martes, 17 de mayo de 2011

Revista La Iconoclasta nº 2

Ya está disponible el segundo número de la revista libertaria La Iconoclasta...


(Hacer clic en la foto de la portada para descargar)

Ya desde la impagable portada en la que proliferan los mutantes en un paisaje posnuclear este segundo número nos anuncia
que el contenido va a ser eminentemente ecologista con artículos sobre el desastre de Fukushima o la denuncia del ecologismo "de mercado" de la New Age, pero también hay textos contra los medios televisivos más reaccionarios, pedagogia, propuestas para mejorar la organización libertaria, arte futurista y anarquismo, poemas, curiosidades científicas, el resumen de nuestro opúsculo Que ardan todas las patrias (¡gracias!)... En fin, un número crítico, novedoso y variado, que no se queda en los tópicos de siempre... ¡Como debe ser una auténtica publicación anarquista!

El socialismo argelino

Con la descolonización de los países árabes, surgieron unos movimientos políticos populistas y, a la vez, nacionalistas, que debidos a algunos matices socializantes se les consideró bajo el nombre de «socialismo árabe». (Aunque bajo el nombre de «socialismo» se puede agrupar muchas ideologías completamente opuestas —el término significa lo contrario a «individualismo»—, el concepto más conocido en nuestro mundo occidental está relacionado con el movimiento obrero en sus dos vertientes: la marxista —socialdemócrata y comunista— y la libertaria o anarquista.) El primero en utilizar y dar a conocer este tipo de «socialismo», sui generis, fue el del egipcio Nasser, le siguieron los baasistas de Siria e Irak y el régimen libio de Gadafi. También ocurrió algo similar tras la independencia de Argelia. Aquí os pongo un texto de Historia 16 sobre este tipo de «socialismo» (el argelino). Socialismo con el que no me identifico, ni simpatizo, debido a su carácter religioso (pero completamente enemigo del islamismo radical) y autoritario. Por muy revolucionario que lo disfracen:

De acuerdo con los documentos programáticos de la ideología del régimen, en el Programa de Trípoli (junio de 1962) y en la Carta de Argel (abril de 1964) se abordaba ya la asunción de un socialismo solidarista que en la Carta Nacional de 1976 se convertirá en tema principal proclamándolo opción irreversible del pueblo, destinada a suprimir la explotación del hombre por el hombre.

Ahora bien, como en otros países árabes, el socialismo argelino va a ser específico, es decir, nacionalista, islámico y contrario al marxismo. Es más, para muchos el socialismo argelino será ante todo la aplicación de una teoría económica basada en el capitalismo de Estado: reforma agraria, desmantelamiento de la empresa extranjera, nacionalizaciones y apropiación colectiva de los medios de producción.

La incompatibilidad existente entre el socialismo argelino y el marxismo quedaba expuesta en la Carta Nacional: el socialismo en Argelia no procede de ninguna metafísica materialista ni se vincula a ninguna concepción dogmática ajena a nuestro genio nacional. Su edificación se identifica con la expansión de los valores islámicos, elemento constitutivo básico de la personalidad del pueblo argelino.

Las razones socioculturales de la incompatibilidad eran fundamentalmente tres: el rechazo de la lucha de clases y del materialismo ateo, y el seguidismo de un modelo extranjero.

La lucha de clases era, de hecho, un elemento social bastante ajeno a la realidad argelina por diversos factores. Como indica Bernard Cubertafond en L’Algerie contemporaine, por un lado, la solidaridad de clan en el marco de la gran familia seguirá siendo el mecanismo principal en contra de la pauperización absoluta y las oposiciones regionales y étnicas tenderán a ser más fuertes que las oposiciones de clase, e incluso podrán neutralizarlas. De otro lado, el proletariado argelino no se había forjado una sólida conciencia de clase.

Unido a esto, la lucha de clases no era políticamente deseada por un régimen basado en la estrategia del frente nacional y para el que el impulso del desarrollo pasaba por la cohesión de todas las categorías sociales. Ahmed Taleb Ibrahimi, ministro de Cultura, lo explicaba en 1972: la revolución argelina no surgió de la lucha entre distintas clases sociales de un mismo país. Fue el resultado del combate de todo un pueblo, contra la ocupación extranjera.

Con respecto al materialismo, su concepción de la religión como forma de alienación del pueblo no podía reconciliarse con un régimen que proclamó al Islam elemento básico de su ideología.

La gran importancia de la cuestión religiosa en Argelia proviene del hecho de que la condición musulmana de los argelinos fue casi la única vía por la que éstos pudieron afianzar una identidad cultural y una existencia nacional que los colonos negaban. En tanto que Francia sólo distinguía franceses musulmanes de acuerdo a su estatuto local religioso, los argelinos encontraron en la personalidad islámica la manera de afirmar su especificidad. Ser musulmán era ser argelino. Por ello el hecho islámico tuvo un gran alcance movilizador y legitimador en la guerra de liberación: el llamamiento a la lucha del FLN el 1 de noviembre de 1954 apelaba a la restauración del Estado argelino soberano, democrático y social en el marco de los principios islámicos, la guerra fue definida como yihad (guerra por el Islam) y los combatientes argelinos como muyahidin (luchadores en la yihad).

Asimismo, el internacionalismo de los oprimidos que implica el marxismo (la internacional obrera) no casaba bien con el internacionalismo islámico, para el que la cohesión no se funda en relación con las distintas clases sociales sino en la condición de musulmanes de todos sus miembros y en la igualdad entre todos ellos.

Finalmente, el nacionalismo radical de la revolución argelina veía con sospecha un marxismo elaborado en el extranjero, pensado para una sociedad extranjera y trasplantado a Argelia bajo la influencia extranjera: a los marxistas argelinos, messalistas y del PCA (después convertido en Parti d’Avant-Garde Socialiste, PAGS), se les considerará sospechosos debido a las vinculaciones que tenían con el PC francés y el comunismo internacional.

Cuando en 1962 llegó el momento de levantar los fundamentos del Estado las voces que se alzaron a favor de la proclamación de un Estado laico (sobre todo desde la federación en Francia del FLN y el Partido Comunista Argelino) no encontraron eco suficiente y en la Constitución de 1963 el Islam fue proclamado religión del Estado, se estableció que el presidente de la República perteneciese a esta religión y se exigió la necesidad de construir una moral socialista que respetase los valores árabo-islámicos.

La confesionalidad del Estado se manifestará a través de múltiples signos (la bandera, las fiestas, la organización de la peregrinación a La Meca, la expansión de la construcción de mezquitas, el nombramiento de un Ministerio de Asuntos Religiosos y de un Consejo Superior Islámico, la amplia cobertura de la predicación islámica en los medios de comunicación, la creación de universidades islámicas, la adopción del derecho musulmán para el estatuto personal de los argelinos) y se caracterizará por su vocación monopolizadora de la religión.

La nacionalización del Islam por parte del Estado se llevará a cabo sistemáticamente por medio del control de las mezquitas, la funcionarización de los imanes y la persecución de toda voz disidente de un Islam oficial encargado de legitimar las orientaciones políticas del régimen.

Gema Martín-Muñoz, «Argelia: la revolución frustrada».
CUADERNOS DEL MUNDO ACTUAL, 49. Historia 16 (1994).

sábado, 7 de mayo de 2011

Acción en las oficinas de IBERIA-México por un conflicto de la CNT



Compañeros mexicanos afines al anarcosindicalismo, muestran su solidaridad ante el conflicto que mantienen los compañeros de Iberia en CNT-España. Esta multinacional, tiene filiales y delegaciones por todo el mundo, por lo que hemos creído oportuno hacer un piquete informativo para actuar ante la sanción impuesta al trabajador Daniel Valdivieso por la Dirección de Iberia de Madrid-Barajas, como fruto de un accidente en su puesto de trabajo. De esta manera practicamos el internacionalismo y mostramos una de las prácticas habituales cuando se practica la acción directa en el ámbito de la empresa, algo que en México no es costumbre. Esta acción responde a que en el Primer Congreso Anarquista a salido una propuesta concreta de formarse como sindicato desde las perspectiva de la AIT.

Por dichos motivos, nos hemos personado en las oficinas de la ciudad de México D.F., en pleno corazón financiero de la zona de Polanco y durante un buen rato hemos importunado a la empresa, repartido un comunicado firmado por la CNT y el Congreso Anarquista, grupo anarcosindical y hemos informado a los trabajadores de los dos oficinas que se encontraban trabajando. Durante el transcurso de la acción, otros compañeros se dedicaban a mandar faxes y llamadas telefónicas reclamando de igual modo la nulidad de la sanción. No hemos cesado en nuestro empeño hasta que la directora nos ha recibido y hemos podido explicar el asunto que nos traía allí: la exigencia total e inmediata de dicha sanción. Un accidente, fruto del desinterés de esta Dirección por solventar los problemas estructurales de la compañía no debe, bajo ningún aspecto, ser motivo de sanción.

La secretaría de exteriores de CNT, ha visto cierta posibilidad de formación en este lugar para poder trabajar informalmente, con el objetivo de acercar posturas, sepan como trabajamos y definitivamente se decanten por el anarcosindicalismo internacional de la AIT.

Carlos Martin
Secretario de Exteriores de CNT

«DEMOCRACIA REAL YA»


Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.

Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:

  • Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
  • Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.
  • El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.
  • La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.
  • El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.
  • La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.
  • Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.
  • Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.
  • Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.

Por todo lo anterior, estoy indignado.

Creo que puedo cambiarlo.

Creo que puedo ayudar.

Sé que unidos podemos.

Sal con nosotros. Es tu derecho.

martes, 3 de mayo de 2011

«La enseñanza laica»

Por Francisco Ferrer Guardia

La idea enseñanza no debiera de ir seguida de ningún calificativo; responde únicamente a la necesidad y al deber que siente la generación que vive en la plenitud de sus facultades de preparar a la generación naciente, entregándole el patrimonio de la sabiduría humana.

Hallándose aún en camino de ese ideal, nos vemos frente a frente de la enseñanza religiosa y de la enseñanza política, y a éstas es necesario oponer la racional y científica.

Como tipo de la enseñanza religiosa existe la que se da en las congregaciones monásticas de todos los países, consistente en la menor cantidad posible de conocimientos útiles y recargada de doctrina cristiana e historia sagrada.

Como enseñanza política hay la establecida en Francia poco después de la caída del imperio, encaminada a exaltar el patriotismo y a presentar la administración pública actual como instrumento de buen gobierno.

Se aplica a la enseñanza en determinadas circunstancias la calificación de libre o laica de una manera abusiva y apasionada, con el fin de extraviar la opinión pública; así llaman los religiosos escuelas libres las que pueden fundar contrariando la tendencia verdaderamente libre de la moderna enseñanza, y se denominan escuelas laicas muchas que no son más que políticas o esencialmente patrióticas y antihumanitarias.

La enseñanza racional se eleva dignamente sobre tan mezquinos propósitos.

En primer lugar no ha de parecerse a la enseñanza religiosa, porque la ciencia ha demostrado que la creación es una leyenda y que los dioses son mitos, y por consiguiente se abusa de la ignorancia de los padres y de la credulidad de los niños, perpetuando la creencia en un ser sobrenatural, creador del mundo, y al que puede acudirse con ruegos y plegarias para alcanzar toda clase de favores.

Ese engaño, desgraciadamente tan generalizado aún, es causa de graves males, cuyos efectos se han de prolongar todavía en relación con la existencia de la causa.

La misión de la enseñanza consiste en demostrar a la infancia, en virtud de un método puramente científico, que cuando más se conozcan los productos de la naturaleza, sus cualidades y la manera de utilizarlos, más abundarán los productos alimenticios, industriales, científicos y artísticos útiles, convenientes y necesarios para la vida, y con mayor facilidad y profusión saldrán de nuestras escuelas hombres y mujeres dispuestos a cultivar todos los ramos del saber y de la actividad, guiados por la razón e inspirados por la ciencia y el arte, que embellecerán la vida y justificarán la sociedad.

No perdamos, pues, el tiempo pidiendo a un dios imaginario lo que únicamente puede procurarnos el trabajo humano.

No ha de parecerse tampoco nuestra enseñanza a la política, porque habiendo de formar individuos en perfecta posesión de todas sus facultades, ésta le supedita a otros hombres, y así como las religiones, ensalzando un poder divino, han creado un poder positivamente abusivo y han dificultado la emancipación humana, los sistemas políticos la retardan acostumbrando a los hombres a esperarlo todo de las voluntades ajenas, de energías de supuesto orden superior, de los que por tradición o por industria ejercen la profesión de gobernantes.

Demostrar a los niños que mientras un hombre depende de otro hombre se cometerán abusos y habrá tiranía, y esclavitud, estudiar las causas que mantienen la ignorancia popular, conocer el origen de todas las prácticas rutinarias que dan vida al actual régimen insolidario, fijar la reflexión de los alumnos sobre cuanto a la vista se nos presenta, tal ha de ser el programa de las escuelas racionalistas.

No perdamos, pues, el tiempo pidiendo a otros lo que nos corresponde y podemos obtener nosotros mismos.

Trátase, en suma, de inculcar a los cerebros infantiles la idea de que al ser mayores obtendrán más bienestar en la vida social cuanto más se instruyan, cuanto mayores sean los esfuerzos que ellos mismos hagan para procurárselo; y que más cerca estará el día de la felicidad general cuanto más pronto se hayan desprendido de todas las supersticiones religiosas y similares que hasta ahora han sido la causa de nuestro malestar moral y material.

Por esta razón suprimimos en nuestras escuelas toda repartición de premios, de regalos, de limosnas, todo porte de medallas, triángulos y cintajos por ser imitaciones religiosas y patrióticas, propias únicamente para mantener la fe en talismanes y no en el esfuerzo individual y colectivo de los seres conscientes de su valor y de su saber.

La enseñanza racional y científica ha de persuadir a los futuros hombres y mujeres que no han de esperar nada de ningún ser privilegiado (ficticio o real); y que pueden esperar todo lo racional de sí mismos y de la solidaridad libremente organizada y aceptada.

BOLETÍN DE LA ESCUELA MODERNA

Naturaleza, ruralidad y civilización o la invención de la tradición en la búsqueda de una arcadia rural.

Otra crítica al nuevo gurú del antiindustrialismo y el ruralismo criptorreacionario de Félix Rodrigo Mora. Efectuada desde el Centauro del Desierto:


Llama mi atención el predicamento que ha alcanzado entre los medios libertarios el libro de Naturaleza, ruralidad y civilización de Félix Rodrigo Mora. No sé si dicho predicamento se debe a cierto deseo por parte de algunos sectores anarquistas de acogerse a tesis novedosas que puedan presentarse sugerentes y/o a la sed de buscar nuevos referentes libertarios. No seré yo el que se oponga al debate sobre el anarquismo o los anarquismos, así como sus fuentes de las que bebe, sino todo lo contrario, todo lo que sirva para estimular este debate siempre y cuando sea constructivo me parece un buen signo para allanar el camino que nos lleve algún día a otro mundo diferente [1]. Sin embargo reconozco que me ha sorprendido el no encontrar ni tan siquiera una velada crítica a Naturaleza, ruralidad y civilización, cuando sus argumentaciones históricas cuanto menos resultan poco afinadas y vagas. En ellas se juega al juego de la imprecisión, de no delimitar correctamente las coordenadas de espacio y tiempo, lo que lleva aparejado el salto sin red, el mezclar nabos con coles y la dificultad añadida de separar el grano de la paja.

Dividiré este artículo en tres partes: una primera en la que haré una referencia a la Edad Media occidental y al feudalismo, del que si bien en el libro no hay ningún artículo específico, sí es cierto que hay párrafos en los que Rodrigo Mora nos hace llegar su visión del medievo; una segunda en la que incidiré en la herencia de la Revolución Francesa y la ilustración para el mundo libertario y que el autor rechaza de plano; una tercera en la que esbozaré una crítica a dos de los artículos que el libro contiene y en los que se encierra parte de la visión que Rodrigo Mora tiene sobre los últimos doscientos años de historia del Estado español.

I

Es evidente que la visión que tradicionalmente se nos ha pintado de la Edad Media Occidental como una época oscura, valle de lágrimas, dominada por la religión y la ignorancia es un camelo que tiene más de tópico que de verdad. Sin embargo también deberíamos guardarnos de la visión de una especie de arcadia en la que el ser humano vivía en comunión con la naturaleza, en un mundo en el que imperaba la fraternidad y la solidaridad. Tanto una visión como otra provienen del siglo XVIII, la primera de muchos ilustrados y la segunda de algunos revolucionarios franceses como el cura Roux. Qué duda cabe que en la época medieval y moderna las prácticas colectivistas en el mundo rural, aparte del apoyo mutuo, tuvieron mucho que decir, pero los grados de libertad del campesinado podían variar dependiendo del señor que se tuviera, del siglo en el que nos encontráramos (no es lo mismo estar en la Alta que en la Baja Edad Media, ni bajo el feudalismo en la Edad Moderna) y en el caso concreto de la Península Ibérica hasta el siglo XV de los avances, estancamientos y retrocesos de la mal llamada Reconquista.

Para empezar deberíamos tener en cuenta que no todo en la Edad Media y el Antiguo Régimen era comunal y tierras de propios, ni que en toda la Península Ibérica situada bajo la dominación cristiana prevalecía el concejo abierto, ni que éste siempre fuera tan «abierto». Por el contrario la Edad Media estaba marcada por el modo de producción feudal —de ahí que hable también del Antiguo Régimen—, en el que en una sociedad claramente agrícola, de lenta evolución técnica, el excedente producido por una mayoría de pequeños productores era acaparado por una minoría definida jurídicamente. De este modo existían unas claras diferencias sociales, que van a ir a más a medida que avancemos en el medievo y en la edad moderna. Por otro lado, no habría que olvidar la importancia que va a tener el señorío, por el que los campesinos trabajaban las tierras de un señor y en el caso de los dominios territoriales incluso debiendo de cumplir con trabajos que estaban bajo dominio directo de éste.

También habría que discrepar con la visión que pretende darnos Rodrigo Mora en la que se nos presenta una comunidad campesina prácticamente aislada, ajena a deudas y presiones fiscales, por no hablar de la imagen cuasi bucólica de un campesinado de alimentación austera y frugal, pero bien nutrido. Los argumentos que ponen en entredicho esto son:

a) El campesinado entra en contacto con el «mundo exterior» a través de tres conductos: 1) La aristocracia feudal que se encontrará a medio camino entre el aparato estatal y la mayoría de la población; 2) la parroquia, desde la que se vehiculaba mucha de la ideología dominante hacia los campesinos; 3) Las ferias y mercados, que en algunas ocasiones —caso de la feria de Medina del Campo— van a alcanzar una dimensión extrapeninsular.

b) Las relaciones sociales durante el feudalismo se definían en términos vagos e imprecisos, lo que podía dar lugar a consecuencias diametralmente opuestas. El señor tenía derecho de bando por lo que podía mandar, obligar y castigar. A efectos reales, esto bien podía significar nada, por lo que se podía tener una existencia más o menos ajena al poder feudal y estatal, o bien podía significar mucho, con un campesinado atosigado a prestaciones y redenciones en especie o dinero.

c) Los campesinos conocían bien la presión fiscal y el endeudamiento. Todavía en las últimas décadas del Antiguo Régimen se tenían cargas derivadas de los derechos señoriales. Además estaba el diezmo, la décima parte de la cosecha, que se destinaba a la Iglesia y de la que el Estado recibía una cantidad importante.

d) Las declaraciones de algunos cronistas de las postrimerías del siglo XVIII contradicen la imagen de un campesinado bien alimentado. «Los asturianos apenas prueban el vino en su tierra; en Valencia con una torta, chuflas y aguas trabajan los labradores todo el día; casi tan frugal es la comida de los de Cataluña, y los montañeses, aunque no ahorren en la bebida, no visten sino jerga casera, no comen otra carne que la salada, y eso no siempre, y usan con mucho provecho del pan de centeno y cebada; el gazpacho es un sustento casi general y único de los andaluces» [2].

II

Sería erróneo caer en el mito acuñado por la burguesía y que Rodrigo Mora adopta si bien de manera crítica. Esto es, la Revolución Francesa como exclusiva construcción burguesa, con el reforzamiento de la autoridad estatal mediante el ardid Estado-Nación [3]. La Revolución Francesa supone, y con esto es con lo que creo que deberíamos de quedarnos los anarquistas, la irrupción de las masas populares en las decisiones políticas, influyendo de manera determinante en el devenir de la revolución con muchas de sus propuestas —que se podrían resumir en libertad, igualdad y fraternidad en su máxima expresión—. Además habría que añadir que dicho movimiento popular no es obra exclusiva del pueblo parisino, sino también de gran parte del campesinado francés. Y es que no habría que olvidar que éste participó de manera activa en la Revolución tras todo un siglo XVIII plagado de protestas y que lejos de empeorar su situación tras la toma de la Bastilla sus condiciones de vida mejoraron, dándose un perfil sociológico del campesinado en Francia de corte republicano y laico que se mantiene hasta nuestros días. Por tanto cargar las tintas contra la Revolución Francesa y por extensión contra el resto de las revoluciones del XIX supone una barbaridad ya que se obvia algunas ideas que lanzó la Revolución, que si bien han acompañado al ser humano desde que nació, ésta sistematizó.

En definitiva, el cultivar la razón, el defender la igualdad en todos sus frentes, el rechazar la autoridad y sobre todo el ser dueños de nuestro propio destino son principios del que todo aquel que se dice libertario debería de beber. Es por ello que desde aquí también habría que defender la ilustración —que obviamente Rodrigo Mora también rechaza—, el movimiento intelectual que inspiró a la Revolución Francesa y del que se nutre una buena parte de La Idea [4]. Además, una puntualización: ni todos los ilustrados eran fisiócratas, ni todos eran iguales en sus concepciones: Voltaire, Rousseau y ya no digamos Kant pueden moverse en unos mismos parámetros terminológicos, pero cuando hablan de libertad o del concepto de autoridad, cada uno quiere decir una cosa.

III

Es curiosa la interpretación de Rodrigo Mora con respecto a la historia de los dos últimos siglos de España. En esta visión plantea de modo muy resumido tres tesis:

a) La fuerza que tuvo el carlismo a lo largo del siglo XIX se debe al elemento popular que lo usó para defender la sociedad rural tradicional.

b) La débil mecanización del campo español se debe a que el campesinado opta por un modo de resistencia: el antimaquinismo.

c) El fin definitivo de la sociedad rural popular tradicional es obra del franquismo.

La primera tesis es acertada aunque muy matizable, la segunda y la tercera tesis son erróneas. Pero vayamos por partes.

La primera tesis se recoge en el artículo El pueblo y el carlismo. Un ensayo de interpretación, artículo del que habría que decir lo siguiente:

a) La gente no se levantó contra los franceses en 1808 porque temiera el fin de la sociedad rural popular tradicional, sino porque se oponía al espíritu de conquista que iba unido a la invasión napoleónica.

b) Un sector importante del campesinado va a apoyar al carlismo, pero no sólo no va a instrumentalizar al movimiento, sino que el movimiento los instrumentalizará a ellos en pos de sus intereses, como la carne de cañón para luchar contra el liberalismo, lo que hará que muchos de estos campesinos deserten.

c) Habría que señalar el importante influjo del bajo clero sobre parte del campesinado en España, lo que evidentemente va a influir en su toma de decisiones.

d) Habría que hacer una diferenciación entre las partidas absolutistas y el carlismo que se levanta en armas en 1833-39 y el carlismo que lo hace durante el Sexenio, ya que la tesis de Rodrigo Mora puede ser válida para el primer período, pero no tanto para el segundo en el que ya hay otros movimientos que dicen velar de manera específica y no vaga por los intereses del campesinado, caso del republicanismo federal y del internacionalismo.

e) El carlismo quería la vuelta al Antiguo Régimen y a la unión entre el trono y el altar en toda su extensión. Tenía las ideas claras. Otra cosa es que los que no las tuvieran tanto fueran los liberales y sus espadones, siempre tan temerosos de las aspiraciones populares. La prueba de esto que decimos es que cuando soplan vientos nuevos en el Sexenio (1868-1874) son muchos los liberales moderados que se pasan a las filas del carlismo.

La segunda y tercera tesis quedan recogidas en el primer artículo del libro El antimaquinismo rural y la mecanización de la agricultura. Dividido en dos partes, para justificar estas dos tesis el artículo se convierte en un despropósito plagado de afirmaciones en las que el exceso de purismo y antiurbanismo y la idealización de la sociedad rural de la mitad norte de la Península, ciegan a la interpretación histórica. Las razones para decir esto son las que a continuación se exponen:

a) Es indudable que hubo episodios de inspiración ludista no sólo en el campo sino también en la ciudad, pero más que motivados por una cuestión ideológica, lo estaban por una cuestión socioeconómica: temor al paro y consiguiente falta de ingresos.

b) La burguesía que conformaba el aparato estatal por lo general prefería ser rentista antes que invertir en maquinaria. Prefería no arriesgar. Es más, gran parte era reacia a la industrialización. La prueba de esto es que cuando se instalaron los primeros altos hornos en Andalucía fueron muchos los señoritos que se opusieron temiendo un éxodo rural en masa y la posibilidad de acabar con la tendencia de unos salarios excepcionalmente bajos.

c) El escaso desarrollo de la industria metalúrgica y siderúrgica en España obedecía más a intereses británicos que foráneos lo que repercutió sobre el grado de industrialización.

d) Es falsa la afirmación de que en las zonas de la mitad norte, debido al uso de la tierra, había una mayor solidaridad y aprecio por los bienes inmateriales, mientras que en las zonas de latifundio predominaba un mayor consumo y una mayor circulación del dinero. El mísero salario de los jornaleros apenas daba para cubrir la alimentación, salario que no estaba garantizado todo el año, condenados como estaban al paro estacional. ¿Dónde queda pues el consumo y la circulación monetaria del que habla Rodrigo Mora?

e) El concepto de solidaridad no era ajeno a los campesinos del latifundio, ya que muchos de ellos estaban movidos por el ideal ácrata, cosa que se daba en mucho menor grado en la mitad norte de la Península Ibérica, donde la influencia sobre el campesinado de ideologías sumamente reaccionarias del sindicalismo católico en Castilla y del carlismo en País Vasco y Navarra era mucha durante el primer tercio del siglo XX y la Guerra Civil. Es curioso que sobre este hecho Rodrigo Mora en sus loas a la población rural de estos lugares no haga ningún comentario y pase de puntillas.

f) No se puede limitar en un exceso de antiurbanismo e imaginación del pasado la población famélica y hambrienta a las áreas industriales. En el siglo XIX y en épocas tan tardías como el episodio de gripe de 1918-20 tuvieron una gran incidencia las epidemias catastróficas, muestra de una población con importantes desequilibrios en la dieta, tanto en la ciudad como en el campo.

g) El franquismo dio la puntilla a una cultura de nítida y clara consciencia democrática y/o revolucionaria que se había ido fraguando en sus luchas en todo el Estado desde los tiempos de la Guerra de Independencia.

h) Las desamortizaciones fueron las que pusieron fin, no sin resistencia, al modo de vida tradicional de los campesinos. Por otro lado, tanto el intento de finiquitar el sistema señorial del Antiguo Régimen en 1811 como la propuesta de algunos liberales como Florez Estrada durante el Trienio Liberal en 1820-23, pretendían un reparto más justo de la tierra, cosa que evidentemente ni la desamortización de Mendizábal ni la de Madoz intentaron.

i) Argumentar que el maquis es el último ejemplo de resistencia del mundo rural al fuego industrializador es por un lado obviar que existió una guerrilla urbana y por otro olvidar que la guerrilla suele darse en los montes por una cuestión práctica y no ideológica, además de diluir el carácter antifascista del maquis.

j) No debería verse en un exceso de purismo una maldad intrínseca en las misiones pedagógicas de la II República adjudicándoles la intención de desnaturalizar a la población rural. Eran más bien, el intento sincero del regeneracionismo de alfabetizar a las gentes.

k) No se puede marcar un antes y un después en el éxodo rural con el franquismo, ya que la movilización del campo a la ciudad siempre se ha dado por la falta de expectativas en los lugares de origen, y al igual que ciudades como Bilbao, Madrid o Barcelona se nutrieron de gentes de las zonas rurales a fines del XIX y primer tercio del XX, también lo hicieron durante el franquismo. Atribuir como hace Rodrigo Mora la marcha a la ciudad y el abandono de los pueblos a la maldad interior (¡¡!!) de personas sedientas de consumir en la urbe constituye un flaco favor y homenaje a todos aquellos emigrantes, de los que muchos somos orgullosos descendientes, que se fueron buscando una vida mejor para ellos y los suyos.

En conclusión y ya a modo de cierre podemos estar de acuerdo en que la ciudad tal y como la concebimos hoy es un monstruo propio del capitalismo, en que deberíamos de aprender mucho del mundo campesino al que normalmente se le ha tratado de manera ignominiosa, en el ecocidio al que el sistema nos está llevando, en las nuevas tecnologías al servicio del Poder y del control ciudadano… pero por favor, si queremos hacer un análisis riguroso que nos sirva de cara al futuro no nos dejemos arrastrar por fobias antitecnológicas, —ya que la tecnología no tiene porqué ser mala en sí misma—, ni por la crítica visceral a la ciudad diciendo entre otras cosas que las ciudades son feas —lo cual es una opinión muy personal, pero no un hecho— o que la masa urbana nunca ha creado cultura. Bien estaría en defensa de nuestros argumentos dejar de recurrir a la invención de la tradición. No hagamos que el árbol nos impida ver el bosque.


NOTAS:

[1] Creo que puede haber quien diga que te contradices, pues aunque afirmas que no te opones al debate entre anarquismos, apuntas claramente al comunismo libertario como objetivo. La postura es legítima, pero quizá pueda interpretarse como que no eres tan «abierto» de mente como pretendes.

[2] Citado por
Josep Fontana en «La época del Liberalismo» (Historia de España, Vol. 6) Editorial Crítica/Marcial Pons, 2007, página 23.

[3] Al respecto es curioso como Rodrigo Mora usa el concepto de Nación, habla de autodeterminación de los pueblos o acepta la idea de España, Galicia, Euskal Herria o Países Catalanes como entidades nacionales.

[4] Léase al respecto por ejemplo
a Elena Sánchez «Kant y Bakunin» Revista Germinal, Nº 1.

domingo, 1 de mayo de 2011

Primero de Mayo de 2011 (AIT)

CONTRA LA EXPLOTACIÓN Y OPRESIÓN CAPITALISTA
¡ACCIÓN DIRECTA Y SOLIDARIDAD!


En el momento en que escribimos, hay guerras en Libia, Costa de Marfil, Irak y Afganistán, revueltas en el Magreb y Oriente Medio y los trabajadores de todos los continentes están resistiendo los intentos de imponer medidas de austeridad. Los poderes capitalistas están peinando desesperadamente todos los rincones del globo en busca de un aumento de beneficios y por el control del mercado, mientras se mantienen unidos en su determinación de declarar la guerra a la clase obrera. Ésta es la verdadera realidad del capitalismo global, ¡muerte, destrucción y ataques implacables a los derechos y condiciones salariales de la clase trabajadora!

Mientras celebramos el Primero de Mayo debemos recordar que la globalización no es nada nuevo. Entre 1870 y 1914 el capitalismo atravesó un periodo similar de expansión global. Entonces, como ahora, el capitalismo usó las fuerzas de la globalización para atacar a los trabajadores, lo que condujo a una revuelta mundial por parte de la clase obrera. El origen del Primero de Mayo data de hace 125 años. En Estados Unidos, el 1 de mayo de 1886, se lanzó una huelga en apoyo de la jornada de ocho horas. Durante esta campaña, una bomba fue lanzada a una manifestación en Chicago, la policía arrestó a varios anarquistas que habían destacado en la lucha por la jornada de las ocho horas.

Los arrestados eran claramente inocentes, pero cuatro de ellos fueron ejecutados por el Estado mientras otro murió en su celda, presuntamente suicidándose. La ejecución de los cuatro hombres, que llegaron a ser conocidos como los Mártires de Haymarket, hizo saltar la chispa de las protestas obreras masivas por todo el mundo, lo que hizo que el Primero de Mayo fuera declarado día internacional de los trabajadores, en conmemoración del sacrificio de los cuatro hombres asesinados. En este Primero de Mayo, no debemos simplemente recordar el sacrificio de los Mártires de Haymarket, sino también celebrar el internacionalismo del primer movimiento obrero que llevó a protestas masivas contra su ejecución.

Y, en el Día Internacional de los Trabajadores, podemos poner el corazón en el hecho de que el espíritu de la revuelta está emergiendo de nuevo en la clase obrera. Los trabajadores de Oriente Medio y del Norte de África se levantaron contra las dictaduras, el paro en aumento y la creciente pobreza. En Winsconsin (EE UU) la lucha contra el intento de destruir la negociación colectiva ha llevado a una protesta internacional. En Bolivia hay en la actualidad una huelga general contra las reformas neoliberales y en demanda de un aumento de salarios. También por toda Europa ha habido protestas contra los recortes, ocupaciones en Londres, huelgas y protestas en Grecia, Francia, España, Italia, Portugal, Irlanda, etc.


Estas movilizaciones están demostrando una vez más el poder que tiene la gente común para producir un cambio a través de la auto-organización y las acciones propias. Puede haber luchas de futuro si van más allá de cambiar un régimen y/o gobierno por otro. Los gobiernos por su propia naturaleza intrínseca están ahí para servir a los intereses de la dictadura económica capitalista. ¡El cambio real vendrá cuando los trabajadores organicen sindicatos libres y luchadores, que reten a todo el sistema capitalista de explotación y opresión!

El capitalismo, impulsado por la codicia, se adapta constantemente y evoluciona para proteger sus intereses. Por todo el mundo, el capitalismo está imponiendo el trabajo a tiempo parcial, contratos de empleo flexible y horario flexible para los trabajadores. La necesidad de ajustar constantemente la producción es lo que guía al capitalismo, creando un ejército de trabajadores a tiempo parcial que pueden ser contratados y despedidos a voluntad y que harán cola para pedir trabajo. Esto ha llevado a un aumento en todo el mundo de las Empresas de Trabajo Temporal, atraídas por los beneficios masivos que se pueden lograr a través de la explotación de trabajadores que no pueden encontrar un empleo permanente.

La globalización convierte al proceso de producción en vulnerable de ataque. La resistencia de la clase obrera en un país interrumpe la cadena de producción, lo que conlleva resultados de pérdidas en otros países. Esta vulnerabilidad está forzando un cambio en el pensamiento militar. Al igual que el capitalismo se hace más internacional, otro tanto debe ocurrir con el poder militar que lo defiende. Bajo la globalización, los ejércitos del Estado ya no son fuerzas estáticas que están allí para proteger las fronteras. El ejército capitalista moderno debe ser altamente movible, estar preparado para responder con rapidez, y con abrumadora brutalidad, a cualquier «interrupción» sin que importe el país en que ésta pueda ocurrir.

El Nuevo Concepto Estratégico de la OTAN acordó el año pasado establecer cómo occidente puede combatir todas las amenazas, y no solamente las «militares»… Y, tal como estamos viendo ahora, cuando la tragedia de Japón está afectando a la producción de compañías como Toyota por todo el planeta, la amenaza del capitalismo global no se limita simplemente a incomodar a los obreros. El documento de la OTAN delinea cómo se pueden neutralizar amenazas potenciales, sea en la forma de ciber-ataques, ataques terroristas, los efectos del calentamiento global o el riesgo derivado de catástrofes naturales.

Para alcanzar su propósito, el capitalismo global busca extender el poder del Estado a todos los aspectos de nuestras vidas. El dominio privado no es «privado», y todos son sospechosos hasta que se demuestre lo contrario. Este capitalismo cada vez más totalitario aún necesita organizaciones leales, subvencionadas, así como partidos políticos parlamentarios, para mantener una ilusión de «democracia».

La opresión en el interior va de la mano de la expansión en el exterior. La globalización conduce a una competición creciente entre los bloques capitalistas. Y la competición entre las naciones en desarrollo y el, una vez, todopoderoso capitalismo occidental va en aumento. Como el poder económico de Estados Unidos se encuentra en decadencia, este país se irá haciendo incluso más dependiente de su masivo poder militar para mantener su dominio, incrementando así la amenaza de guerras capitalistas.

Al confrontar al capitalismo global, la clase trabajadora internacional no solamente debe luchar contra la explotación capitalista y la opresión del Estado, se debe oponer a todas las guerras del Capital. Las guerras capitalistas ponen a un trabajador contra otro trabajador y llevan a una total carnicería de la clase trabajadora. En la lucha de los trabajadores debe ser central el antimilitarismo, el espíritu de oposición a la máquina de guerra capitalista.

Como anarcosindicalista, la AIT está comprometida con la organización contra los males de la explotación y la opresión y tiene una larga tradición en antimilitarismo. Nuestro internacionalismo está basado en la lucha de clases y el apoyo mutuo. Rechazamos la idea del Estado nacional y lo consideramos un medio de dividir a los trabajadores en interés del capitalismo. Estamos a favor de la auto-organización; nuestro esfuerzo como trabajadores procede de nuestra capacidad de organizarnos, de la solidaridad de clase y de la acción directa que empleamos contra el capitalismo y el Estado.

La AIT rechaza la colaboración de clase en todas sus formas. Los comités de empresa y otros cuerpos corporativos, basados en la cooperación social, son medios para socavar la lucha de clases. Las subvenciones del estado están diseñadas para socavar la acción y la organización independientes por parte de la clase trabajadora. Nuestra forma de organizarnos se expresa a través de estructuras federalistas democráticas, basadas en delegados revocables.

Para la AIT, la lucha de clases no es una abstracción teórica, sino un hecho de la vida diaria de los trabajadores. En los últimos años, la AIT ha organizado incontables campañas internacionales en apoyo de los trabajadores en todas partes del mundo. En la fase previa al Primero de Mayo de este año, la AIT ha lanzado unos «Días anarcosindicalistas internacionales de lucha contra las fronteras y en solidaridad con los trabajadores inmigrantes». Es una campaña contra la explotación brutal de los trabajadores inmigrantes por parte del capitalismo.

Y en la medida en que la AIT crezca y se difunda, nuestra lucha contra el capitalismo se intensificará. Para nosotros, la única relación posible entre trabajador y jefe, es la lucha de clase. Y la lucha de clases debe ir en aumento hasta que el Estado sea barrido por la solidaridad de la clase obrera internacional ¡para ser sustituido por la federación libre de asociaciones obreras basadas en el comunismo libertario!

¡Es en este espíritu de verdadero internacionalismo que, en el Primero de Mayo, la AIT envía sus saludos y apoyo a todos los trabajadores comprometidos en la lucha contra la explotación y la opresión!

Contra la explotación y opresión capitalista
¡Acción Directa y Solidaridad!
¡Viva la AIT y el Anarcosindicalismo!

Oslo, 26 de abril de 2011
Secretariado de la AIT