martes, 25 de junio de 2013

Los libertarios en los movimientos sociales

[Aunque el Movimiento Libertario no sea lo fuerte que debería ser, por lo menos existe y se mantiene. Somos pocos los anarquistas en general, pero tenemos un papel fundamental todavía que debemos ejercer: impedir que toda iniciativa popular sea desviada a otros intereses. En un capítulo de su libro sobre el movimiento majnovista (escrito en los años 20 del siglo pasado) P. Arshinov nos da una pista...]

La idea del anarquismo abarca dos planos: el de las ideas propiamente dichas, la filosofía, y el de las realizaciones prácticas. Los dos están íntimamente ligados. La clase obrera en lucha está más cerca generalmente del lado concreto y práctico del anarquismo. Su principio esencial es el de la iniciativa revolucionaria de los trabajadores y su emancipación por medio de sus propias fuerzas. De este principio se siguen naturalmente el de la negación del Estado en la sociedad nueva y el de la autogestión de los trabajadores. Hasta el presente la historia de las luchas proletarias no nos ha mostrado el ejemplo de un movimiento de las masas guiado por un espíritu anarquista puro. Todos los movimientos obreros y campesinos que se han desarrollado hasta aquí [la Revolución Rusa y afines] lo han hecho en los límites del régimen capitalista y no han estado más que superficialmente inspirados en el anarquismo. Esto es natural y comprensible. Las clases laboriosas viven, no en el mundo deseable, sino en el de la realidad y por ello están expuestas directamente a la acción física y psíquica de las fuerzas hostiles. Junto a la influencia de las ideas anarquistas, débil y limitada, los trabajadores sufren constantemente la influencia real y poderosa del régimen capitalista y de los grupos intermediarios.

Las condiciones de la vida moderna envuelven a los trabajadores de todas partes, como los peces son envueltos por las aguas del mar. Los trabajadores no pueden salir de ese ambiente. Por eso es natural que la lucha que sostienen lleve el sello de las diversas condiciones y particularidades de lo existente. Nunca ha podido nacer y manifestarse esa lucha bajo una forma anarquista claramente definida y corresponder a todas las exigencias ideales. Una forma semejante no seria posible más que en estrechos círculos políticos y aun entonces sólo en forma de planes y programas y no en la práctica. En cuanto a las masas populares, cuando entran en la lucha, sobre todo en una lucha de vastas dimensiones, cometerán, sin duda, errores que impliquen antinomias y desviaciones y sólo en el curso de la lucha podrán ajustar su línea de combate al ideal al que tienden.

Ha sido siempre así. Lo mismo será en el porvenir. No importa con qué cuidado hayamos preparado las organizaciones y las posiciones de la clase obrera en tiempos de paz, desde el primer día de la lucha decisiva de las masas todo se hará en forma diferente a como lo hacía prever el plan elaborado de antemano; sucederá en ciertos casos que el hecho mismo de la acción de las masas desorganizará las posiciones preparadas; en otros casos las desviaciones y los choques inesperados harán necesario el cambio de las disposiciones tomadas. Y no será sino por grados que el vasto movimiento de las masas entrará en el camino que lleva al ideal.

Eso no quiere decir en modo alguno que la organización previa de las fuerzas y de las posiciones de la clase obrera no sea necesaria. Al contrario, es la condición esencial para la victoria de los trabajadores. Pero es preciso recordar que eso no es el coronamiento de la obra y que aunque haya sido realizado ese trabajo, el movimiento exigirá una gran perspicacia en todos los instantes y una facultad de orientación particularmente grande para acomodarse a las nuevas condiciones de la vida; en una palabra, será preciso dar pruebas de una estrategia revolucionaria de clase, la cual dependerá en un grado considerable el éxito del movimiento.

El ideal del anarquismo es grande y rico en su multiplicidad. Sin embargo el rol de los anarquistas en la lucha social de las masas es muy modesto. Su fin es ayudar a éstas a entrar en la vía justa de la lucha y de la edificación de la sociedad nueva. En tanto que el movimiento no haya entrado en la vía de la colisión decisiva, su deber es ayudar a las masas a darse cuenta de la significación de la lucha que les espera, a definir sus tareas y sus fines; deberá ofrecer su concurso para que éstas tomen las disposiciones de combate necesarias y organicen sus fuerzas. Si el movimiento ha pasado ya el período del conflicto decisivo, los anarquistas deberán entrar en él sin perder un minuto; deberán hacer todo lo que puedan para ayudar a las masas a liberarse de las desviaciones erróneas; deberán mantener su ímpetu en la dirección de los primeros ensayos creadores, servirles con el pensamiento, tratando de que la lucha entre en el verdadero camino que conduce a las aspiraciones esenciales de los trabajadores. En eso consiste el fin principal, por no decir único, del anarquismo durante la primera fase de la revolución. La clase obrera, en cuanto haya conquistado sólidas posiciones de lucha y de la edificación social, no cederá a nadie la iniciativa del trabajo creador. Se dirigirá por su propio pensamiento, creará la sociedad nueva de acuerdo con su propio plan. Ese plan será anarquista o no, pero, lo mismo que la sociedad nueva, habrá surgido del trabajo libre, será modelado por el pensamiento y la voluntad del trabajo...

Piotr Arshinov
(Cap. XII, «El majnovismo y el anarquismo»)

domingo, 23 de junio de 2013

¿Es posible un estallido violento en España?


La Marea


Es un debate recurrente y que gana presencia a medida que los efectos de los recortes y la crisis afectan a capas de población cada vez más amplias. Las organizaciones sociales llevan un tiempo advirtiendo que la situación de muchas familias es desesperada, lo que podría desencadenar un estallido de violencia. Ada Colau, una de las caras más visibles de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ya ha transmitido en varias ocasiones su preocupación al respecto. «A nuestras plataformas viene gente diciendo que va a poner una bomba, que le van a sacar de casa con los pies por delante, que se va a matar», ha llegado a afirmar. En este sentido, Colau ha aludido también al papel de la organización de afectados a la hora de frenar la violencia en las calles: «La Plataforma no sólo está conteniendo eso, sino que lo está canalizando de forma positiva».

La situación en la Unión Europea no es nada halagüeña. En países fuertemente afectados por los recortes como Grecia, la utilización del cóctel molotov y los intentos de atentado son constantes, mientras que en otros, como Bulgaria, el más pobre de la eurozona, se han quemado seis personas a lo bonzo en lugares públicos en menos de dos meses. Sin embargo, los países más ricos tampoco están a salvo. En Suecia se han desencadenado disturbios de calado, como los ocurridos a finales de mayo en la periferia de Estocolmo, que más tarde encontraron réplicas en otras ciudades, como Örebro o Linköping. También en Italia donde, ante la sede del Gobierno, un hombre hirió a dos agentes de policía tras un tiroteo el mes pasado. Las cábalas sobre sus motivaciones llenaron páginas en los diarios, hasta que el fiscal jefe de Roma, Pierfilippo Laviani, despejó las dudas. Lo describió como «un hombre lleno de problemas, que ha perdido su trabajo, que lo ha perdido todo [...]. Estaba desesperado. Su primer objetivo era disparar contra los políticos y después suicidarse».

En España han cobrado cierta repercusión mediática algunos casos de suicidio, sobre todo relacionados con desahucios inminentes. Además, dos personas se han quemado a lo bonzo en lo que va de año y los Tedax han desactivado varias bombas caseras en diferentes puntos del país. Sin embargo, ni los expertos ni la policía consideran la posibilidad de que se produzca una escalada de violencia en España, ni siquiera al nivel de Grecia, aunque advierten de que siempre hay un grado de incertidumbre que puede cambiar el escenario. Estos son los principales factores para que no se produzca un estallido social.

Hegemonía de la protesta no violenta

El historiador y profesor de la Universidad Complutense Rafael Cruz, especializado en violencia colectiva, apunta que la protesta en España está «absolutamente canalizada» por una «intensa movilización de carácter pacífico». «Si predomina el cóctel molotov desaparece la movilización multitudinaria, y no creo que ese sea el interés ni los objetivos de las personas que están saliendo a la calle», asegura. El fracaso de la convocatoria Asedia el Congreso, el pasado 25 de abril es, para los expertos, una prueba de que el discurso de la violencia no tiene repercusión. El profesor de la UNED Juan Avilés, autor del libro El nacimiento del terrorismo en Occidente, considera que, en lugar de violencia, asistiremos al surgimiento de nuevas fuerzas políticas al margen de los partidos tradicionales, como ha ocurrido en Grecia –con Syriza– o en Italia –con el Movimiento 5 Estrellas–. «En el fondo poner una bomba es muy fácil, pero esto no tiene mucho que ver con la reacción de la gente a la recesión económica, que ha ido en otras direcciones», explica.

ETA como 'vacuna'

La actividad infructuosa de grupos terroristas en España a lo largo de los últimos 50 años es, para estos expertos, una «vacuna social» contra la legitimidad de la lucha armada. El caso paradigmático es ETA. «En los años 70 hubo un ambiente más favorable a la aparición de este tipo de grupos, pero, hoy en día, en Europa occidental y en buena parte del mundo, la violencia como respuesta a los problemas está bastante desacreditada», sostiene Avilés.

Lazos de solidaridad

En España, la familia, y no sólo la más cercana, desempeña un papel crucial. «Supone un importante lazo de solidaridad que impide que las peores consecuencias de la crisis salgan con más crudeza a la superficie», desarrolla Julián Casanova, historiador y catedrático de la Universidad de Zaragoza. «Para que se produzca una situación de violencia generalizada debería quebrarse también el orden institucional, algo que se ha dado en mayor medida en Grecia que en España, por ejemplo», añade. Sin embargo, Casanova advierte que podría saltar una chispa que cambiase totalmente el panorama, como un caso de represión brutal de los conflictos por parte de las fuerzas de seguridad. Un ejemplo es Suecia, donde los disturbios comenzaron después de que la policía matara a tiros a un inmigrante con problemas psíquicos.

Prevención policial

La Policía Nacional lleva más de un año haciendo seguimiento de lo que considera «grupos antisistema radicales» que podrían «aprovechar el descontento» para cometer atentados. Según explica José María Benito, portavoz del Sindicato Unificado de Policía (SUP), «la labor que se está haciendo es la de inteligencia, para tener controlados a estos grupos y anticiparnos a lo que pueda suceder». Las previsiones de la policía no contemplan que se produzcan episodios graves de violencia, «siempre que nos quedemos donde estamos» desde el punto de vista económico. «La experiencia en la lucha contra el terrorismo, sobre todo en inteligencia, nos permite identificar estos casos y separar a los violentos de los que quieren salir a protestar de forma pacífica», zanja.

Anarquismo sindical

Gran parte de los artefactos explosivos han sido reivindicados por supuestos grupos libertarios, algo que ha acabado salpicando al emblemático sindicato anarquista CNT, tras el registro de uno de sus ateneos en Cataluña el mes pasado. «Hay un proceso criminalizador contra el disenso, creemos evidente que hay guerra sucia por parte del Estado», denuncia Miguel Fernández, militante de la confederación en Madrid. «Los medios tienen una actitud bastante acrítica. No prestan atención a la parte constructiva, sindical, diaria, cotidiana del anarquismo y solamente cuando aparece una bomba nos ponen en el centro mediático», lamenta. El profesor Juan Avilés también resalta esta «labor constructiva» del anarquismo. «En su historia, la violencia siempre fue un fenómeno minoritario, aunque tuviera mucho eco. Donde el anarquismo creció de verdad y tuvo arraigo fue básicamente en España, precisamente por el movimiento sindical», explica.

Artículo publicado en el número de junio de La Marea, disponible en quioskos y aquí.

sábado, 22 de junio de 2013

Majnovistas en España

En el libro del sociólogo argentino Christian Ferrer, Cabezas de tormenta. Ensayos sobre lo ingobernable, en el último capítulo titulado «Una moneda valaca. Sobre la resistencia partisana» expone algo llamativo que trata sobre los componentes en el exilio de lo que fue la guerrilla majnovista ,los cuales vinieron como brigadistas internacionales durante la Guerra Civil española. Estos ucranianos, que junto a bielorrusos y polacos, formaban la compañia comandada por el teniente Taras Shevchenko, dentro del Batallón Palafox de la XIII Brigada Internacional, que cruzó los Pirineos tras la caída de Cataluña, y que participaron en la Resistencia contra el nazismo:

La guerra fue un holocausto también para la diáspora antifascista de los años veinte y treinta. Los revolucionarios húngaros de Bela Kun, los campesinos ucranianos de Majnó, los marineros de Hamburgo, los fugitivos de los fascismos balcánicos, italianos y alemanes, y los internacionalistas que fueron a la Revolución Española, todos continuaron su cruzada en la Segunda Guerra Mundial al lado de los maquís y a veces integrados en los ejércitos aliados. A las Brigadas Internacionales de España acudieron 35.000 hombres y mujeres desde cincuenta y cuatro países, incluyendo chipriotas, etíopes, australianos, tunecinos, martiniqueses, canadienses y centroamericanos. Algunos llegaron de más lejos aún: en Cataluña, 1937, la Compañía Internacionalista Shevchenko estaba formada por unas decenas de sobrevivientes ucranianos del ejército anarquista de Nestor Majnó que había cruzado en 1921 la frontera ruso-rumana a caballo. En 1945, cuando bajan sus armas en el Languedoc, todavía conservaban la moneda revolucionaria acuñada por Majnó veinticinco años antes. ¿Qué historias le contaría en 1924 Nestor Majnó —que entonces trabajaba en una carpintería de Paris— a Buenaventura Durruti antes de que éste fuera encarcelado en la Conciergerie, en la misma celda que ocupó Maria Antonieta? Todas estas razas hoy extinguidas, especimenes de un arca que nunca encontró su Ararat, eran testigos y portadores de utopías amonetarias: en las comunidades catalanas o en las brigadas partisanas se experimentaba con numismáticas de nuevo cuño. Orwell recuerda que cuando llegó a Barcelona en 1936 el sindicato de mozos había prohibido las propinas. Tierra adentro, en Aragón, directamente se había abolido el dinero.

viernes, 21 de junio de 2013

Preámbulo a los Estatutos Provisionales de la Primera Internacional


CONSIDERANDO:

Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos, que los esfuerzos de los trabajadores por lograr su emancipación no deben tender a crear nuevos privilegiados, sino a establecer para todos derechos y deberes iguales y aniquilar la dominación de cualquier clase.

Que la dependencia económica del trabajador de los detentores de medios de trabajo, es decir de las fuentes de la vida, es la causa primera de su esclavitud política, moral, material.

Que la emancipación económica de los trabajadores es por tanto el gran objeto al que todo movimiento político debe ser subordinado como medio.

Que todos los esfuerzos hechos hasta el presente han fracasado faltos de solidaridad entre los obreros de diversas profesiones en cada país, y de una unión fraternal entre los trabajadores de las diferentes comarcas.

Que la emancipación del trabajo, no siendo un problema local ni nacional, sino social, abraza a todos los países en los que existe la vida moderna y necesita para su solución de su consumo teórico y práctico.

Que el movimiento que reaparece entre los obreros de los países más industriales de Europa, haciendo nacer nuevas esperanzas, da una enorme advertencia para no recaer en los viejos errores, y les empuja a combinar inmediatamente sus esfuerzos aún aislados.

Por estas razones:

Los abajo firmantes, miembros del Consejo elegido por la asamblea del 28 de septiembre de 1864, en Saint-Martin’s Hall, de Londres, han tomado las medidas necesarias para fundar la Asociación Internacional, así como todas las sociedades o individuos adheridos, reconocerán como base de su conducta hacia todos los hombres: la verdad, la justicia, la moral, sin distinción de color, creencia o nacionalidad.

Consideran como un deber reclamar para todos los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Nunca más deberes sin derechos.

Es en este espíritu que ellos han redactado el reglamento provisional de la Asociación Internacional.

(1864)

[En las firmas figuraban 21 ingleses, 10 alemanes, 9 franceses, 6 italianos, 2 polacos y 2 suizos, la mayoría exiliados políticos.]

miércoles, 19 de junio de 2013

El final de Kronstadt


Tras once días de asedio, bombardeos constantes y varios centenares de muertos, en el 18 de marzo del año 1921, la ciudad-fortaleza rebelde de Kronstadt (en la isla de Kotlin, a unos treinta kilómetros al oeste de Petrogrado) es ocupada por tropas selectas del Ejército Rojo, cuyos habitantes —de larga tradición revolucionaria— se sublevaron contra la nueva autocracia que representaba el gobierno bolchevique, al grito de «todo poder a los soviets libres» y por una «tercera revolución».

Las tropas asaltantes que atravesaron el helado Golfo de Finlandia estaban compuestas por adeptos al Partido Comunista, chekistas, cadetes dogmatizados en las escuelas militares y tropas lejanas de Asía Central (ya que las de la región de Petrogrado habían sido desmovilizadas o desarmadas, por simpatizar con los amotinados) en cuyo avance estaban siendo vigilados por ametralladoristas con la orden de disparar sobre los posibles desertores. Los defensores de la isla compuesta de marinos, soldados rojos y obreros, resistieron lo que puedieron, muchos fueron apresados y fusilados y otros (poco más de la mitad, unos 8.000) lograron escapar a la vecina Finlandia, como once de los quince componentes que formaron el Comité Revolucionario provisional que dirigió la rebelión.

El motivo del levantamiento es consecuencia del creciente descontento en las masas populares rusas producida tras tres años de guerra civil, carestía de víveres (causada por el bloqueo internacional) y la dura represión. Cuando el último de los generales blancos es vencido, en noviembre de 1920, con el final de la guerra con Polonia y el bloqueo que los países capitalistas han impuesto al nuevo estado desaparece, éstas —las masas— esperaban ver cumplidas las promesas de 1917 que nunca llegaban. En el campo estallan revueltas campesinas en las regiones de Tambov y Voronezh, el Volga Central, cuenca del Don, el Kubán y Siberia occidental, y en Moscú y Petrogrado huelgas obreras. En el caso de Petrogrado, las reivindicaciones se hicieron más políticas, exigiendo una mayor democratización del régimen y el levantamiento de la ley marcial. La respuestas de los bolcheviques fueron, las amenazas, los despidos —con la consiguiente anulación de su ración diaría de víveres (una condena al hambre)— y varios arrestos de los cabecillas, junto alguna que otra concesión, para poder llegar a controlar la situación el 28 de febrero.

Para entonces, Kronstadt, se había contagiado y solidarizado con los huelguistas de la antigua capital. Los pobladores de esta base naval habían tenido una gran importancia como defensores a ultranza de la revolución; el día 28 de febrero, la tripulación de los acorazados Sebastopol y Petropavlosk redactarón una resolución, que fue aprobada al día siguiente por el resto de la población de la isla en una asamblea general multitudinaria en la plaza del Ancla, a pesar de las amenazas de los dirigentes bolcheviques. En el programa se exigía libertad de prensa y expresión, libertad de reunión, libertad de los presos izquierdistas, supresión de las secciones políticas de la flota, igualdad de abastecimiento...

En un congreso celebrado el 2 de marzo se eligió un Comité Revolucionario Provisional (con cinco miembros, que luego pasarían a ser quince), y se detuvo a tres jerarcas comunistas (Vasiliev, presidente del Soviet de Kronstadt, Kuzmin, comisario de la flota del Báltico, y Korsunin, comisario de los acorazados) después de correr el rumor, no confirmado, que anunciaba la llegada de tropas gubernamentales para detener a los reunidos.

Junto a los revolucionarios, los antiguos oficiales zaristas (puestos por el Gobierno como «especialistas militares») quisieron entablar contacto y colaborar con ellos, pero el Comité declinó la oferta. Pero eso fue utilizado por las autoridades bolcheviques para difamar el movimiento insurgente. La prensa y la radio oficiales les acusaban de ser «contrarrevolucionarios» al servicio del Capital extranjero, cosa que no era cierta.

Los sublevados rechazaron la ayuda que desde el exilio les ofrecían los blancos. Kronstadt confiaba solamente en persuadir a las autoridades para evitar todo derramamiento de sangre, algo que no se pudo evitar. Mientras, los bolcheviques de Petrogrado (con Zinoviev a la cabeza) detienen a los familiares de los kronstadtianos.

Dos semanas duró el sitio gubernamental (Trotski comandaba entonces el Ejército Rojo) en el rendimiento de la base. Varios lograron huir a Finlandia y a los que capturaron, los fusilaron después, entre ellos, cuatro miembros del Comité Revolucionario.

Aunque los anarquistas se identificaron con el movimiento, realmente sus artífices no pertenecían a ninguna adscripción política determinada, aunque muchos de ellos habían pasado por las filas del Partido Comunista ruso.

lunes, 10 de junio de 2013

Anarquistas con una herramienta: la biblioteca


Ramón Salaberría

En la España de hoy, salvo que se esté interesado en conocer las condiciones sociales y laborales de los países del Sur, es difícil hacerse idea de cómo vivían los trabajadores del campo y de las fábricas de la segunda mitad del siglo pasado y de la primera de éste. La formación educativa a la que se podía acceder, en el mejor de los casos, era la de las cuatro reglas. Las jornadas laborales casi doblaban las actuales. Los derechos de los trabajadores prácticamente nulos y conquistados con mucha sangre. Las bibliotecas, las pocas bibliotecas abiertas al público, frecuentadas por cuatro señoritos. Los contados intentos de crear bibliotecas populares, condenadas al fracaso casi de antemano, no sólo por la escasa duración de estos impulsos o por su escasa financiación, sino también por el carácter paternalista que insuflaban a tales proyectos. En 1864, Domingo Fernández Arrea, en su obra Estudios sociales sobre la educación de los pueblos, refiriéndose a las bibliotecas públicas de las capitales de provincia, señalaba cómo podían encontrarse allí libros «... llenos de instrucción... escritos para el pobre pueblo, que no los lee, sin embargo; en primer lugar, porque casi no los comprende, y en segundo, porque jamás le ocurre el pensamiento de entrar con los zapatos y vestidos rotos y mojados en esas hermosas salas que asemejan a los palacios, para colocarse y sentarse al lado de los caballeros de la ciudad con sus ricos trajes y toda su instrucción. Ignorancia, temor, vana vergüenza, todo le detiene... Por eso las grandes bibliotecas..., buenas y preciosas para las personas de clase media y elevada, para los estudiantes y eruditos, no sirven de nada al pueblo».

Cuatro años mas tarde, 1868, Giuseppe Fanelli (1827-1877), ingeniero italiano, enviado por Bakunin y la Asociación Internacional de Trabajadores, encontraba en un café de Madrid a un puñado de inquietos trabajadores, en su mayor parte tipógrafos, con el fin de crear la sección española de la Primera Internacional. No hay nada sorprendente en ello pero sí en la velocidad con que las ideas, las ideas expuestas por Fanelli a un grupo, conseguirían propagarse por las regiones españolas (cuatro años después de su visita, en 1872, la Federación Anarquista reunía a 465.000 miembros activos en su congreso de Córdoba). Sin apenas medios económicos, en contra del poder del Estado (las Cortes facultan a la autoridad, en 1896, para «suprimir todos los periódicos, centros y lugares de recreo de los anarquistas»), en un medio donde el analfabetismo es masivo (las cifras más optimistas señalan que el 45,3% de los hombres mayores de 7 años y el 64,7% de las mujeres en 1877 lo son), consiguen agrupar a decenas de miles de obreros. Para ello fue fundamental, entre otros, la edición y difusión de materiales, algo que hasta el momento actual es señal distintiva de los grupos anarquistas. Muchas veces la lectura colectiva o pública seria el medio más adecuado para dar a conocer la Idea. También la rápida creación y extensión de los Ateneos Libertarios y sus bibliotecas.

[...]

Frecuentemente el anarquismo ha sido menospreciado como un movimiento de «analfabetos», por un lado, y por, supuestamente, carecer de un «verdadero instrumento científico de interpretación de la realidad». Así será si así lo dicen los hereditariamente letrados y aquellos que creían disponer de instrumentos y métodos sociales infalibles. Pero lo que nadie podrá negarles es su anticipación en temas que, vaya por donde (sin cientificidad, sin ilustración), son actualmente, cien años después, ámbitos del conocimiento (ecología, sexualidad, medicina alternativa...) centrales para el mundo de hoy. Y que lo que hicieron, fusionar revolución con vida, abrir nuevas trayectorias vitales para la emancipación del ser humano, desde el apoyo mutuo, desde el trabajo voluntario y en común, utilizando la imprenta y la biblioteca como herramientas, es un ejemplo real que la sociedad actual ha querido inutilizar con la etiqueta de utópico...


(Enero 1999)

domingo, 9 de junio de 2013

La crisis turca destapa una sucesión de agravios del Gobierno contra la población

Un nuevo jardín emerge donde comenzaron a trabajar las excavadoras.
MANUEL MARTORELL | 8 de junio de 2013

Incluso hablando con personas que han vivido directamente los acontecimientos de Taksim o leyendo las crónicas de los propios analistas turcos, resulta extremadamente difícil saber quién está detrás de la revuelta turca, equiparable para unos a la Primavera Árabe y para otros al movimiento español de los indignados. Pero, frente a estas comparaciones, la realidad es que el estallido de Taksim ha destapado una acumulación de agravios por parte del Gobierno turco contra distintos sectores de la población.

A falta de una clara clasificación sociológica de las manifestaciones que se han extendido por todo el país, provocando ya cuatro muertos y más de 4.000 heridos, sí se podrían delimitar las siguientes reivindicaciones que han vuelto a exteriorizarse con una crisis iniciada cuando las excavadoras comenzaron a derribar árboles en un parque próximo a esta emblemática plaza de Estambul.

Una ciudad más humana 

Tras la defensa del parque Gezi, origen de las protestas, existe un choque entre dos formas de entender la ciudad de Estambul. Quienes se oponían a la construcción de un centro comercial sobre esa zona verde también rechazan otros grandes proyectos urbanísticos, marcados por su carácter especulativo, inmobiliario y financiero. Entre ellos destacan el tercer puente sobre el Bósforo, el canal que unirá el mar Negro con el de Mármara, las dos nuevas ciudades que se ubicarán, con un millón de habitantes cada una de ellas, en sus extremos y el tercer aeropuerto, además de otros planes menores que, bajo el ropaje de programas de mejora y rehabilitación, ponen en peligro la arquitectura tradicional de la ciudad.

Defensa de la idiosincrasia de Taksim 

Toda la zona de Taksim tiene una forma de vida propia, más liberal y moderna que el resto de Estambul, siendo un lugar donde las distintas minorías se pueden expresar con mayor libertad. Destacan, además de los cristianos, la presencia de kurdos, alevis y simpatizantes de los grupos de izquierda. Todos ellos sienten como una amenaza la mezcla de islamismo y nacionalismo turco personificada en el primer ministro Tayip Erdogán. No es extraño, por lo tanto, que los kurdos hayan tenido un protagonismo especial en esta protesta, siendo uno de sus diputados, Sirri Sureya Onder, quien consiguió parar los trabajos para remodelar el parque plantándose delante de las excavadoras, como tampoco ha sorprendido que los acampados hayan dedicado simbólicamente una calle a Hrant Dink, el periodista armenio que, como ha ocurrido con otros miembros de esta minoría, fue asesinado por ultranacionalistas turcos. Los alevis, por su parte, llevan años manifestandose para que Erdogán les reconozca como religión. Bautizar al tercer puente del Bósforo con el nombre de Sultán Selim, verdadera «bestia negra» para los alevis, ha sido un agravio más contra esta corriente musulmana heterodoxa enfrentada al sunismo mayoritario que en Turquía practican más de diez millones de personas.

Sirri Sureya ante las escavadoras.
Rechazo a una islamización rampante 

Desde hace años, el Gobierno ha utilizado la legitimidad que le da la mayoría absoluta en el Parlamento para ir imponiendo normas religiosas suníes que, en el fondo, buscan modificar la vida cotidiana de todos los turcos. Los prohibitivos impuestos al alcohol, las restricciones a su consumo, las clases de Corán en Secundaria, la introducción de temarios religiosos en la selectividad universitaria, la presión para que la mujer vista de forma «más decente» o la eliminación de subvenciones para actividades artísticas de vanguardia son algunas de ellas. Resulta, por ejemplo, significativo que con el plan de remodelación de Taksim desaparezca el Centro Cultural Ataturk, conocido por albergar representaciones de ópera y ballet, mientras se tiene previsto construir una mezquita. El símbolo de esta ostentación religiosa, para muchos también del modelo político al que se quiere conducir a todo el país, es la gigantesca mezquita que ya ha comenzado a levantarse en el monte Camlica. A semejanza de la Mezquita Azul tendrá seis minaretes, pero ocupará 15.000 metros cuadrados, tendrá capacidad para 30.000 personas y emergerá dominante sobre todo el área metropolitana.

Acabar con la impunidad policial 

Pese a que Tayip Erdogán, cuando llegó al poder, prometió «tolerancia cero» contra la tortura, los datos recopilados por la Asociación de Derechos Humanos (IHD) revelan que la Policía sigue actuando con gran impunidad. El hartazgo hacia la actuación policial ha sido uno de los principales motivos por los que cientos de miles de personas se han lanzado a las calles por todo el país. Una encuesta realizada por profesores de la Universidad Bilgi de Estambul, que se realizó los días 3 y 4 de junio, revela que el 90 por ciento de los concentrados en la plaza de Taksim lo habían hecho como reacción a la brutalidad de las fuerzas antidisturbios y por la repetida violación de los derechos humanos.

Libertad de expresión

Con el actual Gobierno, miles de páginas Web han sido clausuradas bajo la excusa de defender a la infancia frente a la difusión de mensajes inmorales. Razones muy parecidas han llevado a la prohibición de libros que defienden las teorías evolucionistas de Darwin, mientras que la ley antiterrorista en vigor permite a Turquía colocarse en los primeros puestos del mundo por el número de periodistas encarcelados —en la actualidad 76—. Uno de los hechos que más ha indignado a los concentrados es el silencio de las grandes cadenas de prensa y televisión, que se han comportado en esta grave crisis igual que lo hacían bajo la anterior hegemonía de los militares, ocultando a la opinión pública de forma descarada lo que estaba ocurriendo. Tayip Erdogán también ha puesto en el punto de mira a las redes sociales al considerarlas una amenaza para la seguridad nacional.

Oposición al presidencialismo

Tayip Erdogán está decidido a convertir el actual sistema político parlamentario en otro de carácter presidencialista, en el que el jefe del Estado aumente considerablemente sus competencias en detrimento de la representación parlamentaria. Erdogán y sus seguidores argumentan que, de esta forma, podrá introducir las reformas políticas que este complejo país necesita de forma más efectiva. Sus detractores, sin embargo, temen que precisamente utilice este mayor poder presidencial para intensificar el proceso de islamización. Este hecho y su conocida pretensión de expandir el «modelo turco» a otros países musulmanes que antiguamente pertenecieron al Imperio Otomano le ha granjeado la acusación de querer resucitar la idea del sultanato.

Resulta obvio que no se pueden comparar los acontecimientos de Turquía con los de Túnez, Egipto y Libia, pero sí tienen gran similitud con las manifestaciones que se registraron en Marruecos y Argelia, que también fueron incluidas en el concepto de Primavera Árabe. Todos esos países, y de forma especial Siria, tienen sistemas políticos diferentes, pero en estas revueltas populares existe un elemento común: el rechazo a unas estructuras autoritarias enquistadas en el aparato del Estado. Turquía no se puede comparar con los otros países y no sólo porque los turcos tengan una cultura y una lengua distintas a la de los árabes; su estructura demográfica, social y económica también son diferentes; pero en todas los casos, y también en la Primavera Turca, el principal objetivo es acabar con formas de gobierno propias de una dictadura para instaurar una auténtica democracia.

sábado, 8 de junio de 2013

Movimiento Obrero Libertario en Valladolid (Primeros pasos)

Desde los tiempos de la Primera Internacional, en el último tercio del siglo XIX, existió en Valladolid un activo núcleo libertario que mantuvo, unas veces más boyantes, otras menos, una sociedad de oficios varios y una escuela inspirada en los principios racionalistas. Aunque el socialismo, y el sindicalismo confesional católico, dominaban el panorama obrero, de este pequeño foco ácrata surgieron varios destacados militantes del anarquismo y anarcosindicalismo español.

Lunes, 3 de marzo de 2008

El Sexenio Revolucionario en Valladolid (1868-1874) se abre paso en un contexto de pobreza, paro y carestía. La clase trabajadora se encuentra en una situación deplorable. Por primera vez una fracción importante de los trabajadores vallisoletanos va a manifestar unas preocupaciones y adoptar unos modos de acción que no se ajustan a los esquemas tradicionales.

En este contexto de sobreexplotación, mayores libertades que ofrece el nuevo régimen revolucionario, la influencia de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores) sobre la base de descontento existente va a llevar a una radicalización del movimiento obrero vallisoletano, o cuanto menos a una extensión del espíritu reivindicativo.

Primeros pasos del asociacionismo obrero en Valladolid: las sociedades de socorros mutuos

El periodo que nos ocupa vera materializarse diversas formas de asociación obrera que responden cada una de ellas a una concepción distinta y que en sus primeras acepciones no van a entrañar una ruptura formal con la ideología burguesa. La primera de ellas consistirá en la Sociedad de Socorros Mutuos que será propiciada y alentada por la burguesía vallisoletana.

Conocemos dos de estas sociedades que al menos formalmente combinaran los socorros mutuos y la instrucción. La Sociedad Filantrópica Mercantil de los dependientes de comercio de Valladolid más conocida como Filantrópica Mercantil (1862) y La Filantrópica Artística (1864) Esta sociedad guarda estrecha relación con la de Fomento de las Artes de Madrid.

El secretario de la Filantrópica Artística es José Rodríguez Herrero, tipógrafo que mas tarde en 1870 será presidente de la sección vallisoletana de la AIT y junto con Francisco Cea [tío de Ricardo Mella] uno de sus fundadores.

En abril de 1870, en el seno de esta sociedad, se lleva a efecto la votación para constituir el comité local de la AIT.

Esta sociedad jugo un importante papel en el desarrollo del movimiento obrero vallisoletano y de fermento ideológico para los obreros mas conscientes de la localidad.

Cooperativismo y sociedades de resistencia: la federación local de la AIT

Aparece en Valladolid una forma mas compleja de asociación obrera, la cooperativa de producción, ligada a un proyecto global, aunque utopico, de emancipación social. Esta forma de asociación sera alentada por los republicanos y presupone la subordinación ideologica de los trabajadores respecto al federalismo.

Según Francisco Cea, delegado por Valladolid al Congreso Obrero de Barcelona de 1870, la formación de tales cooperativas en Valladolid va a venir propiciada no por los federalistas sino por los internacionalistas, al poco tiempo de formar estos ultimos un primer grupo de organización de la AIT en 1869. Esas cooperativas se establecieron finalmente a principios del mes de enero de 1870. Cinco en total: de tejedores, sastres, zapateros, tipógrafos y sombrereros fulistas.

En el momento del Congreso de Barcelona y como se desprende de las declaraciones de F. Cea que asiste al mismo como delegado de dichas sociedades, pero tambien de la Seccion Local de la AIT recientemente constituida, las mismas son independientes de la internacional pero estaban conformes con los Estatutos Generales de la AIT.

Cea vota, en el dictamen sobre cooperación, porque las cajas de las cooperativas sean colectivas en vez de independientes.

El Congreso se pronuncia negativamente en lo referente a las cooperativas de producción, en tanto que las consideraba ligadas a una teoria inaceptable para lograr la emancipación social.

Hubo sin embargo, otras manifestaciones de cooperativismo en Valladolid y que se produjeron, en algunos casos, al margen o incluso en contra de la AIT.

Las secciones de tejedores, sastres, zapateros, sombrereros y tipógrafos existentes en la ciudad, se mantuvieron en funcionamiento durante los años siguientes y estuvieron presente en los congresos de Zaragoza y Córdoba en 1872.

Precisamente, en este último, se decidió que la capital castellana fuera la sede del siguiente congreso de la FRE. Para Max Nettlau, tal elección, se debió a que era la única localidad, fuera de Cataluña o Andalucía, que contaba con una organización fuerte. La Sección de la AIT de Valladolid que acudió al Congreso de Córdoba estaba formada por más de 500 afiliados y trece secciones.

En Zaragoza, el delegado vallisoletano fue el herrero Santiago Gómez. En Córdoba, en diciembre de ese mismo año, el delegado fue el cerrajero Marcelino Yarza.

Aunque, finalmente, declarada la Internacional ilegal, el comicio se celebró clandestinamente en Madrid, con asistencia de la Sección de Valladolid. Incluso, durante el periodo de decadencia la sección, aunque menguada en número, acudió a las conferencias de 1876 y 1877 de la AIT española.

Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE)

Pero no se agotó ahí la presencia anarquista en el movimiento obrero vallisoletano. Durante la expansión de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), nueva sección de la AIT en España, en los primeros años de la década de los ochenta, en Valladolid existió una sección de la Unión Manufacturera, que agrupó a los trabajadores de los centros fabriles relacionados con el mundo textil.

Entidad que acudió al congreso que celebró esta federación en 1883. Ese mismo año, en el congreso de la FTRE celebrado en Valencia, se decidió que el Comité Federal de la organización residiera en la ciudad castellana. Aunque los internacionalistas vallisoletanos ya habían estado presentes en la Conferencia de Gracia, de febrero de 1881, donde se decidió la reconstrucción de la sección española de la Internacional.

También acudió al congreso que la federación celebró en Barcelona en 1885. Después, hasta la creación de la CNT en 1910, el movimiento obrero de la ciudad estuvo presente en los diversos intentos de organizar una central obrera de tendencia libertaria.

Federación de Sociedades Obreras de Resistencia de la Región Española (FSORE)

Así acudió al Congreso amplio de Madrid de 1891, y a la fundación, en octubre de 1901, también en esa ciudad, de la Federación de Sociedades Obreras de Resistencia de la Región Española (FSORE).

En 1904 los ácratas se concentraban en una sociedad de albañiles llamada La Progresiva que tuvo su sede en la calle Mantería 49 y 51 y convocó el llamado Congreso de Federaciones de Trabajadores de la Comarca Castellana en mayo de 1904.

Si el asociacionismo obrero libertario tuvo continuidad durante estos años, el mundo cultural, educativo y su difusión a través de la prensa la gozó también. Retrocedamos unas décadas.

Durante los primeros años de la década de los setenta del siglo XIX existió en la ciudad una cabecera llamada La voz del trabajador. En la de los ochenta, se editaron La crónica de los trabajadores (1883) y El Cosmopolita (1884-1885), de tendencia colectivista, cuyos redactores acudieron al congreso de Reus de 1885, Del primero fueron directores Indalecio Cuadrado y Miguel Lozano, miembros del Consejo Federal de la FTRE residente en la ciudad durante estos años.

El segundo reapareció, brevemente, en 1901, y publicó textos de Fermín Salvochea con quien, los militantes obreros de la ciudad habían contactado durante la estancia del gaditano en la cárcel de la ciudad entre 1893 y 1898.

A comienzos del siglo XX se editó en la ciudad el periódico Tierra Libre.Tras su desaparición en 1905, fue relevado por El Nivel, que desapareció en 1906.

Fue durante esta primera década del siglo XX cuando comenzaron a publicarse en Valladolid periódicos de contenido pedagógico libertario. Entre 1910 y 1911, se editaron Escuela Libre, La Enseñanza Moderna y La Escuela Moderna. Todos ellos estuvieron dirigidos por Federico Forcada, un maestro procedente de Irún, donde ya había creado una escuela moderna, que se estableció en Valladolid hacia 1910.

Gozaron, entre otras, de colaboraciones de profesores formados en la escuela creada por Francisco Ferrer en Barcelona. Fueron los casos de José Casasola, Calderón o el propio Forcada. En 1916, apareció La Idea y, antes, Institución Libre.

Unas publicaciones que se correspondían a la existencia en la ciudad de diversas escuelas laicas, modernas, o racionalistas. Unas de tendencia republicana, como la que habían creado los republicanos en 1893 con el nombre de La Luz de Castilla o de inspiración socialista, como la fundada, en 1921, con el nombre de Universidad Popular Pablo Iglesias y otras, como la que, en 1913, creó el libertario Miguel Campuzano García, un joven maestro, de apenas veinte años, nacido en la ciudad.

Su existencia fue corta, apenas un año, pues no pudo superar la oposición de las autoridades religiosas. Dos años más tarde, en 1915, llegó a la ciudad Luis García Muñoz, Zoais quien tuvo una intensa actividad como maestro en la escuela local y editor de la revista Ideal, que, finalmente, no llegó a salir.

Además, fueron numerosos los contactos con el mundo republicano local. Aunque difíciles, estas relaciones originaron intervenciones de destacados representantes suyos en la creación de escuelas laicas o la celebración de actos culturales. Como los del médico libertario José Pedrero Valles, o Emiliano Pineda de la Universidad Popular de Valladolid y corresponsal de la publicación de la familia Montseny, La Revista Blanca. Precisamente, fue en la facultad de Medicina de Valladolid donde estudió Isaac Puente.

La escuela a la que acudió Valeriano Orobón, en la calle Mantería, era sucesora directa de la que había regentado Forcada y que tuvo que cerrar a mediados de 1911 por problemas económicos.

Fue el Ateneo Obrero Sindicalista quien tomó la iniciativa de reactivarla a fines de año. Durante 1912 se creó un grupo de apoyo para la apertura de una Institución Libre de Enseñanza. Finalmente, en el local del Ateneo de la calle Mantería, 49-51, las clases se reanudaron durante 1913.

Entre sus impulsores estuvieron Mariano Manzano, Pedro Salgado y Ángel Arranz. Dos años después, en junio de 1915, se incorporaron Zoais y, temporalmente, Eusebio Carbó. La actividad del primero fue intensa. No sólo dio clases o impartió ciclos de conferencias para los afiliados al pequeño sindicato cenetista, sino que además se convirtió en el animador de la Federación de Grupos Anarquistas de las Dos Castillas y León.

El Motín del Pan de marzo de 1904.

jueves, 6 de junio de 2013

El auge del movimiento anarquista en Túnez

 

Philippe Pelletier

(Junio-2013)

¿Quién habría pensado, hace diez años, que se fuera a crear un movimiento anarquista en Túnez?

Sin duda existieron hace tiempo grupos anarquistas en el Magreb, que reagrupaban a árabes y europeos. Pero los éxodos de la población y los regímenes autoritarios surgidos de la descolonización lo barrieron todo. Existía también la tradición del tatuaje en tres puntos, que significaban tres desobediencias: desobedecer a Dios, desobedecer a la familia, desobedecer al poder. Después, el pueblo se sublevó contra la dictadura de Ben Alí. No obstante, entre la revuelta y el paso al anarquismo, es decir, a un anarquismo reivindicado, asumido y organizado con el fin de cambiar realmente las cosas, el abismo es relativamente grande.

Se ha pasado de estar harto en Túnez, donde varios factores han llevado a unos y otros, que contribuyeron con sus propias manos a derribar el régimen, a reivindicar de manera explícita el anarquismo. La insatisfacción es el efecto más fuerte frente al autoritarismo reinante en el seno no solo de los regímenes políticos sucesivos, sino también entre los partidos de izquierda y de extrema izquierda. Los principios y la historia anarquistas han sido descubiertos gracias a las informaciones disponibles en la red (que ha desempeñado un papel importante), o a través de Europa (a través de los emigrados o los estudiantes tunecinos de Francia).

Los logros de la descolonización —instrucción pública y situación de la mujer— crearon brechas para la emancipación. La crítica del anarquismo en los escritos clásicos del marxismo atrajo la atención sobre el anarquismo, a la inversa del efecto esperado por sus detractores. Las reivindicaciones a menudo llevadas a cabo por los partidos de izquierda sobre la libertad o la «fuerza participativa» parecen estar encarnadas del mejor modo en el anarquismo.

De golpe, después de cerca de dos años, se constituye cierto número de grupos anarquistas, o cercanos al anarquismo, en Túnez, Sfax, Béja, Susa, y otros en Bizerta, Sidi Buzid, Zaruán o Tozeur.

El sindicalismo está tan desacreditado por el sindicato oficial, que es la UGTT (Unión General de Trabajadores Tunecinos, que rechazó convocar a la huelga general en el momento crítico, y con una corrupción que alcanza a su base) que la mayor parte de los militantes anarquistas estiman que hay que posicionarse de modo diferente. Además, en el Estado, el sindicalismo apenas puede satisfacer a los numerosos parados, a los precarios y a las feministas. En cuanto a la religión, las posiciones que se obsesionan con ella corren el riesgo de olvidar la cuestión económica y social.

Las A en círculo florecen por todos los muros, sin que su sentido sea plenamente comprendido, pero los anarquistas tunecinos se esfuerzan por aclarar las cosas. En Túnez, el Movimiento Desobediencia, que cuenta con unos sesenta miembros, incluyendo a las feministas anarquistas, edita en árabe el periódico llamado Revolucionario Común, del que acaba de aparecer el tercer número. Se discuten proyectos de locales alternativos, de cooperativas agrícolas o de AMAP (Asociaciones por el Mantenimiento de la Agricultura Campesina).

La solidaridad internacional hacia esos compañeros que no tienen muchos medios debe actuar a pleno rendimiento respetando la autonomía de cada uno, conforme a los principios y la ética anarquistas, sin olvidar que federarse nacional o internacionalmente puede ser una fuerza.

martes, 4 de junio de 2013

Posicionamiento sobre el pensamiento reaccionario de Félix Rodrigo Mora

Creemos necesario sacar este comunicado público dado que somos en parte responsables de la difusión del pensamiento de Félix Rodrigo Mora mediante la publicación de varios títulos suyos, así como de la organización de charlas en nuestros locales y, gracias a nuestras ediciones también en otros lugares del entorno alternativo y libertario, ya que venía de alguna forma «avalado» por nosotr@s.

Su reciente conferencia en Toledo, organizada por un grupo filo-nazi, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Desde hace aproximadamente un par de años hemos ido viendo cómo sus charlas iban tomando un cariz extraño pasando de su acostumbrado anti-liberalismo y neo-tradicionalismo a un furibundo anti-izquierdismo y a partir de allí entrando en una espiral de teorías de la conspiración y a utilizar conceptos de una evidente tendencia cada vez más reaccionaria. En su crítica a la izquierda, con la que podíamos estar más o menos de acuerdo en sus inicios, ha ido pasando de la crítica a la izquierda convencional a una crítica total a los valores de la izquierda, que, por ejemplo, el anarquismo comparte desde sus inicios en el siglo XIX. Parece que no hay término medio, o se quiere la «revolución integral», o por contra se es «anarco-estatista» o socialdemócrata, o se es feminista subvencionada y estatista o se es machista, o se es racista anti-negros o se es racista anti-blancos.

Félix siempre ha sido polémico. Le encantan las provocaciones, los calificativos rimbombantes, el ponerse en un extremo para ir creando en la audiencia un clima de sorpresa, de shock permanente, intentando que se cuestionen los valores que se tienen por seguros. Con sus métodos sensacionalistas de exponer sus ideas lleva a la audiencia a su terreno, generando dudas sobre temas que todos daban por seguro y haciendo pasar por incuestionables y comunes sus opiniones personales. A pesar de las formas tan poco éticas, el verdadero problema es lo que se llega a defender en nombre de la provocación, de la polémica y del pensamiento crítico.

Que Félix haya ido a dar una charla convocada por fascistas, no es sino una muestra de la deriva que ha ido tomando su pensamiento. Se puede decir que habrá ido a Toledo a intentar convencer a más gente para la «revolución integral», igual que ha ido a actos con cristianos de base, a iglesias románicas o a confusos encuentros de espiritualidad donde coincidía con sectas y predicadores de diversas teorías de la conspiración. Pero dudamos que genere muchas contradicciones a los fascistas, ya que en sus últimas charlas, o en su propio blog se puede ver que Félix considera «nazis» a las feministas, cree que la culpa del militarismo es en parte de los negros, que la causa del aumento de la violencia doméstica contra las mujeres es de la Ley de la Violencia de Género y que los hombres son perseguidos por ésta, que la heterosexualidad está perseguida por el lobby gay, o que los inmigrantes deberían volverse «voluntariamente» a sus países. Estos y otros argumentos los ha repetido en varias de sus conferencias. Estos mismos argumentos están siendo citados en los foros reaccionarios en Internet dando alas a indeseables. Lo cierto es que nos llena de vergüenza oir estas cosas, y mucho más que nuestros espacios sirvan de altavoz para difundirlas. O que gracias a nuestra colaboración se mezcle el anarquismo con este tipo de confusas conclusiones.

La deriva del pensamiento de Félix nos obliga a tomar partido. Por ello queremos expresar que dejaremos de reproducir o divulgar de aquí en adelante su obra en nuestros espacios. Una cosa es querer polemizar y otra defender posturas reaccionarias y hacerlas pasar por revolucionarias. Retiramos por ello la obra de Félix Rodigo Mora de nuestro catálogo e igualmente dejaremos de tenerlos a disposición del público.


Firmado por:

        * LaMalatesta y Local Anarquista Magdalena ya han retirado sus libros y están a la espera de sacar comunicados propios El Grillo, Maldecap o Brulot.