sábado, 28 de abril de 2018

Los CDR utilizan sindicatos anarquistas como tapadera para convocar manifestaciones


Los CDR utilizan sindicatos anarquistas como tapadera para convocar manifestaciones

Por GONZALO ARALUCE y DANIEL MONTERO

Asociaciones sindicales anarquistas como Confederación Nacional del Trabajo (CNT) o Confederación General del Trabajo (CGT) prestan su papel institucional a los Comités de Defensa de la República (CDR) para presionar en escenarios políticos y sociales a los que estos últimos no pueden acceder. La convocatoria de la huelga general del 3 de octubre —en defensa del referéndum del 1-O— la celebración de diversos actos públicos formarían parte de esta estrategia de choque.

Los servicios de información de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado investigan la red de relaciones que mantienen los CDR con diferentes asociaciones sindicales. Según estas fuentes consultadas por EL ESPAÑOL, las diferentes entidades han estructurado una agenda de propósitos comunes a la que pretenden sumar a la población civil.

El acto más destacado —por influencia entre la ciudadanía— fue la convocatoria de una huelga general en Cataluña el 3 de octubre en defensa del referéndum del 1-O y contra la «represión policial». La movilización fue convocada por asociaciones sindicales como los citados CGT o CNT, pero también por Coordinadora Obrera Sindical (COS), Intersindical-Confederación Sindical Catalana (I-CSC) e Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC).

La Guardia Urbana cifró en 700.000 personas los asistentes a la manifestación que ese día se celebró en Barcelona y que fue replicada en buena parte de los principales municipios catalanes. Los propósitos anarquistas de las asociaciones sindicales podrían encajar en la protesta contra las actuaciones policiales. Pero fueron los Comités de Defensa de la Huelga —herederos de los Comités de Defensa del Referéndum y ahora convertidos en Comités de Defensa de la República— los que revistieron la convocatoria de eslóganes a favor de la independencia de Cataluña. Así lo sostienen las fuentes policiales consultadas por EL ESPAÑOL.

Tiranteces internas

Desde entonces, la relación entre ambas partes ha fructificado en la convocatoria de diversos actos y manifestaciones, la mayoría de las veces reflejados en redes sociales. Como ejemplo, los actos celebrados el pasado 8 de marzo en el marco del Día Internacional de la Mujer.

Asociaciones sindicales convocaron manifestaciones en toda España. CNT y CGT hicieron lo propio en Cataluña. Y en muchas localidades, como en Sabadell, representantes de estos sindicatos y miembros de los CDR se expresaron bajo la misma pancarta.


La relación entre los CDR y las asociaciones sindicales, no obstante, no siempre es buena. Hace dos semanas, tras la detención de Carles Puigdemont en Alemania y la entrada en prisión de Jordi Turull, Carme Forcadell, Raül Romeva, Josep Rull y Dolors Bassa, los Comités trataron de forzar a los sindicatos para la convocatoria de una huelga general.

Esa es la conclusión de unos audios ya publicados por EL ESPAÑOL, en el que los CDR diseñan la estrategia de «sabotajes» para trasladar la tensión política a las calles catalanas: «Esperaría a ver qué pasa con Puigdemont cuando los sindicatos [CNT y CGT] hagan la convocatoria, que será a final de semana o principios de la semana que viene, ya será una huelga de país indefinida», se podía escuchar.

Las estructuras de los CDR

De acuerdo a las pesquisas policiales, los CDR se organizan en estructuras desiguales, que pueden ir desde un pequeño grupo de miembros —de apenas una docena— hasta los más multitudinarios. Sus actividades, no obstante, están perfectamente coordinadas.

La estrategia de los Comités pasa por azuzar el escenario social, especialmente en respuesta a determinados momentos políticos. Han asumido el poder de convocatoria que antes tenían la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, de los encarcelados Jordi Cuixart y Jordi Sánchez.

«También en Barcelona varios CDRs harán acciones un poco más heavys repartidas por la ciudad y otras más festivas rollo ANC con los niños. La intención es que haya distracción policial, que tengamos a todos los Mossos repartidos y la Policía Nacional por toda Cataluña y que no puedan», comentaban en los audios descritos.

Mensajes que reflejan la red de relaciones que los CDR mantienen con otras entidades. También con asociaciones sindicales anarquistas, a las que —según estas pesquisas— utilizan como tapadera para convocar actos y manifestaciones.

10 abril 2018

domingo, 22 de abril de 2018

El TS obliga al Gobierno a pagar a la CNT 2,2 millones más por el expolio de Franco

 

Más de 80 años después... Se trata de los últimos expedientes de compensación al histórico sindicato por la incautación decretada por la Junta de Defensa Nacional hace 82 años

Por MANUEL ALTOZANO

La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha aceptado en parte tres recursos de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y ha ordenado al Gobierno a pagar al sindicato anarquista 2,2 millones de euros. La suma corresponde a la compensación económica que el Estado debe pagar a esta central por los bienes que se le incautaron durante la Guerra Civil y la dictadura de Francisco Franco. La CNT también reclamaba la restitución física de algunos inmuebles expropiados con la insurrección franquista, pero el alto tribunal lo ha rechazado.

La reclamación se basa en la Ley de Cesión de Bienes del Patrimonio Sindical Acumulado, el texto de 1986 con el que se trató de articular la dotación de los sindicatos legalizados tras la muerte del dictador, así como la devolución o compensación a las dos centrales históricas de la Segunda República, la socialista Unión General de Trabajadores (UGT) y la anarcosindicalista CNT, por los bienes y fondos que se les secuestraron gracias al Decreto 108 de 16 de septiembre de 1936 de la Junta de Defensa Nacional, el organismo que crearon los golpistas para gobernar el territorio que controlaban, y que fue ratificado tras la victoria franquista en 1939.

La devolución de esos fondos más de 80 años después se ha logrado gracias a tres sentencias por recursos presentados contra acuerdos del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) en los que ya se devolvió al sindicato parte de su patrimonio. Así, en el Consejo de Ministros de 21 de diciembre de 2007, por poner un ejemplo, se devolvió a la CNT un inmueble incautado en Lebrija (Sevilla) y se le compensó con 3,2 millones con otros dos en A Coruña y Benaguacil (Valencia). Al mismo tiempo se abonaron otros 2,5 millones por la maquinaria y el mobiliario que les quitó el régimen franquista.

La sentencia del Supremo por el recurso contra ese acuerdo del Gobierno Zapatero considera que el total de 5,7 millones que recibió entonces la CNT no fue suficiente. A esa cantidad, según los magistrados, hay que sumar 1,4 millones más. Esa cifra se desglosa en nuevas compensaciones por inmuebles confiscados (algunos erróneamente atribuidos a UGT) por 629.855 euros, 24.391 correspondientes a mobiliario y efectos que estaban en los edificios requisados y 806.025 euros procedentes de los saldos bancarios secuestrados (actualizados conforme a la ley).

CNT también recurrió el acuerdo del Gobierno de 24 de noviembre de 2006 en el que se le compensó por este mismo concepto, pero también de forma insuficiente, según el Supremo. El tribunal le denegó el reintegro de cuatro fincas que solicitaba el sindicato pero, al mismo tiempo, los magistrados concluyeron que el Ejecutivo debía indemnizarle con 523.246 euros más de lo que había recibido.

La Sala también ha revisado el último de los acuerdos de restitución a los sindicatos, aprobado también por el Ejecutivo de Zapatero el 29 de febrero de 2008. Se trataba de los últimos ocho expedientes relacionados con bienes de la CNT. El Consejo de Ministros abonó 1,4 millones más la central, pero ahora, más de una década después, el Supremo ha obligado al Estado a incrementar esa cantidad en 264.066 euros. En total, la cantidad obtenida por el histórico sindicato gracias a los tres pleitos ganados asciende a 2.247.585,2 euros.

La razón por la que este proceso se ha dilatado durante tanto tiempo —empezó en 1986 con la aprobación de la ley que lo puso en marcha— es que la prueba de que los edificios y demás efectos en cuestión pertenecían a los sindicatos afectados por la incautación franquista correspondía a estos últimos, una labor de gran dificultad debido al tiempo transcurrido. Para facilitarla, el Gobierno socialista aprobó un decreto-ley en octubre de 2005 por el que incrementó el plazo para presentar estas solicitudes de devolución o compensación hasta el 31 de enero de 2006.

CNT llegó a contar con más de un millón de afiliados durante la Segunda República siendo con UGT el sindicato más representativo. De sus filas salieron cuatro ministros* que formaron parte del Gobierno de Francisco Largo Caballero (PSOE), ya durante la Guerra Civil. Se tratan de Federica Montseny, ministra de Sanidad y Asistencia Social, Joan Peiró (Industria), Juan López (Comercio) y Juan García Oliver (Justicia).

LA INFORMACIÓN
15 abril 2018


  * Y luego otro quinto ministro hubo durante el Gobierno de Negrín (Nota de EL AULLIDO).

domingo, 8 de abril de 2018

Anarquismo y ecología


Por PIPPO GURRIERI

Un pensamiento como el anarquista contiene los diferentes regatos en los que se fragmente el largo camino hacia la libertad. Se trata de recorridos que fluyen como los ríos en el mar de la libertad, fundidos y confundidos en una única liberación.

Por el mismo motivo por el que no puede haber un anarco-feminismo, sino que habría un feminismo anarquista, ya que no todas las corrientes son feministas, no podemos hablar de anarco-ecologismo sino de ecologismo anarquista, porque el ecologismo se conjuga de diferentes maneras, algunas de ellas claramente contrapuestas.

En pocas palabras: no hay anarquía sin ecología. En el pensamiento de algunos de los anarquistas más notables del siglo XIX encontramos elaboraciones profundamente claras sobre las relaciones entre liberación de los seres humanos y respeto, salvaguardia pero también liberación (de las amenazas de la civilización, del dominio y de la voracidad del Capital) respecto a los demás seres vivos y de la naturaleza (o medio ambiente). Henry David Thoreau en los Estados Unidos fue el paladín de un retorno a la naturaleza en el sentido más concreto, como rechazo a la alteradora vida moderna, y fusión del individuo con la naturaleza; Élisée Reclus conjugó la geografía en sentido libertario, como disciplina del descubrimiento y conocimiento de un mundo sin fronteras hecho de ambientes y pueblos diversos en armonía; Piotr Kropotkin no dejó jamás de poner en relación el apoyo mutuo entre los animales con la necesidad de que también entre los humanos prevaleciese la solidaridad como forma de resistencia y contraposición al dominio. Después de ellos, muchísimos pensadores y agitadores anarquistas han tenido en cuenta estos principios en sus elaboraciones y acciones para cambiar la sociedad de la explotación del hombre sobre el hombre, y del hombre sobre la naturaleza, convencidos de que las dos cosas forman parte de la unidad. Uno de ellos —pero no el único— Murray Bookchin, ha profundizado en una ecología de la libertad, influyendo en el modo de pensar y de actuar de muchos militantes en el mundo entero.

Entre el 6 y el 17 de noviembre del pasado año, se celebró en Bonn la XXIII Conferencia sobre el Clima de Naciones Unidas, conocida como COP23. Una vez más, los Estados presentes, aparte de desgranar datos sobre las emisiones de gas en la atmósfera, sobre el calentamiento global y sobre el fracaso de los acuerdos de París (COP21) de 2015, han sido incapaces de encontrar una vía seria y eficaz para frenar el cada vez más irremediable envenenamiento por CO2 que atenaza al planeta a causa de las llamadas «actividades humanas», es decir, de la constante acción del capitalismo y de los Estados que derrochan recursos, privan a la Tierra de sus defensas y emiten contaminación de todo tipo con tal de acumular el máximo beneficio.

Es una opinión muy extendidas, incluso entre personalidades de las altas esferas de la política y de la economía un poquito más sensibles, que sin medidas radicales no se resolverá la enfermedad mortal que el capitalismo está infligiendo a la Tierra.

Y estas medidas radicales no pueden proceder más que de un pensamiento radical, un pensamiento que vaya a la raíz del problema, que no se limite a identificar soluciones-tapón que, como mucho, intentan paliar los efectos, rascar la superficie; sino que, por el contrario, puedan incidir sobre las causas que generan el problema: la supervivencia de la vida sobre el planeta Tierra. Y este pensamiento es, sin ninguna duda, el anarquismo.

El capitalismo y los Estados, con su máximo triunfo en los últimos dos siglos, están en el origen de la gravísima enfermedad del planeta. Han llevado al extremo la explotación de la naturaleza, como consecuencia de la explotación humana que han teorizado y practicado. Han hecho del dominio la ideología preponderante, sacrificando cualquier cosa, personas, animales, medio ambiente, para satisfacer la voracidad de una minoría de ricos desatados. No hay que esperar ninguna solución de quien está en el origen del mal que aflige al mundo. Sus propuestas y sus acciones son solamente trampas mistificadoras: la «green economy», la economía verde, que pone solo una máscara sonriente y tranquilizadora a los asesinos de la tierra y a los contables del mercado global. El desarrollo sostenible quisiera mostrar una posibilidad de continuar con la destrucción del medio ambiente y la explotación humana más aceptable. Se trata solo de un oxímoron, como oxímoron es decir biocapitalismo, ese gran monstruo que ciega la razón y, mientras por un lado encauza consumidores con la conciencia limpia de los supermercados globales donde se consume el espectáculo cotidiano de la mercantilización y la alienación, por otro esclaviza y somete a millones de personas, privándolas de los más elementales bienes necesarios, además de la libertad, con el fin de proseguir en su dominio, valiéndose de las fuerzas armadas, extorsiones económicas, corrupción y otros instrumentos de persuasión psicológica cada vez más sofisticados y ocultos.

El ecologismo clásico, ese que hemos conocido en los últimos treinta años, ese del «sol que ríe», nacido antinuclear y finalizado socialdemócrata por su declarada compatibilidad con el sistema económico de tipo occidental, no tiene ninguna posibilidad de aportar cambios sustanciales; no por casualidad ha acabado por ser una muleta del sistema capitalista, obteniendo si acaso un lavado de cara.

Un pensamiento radical hoy puede ayudarnos a comprender los nexos entre la falta de soluciones al problema de los residuos y la organización autoritaria de los partidos, entre una estación con récord de calor y un sistema de explotación de los recursos sin precedentes en la historia humana y que se llama capitalismo; entre una hamburguesa, un agujero en la capa de ozono y las calamidades consideradas como fenómenos «naturales» que obligan a millones y millones de personas al éxodo de sus tierras. Un pensamiento radical puede hacer comprender lo semejante y entrelazada que está la explotación de hombres y mujeres en el ámbito laboral, con una agricultura intensiva; lo mucho que una sociedad autoritaria es la negación misma del medio ambiente siendo autorizada para la defensa con cualquier medio del derecho de pocos al saqueo para la acumulación de capitales en sus propias manos. Un pensamiento radical explica cómo el patriarcado, que somete a la mujer, y el autoritarismo, que somete a toda especie viviente, tienen los mismos orígenes en el poder, en el ejercicio del dominio, y que no puede haber liberación de un solo elemento respecto a todos los demás, sino que todos los elementos deben apoyar mutuamente la liberación, que un recorrido de construcción de unas sociedad no puede excluir nada, no puede hacer excepciones, o fracasará.

Una sociedad igualitaria, es decir sin privilegios, sin Estados, sin poder, es una sociedad consciente de que el mundo es todo uno y debe ser respetado por todo lo que representa: árbol o río, montaña o lago, animal o persona; sin la armonía entre todos los elementos y en todos los elementos no puede haber liberación efectiva.

Por supuesto que también los métodos que se adopten deben ser coherentes con estas finalidades, deben contenerlas, hacerlas propias, ser su expresión coherente.

TIERRA Y LIBERTAD
Nº 357 - abril 2018

domingo, 1 de abril de 2018

Del 8M a Amazon: CNT y CGT resucitan a costa de los dinosaurios sindicales


Los pequeños sindicatos vuelven a sacar la cabeza después de décadas opacadas por Comisiones Obreras y UGT gracias a los movimientos sociales

25 marzo 2018

«UGT y Comisiones Obreras han abandonado del sindicalismo más básico, el de los centros de trabajo. A estos sindicatos solo les interesa la gran concertación, llegar a acuerdos con el Gobierno y hablar de negociaciones colectivas, pero solo con la patronal, nunca en las empresas. Les veo más en la prensa relacionados con escándalos, como el de los cursos de formación o los ERE de Andalucía, que por sus logros con los trabajadores. Ahora mismo no puedo recordar un acuerdo de UGT o CCOO que haya mejorado notablemente las condiciones de los trabajadores, sino todo lo contrario: sueldos congelados o subidas por debajo del IPC. A resultas, están viendo cómo la clase trabajadora les da la espalda». El que firma el análisis es Tomás Rodríguez, secretario de acción sindical de CGT, teleoperador y delegado sindical no liberado, pero es un secreto a voces que las grandes centrales sindicales ni están, ni se las espera.

Esta semana los trabajadores del centro logístico de Amazon en Madrid hicieron dos días de huelga. Durante el jueves, la empresa se vio obligada a suspender algunas rutas de reparto por falta de personal y a reconocer retrasos en las demás. No fue una huelga cualquiera, sino la primera que golpea a un gigante de la 'nueva economía' en nuestro país ​—Deliveroo llegó antes, pero no puede compararse con la magnitud de Amazon—. También fue un éxito sindical que logró movilizar al 98% de la plantilla frente a las naves de San Fernando de Henares, donde las banderas que ondearon más alto fueron las de la Confederación General del Trabajo, mayoritario en el comité de empresa de Amazon Logistics.

«El caso de Amazon explica bien la situación que vivimos», explica Rodríguez, «porque tiene un perfil de trabajador preparado y joven, pero precario. Para UGT y CCOO es muy complicado acceder a este perfil, porque básicamente solo pueden decirle "afíliate, que ya veremos", mientras que nosotros les ofrecemos luchar ya, en el momento, por mejorar sus condiciones laborales». Este secretario de CGT, con veinte años de trayectoria a sus espaldas, cree que «el mundo sindical como se concebía el siglo pasado está desapareciendo poco a poco» y que los grandes dinosaurios del sindicalismo no saben por dónde sopla el aire, algo que reconocen incluso desde dentro: «Es un mundo al que hemos llegado tarde. Se nos acerca gente de Deliveroo a preguntar, pero no son asalariados y no los representamos. Se está intentando reconocer la relación laboral, pero tal y como está la regulación, es lento. Para empezar a regularse como trabajadores, tendrían que llevar seis meses contratados y no suelen estar tanto tiempo. Las empresas lo aprovechan y los sindicatos vamos muy por detrás», reconocían fuentes de CCOO a este periódico en febrero.

Los dos sindicatos mayoritarios en nuestro país han perdido en torno a 600.000 afiliados desde que comenzó la crisis. Hasta ese momento se movían holgadamente por encima del millón de afiliados cada uno, si bien ahora se contentan con frenar la sangría y establecerse en torno a los 900.000. Muchos de los que han roto el carnet se han pasado a formaciones como CGT o la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), con 100.000 y 50.000 afiliados respectivamente, de perfil más combativo y escorado políticamente; si UGT es socialista y CCOO comunista, CNT y CGT se definen como anarcosindicalistas.

En realidad CGT y CNT son instituciones hermanas. El primero lo fundaron en 1989 [antes se llamaban también CNT sector Valencia] anarquistas escindidos de CNT que no estaban de acuerdo con el rumbo que estaban tomando, sobre todo en torno a un punto caliente: las elecciones sindicales. Se trata de un proceso cuatrienal en el que los comités de empresa de todo el país eligen a sus representantes sindicales; a los sindicatos les va la vida en ello, no solo porque implica influencia directa en los centros de trabajo, sino por el acceso a subvenciones públicas. CNT es el único sindicato que siempre se ha negado a acercarse a las empresas o al dinero público.

Ana Sigüenza era, hasta que se jubiló hace poco, profesora en un instituto del sur de Madrid. También fue la primera secretaria general de un sindicato en España, entre 2000 y 2003; hoy es una biblia del sindicalismo: «Fuimos los únicos que se opusieron a participar en las primeras elecciones sindicales, de extrapolar el modelo parlamentario al mundo del trabajo, y ahí comenzó nuestra travesía por el desierto, porque sin subvenciones un sindicato está condenado a ser minoritario», dice a este periódico. «Veníamos del franquismo y todos los sindicatos estaban encantados con que se votase y establecer comités de empresa, pero nosotros no estábamos de acuerdo. Les decíamos "cuidado, que lo que te están dando las empresas, se lo van a cobrar por otro lado". No es bueno que haya trabajadores liberados en las empresas, que tengan privilegios como no ser despedidos... eso te lo están regalando, no puedes ser independiente. En su momento dijimos que esto sería el final del sindicalismo español y cuarenta años después siento que no nos hayamos equivocado».

En vez de los comités de empresa, CNT aboga por las secciones sindicales, esto es, que sean los grupos de trabajadores de una misma empresa o sector que comparten sindicato los que tomen las decisiones. En 1993 el Tribunal Constitucional reconoció el derecho de representación de los trabajadores a las secciones sindicales, si bien desde CNT afirman que se les sigue ninguneando en muchas empresas. A finales [más bien, a principios] de los 80 se desgajó CGT, preocupado por quedar al margen del esquema sindical y también por las acusaciones de filoterrorismo que recibía la CNT surgidas del Caso Scala. CGT se ha presentado desde entonces a todas las elecciones sindicales, siendo el cuarto más votado por detrás de CCOO, UGT y CSIF, el sindicato de funcionarios.


Foco en los movimientos sociales

Aun en paralelo, ambos sindicatos están creciendo en afiliados dentro de las empresas cuyo tamaño no da para un comité y en los trabajadores autónomos: «Nos hemos centrado en la atomización del trabajo, en las Pymes y los autónomos, esos a los que ahora quieren llamar emprendedores, pero son más trabajadores que nadie», dice Sigüenza. «UGT y CCOO se crearon para funcionar en las grandes fábricas, en el sector industrial, y esto ya no existe. Ha cambiado el equilibrio: todo se produce fuera, las empresas no necesitan al trabajador tanto como antes y, por tanto, estas enormes estructuras sindicales han dejado de tener sentido. Los jóvenes de ahora no van a ir a la Fasa Renault o a una oficina como sus padres, sino que van a trabajar para varias empresas a la vez. A ellos este sindicalismo no solo no les representa, sino que da mala imagen a la sociedad verlos tan desaparecidos. Es un sindicalismo para señores mayores en el que las mujeres y los jóvenes no se ven en absoluto reflejados».

¿Y qué están haciendo para convencer a los jóvenes? Pescar en los movimientos sociales, especialmente reivindicativos desde el 15M. Los sindicatos alternativos llegaron antes que CCOO y UGT al movimiento antidesahucios o a las mareas, y posteriormente lo han capitalizado el más poderoso de todos ellos: el feminista. De hecho el día de la huelga feminista fueron CNT y CGT, esta vez juntas, las que se anotaron el tanto. Ambos sindicatos, sin símbolos visibles, encabezaron la manifestación en distintas ciudades de España, dejando en evidencia a CCOO y UGT, a los que acusan de intentar boicotearles con juego sucio. Lo cuenta Sigüenza: «Las organizadoras de la manifestación contactaron con CNT el año pasado para hacer una huelga general, porque no tenían los conocimientos del mundo laboral necesarios para convocarla, pero ya estábamos sin tiempo para organizarla. Nos comprometimos, eso sí, a trabajar con ellas durante todo este año para organizar las marchas de forma legal y masiva», dice la sindicalista. «No lo hicimos solos, sino trabajando con otros sindicatos, incluido CGT. Entre todos conseguimos la autorización en distintas ciudades para hacer una huelga de 24 horas y una manifestación por la tarde. Pues bien, desde las grandes centrales, a través de los comités de empresas, se dedicaron a decir el día antes que la huelga convocada era ilegal, y que la única autorizada era la de dos horas propuesta por ellos», afirma. «Cuando me enteré de esto me convencí de que era el final de UGT y CCOO. No me lo estoy inventando, ojo, que nos llamaban los trabajadores diciéndolo».

Desde CGT coinciden en este punto: «Es que no escuchan. No escuchan a los trabajadores y, en este caso, no quisieron escuchar a las feministas, que pedían una huelga de 24 horas. Y sí, claro que crearon confusión para intentar imponer su agenda, como también hicieron en la huelga de pensionistas del 17 de marzo», dice Rodríguez. «Todo ha ido cuesta abajo en los últimos diez años. Estos dos sindicatos mayoritarios han firmado decenas de convenios, siempre juntos, con subidas por debajo del 1% en pos de la pacificación, con la excusa de la crisis económica, pero lo cierto es que los trabajadores hemos perdido unos derechos que ahora, que salimos del agujero, no estamos recuperando. Ha sido una estafa», sigue el secretario de CGT.

«Todos los sindicatos hemos cometido errores y tenemos que debatir sobre la forma de mejorar. Tú dime qué pintamos ahora mismo ante un capitalismo tan poderoso que puede cambiar tu Constitución con una llamada. Nos hemos desvirtuado, nos hemos prostituido, estamos denigrados. El sindicalismo se ha despeñado a la misma velocidad que las condiciones laborales. Pero tendremos que encontrar un nuevo camino, porque está claro que el sindicalismo es insustituible. Lo que hace un sindicato no lo puede hacer un partido político ni una asociación. Que el sindicalismo vaya mal, ya sean unos u otros, es malo para el avance de la sociedad», concluye Sigüenza.

Alfredo Pascual

lunes, 19 de marzo de 2018

En memoria de Agustín Rueda


   Se cumplen ahora cuarenta años del asesinato a golpes del compañero Agustín Rueda. Los asesinos: funcionarios de prisiones de la cárcel de Carabanchel (Madrid) en la que estaba preso. La paliza que acabó con su vida se la propinaron por no querer delatar a quienes estaban preparando una fuga. El médico de la cárcel fue cómplice de los asesinos por no parar las torturas. Pero ¿quién era Agustín Rueda? Para contarlo, reproducimos el artículo (sin firma) que publicó la revista Ajoblanco en mayo de 1978...

Nº 356 - Marzo 2018

Nació el 14 de noviembre de 1952 en una barraca de la Colonia de Sallent, pueblo minero con importante porcentaje de inmigrantes. Madre tejedora y padre minero que, con el drama de la miseria habitual en la época, no conseguirán algo semejante a un piso hasta el 56, concedido por la empresa. Esta Colonia donde nace será objeto de reflexión constante a lo largo de su vida; su pensamiento remitió a ella en todo momento. Acude a la escuela —otro hito—hasta el 8 de julio de 1966 en que finalizados los estudios primarios topa con su condición de hombre pobre: ha de conseguir trabajo. Cuatro años de aprendiz de matricero en una empresa auxiliar del automóvil (Metalauto entonces, Authi luego, al cambiar de propietarios; ahora Commetasay) a 8 kilómetros de la Colonia.

Es fácil adivinar los componentes del cuadro que le llevan a tener ya en esos momentos una conciencia inicial de explotado.

Su respuesta, sin embargo, no es encuadrarse en un partido, hacerse cuadro. No se politiza por un ansia abstracta de libertad, por el Vietnam o por el Mayo del 68. Lo inmediato le oprime y le impacta; así pues, luchará en un terreno inmediato.

Tratando de vencer la apatía tradicional —el ciclo expotación-miseria-ocio brutalizado repetido todos los días hasta la inevitable enfermedad o despido— intenta dinamizar el barrio. Crea un Club Juvenil, consigue proyecciones, conferencias, recitales de cantaores... Apasionado del fútbol, consigue crear un equipo al que también siempre volverá su recuerdo. Tiene 18 años.

El acoso

El aprendizaje parece haber sido en varios sentidos. En abril del 71 deja la fábrica y, luego de dos trabajos cortos como montador en una mina y en una fábrica de tejidos, logra trabajo en Sallent. En febrero de 1972 se produce la huelga y encierro de los mineros de Balsareny y Sallent. Agustín se vuelca: asambleas informativas, manifestaciones, grupos de ayuda... Llega a reunir a los comités en su casa a falta de lugar mejor. Consecuencia lógica: en septiembre es expulsado del trabajo. Los caciquillos industriales de la comarca ven en él un enemigo.

Continúa sin embargo ligado al lugar. El 17 de noviembre, en el cruce de la salida de la Colonia con la carretera, muere atropellada la madre de un compañero. Otra consecuencia más de la explotación y la miseria de condiciones de vida de la Colonia. En la manifestación subsiguiente, 19 de noviembre, es detenido, buscado expresamente en su casa por la policía. Ingresa en la Cárcel Modelo, de donde saldrá en febrero del 73. Es el fin de una época. Agustín comienza a exigirse a sí mismo. Vuelve a Sallent, pero para las autoridades y la escasa gente de orden se ha convertido en la bestia parda. No le dan trabajo. Lo consigue esporádicamente, como albañil o como temporero en vendimias y recogidas de fruta. La vida le arrincona. Su madre queda ciega. El Club Juvenil —fundamental como dinamizador— es cerrado por la empresa y la Guardia Civil con la típica excusa banal: les acusan de robar unas cajetillas de tabaco. La tensa situación se rompe con la llamada a filas.

El 9 de mayo de 1974 se incorpora a Infantería de Marina en Cartagena. Luego, El Ferrol, el 26 de junio. El 17 muere su padre, tuberculoso, debilitado por la miseria. Hay pocas noticias de su 'mili'. Escribe poco a Sallent y sólo acude para los funerales de su padre y de su madre, fallecida el 31 de diciembre de 1974. Se queda sin casa. Se licencia el 28 de octubre de 1975 y reaparece en la Colonia.

La aventura consecuente

A su vuelta continúa el acoso. No hay ningún trabajo para él, pero su presencia dinamiza al grupo joven del barrio. No olvida la importancia de la diversión y organiza un torneo de fútbol, afición de toda su vida. En abril del 76 pasa por primera vez a Francia para ayudar a un desertor de la Colonia.

El 14 llega su primera carta. Ha tomado contacto con los exiliados de Perpiñán y vive encima de la Librería Española. Al poco tiempo una bomba vuela la librería y destroza la casa. Trata por todos los medios de llevar una vida propia, independiente de la política y de la existencia viciada del pequeño círculo de exiliados. Recoge fruta en Ceret y trabaja el campo en Cornellá de la Ribera durante varios meses.

En octubre llega clandestinamente a Barcelona. Pasa libros y panfletos libertarios. Vuelve a Francia con desertores para retornar en noviembre a la Colonia. Necesita Sallent, pero las autoridades le rechazan. Otra vez el acoso. No quiere ser una carga para su hermana y duerme en un piso que la empresa, dueña de todo, ha concedido graciosamente a un grupo musical para sus ensayos. Enterada la dirección, clausura el piso. Va a vivir a una masía abandonada próxima a la Colonia. Por supuesto, no tiene trabajo. Hay que escapar al acoso.

Ya con pasaporte, en febrero del 77, vuelve a Perpiñán. Entra en contacto con un grupo autónomo libertario, pero en absoluto renuncia a su vida. No es un «siniestro terrorista profesional». Su único dinero procede del trabajo del campo. Vive pobremente, fuera de Perpiñán y vuelve a jugar al fútbol, en el SMOC. Un labrador jornalero libertario que juega al fútbol es algo bien distinto a un revolucionario profesional.

El 15 de octubre de 1977, sábado, a las 6 de la mañana es detenido en la frontera, en tierra española. Excesiva buena fe y un claro chivatazo.


Última consecuencia: la cárcel

Pasa 3 días en la comisaría de Layetana de donde le llevarán a Figueras, a restablecerse de la paliza. A fines de mes pasa a la cárcel de Gerona. Entra en contacto con la COPEL (Coordinadora de Presos Españoles en Lucha) y se convierte en miembro activo, tratando de hacer tomar conciencia en el interior y de coordinar las actividades en el exterior, siguiendo la línea de la COPEL que tanta'hostilidad y silencio ha tenido en la prensa y los bienpensantes partidos.

Los abogados Vidal (Comité Propresos CNT) y M. Seguí (familiares y amigos presos políticos) parece que se encargarán de su caso. Sólo el primero le vio; una vez y al principio. Como consecuencia de su trabajo en la COPEL, es trasladado el 1 de enero de 1978 a Carabanchel. Sus abogados, en principio, ni se enteran. Hay un sospechoso silencio administrativo y un notable desconcierto. El Comité Propresos de Madrid indaga en Carabanchel y recibe el “aquí no está” por respuesta. Son meses duros en la COPEL y Agustín tiene abogado de oficio.

El 2 de marzo el Comité de Solidaridad de Sallent se traslada a Madrid y contacta con Anabela Silva, a quien encarga la defensa del caso. Para entonces el caso ya es otro. Es la cárcel en España. Conocedor de las razones y de las consecuencias de la miseria, Agustín Rueda no distinguió entre políticos y comunes, y se entregó de lleno a la COPEL. Por ello nunca llegó a ver al juez. Tuvo otros jueces; sus mismos verdugos. Murió el 14 de marzo, a las 7.30 debido a un shock traumático como hizo constar el doctor Gregorio Arroyo. Nadie le vio después de la brutal paliza. Trasladado el cadáver a Sallent fue enterrado sin permiso, incluso sin el de Sanidad. Había que evitar escándalos. El director de la cárcel y 10 funcionarios están procesado —como en su tiempo el inspector Matute—pero a ellos no les juzgarán sus carceleros ni sus encarcelados. Ellos están en un país de derecho.

martes, 13 de marzo de 2018

Marchas de la Dignidad solidaria con «Marcha Básica Contra el Paro y la Precariedad»


MANIFIESTO

Mientras el Gobierno pregona que el panorama va mejorando y las multinacionales y la banca exhiben sin pudor sus escandalosos beneficios, la situación para millones de hogares de la clase obrera y para la inmensa mayoría de la juventud, es cada vez más insostenible.

Totalmente silenciados por los grandes medios —o en manos del Gobierno o propiedad de las grandes corporaciones— los fríos datos no llegan a reflejar la desesperación cotidiana de tantas personas, pero dan una idea del infierno que se está viviendo:

- 60.000 familias expulsadas de sus hogares en 2017, según datos del CGPJ y muchos más extrajudiciales. Desde que empezó la crisis se ha disparado el número de suicidios, que es el mayor de la historia, y duplica a los muertos por accidentes de tráfico.

- El recibo de la luz aumentó cerca de un 90% en los últimos 10 años y las grandes multinacionales del sector (procedentes de empresas públicas privatizadas) ejecutaron más de medio millón de cortes de luz por impago. 7.000 personas —la mayoría pensionistas— mueren al año por frio, incendios, asfixia, etc. En los consejos de administración de Iberdrola, Endesa y Gas Natural Fenosa se sientan 43 exaltos cargos de PP, PSOE y PNV.

- La pobreza entre la clase obrera es general. De 9 millones que tiene empleo, casi la mitad de ganan menos de 1.000 euros y 6 millones de trabajadores tienen salarios inferiores al salario mínimo. Mientras, 130.000 directivos ingresan lo mismo que los 6 millones de trabajadores con sueldos más bajos.

- Las prestaciones por desempleo, cada vez cubren menos trabajadora/es —de más de 3 millones de desempleada/os el 44% no reciben ninguna prestación—. El drama se acentúa en el caso de las mujeres. De cada 10 paradas, 7 no cobra prestación y son contratadas a tiempo parcial es 3,5 veces más que los hombres y tienen menos contratos indefinidos.

- Más de la mitad de 9 millones de pensionistas están por debajo de los índices de pobreza. Tras el copago de medicamentos el 27% de pensionistas no pueden retirar de la farmacia los medicamentos prescritos abandonando los tratamientos. Banca y Corporaciones Financieros presionan para legislar y explotar planes privados de pensiones y se suceden los ataques a la sostenibilidad del Sistema Público de Pensiones: Para pagar las pensiones el gobierno ha utilizado y casi vaciado el Fondo de Reserva de la Seguridad Social; sin embargo, debido a rebaja continuada de cotizaciones a la patronal, la precariedad del empleo con salarios de miseria que apenas cotizan el déficit aumenta cada año. Este despilfarro afecta a los ingresos del Sistema Público de Pensiones que justifican pensiones de miseria con aumentos anuales miserables (0,25%).

- Se endurecen las condiciones para acceder al bono social para hogares con bajos ingresos o se niega la dación en pago en la reforma de la Ley Hipotecaria. No se derogan reformas laborales y no se legisla sobre derechos sindicales y negociación colectiva. Mientras —sin que ningún país amenace nuestras fronteras— se dispara el gasto en armamento impuesto por la OTAN.

- Las reformas fiscales en vez de ser progresivas (que pague más quien más tiene) premian a defraudadores con amnistías fiscales y permiten a las empresas rebajas de los impuestos nominales: algunas grandes empresas que debieran pagar el 35% de sus beneficios solo pagan el 10-15% e incluso algunas multinacionales el 3%.

- Toda esta auténtica guerra social contra la clase obrera y sectores populares es el resultado de políticas dictadas por el capital que vienen descargando sobre ellos el peso brutal de la crisis. El pago de la Deuda (capital + intereses = casi el 50% de los Presupuestos del Estado) es el gran chantaje de la Unión Europea para imponer recortes, privatizaciones y disminuciones de plantilla en gobiernos municipales, autonómicos y del Estado

- Es hora de decir ¡Basta ya! La represión policial y judicial sobre los derechos colectivos e individuales para impedir ejercer el derecho decidir en Cataluña se aplica también en el resto del Estado sobre la lucha organizada social, sindical o cultural. Un sin fin de procesamientos o condenas en firme se abate sobre humoristas, titiriteros, cantantes, sindicalistas por ejercer el derecho de huelga, luchadores antidesahucios, o antifascistas (Alfon, Nahuel, Bódalo, 13 Rosas, etc.)

Frente a ello solo cabe fortalecer la organización y eficacia en la lucha de la clase obrera y las clases populares. No bastan cambios de gobierno, hay que construir alternativas de poder popular. En este sentido, de unificación y fortalecimiento de la lucha que nos une, Marchas de la Dignidad acuerda participar activamente juntos a otros: Marea Básica, Coordinadora Desempleadxs Precarixs, PAH Vivienda, Colectivos feministas, Marea blanca en Defensa de la Sanidad Pública, Coordinadora Estatal en Defensa Sistema Público Pensiones, y otros colectivos sociales, vecinales, Sindicatos y organizaciones políticas que conforman la «Marcha Básica Contra el Paro y la Precariedad». Esta plataforma, del 10 al 24 marzo de 2018, se movilizará desde distintos Territorios y Comunidades Autónomas para confluir en Madrid, el sábado 24 de marzo.


NO AL PAGO DE LA DEUDA
VIVIENDA PARA TODA/OS
SERVICIOS PÚBLICOS PARA TODAS LAS PERSONAS
EMPLEO DIGNO CON DERECHOS. RENTA BÁSICA

PAN, TRABAJO, TECHO, IGUALDAD, DIGNIDAD


viernes, 9 de marzo de 2018

Louise Michel, precursora del feminismo en la Comuna de París


Louise 'la louve rouge' fue una incendiaria defensora de las mujeres y protagonista de los acontecimientos que revolucionaron París antes y durante la Comuna de 1871.

Por CLARA SERRANO

De ideas anticlericales, anarquistas, republicanas e internacionalistas, la poeta y escritora Louise Michel estuvo siempre comprometida con la reivindicación de los derechos de las mujeres y con la revolución social. Durante la Comuna formó parte del Comité de Mujeres y participó cuando las mujeres impidieron que los soldados de Versalles se llevaran los cañones de la Guardia Nacional, que habían sido pagados por el pueblo para defender París de la invasión prusiana, un episodio que acabó con el amotinamiento de los soldados contra sus oficiales. Louise Michel presidió el Comité de Vigilancia femenino y participó en el de hombres, ambos destinados a proporcionar techo y comida a los necesitados. Asimismo, organizó un servicio de guardería y se ocupó de reclutar entre las mujeres a trabajadoras de ambulancias. La inclusión de trabajadoras del sexo para este servicio fue un desafío contra los prejuicios de sus compatriotas varones, quienes consideraban que las manos de las prostitutas estaban demasiado sucias para realizar esta labor.

Como muchas otras mujeres, Louise participó en la defensa de la Comuna. Lo hizo como miembro del 61 batallón de Montmartre, no sólo combatiendo, sino también como asistente médica. No obstante, todas esas mujeres, que se jugaban la vida a diario en las barricadas, y a las que se llamaba despectivamente las petroleuses (las incendiarias), tuvieron que enfrentarse con un doble enemigo. Por un lado el Gobierno de Versalles, enemigo de la revolución; por otra, lucharon contra un enemigo interno. Estas mujeres se encontraron con la resistencia de sus compañeros a que participaran en pie de igualdad en el experimento revolucionario, lo que las llevó a llamar a la autoorganización de las mujeres y a la formación de asociaciones femeninas a través del Llamamiento a las mujeres ciudadanas de París, que dio lugar a la Unión de Mujeres para la Defensa de París y Cuidado de los Heridos, que aglutinó a un gran número de mujeres pertenecientes a la I Internacional.

La influencia de la lucha de las mujeres cristalizó en algunas de las medidas sometidas a voto en la Comuna, que tuvieron que ver directamente con la mejora de sus condiciones. Algunas de las demandas que las radicales activistas hacían a los líderes de la Comuna fueron auténticas reivindicaciones socialistas, como la apropiación de las fábricas abandonadas por sus propietarios burgueses para entregárselas a las trabajadoras.

Las mujeres de la Comuna fueron objeto de burla por parte de sus compañeros, debido a su ruptura con los roles que el patriarcado asignaba a las mujeres. La actitud poco femenina y la falta de encanto de estas mujeres, que no tuvieron escrúpulos a la hora de disparar un fusil y enfrentarse al ejército de Versalles, despertó los prejuicios machistas de los hombres, por no mencionar los comentarios del enemigo común, que no sólo las ridiculizaba y despreciaba con vehemencia, sino que las estigmatizaba convirtiéndolas en una especie de bestias salvajes, en «marimachos» carentes de cualidades femeninas. A este respecto, revolucionarios y burgueses compartían los mismos prejuicios, contra los que estas mujeres se enfrentaron en busca de la emancipación, y con los que el resto de mujeres se han topado en revoluciones posteriores. Louise y sus compañeras tomaron conciencia de que, como ya había sucedido en la Revolución francesa, la reivindicación de la igualdad universal dentro del bando revolucionario, en realidad excluía a las mujeres, lo que las llevó a adquirir una fuerte conciencia feminista.

Una vez derrotada la Comuna, Louise consiguió escapar de la masacre que se estaba produciendo en París, pero decidió entregarse cuando apresaron a su madre como rehén. Compareció en Consejo de Guerra y fue encarcelada durante dos años, hasta que finalmente la deportaron a una de las colonias francesas, Nueva Caledonia, donde apoyó la lucha por la independencia de los canacos. Posteriormente regresó a París, donde mantuvo su ideario anarquista.

24/04/10