedado ingresada en estado grave a causa de un ictus provocado por un derrame cerebral interno. A las 20h del domingo 2, las consecuencias eran una paralización del brazo-hombro derecho y dificultad en el habla. Además, se nota una contusión en la parte posterior de la cabeza y laceraciones producidas por tirones de cabello.

Hoy, a las 10.30h, el subdelegado del gobierno en Valladolid, Jose Antonio Martínez Bermejo, ha dado una rueda de prensa en la que ha expuesto una versión de los hechos que no se corresponde con la realidad en, al menos, once aspectos fundamentales. Citamos los mismos y explicamos qué es lo que ocurrió:

1) Esta asamblea comunica que ha recibido los testimonios de dos trabajadores sanitarios del Hospital Clínico Universitario, que por motivos obvios piden permanecer en el anonimato, denunciando presiones por parte de la gerencia de dicho centro médico hacia los trabajadores, tendentes a disociar el estado de nuestra compañera Encarna, (calificado de «muy grave») basándose en las patologías previas de la víctima (hipertensión y problemas cardiacos) de la actuación policial. Sin embargo, los facultativos han acreditado tres contusiones en la zona craneal y lumbar.

Así, hacemos responsables de la evolución del estado de salud de Encarna a los funcionarios que intervinieron en el operativo; al jefe del mismo; al Sr. Subdelegado del Gobierno en Valladolid, D. Jose Antonio Martínez Bermejo, al Sr. Delegado del Gobierno en Castilla y León, D. Ramiro Ruíz Medrano y al sr. ministro del Interior, D. Jorge Fernández Díaz.

Dicha responsabilidad les será eventualmente exigida por la vía judicial, de acuerdo a las leyes que, como ciudadanos respetamos y que ellos, como funcionarios, deberían respetar y hacer cumplir.

2) No es cierto que la manifestante ingresada en estado grave lo haya sido por casualidad y que sus lesiones «no sean consecuencia de golpe o contusión alguna». No es cierto que los facultativos hayan sostenido que el ictus producto de hemorragia no tenga que ver con la intervención policial. Es una mentira que, por la suma gravedad del hecho que pretende ocultar, resulta ridícula. De nuevo en los vídeos se observa como Encarna (con un abrigo blanco y de unos sesenta años de edad) es, en repetidas ocasiones, zarandeada por diversos funcionarios de policía. Fuera de vídeo, pero al menos dos personas dan fe de ello, sufre al menos tres impactos con una defensa en la zona posterior de la cabeza. El pretender que no existe una relación causa-efecto entre la actuación policial y el estado grave de nuestra compañera y que este se produjo así porque sí es un insulto a la inteligencia de la ciudadanía y abunda, por desgracia, en prácticas manifiestamente ilegales y ya señaladas por la justicia tristemente habituales en el proceder de las UIP en Valladolid.

3) No es cierto que todos los manifestantes sean dados de alta con lesiones «de carácter leve»: las fracturas de huesos, como atestiguan las imágenes, causadas a una señora inmovilizada por al menos tres funcionarios no puede considerarse «lesión leve», como se demostrará en sede judicial en el momento correspondiente.

4) En ningún momento los concentrados «hirieron» a un número indeterminado de policías. En su declaración de prensa la Subdelegación sostiene que tres funcionarios tuvieron que «recibir tratamiento» hospitalario. En ningún momento de los vídeos, en ninguna fotografía se aprecia agresión alguna a los agentes. Más bien al contrario, como cualquier persona normal puede deducir con solo mirar las imágenes y no podemos dejar de observar que ya sería mala suerte que el 10% de todos los antidisturbios intervinientes resultasen lesionados fuera de foco o en un ángulo ciego.

5) En ningún momento los concentrados «intentan romper el cordón policial lanzando manotazos y patadas a los agentes», como sostiene la Subdelegación. Por un lado, de nuevo, los vídeos y fotografías disponibles desmienten totalmente esa posibilidad: los manifestantes llegan al citado local sin existir cordón alguno, los agentes se acercan formando dos líneas, agarran la pancarta, empujan y dan patadas a través de la misma a quienes la sostienen (como se aprecia en el video) y proceden a disolver, defensa en mano, la concentración. Pero es que además esos mismos vídeos permiten apreciar la edad de los concentrados: personas de ambos sexos por encima de los cincuenta años en su mayoría y que escasas posibilidades tienen de dañar físicamente a los funcionarios de la UIP, que entre sus no muy numerosas virtudes lucen una preparación física y un conocimiento de cómo hacer daño al prójimo que esta asamblea les reconoce caballerosamente.

6) En ningún momento se niegan los concentrados a proporcionar sus documentos de identidad a los funcionarios. Estos los exigen a algunas personas después de haber disuelto la concentración (y los obtienen) y realizado las detenciones, como, de nuevo, se aprecia en los testimonios gráficos que son ignorados por la Subdelegación del Gobierno en su versión.

7) En ningún momento los concentrados hicieron caso omiso de las indicaciones de los agentes, porque estas, sencillamente, no existieron: como se aprecia en los vídeos, los efectivos policiales se aproximan a la concentración en grupo y buscando el contacto físico. No hay intimación previa de ninguna clase: se recurre al desalojo expeditivo como primera opción.

8) Hacemos notar que el propio subdelegado, en declaraciones a la Tribuna de Valladolid realizadas el mismo domingo 2, no hace referencia a ningún presunto intento de aproximarse o de acceder al local (porque dicho intento no se produjo), justificando la actuación policial como una intervención para «garantizar el derecho al ocio de las personas usuarias del local sin ser molestados», expresión que desaparece (convenientemente) de la versión oficial de hoy lunes.

9) En ningún momento los concentrados frente al restaurante «La Parrilla de San Lorenzo» se acercaron al citado local «con actitud intimidatoria». Los concentrados realizaban un recorrido por la zona, con paradas breves, y habrían seguido de largo si no llega a ser por la fragilidad de nervios de los efectivos policiales y su actuación posterior.

10) En ningún momento las personas concentradas han «obligado a los transeúntes a refugiarse en el interior de los establecimientos» circundantes. El subdelegado de Gobierno confunde el domingo con el sábado por la noche, cuando un grupo de ciudadanos se concentró espontáneamente frente a un local donde Carlos Floriano y Alfonso Alonso consumían en la terraza, para entrar apresuradamente en el momento en que comenzaban los primeros cánticos. Nada por el estilo sucedió el domingo al mediodía, como atestiguan participantes y medios de comunicación presentes, y como puede observarse en los vídeos y fotografías tomados antes y durante la actuación policial: es más, los mismos feligreses de San Lorenzo, que en ese momento salían de misa, junto a otras personas que esperaban en la puerta del propio restaurante, recriminaron la carga policial con adjetivos como «bestial» o «brutal».

11) En ningún momento aceptamos por válida, sin sentencia firme de por medio, la aseveración realizada por Delegación de Gobierno de que la concentración era «no comunicada» y por lo tanto ilegal: el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha fallado repetidas veces sobre la imposibilidad de prohibir y disolver concentraciones pacíficas por una decisión administrativa en contradicción con lo establecido en el artículo 21 de nuestra Constitución.

Hoy a las 19h manifestación en Plaza de Fuente Dorada, por la libertad de expresión y contra la represión antidemocrática.

domingo, 2 de febrero de 2014

En libertad los detenidos en la carga policial; en estado grave la mujer apaleada por la policía

 

El lunes tendrán lugar una concentración y una asamblea para pedir responsabilidades al delegado del Gobierno


Los tres detenidos en la brutal carga policial ante el restaurante donde comían dirigentes del PP han sido puestos en libertad durante la tarde de hoy, pero una mujer continúa ingresada con pronóstico grave en la décima planta del hospital Clínico Universitario.

Encarna, una mujer cincuentona y luchadora desde el primer momento en Stop Desahucios 15 M Valladolid, sufre una hemiparesia derecha, una disartesia y una hemorragia intraparenquimatosa, de pronóstico grave, según sus familiares. Los allegados del resto de pacientes que se encontraban en la décima planta fueron desalojados tras el ingreso de Encarna.

Una buena parte de los concentrados en la Comisaría de Delicias se dirigió al Clínico, una vez liberados los detenidos durante la indiscriminada carga, para manifestar su apoyo a Encarna. Hasta ocho grilleras policiales llegaron a tomar posiciones en las inmediaciones del centro hospitalario, creando revuelo y alarma.

Una amiga de Encarna informó del estado de la agredida, que por algunos momentos había tenido problemas de expresión y perdido el conocimiento. «Encarna se recupera. Está mejor y con ganas de dejar la habitación para ponerse otra vez en primera línea», se dijo.

Concentración

Durante más de dos horas y media se ha mantenido una concentración ante las puertas de la Comisaría de la calle Gerona en demanda de la puesta en libertad de los tres detenidos en la brutal carga policial realizada por la UIP con base en Valladolid contra un grupo de personas que se manifestaban pacíficamente por la zona de Correos, adyacente a la Plaza Mayor, para protestar por la presencia de «corruptos y fascistas del PP», reunidos en una Convención Nacional durante los tres últimos días en Valladolid.

Los tres detenidos han ido abandonando las dependencias policiales, protegida por miembros de la Unidad Central, entre los aplausos y vítores de los concentrados. Los puestos en libertad, dos de ellos tras haber pasado por el hospital con evidentes muestras de los golpes y lesiones recibidas, han agradecido la solidaridad y expresado sus críticas al salvaje comportamiento de los policías.

«Vergüenza me daría ser policía»; «Vosotros, fascistas sois los terroristas»; «Sin cocaína no sois nada»; «Mercenarios del Capital y de este Régimen»; «Vuestra represión no nos amedrenta»; «Defienden al pepero, golpean obrero»; «Perros guardianes del orden y la ley»; «Policía, asesina»... fueron algunos de los gritos coreados.

Varias de las intervenciones registradas durante la concentración recordaron a los policías, la mayoría con la cara tapada y sin número de identificación visible, que «se ha acabado el tiempo. Esto los vais a pagar caro. Y el Gobierno corrupto también. Aquí ya nadie se va a ir de rositas».

Los vecinos del barrio burgalés de Gamonal desplazados a Valladolid para participar en la manifestación de por la mañana organizada por Parados en Movimiento, también se personaron ante la Comisaría para llamar a la solidaridad. «Y está no será la última», se despidieron entre las muestras de apoyo de los reunidos.

También por la calle Gerona fueron pasado los heridos según eran dados de alta en el Clínico Universitario y en el Río Hortega. Casi todos se dirigieron a los concentrados para relatar las agresiones sufridas y dar las gracias por la solidaridad.

Especialmente relevante fueron las manifestaciones de Jaime, el último en recuperar la libertad, a las 18.30 horas, con un brazo escayolado, un collarín y la parte izquierda de la cara golpeada. «Ha sido una represión brutal», acertó a decir.

Minutos antes, Juan había manifestado las amenazas recibidas por la policía: «Enano terrorista te vas a enterar». Y bien que se enteró a tenor de las muestras de los golpes por todo el cuerpo, incluida la cara. Fátima coincidió en manifestar que se trataba de una protesta pacífica que estaba llamando ladrones al PP. «Mientras ellos comían, nos machacaron», comentó. Jorge dijo: «Los de los sobres se estaban dando una comilona a nuestra costa cuando hemos sido salvajemete agredidos». Clara, con una bolsa de hielo en el ojo izquierdo, fue otra de las golpeadas con «trauma cerebral leve». Montse, con un brazo vendado y el labio inferior partido, dijo «sentir más impotencia que dolor», aunque tiene para más de un mes de baja y un período de rehabilitación...

Concentración y asamblea

A las puertas de la Comisaría de Delicias se han convocado para mañana lunes, a las 19 horas, una concentración de repulsa en la plaza Fuente Dorada y una hora después, en el Ateneo Republicano, una asamblea para analizar lo sucedido y pedir responsabilidades políticas.

«Desde luego se pedirá la dimisión del delegado del Gobierno y la retirada de la cocaína a los policías», se anticipó.

También se prepararan las denuncias. Los abogados hoy personados en la comisaría manifestaron su sorpresa por no haberse facilitado, de momento, atestado alguno. «Se ve que tenían prisa por soltar a todos», opinaron.

PSOE

A última hora de la tarde el Secretario General del PSOE de Valladolid, Javier Izquierdo, a través de un comunicado manifiestó su rechazo a los hechos sucedidos hoy en la calle San Lorenzo, calificando de «desmedida» la intervención policial registrada.

«Lo acaecido es el colofón a un fin de semana de fuerte presencia policial en Valladolid como consecuencia de la Convención Nacional del Partido Popular, que empezó a hacerse visible el viernes con la llegada del Tren de la Libertad y que nos ha llevado a los bochornosos hechos de hoy», asegura

Los socialistas vallisoletanos anuncian que pedirán responsabilidades políticas por lo ocurrido. «Poco después de que Rajoy mandara callar a Rubalcaba, se impedía de forma brutal manifestarse a la gente en la calle. Que intenten resolver los graves problemas de España y dejen a la gente ejercer sus derechos y libertades», concluyó Izquierdo.